Víctor Álvarez R. / Director de Pedagogía Económica y Política
Donald Trump anunció que está
dispuesto a hablar con Nicolás Maduro para decirle que se tiene que marchar por
las buenas o por las malas, pero esto Maduro no lo va a aceptar. ¿Entonces de
qué más pueden hablar?
Nicolás Maduro no está en
condiciones de hacer una demostración de fuerza ante la principal potencia
militar del mundo y para lograr que Trump flexibilice su posición y cambie de
opinión, seguramente apelará a la astucia política que le ha permitido
sobrevivir a lo largo de todos estos años de sanciones, aislamiento diplomático,
amenaza militar y máxima presión.
Chávez inculcó a sus sucesores que
los mejores estrategas se preparan para los peores escenarios y por eso en Miraflores
tienen que haber estudiado muy bien los pro y contra de todas y cada una de las
probables acciones de Trump. La operación psicológica basada en la demostración
de fuerza no ha sido suficiente para desmoralizar y quebrar al régimen de
Maduro.
Los bombardeos a objetivos
vinculados al narcotráfico tampoco garantizan la implosión de un régimen que
luce cohesionado y dispuesto a resistir. Por el contrario, los bombardeos conllevan
el riesgo de que Maduro se mantenga en el poder y finalmente se erija como el
héroe de la resistencia antiimperialista que sobrevivió a los ataques del
ejército más poderoso del mundo, dejando al amenazante Trump en ridículo. Al
quedar como un charlatán, sus adversarios dejarían de temerle, le perderían el
respeto y se agravarían las críticas dentro de MAGA que pueden llevar a perder la
mayoría republicana en el Congreso en las elecciones de 2026, lo cual puede
sentenciar el inicio del fin de Donald Trump.
La narrativa del Cartel de los Soles le ha generado a Trump efectos contraproducentes que han demorado su decisión de atacar. Los generales del alto mando militar venezolano se sienten amenazados por la Administración Trump que los acusa una y otra vez de formar parte del CDS. En caso de que Maduro fuese capturado, para evitar la persecución y purga de la FANB, el alto mando militar lo reemplazaría con uno de sus miembros o líder del chavismo.
Forzar un cambio de régimen desembocará en la implantación de otro
régimen autoritario que utilizará las instituciones del Estado para desatar una
cacería de brujas contra todo lo que sea o parezca chavista. De hecho, la
Constitución de Venezuela permite al presidente de la República tomar la
iniciativa para convocar una Asamblea Nacional Constituyente que -una vez instalada-
tiene la facultad de disolver los demás poderes públicos. Esto sería
aprovechado por el nuevo régimen para borrar del ecosistema político a los 24
gobernadores, 285 alcaldes y 256 diputados chavistas.
Si la persecución y cárcel es la mejor alternativa que se les ofrece,
Maduro y el chavismo nunca entregarán el poder. En lugar de exigir la rendición
incondicional de Maduro para que sea condenado por la justicia de EEUU, y apostar
a la subsiguiente capitulación de los gobernadores y alcaldes chavistas, la
clave para lograr una solución pacífica del conflicto venezolano está en compartir
el poder en un gobierno de unidad y recuperación nacional. Los polos que se
disputan el poder político están llamados a acordar las condiciones de un pacto
nacional para preservar la paz, garantizar la gobernabilidad, reactivar la
economía y crear mejores condiciones de vida que estimule el retorno de los
migrantes venezolanos que tanto le preocupa y obsesiona a Donald Trump.
Si los servicios de inteligencia de
EEUU han suministrado información de calidad sobre los riesgos de ordenar
ataques militares para forzar un cambio de régimen en Venezuela, eso explica
por qué Trump ahora se muestra dispuesto a conversar con Nicolás Maduro. La inteligencia estadounidense debe haber advertido a Trump que la
coalición cívico-militar-policial que gobierna a Venezuela está dispuesta a
pasar a la resistencia armada para defenderse. Y si se suman las guerrillas
colombianas y otros grupos armados irregulares, el resultado sería un conflicto
prolongado como el que ha desangrado a Colombia durante más de medio siglo. Si
Trump ataca, incumpliría su promesa electoral y quedaría como un guerrerista
que hundió a Venezuela en una ola de violencia y convirtió a la región
en una zona de conflicto.
Pero Trump
puede quedar como un pacificador si hace valer su poder para sentar en la mesa
de negociaciones a Nicolás Maduro y a Edmundo González Urrutia, a quienes les puede
presentar un marco general para un Pacto de Convivencia Pacífica que asegure la
gobernabilidad de Venezuela, con garantías de protección y no persecución para
los actores que se diputan el poder. Sobre todo, para los que tengan que
entregar el mando político de la nación.
MCM está muy agradecida
por el apoyo que le ha brindado la Casa Blanca, tanto que hasta le dedicó a
Trump el Premio Nóbel de la Paz, pero ella perdería ese respaldo si se niega a
participar en un acuerdo que le evite a Trump las consecuencias impredecibles de
ordenar ataques militares en territorio venezolano.
Todos estos
escenarios que se supone le deben presentar a Trump los organismos de inteligencia
estadounidense, seguramente también han sido evaluados en el Palacio de
Miraflores para encontrar los argumentos para disuadir a la Casa Blanca y el
Pentágono se ordenar los ataques. Con base en este margen de maniobra, en la
conversación planteada, Maduro le puede proponer a Trump la siguiente agenda:
1. Reactivar el acuerdo con la DEA para certificar que Venezuela es un
territorio libre de cultivos ilícitos y laboratorios para fabricar drogas
ilegales.
2. Ampliación y aceleración del retorno de migrantes venezolanos en EEUU.
3. Apertura de la industria petrolera venezolana a las compañías estadounidenses
para garantizar a EEUU un suministro estable y seguro de petróleo.
4. Limitar el alcance de los acuerdos con Rusia, China, Irán y otros
rivales geopolíticos de EEUU.
5. Liberación de presos políticos, retorno de los exiliados, cese de las inhabilitaciones
políticas y de las intervenciones de los partidos.
6. Relegitimar la figura presidencial con base en los establecido en la
Constitución de convocar elecciones en los 30 días siguientes a la renuncia del
presidente, antes de cumplirse el cuarto año del mandato presidencial.
7. Elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral y renovación de la Sala
Electoral del Tribunal Supremo de Justicia.
8. Retiro de las recompensas de EEUU y garantías de protección y no
persecución para los que tengan que entregar el poder.
9. Protección de Citgo del remate y devolución de los fondos y activos de
la República bloqueados en EEUU.
10. Eliminación de las sanciones petroleras.

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