Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias
Cada vez que
estalla una guerra en el Medio Oriente, Venezuela corre con el siniestro
privilegio de recibir un mayor ingreso petrolero. Temerosas de que el petróleo
escasee y suban los precios, las principales potencias se apresuran a comprar grandes
cantidades de crudos para sus reservas. Esta reacción dispara los precios, lo
cual aumenta el ingreso en petrodólares y hace que en Venezuela reaparezcan las
expectativas de la sociedad rentista.
Esta historia se
ha repetido una y otra vez sin que Venezuela haya aprendido a manejar sin
traumas el ciclo de abundancia y escasez. Cuando los precios suben, nos
embriagamos en el festín de la abundancia, creemos que la renta petrolera será eterna
y no nos preparamos para encarar los tiempos de escasez. Pero cuando los
precios se desploman y cae la producción, al gobierno de turno no le alcanza la
renta petrolera para importar lo que debiéramos producir y así reaparecen los
problemas de escasez e inflación, agravados por los cortes de electricidad,
racionamiento de agua, falta de gas, colapso de la salud y la educación, etc. Hundidos
en la resaca de la borrachera rentista, nos convencemos de que la era del petróleo
llegó a su fin. La lucha por la sobrevivencia nos hace ver el futuro con
pesimismo y no nos preparamos para administrar la próxima crisis de abundancia.
Las Cuentas
Tuteladas
2026 se
presenta como el año más crítico de la Venezuela rentista. Debido a la guerra
en Irán los precios del petróleo están subiendo, pero el sistema de licencias
de la OFAC impide que el mayor ingreso petrolero llegue directamente a las
cuentas del gobierno. Así, el reparto clientelar de la renta no puede ser utilizado
por el gobierno como un mecanismo de dominación interna y se convierte en un instrumento
de tutela externa.
Según
la Orden Ejecutiva 14373 dictada por Trump, los ingresos
por ventas del petróleo venezolano se depositan directamente en cuentas del
Departamento del Tesoro de EEU, con el argumento de protegerlos de los acreedores
que reclaman el pago de cuantiosas indemnizaciones por expropiaciones. Como se
sabe, los activos de la República y de Pdvsa están amenazados por las demandas
de numerosos acreedores, tenedores de bonos en default o laudos arbitrales de
corporaciones extranjeras que pretenden cobrar sus préstamos e indemnizaciones
a cargo de los ingresos petroleros.
En esencia, la
Orden Ejecutiva 14373 es la base de la arquitectura financiera de EEUU para
controlar la producción y venta del petróleo venezolano. EEUU reconoce que el ingreso
petrolero es propiedad de Venezuela, pero -con la excusa de proteger el dinero
de cualquier sentencia judicial de embargo y, más bien, destinarlo a reactivar
la economía venezolana para frenar la migración ilegal-, la Administración
Trump actúa como custodio y ordena que la renta petrolera sea depositada
en cuentas del Tesoro de EEUU denominadas Fondos de Depósito del Gobierno
Extranjero (Foreign Government Deposit Funds).
De allí que
la Orden se denomine: “Salvaguardando los ingresos petroleros
venezolanos para el bien de los pueblos estadounidense y venezolano”. El
decreto de Trump delega en el Secretario de Estado y en el Secretario del
Tesoro la facultad de decidir cómo se gastarán estos fondos. El propio Trump ha
dicho que buena parte se destinará a comprar alimentos, medicinas, repuestos, maquinarias
y equipos estadounidenses. Así pues, con el control del ingreso petrolero
nacional, la Administración Trump podrá financiar a los exportadores de EEUU
para que recuperen los espacios de negocio e inversión perdidos en Venezuela.
Venezuela puede y debe
reivindicar la administración independiente y autónoma del ingreso petrolero.
Con ese fin, es necesario convertir las Cuentas
Tuteladas en Fondos Soberanos y así preparar al país para la próxima crisis de
abundancia. Esto nos impone la tarea de observar y aprender de otros
países que han sabido administrar con inteligencia y sabiduría su riqueza
petrolera. Uno de esos casos es el de Noruega.
¿Qué hizo Noruega con el petróleo que aún puede hacer Venezuela?
Noruega es un
país con menos de 6 millones de habitantes donde la tasa de fertilidad es de
apenas 1,95. Demográficamente esto quiere decir que el número de hijos de cada
matrimonio apenas sustituye a los padres, razón por la cual la población
noruega se estanca y tiende a envejecer. Como el pago futuro de las pensiones
no podía ser cubierto con las contribuciones presentes a la seguridad social,
la necesidad de garantizar una vejez digna sin tener que recargar el peso de
las pensiones a las generaciones futuras, pasó a ser una de las principales
preocupaciones de la sociedad noruega.
En 1990 se creó el Fondo Noruego del
Petróleo con el objetivo de acumular reservas para el sistema de pensiones. En 1995 se hizo la primera transferencia
por $ 285 millones. Para hacer crecer este aporte inicial, los recursos fueron
invertidos en acciones, bonos, valores, proyectos rentables, etc. Gracias a los
sucesivos depósitos y rendimientos generados por esas inversiones, el Fondo Soberano de Noruega (Government Pension Fund Global) es actualmente
el más grande del mundo. Según los reportes de marzo de 2026, entre los datos
más relevantes sobre su volumen y funcionamiento encontramos los siguientes:
Volumen de Activos: Equivalente
a 2,2 billones de dólares ($2.2 trillones en inglés). Las inversiones
registran un rendimiento creciente, en 2025 lograron un retorno histórico
de 247.000 millones de dólares (15,1%), impulsado por el auge de las
empresas tecnológicas y el sector bancario.
Estructura de Inversión: Para garantizar que el dinero crezca y pueda pagar
las pensiones futuras, el fondo diversifica sus activos de la siguiente manera:
Renta
Variable: 71% en acciones diversificadas en más de 9.000 empresas en todo el
mundo, como Apple, Microsoft y Nvidia.
Renta Fija 26% en bonos
de deuda de gobiernos y empresas.
Bienes
Raíces: 2% en edificios de oficinas y locales comerciales en grandes
ciudades.
Infraestructura
de Energías Renovables: 1% (parques eólicos y solares).
La regla de Reinversión y Gasto: El éxito de Noruega no solo está en cuánto dinero
tiene, sino en cómo lo usa. Tienen reglas muy estrictas:
Inversión
internacional: Para evitar que la inyección del ingreso petrolero recaliente su
economía, por ley el Fondo solo invierte fuera de Noruega. Así protege la
economía interna de la volatilidad del precio internacional del petróleo.
La Regla del
3%: Para financiar el presupuesto público, el gobierno solo puede
retirar el 3% anual del valor del Fondo. El resto se reinvierte
constantemente. Así, mientras más grande sea el Fondo, más dinero puede
destinar a la atención de la salud, educación y el sistema de pensiones.
En Noruega, este acuerdo
nacional se cumple con base en reglas muy estrictas que impiden gastar
arbitrariamente la renta petrolera. A partir de objetivos concertados de
desarrollo, el Gobierno planifica conjuntamente con el Parlamento las
transferencias del Fondo Soberano al Presupuesto Nacional. La clave está en que el ingreso petrolero no
se gasta ni se reparte de forma clientelar, sino que se invierte y reinvierte
para hacer crecer cada vez más el volumen del Fondo. El gobierno de turno solo
puede utilizar un porcentaje de los rendimientos del Fondo como recursos
complementarios del Presupuesto Nacional, el cual se financia fundamentalmente con los
impuestos que pagan los contribuyentes.
Nuevo Acuerdo Petrolero Nacional
A Venezuela le queda mucho petróleo y todavía puede
lograr lo que hizo Noruega con el ingreso petrolero. Con las reformas
a la Ley de Hidrocarburos y a Ley de Minas se anunció la creación de dos cuentas tuteladas para administrar la renta
petrolera y minera:
ü Cuenta para
Protección Social: Destinada exclusivamente a la recuperación del salario real de los
trabajadores, salud, educación y vivienda.
ü Cuenta para
la Infraestructura y Servicios: Enfocada en la rehabilitación del Sistema
Eléctrico Nacional (SEN), vialidad y telecomunicaciones.
A las reformas de las
leyes petroleras y mineras les siguieron las licencias de la OFAC. Así Venezuela
puede recuperar la actividad petrolera y minera para abastecer de manera
prioritaria a EEUU. Pero quien produce sin poder vender libremente, vende sin
poder cobrar directamente y opera bajo vigilancia externa, está llamado a
reivindicar la independencia, autonomía y soberanía en la administración de sus
ingresos. Para impulsar de manera irreversible la transformación de las Cuentas
Tuteladas en Fondos Soberanos, la Asamblea Nacional tiene que aprobar un nuevo
marco legal e institucional que rija la inversión de la renta
petrolera y minera, así como la reinversión y uso de los rendimientos. La Ley para la
creación del Fondo Soberano de Venezuela tiene que ser la concreción legal
de un nuevo Acuerdo Petrolero Nacional que impida despilfarrar una vez
más la renta petrolera e invertir el ingreso petrolero y minero, con base en
los siguientes criterios:
·
Regalías
petroleras y mineras: Se
destinan a las inversiones en acciones, bonos, valores y proyectos seguros y
rentables que hagan rendir y crecer el volumen del Fondo Soberano.
·
Dividendos: Se destinan a repotenciar la infraestructura de electricidad,
agua, gas, telecomunicaciones y vialidad que se requiere para recuperar la
capacidad productiva de las empresas mixtas de petróleo y minería, a fin de generar
más ingresos que alimenten permanentemente el Fondo.
·
Impuestos y
aranceles: Se mejora la recaudación de ISLR, IVA y otros
tributos para financiar el gasto corriente, el
gobierno de turno queda autorizado a utilizar un porcentaje de los rendimientos
del Fondo para financiar el gasto de inversión contemplado en el Presupuesto de
la Nación.
Al crecer el
volumen del Fondo cada vez más, el mismo porcentaje de ganancias que se destina
a financiar el gasto público se traducirá en una cantidad cada vez mayor de
aportes al presupuesto nacional. Lo que tiene que quedar muy claro en este nuevo Acuerdo
Petrolero Nacional es que quien gobierne a Venezuela solo podrá
utilizar -como presupuesto complementario- un porcentaje de los rendimientos
generados por las inversiones del Fondo. Y un Fondo cada vez mayor generará una creciente cantidad de ingresos
seguros para financiar el presupuesto nacional.
Al transformar las
Cuentas Tuteladas en Fondos Soberanos, Venezuela dejará de depender de
autorizaciones externas y logrará la gestión soberana de sus recursos. También
se protegerá al país del comportamiento errático de los precios del
petróleo, ya que se
dejará de gastar toda la renta petrolera en los
tiempos de vacas gordas y se comenzará a ahorrar para encarar los tiempos de
vacas flacas. Así, la distribución clientelar de la renta petrolera dejaría de
ser un mecanismo de dominación utilizado por el gobierno de turno para premiar
a los incondicionales, comprar a los indecisos y castigar a los opositores.
Sería el fin de la Venezuela rentista en la que fue posible imponer el control autoritario
de la economía y sociedad venezolanas a través del uso discrecional y arbitrario
de la renta petrolera.

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