Víctor Álvarez R. / @victoralvarezr
La política cambiaria vigente se planteó
estabilizar la tasa de cambio, disminuir las expectativas de devaluación y
cerrar la brecha con el dólar paralelo. Si bien esos objetivos se lograron, los
efectos colaterales no deseados revelan que esa política está agotada y se hace cada vez más insostenible.
Se estima que el tipo de cambio de equilibrio
que iguala la oferta y demanda de divisas está en torno a los 100 Bs/$, pero la
tasa oficial es de 36,4 Bs/$. Un tipo de cambio anclado,
combinado con una inflación mayor, significa que mientras todo lo demás se
encarece, el dólar mantiene su precio y comparativamente se vuelve más barato.
Dicho gráficamente, mientras el precio del
dólar sube por las escaleras, los demás precios lo hacen por el ascensor. Este rezago
o apreciación del tipo de cambio genera serias consecuencias:
ü
Impulsa una demanda artificial de divisas que obliga al BCV a quemar reservas
internacionales para sostener la estabilidad cambiaria.
ü Estimula importaciones sin arancel que
compiten ventajosamente con la producción nacional.
ü
Tiene un ruinoso impacto fiscal toda vez que impide al Estado
obtener más bolívares por cada petrodólar vendido.
ü Genera un impacto recesivo al restringir el gasto público y el crédito a la producción y el consumo.

