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jueves, 18 de noviembre de 2021

Oposición no tiene nada que ofrecer para facilitar transición democrática

 

Víctor Álvarez R. 

Entre 2014 y 2021 se cuentan al menos cinco intentos de diálogo y negociación entre gobierno y oposición: Conferencia Nacional por la Paz (2014), Mesa de Diálogo Nacional (2016), Mesa de Diálogo en la República Dominicana (2017-2018), Conversaciones de Oslo-Barbados (2019) y la Mesa de Negociación en México (2021). Para el gobierno, el diálogo ha sido una maniobra de contención del conflicto que le ha permitido ganar tiempo y debilitar las ofensivas de sus opositores. Lo costos políticos de cada intento fallido de diálogo los ha pagado sobre todo el liderazgo de la oposición que es visto por los más tolerantes como un actor ingenuo, mientras que los más intransigentes y extremistas lo ven como cómplice de un gobierno que no parece estar dispuesto a ceder el poder por la vía electoral.

El régimen aprovecha cualquier pretexto para levantarse de la mesa de negociación. Luego de conocerse la extradición de Alex Saab, Maduro acusó a EEUU de darle una puñalada mortal a la negociación y dijo: “Nosotros en protesta nos fuimos de México y punto. Después evaluaremos qué va a pasar con estos diálogos. Por ahora estamos indignados, protestando y enfrentando la injusticia. Después veremos…”.

Esta excusa tan rebuscada recrudece las dudas sobre el verdadero compromiso con una solución pactada a la crisis. Si bien Maduro repite que nunca se niega a dialogar, lo hace mientras no se incluyan temas que pudieran precipitar su salida del poder. Ahora bien, si hay tan pocas expectativas de una solución democrática y electoral del conflicto venezolano: ¿Por qué la Plataforma Unitaria vuelve a sentarse con un régimen que utiliza el diálogo para ganar tiempo y atornillarse en el poder? ¿Qué se puede esperar de las negociaciones en México?

En los anteriores procesos de negociación, la inestabilidad de Nicolás Maduro era mayor que ahora. Aun así, nada se pudo lograr para llevarlo a pactar una transición democrática en Venezuela. Ante la división de la oposición, Maduro luce fortalecido, sin la presión de una amenaza interna realmente creíble. Si la continuidad del régimen no se ve amenazada por factores exógenos, nada que arriesgue la permanencia de Maduro en el poder tendrá cabida en la negociación.

¿Qué se pueden esperar, entonces, de las negociaciones en México? ¿Cuáles son las demandas del gobierno y cuáles las de la oposición? ¿Es posible que dos fuerzas tan antagónicas puedan llegar a un pacto? ¿Cómo medir el éxito de las negociaciones en México?

sábado, 30 de octubre de 2021

#MegaElecciones21-N: ¿Qué es el voto consciente e inteligente?

 

Víctor Álvarez R.

1.       Ni gobierno ni oposición: atrás quedó la polarización

Venezuela ya no está dividida entre chavistas y opositores. La polarización cede ante otras expresiones que no se identifican con los bloque en pugna. Ni los partidarios del gobierno ni de la oposición son mayoría. Según Datanálisis los “ni-ni” sumaron 67% en lo que va de 2021. No se trata de indiferentes sin posición ni activismo político, sino de un creciente malestar nacional que rechaza a un liderazgo político incapaz de acordar soluciones para sacar al país de la crisis.

La debilidad de los independientes radica en que carecen de organización partidista. Tampoco tienen líderes prominentes con aspiraciones políticas, razón por la cual no tienen claro cómo capitalizar electoralmente el descontento nacional. Al no sentirse identificados con los candidatos del gobierno ni de la oposición suelen abstenerse. Pero ante una oposición dividida y un gobierno que apenas cuenta con 20 % de aceptación, la abstención facilita el triunfo de los candidatos oficialistas.

2.       ¿Por quién votar?

La gente que quiere una solución electoral y pacífica del conflicto venezolano aún no encuentra por quien votar. Buscan candidatos que no solamente exijan la restitución de los derechos políticos de quienes aspiran a ser elegidos, sino que también defiendan los derechos sociales de los electores.

En las Megaelecciones del 21 de noviembre se elegirán 23 gobernadores, 335 alcaldes, 250 diputados regionales y 2.400 concejales. Son 3.000 cargos para los cuales se postularon 70.000 candidatos, 3.000 del gobierno y 67.000 de la oposición. Se han postulado candidatos improvisados, impuestos por las cúpulas de los partidos o financiados por el gobierno para dividir el caudal del voto opositor.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Se abren vías para el entendimiento nacional

 


Víctor Álvarez R. / @vicalvarezr

En esta nueva entrega de Diez conversaciones estelares con diez mujeres comprometidas con una solución electoral y pacífica del conflicto venezolano hemos invitado a Eglée González Lobato, creadora del Proyecto Entendimiento Nacional y directora de la Cátedra Libre “Democracia y Elecciones”. Escuche la conversación completa aquí https://youtu.be/8Q4tItDIjos

El Cucutazo, el conato de Golpe de Estado del 30 de abril, la Operación Gedeón y la invocación al TIAR fueron parte de un atajo insurreccional que se convirtió en el camino más largo para lograr un cambio político en Venezuela. Quienes una y otra vez repitieron que solo negociarían con Maduro el salvoconducto que lo sacaría del país, finalmente se sientan en México a negociar con él una solución al conflicto venezolano y ese paso hacia una solución política y pacífica hay que celebrarlo.

Dice la sabiduría popular que “uno es esclavo de lo que dice y amo de lo que calla”. Los partidos que apostaron a la abstención repitieron una y otra vez que “en Venezuela se vota pero no se elige”, que “dictadura no cae con votos”, que “participar en las megaelecciones es convalidar la farsa electoral del régimen”. Ahora, quieren disfrutar los beneficios de ganar gobernaciones y alcaldías, pero sin pagar entre sus seguidores extremistas los costos reputacionales de retomar la Ruta Electoral.

Guaidó dice que las Megaelecciones el 21-N son una farsa y a los partidos de la Plataforma Unitaria no se les siente plenamente convencidos de participar. En vez de apoyar la reelección de los gobernadores y alcaldes que ya tiene la oposición, han postulado otros candidatos que amenazan con dividir el caudal electoral del país descontento y facilitar así el triunfo de los candidatos oficialistas. Pareciera que su estrategia es provocar resultados muy reñidos para cantar fraude, desconocer los resultados, deslegitimar el proceso electoral, agravar la crisis de gobernabilidad y así lograr que se prolongue el reconocimiento internacional del interinato.

miércoles, 25 de agosto de 2021

María Verdeal: Para el gobierno la oposición sigue siendo un rival muy predecible

 

En esta nueva entrega de la serie de “Diez conversaciones estelares con diez mujeres comprometidas con una solución electoral y pacífica a la crisis venezolana” hemos invitado María Verdeal, Vicepresidenta del MAS . Vea la conversación completa aquí   https://youtu.be/xDOLai3RCEU  

Para el gobierno, la oposición sigue siendo un rival muy predecible. Sabe que un sector llamará a la oposición y el otro se presentará dividido. Si el 21 de noviembre un gobierno que sufre el 80 % de rechazo de los electores gana la mayoría de las gobernaciones, alcaldías, diputados regionales y concejales, sería una irresponsabilidad plantear el referendo revocatorio. El factor sorpresa sería que los diferentes sectores de la oposición lograran un acuerdo para presentar candidaturas unitarias y llamar masivamente a votar. Solo así podrán capitalizar electoralmente el 80 % de rechazo al gobierno y sus candidatos.

La causa común de los factores democráticos es recuperar la confianza en la institución del voto, retomar la ruta electoral y no seguir regalando espacios de resistencia y lucha institucional.  La abstención electoral ha demostrado su ineficacia para provocar los cambios políticos que el país exige y, por el contrario, ponen a ganar a los candidatos del gobierno. En las municipales de 2017, la abstención trajo como consecuencia que el PSUV ganara 306 alcaldías de un total de 335. Los partidos opositores que participaron obtuvieron apenas 29 alcaldías. Lo mismo ocurrió con las elecciones de concejos municipales de 2018, en las que el oficialismo ganó el 76% de los 2.459 cargos de concejales. 

El deterioro de las condiciones electorales ha sido la maniobra del gobierno para provocar una creciente abstención. Pero también la falta de garantías ha sido utilizada por la oposición como un pretexto para no participar ante su incapacidad de llegar a acuerdos unitarios y ser derrotada por los candidatos oficialistas. Un gobierno autoritario -que prolonga su esperanza de vida gracias a la abstención- no va a otorgar todas las condiciones electorales que se le exigen. Procurará empañar el proceso electoral para inducir la mayor abstención posible. Pareciera, entonces, que no se pueden esperar condiciones electorales ideales y quienes decidan postularse tendrán que prepararse para competir en condiciones bastante alejadas de los estándares internacionales.

¿Hasta dónde es posible avanzar en la restitución de las condiciones electorales? ¿Qué es lo máximo a lo que los electores sensatamente pueden aspirar y qué es lo mínimo que los partidos pueden aceptar para poder competir en buena lid?

lunes, 16 de agosto de 2021

En la oposición no existe un proyecto democrático alternativo sino personalismos que el gobierno maneja a su favor para dividir



Víctor Álvarez R. 

Con 80 % de rechazo al gobierno y sus candidatos, el país descontento tiene la oportunidad de ganar la mayoría de gobernaciones y alcaldías en las Megaelecciones del 21-N. Postular candidatos unitarios que generen confianza y estimulen a votar es una obligación de los partidos políticos que se plantean recuperar la confianza en la institución del voto y retomar la ruta electoral.

Las condiciones electorales deben ofrecer a todos los partidos las mismas oportunidades de participar, sin intervenciones ni ventajismos de ningún tipo. No contribuye a la celebración de unas elecciones competitivas ilegalizar partidos políticos o despojar sus nombres y símbolos para entregárselos a disidentes que siguen el juego del gobierno y así nadie se anima a votar por ellos.

Pero la alta abstención también es un reflejo del desencanto de la gente por la baja calidad de la acción política de los partidos. El electorado se desmotiva cuando ve a dirigentes y líderes políticos enfrascados en una sarta de insultos y acusaciones que, de ser verdad, los descalifican e invalidan para asumir cargos públicos de elección popular.

Desde la oposición se cuestiona la reelección indefinida, pero vemos que muchas organizaciones políticas tienen desde hace años el mismo presidente, el mismo secretario general, la misma dirección. Parecen atornillados a sus cargos y así se le cierra el paso a nuevas generaciones de dirigentes. La falta de democracia interna en los partidos suele ser uno de los detonantes de esos conflictos internos que sirven de pretexto al gobierno y al TSJ para intervenirlos.

En los partidos de la oposición pareciera que la unidad no es un objetivo prioritario ni viable. Convencido de que a mayor cantidad de tarjetas en el tarjetón, mayor será la confusión del elector, el gobierno exacerba su división al aprobar tarjetas a varios partidos. El oficialismo no le teme a la tarjeta de la MUD porque sin unidad es un partido más y su reactivación agravará las contradicciones internas de la oposición.

Con tantos partidos, si estos no pactan candidaturas unitarias, el voto opositor se dispersará. Aún si el gobierno acepta mejorar las condiciones electorales, si los partidos de la oposición va divididos y no presentan buenos candidatos a la mayoría de las 23 gobernaciones, 335 alcaldías, 250 diputados regionales y 2.400 concejales, será muy difícil vencer la abstención y esto favorecerá a los candidatos del gobierno que ganarán con apenas el 20 % de los votantes.

Para analizar las condiciones electorales y la situación interna de los partidos políticos, en la serie “Diez conversaciones estelares con diez mujeres comprometidas con una solución electoral y pacífica a la crisis venezolana” hemos invitado a Mercedes Malavé, comunicadora social, con doctorado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, directora de formación del IFEDEC y presidenta del partido Unión y Progreso.

Vea la conversación completa con Mercedes Malavé aquí https://youtu.be/kIaJyEyopm4         


jueves, 12 de agosto de 2021

Procurar espacios de entendimiento y humanizar el conflicto

 


De cara a las Megaelecciones del 21-N, ¿Cuáles son las irregularidades y violaciones de derechos civiles y políticos que ha identificado el Observatorio de Comunicación y Democracia y el Foro Cívico? ¿Hasta dónde se pueden restituir estos derechos? ¿Qué es lo máximo a lo que se puede aspirar y qué es lo mínimo que se puede aceptar para poder participar en buena lid?

¿Cuáles son las principales mejoras en las garantías y condiciones electorales? ¿Qué es lo que aún está pendiente? ¿Qué es necesario y suficiente para las Megaelecciones del 21 de noviembre? ¿Qué puede quedar pendiente para el referendo revocatorio y las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales? ¿Cómo convencer a los desconfiados y escépticos que se va por buen camino y que pueden volver a confiar en la institución del voto y retomar la vía electoral?

¿Hay voluntad política y compromiso entre los nuevos rectores del CNE para mejorar las condiciones electorales y asegurar un arbitraje institucional para que las elecciones que se convoquen sean reconocidas como unos comicios competitivos, a tono con los estándares internacionales? ¿Qué hechos lo demuestran?

¿Cómo convencer al país hundido en la desesperanza por tanto ventajismo gubernamental y tanta división en la oposición que ha habido un avance en el CNE? ¿Quiénes son esos rectores principales en los que puede confiar el malestar nacional? ¿Quiénes son los suplentes? ¿Qué han hecho para merecer esa confianza? ¿Qué responsabilidades tienen ahora en la estructura del CNE?

¿Cómo valora el Observatorio de Comunicación y Democracia la calidad de la acción política de los partidos en Venezuela? ¿Qué puede hacer el Foro Cívico para elevar el debate político y superar tanta mediocridad? ¿Cómo lograr que los procesos electorales no se reduzcan a un asunto que solo interesa a los candidatos de los partidos y sean asumidos como un derecho ciudadano para recibir una oferta electoral de calidad y así estimular una mayor participación?

Estas preguntas son respondidas por Griselda Colina, en la serie “Diez conversaciones estelares con diez mujeres comprometidas con una solución electoral y pacífica a la crisis venezolana”. Es directora del Observatorio Global de Comunicación y Democracia e integrante de la plataforma Foro Cívico de Venezuela. En el marco de una estrategia de acción ciudadana que se propone contribuir a la reinstitucionalización democrática del país, fue postulada al CNE y resultó electa rectora suplente: En el Foro Cívico asumimos una acción propositiva donde la procura de espacios de entendimiento y la humanización del conflicto es parte de una nueva forma de pensamiento y acción”, nos explica Griselda. Con ella vamos a examinar el estado actual de las garantías y condiciones electorales en las que los ciudadanos y partidos políticos concurrirán a las Megaelecciones del 21-N.

Te invitamos a ver la conversación completa aquí   https://youtu.be/yEGQUA46dEs