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jueves, 4 de junio de 2026

Carta Abierta al Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-EEUU: De la Cuenta Tutelada al Fondo Soberano

 

Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Diputado Antonio Ecarri y demás miembros del Grupo de Amistad Parlamentaria entre Venezuela y EEUU, la iniciativa de la que ustedes forman parte surge en un contexto en que el territorio del país fue atacado por fuerzas militares externas y la soberanía nacional sobre los recursos naturales ha sido vulnerada. Con la Orden Ejecutiva 14373 y las nuevas licencias de la OFAC, EEUU asumió la vigilancia y control de la producción y venta del petróleo venezolano. La Administración Trump reconoce que el ingreso petrolero es propiedad de Venezuela, pero lo mantiene bajo custodia en una cuenta del Tesoro de EEUU denominada Fondo de Depósito del Gobierno Extranjero (Foreign Government Deposit Fund). Hasta los pagos por la compra de combustible que hagan las aerolíneas y navieras internacionales en aeropuertos y puertos venezolanos deberán realizarse directamente en las cuentas custodiadas por el Departamento del Tesoro.

EEUU justifica esta custodia con el argumento de proteger el ingreso petrolero del latrocinio de los corruptos, así como de los acreedores que intentan cobrar indemnizaciones pendientes al Estado venezolano. Ciertamente, el escándalo de corrupción de Pdvsa-Crypto en el que altos funcionarios del gobierno expoliaron más de 20 mil millones de dólares, así como la decisión de un tribunal de EEUU de rematar Citgo para pagar cuentas pendientes a los acreedores, dejan al descubierto la vulnerabilidad y riesgos que se ciernen sobre la principal fuente de ingresos del país.

Pero esta no es razón para normalizar la vigilancia y tutela que la Administración Trump ha impuesto sobre Venezuela. La OE 14373 y las licencias OFAC no son señales de levantamiento de sanciones, sino la implantación de una arquitectura de control sobre la exploración, extracción, exportación y refinación del petróleo y gas venezolanos. Quien quiera invertir en Venezuela necesita una licencia de la OFAC y esto dificulta la entrada de inversiones europeas y asiáticas que se necesitan para aumentar la producción de petróleo en el país que cuenta con las reservas más grandes del mundo.

La Orden Ejecutiva 14373 y las licencias OFAC imponen mecanismos de control, condiciones de uso y criterios de selección que operan como un filtro de rivales geopolíticos y comerciales para alinear la industria petrolera venezolana con los intereses energéticos y geopolíticos de EEUU. Este entramado de control se puede prolongar aún después que en Venezuela se elija un nuevo gobierno. Incluso, bajo una Administración Demócrata, a los intereses energéticos y geopolíticos de EEUU le convendría mantenerlas vigentes, tal como lo hizo la Administración Biden con la Orden Ejecutiva 13883 y las licencias de la OFAC que heredó del primer mandato de Trump.

Recordemos lo que dijo el Secretario de Estado, Marco Rubio, cuando fue interpelado en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para determinar si la Administración Trump había sobrepasado los límites de la soberanía venezolana. Dijo Rubio: “Quien crea que Venezuela recuperará su autonomía de forma inmediata, sin pasar por este filtro de administración estratégica, simplemente está leyendo mal el momento histórico”.

¿Quién puede asegurar, entonces, que la arquitectura de control sobre el ingreso petrolero, el comercio exterior y las inversiones en Venezuela se desmontará una vez que se hayan celebrado las elecciones presidenciales? ¿Quién puede asegurar que la tutela de EEUU sobre Venezuela no se va a mantener vigente luego de una eventual victoria de los demócratas en las Presidenciales de 2028?

No hay mal que por bien no venga

jueves, 12 de marzo de 2026

Venezuela: ¿Cómo pasar de las Cuentas Tuteladas a los Fondos Soberanos?



Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Cada vez que estalla una guerra en el Medio Oriente, Venezuela corre con el siniestro privilegio de recibir un mayor ingreso petrolero sin tener que hacer un mayor esfuerzo. Temerosas de que el petróleo escasee y suban los precios, las principales potencias se apresuran a comprar grandes cantidades de crudos para sus reservas. Esta reacción dispara los precios, lo cual aumenta el ingreso en petrodólares y hace que en Venezuela reaparezcan las expectativas de la sociedad rentista.

Esta historia se ha repetido una y otra vez sin que Venezuela haya aprendido a manejar sin traumas el ciclo de abundancia y escasez. Cuando los precios suben, nos embriagamos en el festín de la abundancia, creemos que la renta petrolera será eterna y no nos preparamos para encarar los tiempos de escasez. Pero cuando los precios se desploman y cae la producción, al gobierno de turno no le alcanza la renta petrolera para importar lo que debiéramos producir y así reaparecen los problemas de escasez e inflación, agravados por los cortes de electricidad, racionamiento de agua, falta de gas, colapso de la salud y la educación, etc. Hundidos en la resaca de la borrachera rentista, nos convencemos de que la era del petróleo llegó a su fin. La lucha por la sobrevivencia nos hace ver el futuro con pesimismo y no nos preparamos para administrar la próxima crisis de abundancia.

Las Cuentas Tuteladas

2026 se presenta como el año más crítico de la Venezuela rentista. Debido a la guerra en Irán los precios del petróleo están subiendo, pero el sistema de licencias de la OFAC impide que el mayor ingreso petrolero llegue directamente a las cuentas del gobierno. Así, el reparto clientelar de la renta no puede ser utilizado por el gobierno de turno como un mecanismo de dominación interna y se convierte en un instrumento de tutela externa.

Según la Orden Ejecutiva 14373 dictada por Trump, los ingresos por ventas del petróleo venezolano se depositan directamente en cuentas del Departamento del Tesoro de EEU, con el argumento de protegerlos de los acreedores que reclaman el pago de cuantiosas indemnizaciones por expropiaciones. Como se sabe, los activos de la República y de Pdvsa están amenazados por las demandas de numerosos acreedores, tenedores de bonos en default o laudos arbitrales de corporaciones extranjeras que pretenden cobrar sus préstamos e indemnizaciones a cargo de los ingresos petroleros.

En esencia, la Orden Ejecutiva 14373 es la base de la arquitectura financiera de EEUU para controlar la producción y venta del petróleo venezolano. EEUU reconoce que el ingreso petrolero es propiedad de Venezuela, pero -con la excusa de proteger el dinero de cualquier sentencia judicial de embargo y, más bien, destinarlo a reactivar la economía venezolana para frenar la migración ilegal-, la Administración Trump actúa como custodio y ordena que la renta petrolera sea depositada en cuentas del Tesoro de EEUU denominadas Fondos de Depósito del Gobierno Extranjero (Foreign Government Deposit Funds).

De allí que la Orden se denomine: “Salvaguardando los ingresos petroleros venezolanos para el bien de los pueblos estadounidense y venezolano”. El decreto de Trump delega en el Secretario de Estado y en el Secretario del Tesoro la facultad de decidir cómo se gastarán estos fondos. El propio Trump ha dicho que buena parte se destinará a comprar alimentos, medicinas, repuestos, maquinarias y equipos estadounidenses. Así pues, con el control del ingreso petrolero nacional, la Administración Trump podrá financiar a los exportadores de EEUU para que recuperen los espacios de negocio e inversión perdidos en Venezuela.

Venezuela puede y debe reivindicar la administración independiente y autónoma del ingreso petrolero. Con ese fin, es necesario convertir las Cuentas Tuteladas en Fondos Soberanos y así preparar al país para la próxima crisis de abundancia. Esto nos impone la tarea de observar y aprender de otros países que han sabido administrar con inteligencia y sabiduría su riqueza petrolera. Uno de esos casos es el de Noruega.

¿Qué hizo Noruega con el petróleo que aún puede hacer Venezuela?