Víctor Álvarez / Director de Pedagogía Económica y Política
No nos
llamemos a engaños, en Venezuela no habrá elecciones en el 2027 y puede que en
el 2028 tampoco. Se convocarán una vez que se termine el difícil trabajo del
ajuste económico y la Administración Trump declare
concluida la segunda fase de recuperación. Al referirse a la tercera fase de
transición democrática Marco Rubio declaró a Fox News
que “no quiere esperar demasiado para una transición, pero tampoco quiere
actuar con tanta rapidez que todo pueda desmoronarse". Hasta María
Elvira Salazar y los congresistas republicanos que tanto presionaron para
convocar las elecciones, ahora aceptan que las presidenciales se pospongan,
incluso hasta el 2028.
La etapa de recuperación económica es muy compleja y
puede durar más de dos años. A las medidas
de ajuste económico suele atribuirse un impacto social y un costo
político-electoral que nadie quiere pagar. Para aliviar el déficit fiscal y erradicar su
financiamiento con emisiones de dinero inflacionario, el nuevo gobierno tendría
que sincerar las tarifas de los servicios públicos de electricidad, agua, gas y
telecomunicaciones. La eliminación de subsidios indebidos como el de la gasolina; la
privatización de empresas públicas; la fusión de ministerios, liquidación de
entes públicos y ajuste de nóminas; y, la reducción del gasto público en
general, suelen causar un gran malestar social y clima de protestas.
Hasta ahora, las medidas de ajuste económico han sido a cuenta
gotas, reactivas y desarticuladas que se contradicen y anulan entre sí. Para
que la recuperación económica sea estable y sostenida se necesita un Programa
de Reformas Económicas con las medidas correctas, aplicadas en un orden
lógico y a la velocidad adecuada. Con este fin, EEUU gestiona la
reincorporación de Venezuela al Fondo Monetario Internacional, quien será el
que supervisará el diseño y ejecución del programa de ajuste económico.
Si las presidenciales se convocan
antes de hacer “el trabajo sucio” del ajuste económico, el nuevo
gobierno recibirá una economía aún sin sanear, un país institucionalmente
débil, y una sociedad descontenta que puede estallar. El nuevo mando político
caminará por un campo minado y Venezuela será un país difícil de gobernar. El
chavismo en la oposición, con el control de la mayoría de las gobernaciones y
alcaldías, aún tendría suficiente fuerza para calentar la calle y abortar las
reformas económicas que quedaron pendientes.
Para no dejarle esta difícil tarea al nuevo gobierno, Trump y Rubio han decidido que las presidenciales se convocarán cuando se haya completado el programa de ajuste y completado la fase de recuperación económica, lo cual no será antes del segundo semestre del 2028. Así lo ha entendido MCM, quien ya no pide que se haga valer el resultado de las presidenciales de 2024 y ahora anuncia que será candidata a la presidencia. Prefiere que el chavismo sea el que pague el costo político-electoral de las duras medidas de ajuste económico pendientes, toda vez que -en caso de ganar ella las presidenciales- heredaría una bomba de tiempo que le puede estallar en los primeros 100 días de su gestión, lo cual puede terminar restaurando el viejo orden que se creía superado.
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