Víctor Álvarez R.
Entre 2014 y 2021 se cuentan al menos cinco intentos de diálogo y
negociación entre gobierno y oposición: Conferencia Nacional por la Paz (2014),
Mesa de Diálogo Nacional (2016), Mesa de Diálogo en la República Dominicana
(2017-2018), Conversaciones de
Oslo-Barbados (2019) y la Mesa de Negociación en México (2021). Para el gobierno, el diálogo ha sido una maniobra de contención del
conflicto que le ha permitido ganar tiempo y debilitar las ofensivas de sus
opositores. Lo costos políticos de cada intento fallido de diálogo los ha pagado sobre
todo el liderazgo de la oposición que es visto por los más tolerantes como un actor
ingenuo, mientras que los más intransigentes y extremistas lo ven como cómplice
de un gobierno que no parece estar dispuesto a ceder el poder por la vía electoral.
El régimen aprovecha cualquier
pretexto para levantarse de la mesa de negociación. Luego de conocerse la
extradición de Alex Saab, Maduro acusó a EEUU de darle una puñalada mortal a la negociación y dijo: “Nosotros en protesta nos fuimos de México y
punto. Después evaluaremos qué va a pasar con estos diálogos. Por ahora estamos
indignados, protestando y enfrentando la injusticia. Después veremos…”.
Esta excusa tan
rebuscada recrudece las dudas sobre el verdadero compromiso con una solución
pactada a la crisis. Si bien Maduro repite que nunca se niega a dialogar, lo
hace mientras no se incluyan temas que pudieran precipitar su salida del poder.
Ahora bien, si hay tan pocas expectativas de una solución democrática y
electoral del conflicto venezolano: ¿Por
qué la Plataforma Unitaria vuelve a sentarse con un régimen que utiliza el
diálogo para ganar tiempo y atornillarse en el poder? ¿Qué se puede esperar de las negociaciones en México?
En los anteriores procesos
de negociación, la inestabilidad de Nicolás Maduro era mayor que ahora. Aun así,
nada se pudo lograr para llevarlo a pactar una transición democrática en
Venezuela. Ante la división de la oposición, Maduro luce fortalecido, sin la
presión de una amenaza interna realmente creíble. Si la continuidad del régimen
no se ve amenazada por factores exógenos, nada que arriesgue la permanencia de
Maduro en el poder tendrá cabida en la negociación.
¿Qué se pueden esperar, entonces, de las negociaciones en México? ¿Cuáles son las demandas del gobierno y cuáles las de la oposición? ¿Es posible que dos fuerzas tan antagónicas puedan llegar a un pacto? ¿Cómo medir el éxito de las negociaciones en México?
