domingo, 13 de junio de 2021

¿Cuáles son los cambios en la política económica venezolana?


 

Víctor Álvarez R. 

El efecto combinado del colapso de la renta petrolera, el endurecimiento de las sanciones y el impacto económico de la pandemia ha obligado al gobierno a activar válvulas de escape para aliviar la presión económica y social.

Un gobierno sin capacidad financiera para sostener el modelo nacionalista y estatista ha puesto en marcha un proceso de apertura comercial, desregulación, liberalización, privatización, dolarización y apertura a la inversión extranjera. Son las nuevas tendencias en la economía venezolana que pudieran consolidarse y llegar a ser irreversibles.

Estas reformas económicas crean un ambiente propicio para el emprendimiento y la iniciativa privada.  Y quien no perciba estos cambios debido al ruido de la diatriba política, se quedará al margen de las nuevas oportunidades de negocio e inversión que empiezan a aparecer en Venezuela.

De hecho, en este abandono del modelo económico nacionalista y estatista ha jugado un papel muy importante la presión de los inversionistas privados que están dispuestos a correr los riesgos de hacer negocios en un país sancionado, pero en un contexto de apertura comercial y liberalización económica.

El gobierno se ha dejado de dogmatismos y para sobrevivir al colapso de la renta petrolera, las sanciones económicas y los estragos del Covid-19 abandona el modelo nacionalista y estatista y se abre a la inversión privada nacional y extranjera. Veamos los cambios más importantes.

Apertura comercial

Para compensar la escasez derivada de la reducción en un 80 % del tamaño del PIB, el gobierno ha abierto el mercado interno a toda clase de importaciones que compiten ventajosamente con la producción nacional. Ha exonerado una amplia gama de códigos arancelarios del pago de impuestos de importación que, en condiciones de apreciación del tipo de cambio, hace mucho más lucrativo importar que producir.

La dolarización

La dolarización transaccional ha sido forzada por la hiperinflación que disolvió el poder de compra de los billetes y obligó a sustituirlos por la divisa estadounidense. El billete de más alta denominación es de Bs. 1.000.000 y no alcanza para comprar un dólar. Para no trancar el mercado interno por falta de medios de pago, el Ejecutivo ha permitido el uso de divisas en las transacciones locales, práctica que antes era perseguida y penalizada. La dolarización transaccional presiona la dolarización de los servicios financieros para que este creciente circulante en divisas se pueda canalizar hacia el financiamiento de la producción y el consumo.

Privatización

Las sanciones económicas recaen sobre las empresas del sector público. Corporaciones trasnacionales con intereses en territorio estadounidense no pueden hacer negocios con empresas del gobierno. Debido a los bajos salarios, el sector público no cuenta con la capacidad técnica ni logística para mantener operativas las empresas manufactureras en su poder, ni asegurar los servicios de agua potable, gas doméstico, electricidad, telecomunicaciones y vialidad. Para evitar el colapso en estos sectores el gobierno se plantea privatizar la gestión de estos al amparo de la Ley Antibloqueo que permite este tipo de acuerdos en el más absoluto secretismo.

Inversión extranjera

El gobierno ni Pdvsa tienen recursos financieros para levantar la producción de petróleo y gas. Tampoco puede reactivar las refinerías. Necesita de la inversión privada nacional y extranjera para reactivar estos sectores cuya buena marcha es imprescindible para el buen funcionamiento del resto de la economía.

Mientras el ingreso petrolero se mantenga bajo y las sanciones no se levanten, los procesos de apertura y liberalización económica se profundizarán. Solo una recuperación de la extracción de petróleo en torno a los 3 millones de barriles diarios y precios por encima de 80 $/b le devolverían al gobierno su capacidad para controlar y estatizar la economía, y ese escenario en el corto y mediano plazo está totalmente descartado.

Es la cruda realidad es la que ha forzado al gobierno a ser pragmático y a abandonar ideologías y dogmas. Aflojar los controles es la clave para su sobrevivencia. Así lo ha entendido el régimen cuyo pragmatismo apunta a preservar su modelo político de dominación hegemónica. Si no respira la economía, el poder político se asfixia.

Las Zonas Económicas Especiales (ZEE)

Son regiones geográficas en las que rige un marco legal diferente al vigente en el resto del país. Las nuevas inversiones que allí se realicen son liberadas de impuestos, controles económicos y regulaciones laborales y ambientales a través de la implantación de un régimen socioeconómico especial que asegura -por un período no menor de diez años-, la devolución automática, total o parcial del impuesto de importación, del impuesto sobre la renta (ISLR) y del impuesto al valor agregado (IVA); así como la exención de los regímenes aduaneros aplicables a la importación y exportación de materias primas, insumos y bienes de capital destinados a crear una oferta exportable que genere las divisas que ya no aporta el petróleo.

En las ZEE se limita la organización de sindicatos para exigir mejores salarios y condiciones laborales; y las medidas de protección ambiental para el tratamiento de emanaciones gaseosas, efluentes líquidos y desechos sólidos también se pueden flexibilizar y desaplicar.

En un país en el que el tamaño de la economía se ha reducido 80 % y el salario mínimo es de apenas 2,5 dólares mensual, el gobierno nacionalista y estatista se abre a la inversión extranjera y le ofrece exoneraciones de impuestos y bajos salarios para que vengan a explotar los recursos naturales que el país tiene.

Escuche el podcast de Pedagogía Económica: ¿Hacia dónde va la economía venezolana? https://anchor.fm/Pedagog%C3%ADaEcon%C3%B3micaConV%C3%ADct/episodes/Hacia-dnde-va-la-economa-venezolana-e10olj9

jueves, 3 de junio de 2021

Las consecuencias de una dolarización espontánea y caótica


 

Víctor Álvarez R. 

Mientras la hiperinflación continúe, por muy altos que sean los billetes de mayor denominación, estos alcanzarán cada vez menos para pagar incluso los bienes y servicios de menor precio. El billete de mayor denominación de un millón de bolívares no cubre ni siquiera el costo de una empanada o un café.

En las ciudades del país, sin importar su tamaño, las operaciones de compra-venta están cada vez más dolarizadas. En las ciudades fronterizas superan el 90 % y tiende a usarse la moneda del país vecino. En los sectores abastecidos por productos importados -como el de electrodomésticos- prácticamente el 100 % de las transacciones se hace en dólares.

El bolívar cada vez se usa menos para fijar los precios y como medio de pago. Es más fácil que alguien tenga en su cartera un billete de un dólar que uno de un millón de bolívares que ya no alcanza ni siquiera para comprar un dólar.

La dolarización transaccional es un hecho. La cantidad de divisas que circula internamente es cada vez mayor y esto ejerce una incesante presión para la dolarización de los servicios financieros. Las empresas y familias no pueden seguir guardando su ingreso en divisas en una caja fuerte o debajo del colchón. Es necesario que este creciente circulante en dólares se canalice a través de los bancos hacia el financiamiento de la producción y el consumo.

jueves, 20 de mayo de 2021

¿Cómo impactaría una dolarización formal a las exportaciones no petroleras?


 

Víctor Álvarez R. / @victoralvarez

En Venezuela, la dinámica de las exportaciones no petrolera se ha visto afectada por la apreciación y sobrevaluación del tipo de cambio. Durante muchos años, el uso de la política cambiaria como política antiinflacionaria abarató las importaciones y castigó la competitividad internacional de las exportaciones. Así, los productos importados resultan más baratos que los fabricados en el país y, a su vez, estos resultan mucho más caros tanto en el mercado interno como en los internacionales.

Al fijar un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad del esfuerzo productivo nacional hay mejores condiciones para estimular la producción de bienes transables internacionalmente. Su evolución debe tener muy en cuenta el índice de precios interno con respec­to a los principales países con los cuales el país tiene intercambio comercial. Cuando es mayor la inflación en Venezuela y no se ajusta oportunamente el tipo de cambio, los bienes nacionales se hacen más caros y es más rentable importarlos que seguir produciéndolos. Las exportaciones no petroleras pierden competitividad debido a la sobrevaluación del tipo de cambio.

La tasa de cambio es la que relaciona los precios venezolanos con los del resto del mundo, por lo que el comportamiento de la misma entra a jugar un papel clave en la transformación de una economía rentista e importadora en una nueva economía productiva y exportadora. Es necesario corregir estas distorsiones cambiarias dejando claro que la competitividad de las exportaciones venezolanas no puede sustentarse en la devaluación de la moneda doméstica, sino en el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas e innovativas.

Para respaldar sus exportaciones, China y los países asiáticos tienden a subvaluar el tipo de cambio oficial. Y pueden hacerlo porque tienen su propia moneda y manejan su política cambiaria. La dolarización a largo plazo se puede revelar como una camisa de fuerza para el crecimiento económico. Los países que dolarizan quedan atados a una moneda fuerte que no expresa la verdadera productividad y competitividad de su sector exportador.

Para analizar las consecuencias de la dolarización sobre el manejo de una política cambiaria que apoye la competitividad del sector exportador no petrolero seguimos conversando con el economista Francisco Rodríguez en el siguiente video https://youtu.be/E-LwXhSKr88

viernes, 14 de mayo de 2021

¿Para cuáles problemas la dolarización puede ser una buena solución?

 


Víctor Álvarez R. 

Las políticas de controles, estatizaciones y subsidios que se tradujeron en un elevado nivel de gasto público se volvieron insostenibles una vez que colapsaron los precios del petróleo y se arruinó Pdvsa.

Ante el colapso de la recaudación tributaria petrolera y no petrolera, el gobierno financió su déficit con una creciente emisión monetaria que desembocó en el principal factor propagador de la hiperinflación. Al no recaudar suficientes impuestos para cubrir el gasto público se financió con un impuesto inflacionario.

Según el Observatorio Venezolano de Finanzas, la inflación de abril fue de 33, 4 %, para un aumento acumulado en lo que va de año de 240,5% y una inflación interanual de abril 2020-2021 de 2.840%.

La dolarización transaccional ha sido forzada por la hiperinflación que disolvió el poder de compra de los billetes y obligó a sustituirlos por la divisa estadounidense. El billete de más alta denominación es de Bs. 1.000.000 y no alcanza para comprar un dólar, cuya tasa de cambio oficial es de 2.824.879 Bs/$.

CNE: ¿Legitimidad de origen o legitimidad de desempeño?

 

Víctor Álvarez R. 

La AN escogió cinco rectores principales y diez rectores suplentes del CNE. Teóricamente ninguno de los rectores debería estar vinculado a partidos políticos del gobierno o de la oposición, pero en Venezuela esa es una de las condiciones electorales que no se cumplen y los rectores tienden a representar a uno de los polos en pugna. De allí que la puja sea por una conformación equilibrada a través de la fórmula 2-2-1; es decir, dos representantes pro gobierno, dos pro oposición y uno neutral aceptado por ambas partes.

Con su apabullante mayoría de más de 2/3 de la AN, el oficialismo pudo haber pasado la aplanadora en la designación del CNE y de los cinco rectores principales y diez suplentes haber impuesto un 15-0. Como esto habría significado el desconocimiento nacional e internacional de las elecciones de gobernadores y alcaldes y un mayor aislamiento, el gobierno prefirió ceder espacios y designar dos rectores principales a la oposición electoral, para una correlación de 3-2 en el Directorio. Adicionalmente cedió cuatro suplentes para una distribución de 9-6 en el total de 15 rectores principales y suplentes.

Como Maduro no se siente amenazado por una oposición cada vez más dividida y debilitada, hace estas concesiones y permite una mayor representación de la oposición. Presenta así un CNE renovado, más plural y con mayor autonomía, el cual tiene por delante el gran reto de mejorar las condiciones electorales, reconstruir la confianza en el voto y la ruta electoral para avanzar hacia una solución política, electoral y pacífica del conflicto venezolano.

1.    ¿Cómo está organizado internamente el CNE?

viernes, 7 de mayo de 2021

Cómo quedó repartido el CNE entre el gobierno y la oposición



 Víctor Álvarez R.

La AN escogió cinco rectores principales y diez rectores suplentes del CNE. Teóricamente ninguno de los rectores debería estar vinculado a partidos políticos del gobierno o de la oposición, pero en Venezuela esa es una de las condiciones electorales que no se cumplen y los rectores tienden a representar a uno de los polos en pugna. De allí que la puja sea por una conformación equilibrada a través de la fórmula 2-2-1; es decir, dos representantes pro gobierno, dos pro oposición y uno neutral aceptado por ambas partes.

Con su apabullante mayoría de más de 2/3 de la AN, el oficialismo pudo haber pasado la aplanadora en la designación del CNE y de los cinco rectores principales y diez suplentes haber impuesto un 15-0. Como esto habría significado el desconocimiento nacional e internacional de las elecciones de gobernadores y alcaldes y un mayor aislamiento, el gobierno prefirió ceder espacios y designar dos rectores principales a la oposición electoral, para una correlación de 3-2 en el Directorio. Adicionalmente cedió cuatro suplentes para una distribución de 9-6 en el total de 15 rectores principales y suplentes.

Como Maduro no se siente amenazado por una oposición cada vez más dividida y debilitada, hace estas concesiones y permite una mayor representación de la oposición. Presenta así un CNE renovado, más plural y con mayor autonomía, el cual tiene por delante el gran reto de mejorar las condiciones electorales, reconstruir la confianza en el voto y la ruta electoral para avanzar hacia una solución política, electoral y pacífica del conflicto venezolano.

1.    ¿Cómo está organizado internamente el CNE?

viernes, 30 de abril de 2021

La dolarización erradica la emisión de dinero inflacionario

Víctor Álvarez R.

Todo país que dolariza erradica el manejo irresponsable de la oferta monetaria que propaga la hiperinflación. Si oficialmente Venezuela se dolariza, el gobierno de turno no podrá financiar su déficit con emisiones de dinero inflacionario o con devaluaciones fiscalistas para obtener más bolívares por cada petrodólar.

¿Por qué, entonces, los críticos a la dolarización le atribuyen tanta importancia a preservar la soberanía monetaria si justo en la emisión de dinero está el principal factor propagador de la hiperinflación? ¿Qué implicaciones tiene la renuncia a la soberanía monetaria para la gestión del presupuesto público, para la actividad empresarial o para el bienestar de los hogares? ¿Por qué tanta resistencia? 

Otra de las críticas a la dolarización se refiere a la pérdida del uso de tasas de cambio subvaluadas para apoyar la competitividad de las exportaciones no petroleras. Ciertamente, cuando el gobierno devalúa, los exportadores obtienen más bolívares por cada dólar exportado y así ganan un mayor margen de maniobra para cubrir los gastos locales de salarios, alquileres, electricidad, agua, gas, teléfono y otros costos que son pagados en bolívares. Al dolarizar, el gobierno no podría manipular el tipo de cambio con el fin de respaldar la competitividad cambiaria de las exportaciones no petroleras.  

Este argumento puede ser válido para economías que se sustentan en un vasto sector exportador agrícola, industrial o de servicios. Pero en una economía rentista e importadora que no tiene una oferta exportable diversificada, la tasa de cambio tradicionalmente se ha fijado con base en la productividad de la industria petrolera, más no de la productividad promedio del aparato productivo. La crónica tendencia a apreciar/sobrevaluar la tasa de cambio ha estimulado toda clase de importaciones que inhiben la producción nacional y prolongan el sesgo anti-exportador.

No hay ningún antecedente en el país que demuestre un manejo inteligente de la política cambiaria para estimular la transformación de la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo exportador. Todo lo contrario. Debido al mal uso de la política cambiaria, se ha frenado el crecimiento y diversificación del aparato productivo interno, se ha castigado la competitividad internacional del sector no petrolero, y se han represado presiones inflacionarias que estallan con toda su fuerza cada vez que se ajusta el tipo de cambio.

Por lo tanto, es una falacia argumental afirmar que con la dolarización el gobierno renunciaría al uso de la política cambiaria para apoyar el desarrollo del sector industrial y respaldar la competitividad internacional de las exportaciones no petroleras. Más bien, con la dolarización se erradicaría la tendencia a la sobrevaluación que sufre una economía rentista y se propiciarían mejores condiciones para el desarrollo de un sector industrial exportador basado en ventajas competitivas auténticas.

Estas interrogantes son respondidas por Francisco Rodríguez en este nuevo capítulo de la serie “Diez conversaciones estelares con diez de los mejores economistas de Venezuela”. Ver video YouTube https://youtu.be/iaXTdRxayhU

viernes, 23 de abril de 2021

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la dolarización?

Víctor Álvarez R.

 /Premio Nacional de Ciencias

Según el Observatorio Venezolano de Finanzas, la inflación acumulada en 2020 fue de 3.713 %. Los estudios de Ecoanalítica en las ciudades más grandes del país revelan que las operaciones de compra-venta están cada vez más dolarizadas. En Maracaibo superan el 80 % y en el sector electrodomésticos más del 90 % de las transacciones se hace en dólares. El bolívar cada vez se usa menos para fijar los precios y como medio de pago. Es más fácil que alguien tenga en su cartera un billete de un dólar que uno de un millón de bolívares que ni siquiera alcanza para comprar un dólar.

La dolarización transaccional es un hecho. La cantidad de divisas que circula internamente es cada vez mayor y esto ejerce una incesante presión para la dolarización de los servicios financieros. Muchas economías que optaron por la dolarización lo hicieron porque el dólar ya era el medio de pago predominante. Cuando Ecuador dolarizó, el 54% de los depósitos del público en el sistema financiero era en dólares y el 66% de la cartera de crédito estaban en dólares. En Venezuela, la dolarización se ha ido imponiendo por la fuerza de los hechos y pareciera que lo único que queda pendiente es que se dolaricen los salarios y se tome la decisión oficial de sustituir el bolívar por el dólar.

¿Por qué Venezuela debería contemplar la dolarización? Con este artículo, hace tres años Francisco Rodríguez estimuló un candente debate acerca de las ventajas y desventajas de dolarizar la economía venezolana. El tiempo y la evidencia parecieran haberle dado la razón. El país está cada vez más dolarizado. Sin embargo, este ha sido un proceso desordenado y caótico.

En la serie Diez conversaciones estelares con diez de los mejores economistas de Venezuela, Francisco Rodríguez explica los pro y contra de la dolarización en Venezuela y nos ofrece una explicación clara, sencilla, comprensible de las causas que originan la dolarización como un proceso que no perjudica o beneficia por igual a todos los hogares, empresas e instituciones venezolanas. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la dolarización espontánea, desordenada y caótica que está en marcha en Venezuela? ¿Qué hacer para que todos ganen con la dolarización?

Ver video YouTube ¿Por qué Venezuela debería contemplar una dolarización oficial? https://youtu.be/GN2IIigMaSo

lunes, 12 de abril de 2021

La reactivación económica necesita incentivos, no penalizaciones


Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

La economía responde de mejor manera a los incentivos pero en Venezuela se impusieron leyes punitivas que establecieron arbitrariamente el tipo de cambio y los precios, leyes plagadas de multas, sanciones y penas de cárcel que desestimularon la producción, causaron una creciente escasez y contribuyeron a propagar la hiperinflación.

¿Cómo fue que la política de controles y los graves errores de la política económica se combinaron para estimular la conformación de un modelo de expoliación en Venezuela?

En Venezuela, la destrucción de las instituciones sirvió para imponer un modelo de dominación basado en la discrecionalidad y la arbitrariedad. Dio lugar a un régimen de expoliación controlado por la complicidad de funcionarios corruptos y oscuros intereses económicos que se disputaron y disputan la asignación de dólares preferenciales, el financiamiento público a bajas tasas de interés y largos plazos, las exoneraciones arancelarias para la importación, las compras gubernamentales, el suministro de materias primas desde las empresas del Estado y otros incentivos de las políticas públicas.

Sin renta petrolera el gobierno ya no cuenta con la capacidad financiera que utilizó para premiar a los incondicionales, comprar a los indecisos y castigar a los opositores. Para sobrevivir a las sanciones, el régimen impulsa la apertura del mercado interno a toda clase de importaciones sin arancel que compiten ventajosamente con la producción nacional, también desmonta los controles de cambio y de precios, desregula y liberaliza la economía, adelanta un proceso de privatización y abre a la inversión privada los sectores del petróleo, gas y minería.

Aparte de la eliminación del control de cambios, del abandono del control de precios y la dolarización ¿Cuáles son los nuevos incentivos que ahora ofrece el gobierno? ¿Cuáles son los intereses que están surgiendo y presionan para cambiar el marco legal y el entorno institucional? ¿Estamos en presencia de cambios radicales a favor de una economía de mercado? ¿Vamos hacia una chinización de la economía venezolana?

Ante el fracaso del modelo estatista que se levantó a partir de una ola de expropiaciones, la reconstrucción de la economía nacional requiere una nueva institucionalidad para impulsar un proceso de desarrollo sustentado en el valor del trabajo, el emprendimiento productivo, la libre iniciativa privada, la competitividad, el respeto a los derechos de propiedad y la seguridad jurídica. ¿Cuáles son las reformas institucionales claves que un nuevo gobierno tendría que tomar para impulsar una verdadera transformación de la economía venezolana? ¿Cuáles son esas leyes y organismos que degeneraron en incentivos perversos y hay que reformar o derogar para crear un ambiente propicio a la inversión y actividad productiva? ¿Cuáles son los nuevos entes del Estado que hay que crear o fortalecer para que ese nuevo marco legal no se quede como letra muerta?

El costo social atribuido a los programas de ajuste macroeconómico y su impacto microeconómico a nivel de un aparato productivo poco competitivo suelen generar resistencias y fuertes conflictos que terminan por abortar las reformas económicas. Un argumento para explicar esos fracasos ha sido la debilidad institucional que mediatiza la potencialidad de las reformas que finalmente no llegan a concretarse. Tan así es, que al primer recetario del Consenso de Washington se le agregó una lista de reformas dirigidas al fortalecimiento institucional y a mejorar la acción supervisora del Estado sobre el sector financiero, las empresas privatizadas, la autonomía del Banco Central, las instituciones de educación del consumidor y la protección ambiental.

¿Cómo se pueden articular, sincronizar y armonizar las reformas macroeconómicas y las políticas microeconómicas con las reformas institucionales en la dimensión mesoeconómica? ¿Cómo lograr una visión de conjunto y un enfoque integral para que no se descuide ninguna de esas dimensiones y así evitar que se ponga en peligro la buena marcha del programa de reformas?

La respuesta a estas preguntas las abordamos con Humberto García Larralde, ex Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, en un nuevo capítulo de la serie Diez conversaciones estelares con diez de los mejores economistas de Venezuela”

Ver video YouTube https://youtu.be/fpYjy0r2Dpg

viernes, 26 de marzo de 2021

VENEZUELA: Condiciones políticas son más decisivas que condiciones electorales

Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Las condiciones electorales deben ofrecer a todos los competidores las mismas oportunidades de ganar o perder, sin ventajismos a favor de alguno de los candidatos o partidos. Implica imparcialidad de los medios de comunicación públicos, no utilización de recursos del Estado a favor de una parcialidad política, regulación de las campañas electorales, fiscalización del origen de los gastos y observación internacional. En Venezuela se despliega una permanente persecución, encarcelamiento y exilio forzoso de líderes de la oposición, se abusa de la inhabilitación política para sacar de la contienda a candidatos ganadores, se ilegalizan partidos políticos o se les despoja de los nombres y símbolos para entregárselos a disidentes que le hacen el juego al gobierno.

Ciertamente, las condiciones electorales son muy desventajosas, pero no anulan la enorme ventaja que otorgan las favorables condiciones políticas derivadas del 80 % de rechazo a los candidatos del gobierno. La fuerza electoral del chavismo viene cayendo, el malestar nacional continúa creciendo, pero la oposición se sigue absteniendo. En las Presidenciales que se convocaron en 2013 luego de la muerte de Chávez, Nicolás Maduro casi pierde con Henrique Capriles: obtuvo 7.587.579 votos frente a 7.363.980. La diferencia fue de apenas 223.599 votos. A partir de entonces, el caudal electoral del oficialismo se debilita. La dinámica entre las Presidenciales de 2013 y 2018 revela que el voto de Maduro baja en números absolutos, pero aumenta en números porcentuales: en 2013 sacó 7.587.579 votos equivalente a 50,51% y en 2018 sacó 6.248.265 votos, equivalente a 66,51 %. Esto lo explica la abstención de la oposición.

Las ventajosas condiciones políticas pueden ser más decisivas que las desventajosas condiciones electorales, siempre y cuando se haga el trabajo de organización política para capitalizar electoralmente este enorme descontento. Pero la dinámica del voto opositor entre las Parlamentarias de 2015 y 2020 es catastrófica: se derrumba en números absolutos y se hunde en números porcentuales debido a que los partidos más importantes decidieron abstenerse y los que participaron se presentaron divididos. La oposición venezolana no logra capitalizar electoralmente el enorme rechazo al gobierno porque se abstiene o postulan varios candidatos que dispersan los votos, facilitando el triunfo de los candidatos oficialistas que a lo sumo mueven 20 % de los votantes.

Muchos dirigentes de la oposición venezolana, en vez de sudar la camiseta y gastar la suela recorriendo el país para movilizar electoralmente a la ciudadanía que quiere un cambio de gobierno, siguen esperando que su ascenso al poder sea el resultado del endurecimiento de las sanciones y de una mayor presión internacional. No celebran primarias para elegir los candidatos unitarios, no organizan su maquinaria electoral, no preparan los testigos que defenderán los votos, no arman una fuerza de propaganda que promueva los candidatos. Siguen desconectados del sentir nacional y, en vez de ofrecer al país opositor opciones de organización política, deciden abstenerse. Y desde la contemplación pasiva de quienes se abstienen, nuevamente se allanará el camino para que los candidatos del oficialismo ganen.

La intervención internacional, lejos de contribuir a unir a la oposición, lo que ha hecho es dividirla aún más. “Debido a su rol en actos y decisiones que socavan la democracia o como resultado de graves violaciones de derechos humanos”, la UE sancionó a 19 funcionarios venezolanos entre quienes figura un rector de la oposición en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y dos diputados de la oposición que fueron considerados como cómplices de una farsa electoral montada por el régimen. Muchos líderes sociales con arraigo popular que se quieren postular y pueden ganar, han decidido inhibirse por temor a ser sancionados e incluidos en una misma lista junto a funcionarios acusados de violar derechos humanos.

A fin de lograr candidaturas unitarias para las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes, lo que el 80 % de venezolanos que rechaza al gobierno de Nicolás Maduro espera de la comunidad internacional no es una clasificación de la oposición en auténtica oposición, supuesta oposición y alacranes, sino una mediación eficaz que facilite el entendimiento, no solo entre el gobierno y la oposición, sino también entre las diferentes corrientes de la oposición, incluyendo a los factores de izquierda que se desmarcan de la coalición gobernante del Gran Polo Patriótico,.

Pero la UE no reconoce la Asamblea Nacional electa en las Parlamentarias del 2020 y, siendo coherentes, tampoco reconocerá sus actos. Esto anuncia un inminente desconocimiento, tanto del nuevo CNE cuya elección está en marcha, como también de las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes previstas para diciembre de este año. La unidad de la oposición no se logrará exacerbando las descalificaciones entre los diferentes partidos y dirigentes, ni desconociendo cada elección que en Venezuela se realice. Eso no ayuda a retomar la ruta electoral ni a reconstruir la confianza en el voto para aprovechar unas favorables condiciones políticas, mucho más decisivas que las desventajosas condiciones electorales.

 

 

 

lunes, 22 de marzo de 2021

¿De qué se enferma la macroeconomía y cómo nos contagia?

Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

El nuevo gobierno que resulte de unas elecciones limpias y transparentes recibirá un país en ruinas y tendrá que aplicar drásticas medidas para corregir los desequilibrios macroeconómicos que causan la escasez e hiperinflación. Para aliviar el déficit fiscal y erradicar el financiamiento con emisiones de dinero inflacionario, se verá obligado a sincerar las tarifas de los servicios públicos de electricidad, agua, gas y telecomunicaciones, lo cual no sería bien recibido en un país exhausto, castigado por una prolongada escasez y voraz hiperinflación. Por eso, a las medidas de ajuste macroeconómico suele atribuírseles un impacto social y costo político que desemboca en el fracaso de los gobiernos que las aplican.

¿Cómo explicarle al ciudadano de a pie, al pequeño y mediano empresario, a una ONG el impacto que tienen los desequilibrios macroeconómicos sobre el empleo, el poder adquisitivo de los presupuestos de hogares, empresas e instituciones, y en general sobre la calidad de vida y la prosperidad de una Nación? ¿Cómo explicarles qué es la macroeconomía, de qué se enferma y cómo nos contagia?

Si le hacemos un examen de sangre a la macroeconomía venezolana para ver como tiene la hemoglobina, el colesterol, los triglicéridos, ¿cuáles serían esos indicadores claves de la macroeconomía que tenemos que aprender a leer e interpretar, cuáles son los valores actuales y que tan lejos estamos de los valores normales?

En el debate político se suele escuchar una y otra vez que “sin cambio político no habrá cambio económico”. Sin embargo, el gobierno autoriza la apertura del mercado interno a toda clase de importaciones, levantó los controles de cambio y de precios, procede a desregular y liberar la economía, bendice la dolarización y, por si fuera poco, anuncia un proceso de apertura a la inversión extranjera y privatización de empresas públicas. ¿Se puede decir que ese conjunto de medidas conforman un Programa de Reformas Económicas?

¿Cuáles deberían ser las medidas en materia fiscal, monetaria, cambiaria, de precios, etc. que no deberían faltar en un verdadero Programa de Estabilización Macroeconómica? ¿Cuáles serían las medidas correctas, en qué orden lógico deberían ser aplicadas y cuál sería la velocidad de ejecución más adecuada para las condiciones en las que se encuentra el país?

¿Cuáles serían los indicadores macroeconómicos que tendrían que comenzar a dar rápidas y significativas señales de mejoría para que el ciudadano de a pie tenga la certeza de que el programa de reformas va por el camino correcto y debe ser apoyado? ¿Cuáles serían las victorias tempranas que se deben alcanzar en materia fiscal, monetaria, cambiaria, precios, PIB, etc.? ¿Con qué frecuencia se deberían evaluar los avances hacia los objetivos y metas planteados para estar seguros de que el programa de reformas fue bien diseñado y está siendo bien ejecutado?

Estas preguntas son respondidas por Leonardo Vera, individuo de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, en la conversación que sostuvimos con él en el marco del ciclo “Diez conversaciones estelares con diez de los mejores economistas de Venezuela”. Ver video https://youtu.be/F5aoax26Q5M

jueves, 18 de febrero de 2021


 1ra Temporada de #PedagogíaEconómica
10 conversaciones estelares con 10 de los mejores economistas de Venezuela

viernes, 12 de febrero de 2021

¿A quién benefician y a quién perjudican las sanciones económicas?

Víctor Álvarez R. 

Premio Nacional de Ciencias





¿A quién benefician y a quién perjudican las sanciones económicas? 

El declive de la industria petrolera y la prolongada contracción de la economía comienzan a partir del año 2014. Las sanciones financieras se aplican en 2017 y las petroleras en 2019. Son la estocada final a una economía que ya venía muy mal.

¿A quién afectan realmente las sanciones? William Brownfield, exembajador de EEUU en Venezuela, reconoció que las sanciones tendrían “un impacto sobre el pueblo entero, sobre el ciudadano común y corriente y las comunidades de Venezuela” Y no tuvo ninguna consideración al agregar que “quizás sea la mejor solución para acelerar el colapso, aunque produzca un período de sufrimiento mayor por un período de meses o quizás años”.

Los defensores de las sanciones argumentan que éstas tienen excepciones en materia de alimentos y medicinas, pero al impedir la exportación de petróleo del que depende el 96% del ingreso en divisas de Venezuela, el país se queda sin recursos para importar los alimentos y medicinas que reciben los sectores más vulnerables.

La escasez de combustible también está asociada a las dificultades para importar insumos y repuestos para las refinerías, cuestión que impide el transporte de alimentos y la movilización de la población.

La extensión de las sanciones a terceros que se atrevan a tener negocios con empresas públicas venezolanas implica que sus cuentas y activos en territorio estadounidense pueden ser bloqueados. Esto inhibe a proveedores de Corpoelec, Hidroven, Pdvsa gas, Cantv y otras empresas públicas suministrar transformadores, compresores, bombas de agua, repuestos, etc. Por eso, las sanciones agravan el deterioro de los servicios de electricidad, agua, gas y telecomunicaciones, todo lo cual empeora aún más las precarias condiciones de vida de la población.

La banca estadounidense ha restringido las operaciones con muchos de sus clientes venezolanos, sin distinguir si son empresas públicas o privadas. Incluso, ONG y organismos internacionales de ayuda humanitaria han denunciado las dificultades para hacer transferencias a empresas e instituciones venezolanas.

La empresa privada está atrapada en el fuego cruzado entre el gobierno y la oposición. No encuentra alternativa en un gobierno que sigue siendo muy hostil y la cataloga cómo conspiradora y aliada interna de la coalición internacional que lo quiere derrocar. Y la oposición que pide el endurecimiento de sanciones perjudica a los contratistas del gobierno. Este daño en sus negocios no lo reconocen públicamente las empresas privadas para no ser consideradas una caja de resonancia de la narrativa oficial que atribuye a sanciones la causa originaria de la crisis. La polarización las lleva a asumir posiciones políticas que perjudican sus propios intereses económicos.

Las sanciones económicas forman parte de una estrategia que tiene como fin forzar un cambio de gobierno en Venezuela. Sin embargo, luego de tres  años de sanciones, ni la explosión social ni el levantamiento militar que supuestamente derrocarían al gobierno se han producido. La crisis  económica y social ha empeorado, Maduro sigue en el poder y no se siente amenazado por una oposición dividida y debilitada que no ha sabido capitalizar electoralmente el enorme descontento y malestar nacional.

Por el contrario, las sanciones le han dado al régimen un pretexto perfecto para construir una narrativa épica de resistencia y evadir la responsabilidad que tiene la nefasta política de controles, expropiaciones, sobrevaluación y corrupción en la debacle que ha sufrido la economía nacional.

Las sanciones económicas tienen que ser levantadas, pero a cambio de la mejora en las condiciones electorales. Un primer canje puede ser permitir la exportación de petróleo a EEUU a cambio de una renovación integral del poder electoral para convocar unas elecciones limpias y creíbles. El 50 % del ingreso petrolero que se genere sería destinado única y exclusivamente a importar alimentos, medicinas, vacuna contra el Covid, combustible y repuestos para reactivar la producción nacional. El otro 50 % sería depositado en un Fondo de Ahorro e Inversión cuyos rendimientos solo podrán ser utilizados como presupuesto complementario por el nuevo gobierno que resulte de las próximas elecciones que se convoquen. ¡Soluciones hay!

 


El capitalismo de clientes

 Víctor Álvarez R.

Premio Nacional de Ciencias

Ver video YouTube 

“El capitalismo de clientes” https://youtu.be/k3ReLIRB_mo

La necesidad de sobrevivir a las sanciones económicas obliga al gobierno a ser pragmático y olvidarse del socialismo estatista que no dio resultados. El Estado ya no puede sostener empresas públicas en bancarrota que no facturan ni siquiera para pagar la nómina y solo pueden sostenerse gracias a las transferencias que reciben del BCV. Éstas son emisiones de dinero sin respaldo que exacerban una voraz hiperinflación, destruye los presupuestos de hogares, empresas e instituciones, aumenta el malestar social y genera un costo político-electoral que el gobierno no quiere pagar en las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes.

Para mantenerse en el poder, el oficialismo está repensando el modelo económico basado en el control del Estado sobre la industria petrolera y otros sectores de la economía. Según el contenido de la Ley Antibloqueo y del Mensaje Presidencial a la Asamblea Nacional, el gobierno está dispuesto a dar un viraje a la política nacionalista y estatista, cediendo la operación de las empresas mixtas a sus socios privados y privatizando buena parte de las empresas públicas que terminaron quebradas por el burocratismo y la corrupción.

Al referirse al proceso de privatización en Rusia, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribió: “El resultado (…) fue que un puñado de amigos y socios de Yeltsin se convirtieron en multimillonarios, pero el país fue incapaz de pagar a los jubilados su pensión de 15 dólares mensuales”.

El capitalismo de clientes es un modelo de expoliación en el que solo unos poderosos grupos privilegiados, conectados con el poder político, logran monopolizar el acceso a los incentivos de las políticas públicas.

A diferencia de un modelo económico que crea capacidades productivas y tecnológicas, el capitalismo de clientes no busca estimular las fuerzas productivas, sino el saqueo de los recursos públicos y el despojo de la empresa privada. No destina recursos a construir grandes emporios económicos, no invierte en capital humano ni en el fortalecimiento de capacidades tecnológicas e innovativas. Su interés no es generar prosperidad sino acumular jugosas ganancias en negocios de alto riesgo.

El capitalismo de clientes surge en un contexto de restricciones presupuestarias y su modalidad es prestar auxilios financieros de alto costo para oxigenar a un gobierno asfixiado por el bloqueo y aprovechar así el remate de activos públicos subvaluados por los estragos de la crisis.

La apertura del mercado interno, el levantamiento de los contrales de cambio y de precios, la desregulación y liberalización de la economía, la privatización de empresas públicas y la creciente dolarización transaccional y financiera significan que las sanciones están generando unos efectos que los sancionadores no buscaron ni calcularon: un cambio económico sin cambio político está en marcha en Venezuela.


La Economía venezolana: Balance 2020, Perspectivas 2021

Víctor Álvarez R.

 Premio Nacional de Ciencias


Video: 

La Economía venezolana: Balance 2020, Perspectivas 2021 https://youtu.be/Hcj2jtPFucU

Sin estadísticas oficiales, cualquier balance o pronóstico sobre el desempeño pasado y futuro de la economía venezolana es muy incierto. Tratar de hacer un balance es tirar los dados, proyectar el desempeño futuro es jugar la lotería. Es tanta la incertidumbre que los datos generados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reflejan entre sí una gran diferencia. Dadas estas restricciones, apenas se pueden proyectar algunos escenarios a la luz de las pocas variables macroeconómicas con datos, tales como la emisión de dinero base, liquidez monetaria, reservas internacionales, tasa de cambio, inflación y extracción de petróleo.

Balance 2020

En 2020, el impacto de los errores de política económica fue agravado por el endurecimiento de las sanciones económicas y por la pandemia del Covid 19. La apertura comercial para enfrentar la escasez estimuló toda clase de importaciones que desplazan y arruinan la producción agrícola e industrial del país. Comparado con 2019, en 2020 se estima una nueva contracción del PIB de 30%, para una contracción acumulada de 80% desde 2013. Las empresas cierran el ejercicio fiscal con pérdidas y esto merma la recaudación de ISLR e IVA.

Después de haber alcanzado 3 millones 300 mil barriles diarios, la extracción de petróleo se redujo a menos de 400 mil, arrastrando el ingreso en divisas, las regalías y demás ingresos de origen petrolero. El gobierno no genera suficientes ingresos fiscales para cubrir el gasto público y financia a las empresas públicas a través de emisiones de dinero sin respaldo que realiza el BCV. Pero sin producción nacional ni reservas internacionales que respalde esta emisión desordenada de dinero, la moneda nacional pierde valor y por eso los precios se disparen. En 2020, la hiperinflación se mantuvo por encima de los dos dígitos, registrando picos de 65 % en los meses de enero y noviembre:





El Observatorio Venezolano de Finanzas de la AN estima que la inflación de diciembre se ubicó en 21,2% y la acumulada en 2020 llegó a 3.713 %.



Según la encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI), la reducción del 80 % del tamaño de la economía, el aumento del desempleo y la hiperinflación generaron un empobrecimiento de la población superior al 80%. En los hogares venezolanos, los ingresos que se obtienen no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.



Con una caída de 30 % del PIB, un aumento de los precios de 3.713 % y 54,4% de la población económicamente activa sin trabajo, en 2020 Venezuela se llevó la siniestra triple corona de ser el país con mayor colapso económico, mayor hiperinflación y mayor tasa de desempleo del mundo.

Perspectivas 2021

Con el inicio de la campaña de vacunación contra el Covid se espera la reactivación de la actividad económica global. En ese contexto, los migrantes venezolanos recuperarán sus trabajos y reanudarán el envío de remesas a sus familiares y contribuirán a reanimar el consumo privado que será la principal fuerza motriz de la dinámica económica interna.

El gobierno ya no cuenta con la otrora renta petrolera cuyo reparto utilizó como un instrumento de dominación económica y social, tampoco cuenta con recursos para recuperar la industria petrolera. Y en una economía largamente contraída, el fisco no recauda suficiente ISLR e IVA para financiar el gasto público.

Para sobrevivir, el gobierno se ha visto obligado a levantar los controles y flexibilizar cada vez más las regulaciones a fin de estimular la inversión privada. La apertura a la inversión extranjera en los sectores de petróleo, gas y minería, así como la privatización de empresas públicas deficitarias le servirá al gobierno para recuperar la recaudación de ISLR e IVA, moderar la emisión de dinero inflacionario y evitar el costo político que no quiere pagar en un año en el que están previstas las elecciones de gobernadores y alcaldes.

Para estimular la inversión extranjera y las exportaciones que generen divisas, el BCV está emplazado a revisar la política monetaria restrictiva que tiende a frenar la evolución normal del tipo de cambio, genera una tendencia a la sobrevaluación y castiga la competitividad de las exportaciones privadas no petroleras. En Venezuela, no resulta fácil producir para exportar. La mala calidad de los servicios públicos y de la infraestructura genera un sobrecosto que castiga la competitividad internacional. Y si a esto se le suma un tipo de cambio sobrevaluado que no permite cubrir los altos costos de producción internos, se hace inviable producir para exportar, ni generar las divisas que ya no aporta el petróleo.

En el año 2021, las sanciones comerciales y financieras acelerarán la apertura del mercado interno, la liberalización económica y la privatización de empresas públicas. Un cambio económico sin cambio político se ha puesto en marcha en Venezuela. El capitalismo de clientes anuncia su llegada y comienza a dar su primeros pasos sobre los escombros que dejó el fracasado modelo estatista del socialismo del siglo XXI.


lunes, 1 de febrero de 2021


Sin estadísticas oficiales, cualquier balance o pronóstico sobre el desempeño pasado y futuro de la economía venezolana es muy incierto. Tratar de hacer un balance es tirar los dados, proyectar el desempeño futuro es jugar la lotería. Es tanta la incertidumbre que los datos generados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reflejan entre sí una gran diferencia. Dadas estas restricciones, apenas se pueden proyectar algunos escenarios a la luz de las pocas variables macroeconómicas con datos, tales como la emisión de dinero base, liquidez monetaria, reservas internacionales, tasa de cambio, inflación y extracción de petróleo.

martes, 12 de enero de 2021


 

Crisis humanitaria, Covid 19 y pulverización del bolívar impulsan la economía no monetaria

Para el sistema tradicional de cuentas nacionales, la actividad económica formal es aquella que se concreta cuando una mercancía pasa de una a otras manos a cambio de dinero y esta operación de compra-venta queda registrada en una máquina fiscal que genera una factura. Pero en Venezuela, la crisis humanitaria, el aislamiento social que impone la pandemia del Covid 19 y la pulverización de la moneda nacional han estimulado la producción e intercambio de bienes y servicios para satisfacer necesidades vitales, sin utilizar el dinero.

Estamos en presencia del desarrollo de una economía no monetaria, compuesta por una amplia gama de actividades socialmente cohesionadoras, que no es debidamente registrada por las estadísticas económicas convencionales. Estas se enfocan en las relaciones monetario-mercantiles y no miden la riqueza que se crea a través de las relaciones de cooperación que rigen el trabajo voluntario y solidario de las organizaciones no lucrativas.

Los protagonistas de este esfuerzo productivo son emprendedores sociales comprometidos con la atención de sus familias y comunidades. Producen e intercambian bienes y servicios no para obtener una ganancia, sino para responder a sus necesidades básicas y esenciales. En la economía no monetaria, los creadores de la riqueza se relacionan con otros productores a través del intercambio del fruto de una actividad no lucrativa. Crean un valor no monetizado que en estos tiempos de crisis humanitaria, Covid y disolución de la moneda nacional ha sido un soporte clave para atender necesidades vitales de los sectores más vulnerables de la población.

La economía no monetaria también tiene un establecimiento productivo en cada hogar. Imaginemos a cuánto ascendería la factura si tuviéramos que pagar a otros por los desayunos, almuerzos y cenas que se consumen en cada familia, por la ropa que se lava y plancha, por las noches de hospedaje y cuidados que recibe un familiar enfermo, por el transporte de los hijos al colegio. Si contabilizáramos todo esto nos daríamos cuenta de cuánto aporta la economía no monetaria al PIB. Pero se trata de una economía oculta que a pesar de generar una inmensa riqueza de bienes y servicios para la vida, no es incluida en las estadísticas del PIB.

También hay otras formas de economía no monetaria cuyo impulso está asociado a la expansión de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Los correos electrónicos hace rato dejaron atrás las cartas que antes se enviaban por correo postal; las fotos digitales sustituyeron las fotos impresas en un estudio fotográfico; cada vez se compran menos libros y música en formato físico y se descargan a través de Internet; los pagos y transferencias a través de la banca electrónica sustituye el trabajo remunerado del empleado bancario; y, en la salida de los supermercados se instalan escáner que suman el precio de los productos que van en el carrito y lo cargan automáticamente a la tarjeta de crédito que se utilizó al entrar. El teletrabajo y la modalidad del comercio electrónico han facilitado millares de emprendimientos familiares y cooperativos.

Superada la pandemia, la economía no monetaria seguirá creciendo por la inercia preventiva que se mantendrá hasta que la población haya sido vacunada. El autoservicio será un mecanismo de defensa social que sustituirá el trabajo remunerado de vendedores y mesoneros en comercios y restaurantes. Y este será un trabajo gratis que cada uno de nosotros hará para conformar una nueva economía en la que un importante porcentaje del nuevo valor creado por nosotros mismos no será remunerado, ni mucho menos contabilizado en las estadísticas del PIB ni sistemas de cuentas nacionales. Esa es la Economía NO monetaria.


 

¿Cuál es la siniestra triple corona que Venezuela se puede ganar?

Víctor Álvarez R. / @victoralvarezr

Según la AN, la inflación de octubre fue de 23,8 %, la interanual entre octubre de 2019 y 2020 fue de 3.332 %, y la inflación acumulada en lo que va de año llegó a 1.798,57 %.

En los países vecinos y principales economías exportadoras la inflación está lejos del 10 % anual. Por eso allá los productos son más baratos que Venezuela. Como el gobierno se empeña en frenar artificialmente el precio del dólar a través de una política monetaria restrictiva que deja sin liquidez a la banca, esto estimula toda clase de importaciones baratas que compiten ventajosamente con la producción nacional. El auge de los bodegones es la ruina para la agricultura y la industria del país.

El impacto del Covid-19 agrava el colapso económico originado por la inseguridad jurídica y las malas políticas del gobierno. La contracción global afectó la demanda de petróleo y materias primas que Venezuela exporta para generar divisas. Y el bloqueo fue el golpe de gracia a una economía moribunda. Según datos del  Banco Mundial, en 2013 el PIB venezolano era de $ 438.384 millones y para 2020 se habrá reducido a $ solo 48.610 millones, para una contracción acumulada de 81,2% en siete años. Esto también golpea los ingresos fiscales de un gobierno que se sigue financiando con emisiones de dinero sin respaldo para poder sostener empresas públicas deficitarias que no facturan ni para pagar la nómina.

A medida que se contrae el tamaño de la economía, la relación deuda/PBI aumenta. Venezuela debe mucho pero cada vez produce menos. No tiene capacidad de pago y por eso los bonos venezolanos se rematan a menos del 20 % de su valor nominal. Nadie en su sano juicio quiere tener deuda venezolana en su portafolio.

A lo largo de 2020 la actividad económica cayó incesantemente mientras que la liquidez monetaria siguió subiendo. Esto significa que hay mucho dinero persiguiendo pocos bienes y esto dispara aún más los precios. Para el momento de hacer este análisis, según la tasa de cambio oficial del BCV, un dólar cuesta 646.322,88 bolívares. La moneda nacional perdió su poder de compra y nadie quiere que le paguen en bolívares.

En su informe Perspectivas de la Economía Mundial, el FMI estima que el PIB de Venezuela acumulará una nueva caída de 25 % en 2020, la inflación llegará a 6.500% y el desempleo a 54,4%. En 2020 Venezuela puede alcanzar la siniestra triple corona de ser el país con mayor caída del PIB, mayor hiperinflación y mayor tasa de desempleo del mundo.

Este coctel de caída del PIB, inflación y desempleo ha empobrecido aceleradamente a la población. Según la encuesta ENCOVI, 79,3 % de las familias venezolanas vive en condición de pobreza y sus ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas y esenciales.

La crisis económica venezolana es la mayor de Latinoamérica en toda su historia y una de las diez mayores a nivel mundial. Pero por muy espeluznantes que luzcan estas cifras, ninguna logra expresar con toda su crudeza la terrible tragedia humana que representan más de cinco millones de venezolanos que han migrado huyendo del desempleo, el hambre, la persecución política y la inseguridad.

¡Venezuela tiene que cambiar!