Víctor Álvarez R. / Director de Pedagogía Electoral
En el debate político nacional está
planteada una reforma del sistema electoral. Las hipótesis y especulaciones no
se han hecho esperar. Unos ven esta reforma como una oportunidad para mejorar
las condiciones electorales, recuperar la confianza en la institución del voto,
y preparase con tiempo para encarar en mejores condiciones el próximo ciclo
electoral; otros lo ven como una amenaza al voto universal, directo y secreto,
tal como hasta ahora lo hemos conocido.
Las elecciones
presidenciales de 2024 generaron un efecto desmovilizador en el país
descontento. El poder electoral anunció una totalización de votos que dio como
ganador al candidato oficialista, un inesperado resultado contrario a las
encuestas preelectorales, a las mediciones en boca de urna, y a las actas en
manos de los testigos de la oposición. Cuando esto se repite una y otra vez, el
elector se convence de que su voto no tendrá ningún efecto en el
resultado, y esa frustración e impotencia se expresa en una creciente
abstención que convierte en mayoría a la minoría oficialista en las siguientes
elecciones.
La desesperanza aprendida es un
concepto de la psicología que se refiere a un estado mental en el que una
persona aprende a comportarse pasivamente al ver que es inútil su acción para
cambiar un resultado que cree predeterminado. Esto genera frustración,
impotencia y desmovilización. La desesperanza aprendida
se revela como una estrategia de dominación implantada para influir en la
conducta electoral y provocar la abstención
que convierte
en mayoría a la minoría oficialista. se
manifiesta en consignas como: “en Venezuela
se vota, pero no se elige”, “no quiero que me vuelvan a robar el voto”,
“participar en las elecciones es convalidar la farsa electoral del régimen”.
Lecciones para el futuro
.jpg)







