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domingo, 24 de septiembre de 2023

¿Cuál de los precandidatos reune las cualidades para ser el presidente de la transición política en Venezuela?

 

Víctor Álvarez R.

Los malos candidatos representan una amenaza para recuperar la confianza en la institución del voto. Quienes quieran movilizar y capitalizar electoralmente el malestar nacional no pueden ser figuras desprestigiadas, con malos antecedentes, ni personas arrogantes, soberbias y prepotentes, poseídas por revanchismos y afanes de venganza. Por el contrario, debe contar con la fortaleza de la humildad para poder escuchar y canalizar las diferentes alternativas y propuestas para sacar al país de la crisis.

Los malos candidatos no motivan a nadie ni contribuyen a superar  la abstención. Para vencer la apatía electoral, hay que postular buenos candidatos con un programa de gobierno sensato y viable que revitalice la esperanza, motive y movilice al elector.

En la Sección Primera del Capítulo II de la Constitución Nacional se establece que el Presidente o Presidenta de la República debe reunir, entre otras tantas, al menos las siguientes cualidades:

Ser Jefe de Estado: Lo que quiere decir que debe tener la convicción y voluntad de unir al país en torno a un proyecto común que interprete el clamor nacional, y ser capaz de gobernar sin sectarismos para todos los venezolanos y no solo para quienes votaron por él. En vez de seguir removiendo odios y afanes de venganzas, debe ser un promotor del reencuentro y la reconciliación de un país extenuado por la larga y destructiva confrontación entre el gobierno y la oposición.

Ser Jefe de Gobierno: como puede nombrar y remover a los funcionarios que le permiten la Constitución y las leyes, debe ser capaz de escoger a los mejores talentos del país, independientemente de su filiación política, que estén dispuestos a comprometerse con el Proyecto Nacional, complementando sus conocimientos y capacidades en un equipo de alto desempeño que comprenda la complejidad de la problemática nacional y tenga clara las acciones que se deben ejecutar para superar los problemas que castigan a las familias, empresas e instituciones venezolanas.

Ser Comandante en Jefe de la Fuerza Armada: Para lo cual debe contar con ascendencia ética y moral, liderazgo político y apoyo popular. Debe inspirar respeto, reconocimiento, respaldo y tener claro el papel que le corresponde cumplir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en el proceso de transición, dado el alto grado de poder económico acumulado e identificación política con el chavismo. Debe ofrecerle incentivos a la institución armada para que garantice el respeto al resultado electoral y respalde la alternabilidad en el mando político.

Ser Jefe de la Hacienda Pública: Debe ser capaz de administrar con transparencia y probidad las finanzas públicas, recuperar la industria petrolera para generar las divisas e ingresos fiscales que la reconstrucción nacional necesita, y construir un nuevo acuerdo nacional a fin de rentabilizar las reservas petroleras a través de la creación de fondos para ahorrar e invertir la renta, cuyos rendimientos serán utilizados como fuente de recursos complementarios del Presupuesto Nacional.

Formular y dirigir el Plan de Desarrollo Nacional: en función de corregir los desequilibrios macroeconómicos que contraen la actividad económica y generan inflación, crear un clima de seguridad jurídica y confianza para estimular la inversión productiva, generadora de empleo estable y bien remunerado que contribuya a recuperar el poder adquisitivo de los hogares y encauzar al país por la senda de la paz política y la prosperidad económica.

Los electores no se sienten estimulados a votar cuando escuchan el torneo de insultos entre los dirigentes políticos que siguen hundidos en una destructiva diatriba que no los conecta con las necesidades del elector. Los candidatos del país descontento tienen que ser reconocidos luchadores, distinguidos ciudadanos, de buena trayectoria, con autoridad política y moral, capaces de generar un amplio respaldo y animar a votar.

Venezuela se juega su estabilidad y prosperidad en el próximo ciclo electoral en el que se escogerá al Presidente de la República, diputados a la Asamblea Nacional, gobernadores, alcaldes, diputados regionales y concejales. Los ciudadanos venezolanos debemos estar conscientes del enorme poder de cambio y transformación que juntos podemos lograr si ejercemos masivamente nuestros derechos civiles y políticos de votar y votar bien. 


miércoles, 16 de agosto de 2023

Primarias en Argentina, lecciones para Venezuela. ¿Cuántos votarán en la Primaria convocada por la Plataforma Unitaria?


Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO)

En Argentina, las elecciones primarias para escoger el candidato presidencial de los diferentes partidos y coaliciones son abiertas para todos los electores y no solo para los militantes de los partidos, se realizan el mismo día para todas y cada una de las organizaciones y coaliciones, y están obligados a votar todos los ciudadanos entre 18 y 70 años de edad.

De allí el nombre de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (en adelante PASO) a través de las cuales cada partido o coalición selecciona el candidato que va a postular en la elección presidencial a realizarse en octubre. Las PASO suelen ser una gran encuesta preelectoral que revela las preferencias del electorado y perfila las posibles alianzas que pueden sumar la mayoría para poder ganar la elección. En Argentina, para ganar la presidencia en la primera vuelta hay que obtener el 45% de los votos, o más del 40% con una diferencia de 10 puntos sobre el competidor más cercano.

Dicen que “Si crees entender la Argentina, es que te la explicaron mal”. En las PASO de 2015, muchos creyeron que con el triunfo de Macri terminaba definitivamente el período de gobiernos de izquierda y comenzaba una etapa irreversible de gobiernos liberales, con un Estado menos intervencionista  y más orientado a favorecer las dinámicas del mercado. Pero en las PASO de 2019, el populismo peronista al que se creía derrotado y sepultado, sorprendió, se impuso por una ventaja de más de 15 puntos y ganó la Presidencia de la República en la primera vuelta.

En las PASO del pasado domingo 13 de agosto no se perfiló un claro ganador en la primera vuelta, tal como sí ocurrió en los anteriores primarias, cuando el entonces candidato del Frente de Todos y actual presidente, Alberto Fernández, logró el 47,36% de los votos frente al 32,23% que obtuvo el movimiento Cambiemos liderado por Mauricio Macri. Aquella amplia ventaja se mantuvo en las Presidenciales y Alberto Fernández ganó en primera vuelta con 48 % de los votos.

Esta vez el resultado fue más apretado. La Libertad Avanza, de Javier Milei, obtuvo el 30,09% % de los votos; Juntos por el Cambio sacó 28,28 % dividido entre sus dos precandidatos (Patricia Bullrich con 16,98 % que le ganó a Horacio Rodríguez Larreta con 11,3 %); y el candidato del peronismo-kirchnerismo, Sergio Massa, sacó el 27,21 % de los votos. Menos de 3 puntos de diferencia separan a los tres primeros aspirantes. Ninguno podrá ganar solo y el resultado final dependerá de las alianzas.  

A la luz de estos resultados, Javier Milei no la tiene fácil. Su abierta confrontación con Patricia Bullrich y la propensión de los seguidores del eliminado Horacio Rodríguez Larreta a votar por el peronista Sergio Massa moderan el triunfalismo de Milei. A todas estas, diez partidos no lograron el 1,5% mínimo que se exige para correr en la carrera presidencia y los votos de otras coaliciones- como Hacemos por Nuestro País (4,93 %), Frente de Izquierda y de Trabajadores y otras organizaciones (5.79 %)- suman 12,42 % y su apoyo se puede tornar decisivo.   

2.                   Las primarias en Venezuela

jueves, 13 de julio de 2023

¿Entregará Maduro el poder en caso de perder las elecciones?

 


Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

En el debate “Hablan los candidatos”, organizado por la UCAB, la precandidata María Corina Machado señaló: "No hay posibilidad de que el régimen entregue por las buenas el poder. Esto hay que ganárselo a la fuerza.” Si a MCM le cierran la vía electoral, el gobierno la estará forzando a retomar su estrategia de máxima presión, de la amenaza creíble, la vía violenta en insurreccional que tanto daño le causó al país. Al no dejarla competir le estarán dando el pretexto para salir a protestar y calentar la calle.

El oficialismo no dejará correr en la carrera presidencial a quienes lo amenazan con ser sus verdugos. Acusar al gobierno de narcotiranía de criminales que ha violado derechos humanos, cometido delitos de lesa humanidad y amenazarlos con someterlos a la justicia implacable una vez que pierdan el poder, no es precisamente el mejor incentivo para facilitar un cambio en el mando político. Si el triunfo electoral de uno se convierte en una tragedia para los derrotados, los amenazados se aferrarán al poder y no habrá elecciones competitivas.

Un cambio político por la vía electoral y pacífica será inviable si lo sigue una etapa de revanchismos y persecuciones que hagan al país ingobernable. Si el inexorable escenario que se le ofrece al oficialismo una vez que pierda las elecciones es el de una ola de juicios y condenas, si su derrota se le convierte en un martirio y una tragedia, entonces quienes hoy gobiernan se aferrarán al poder.

Dicho más claramente: mientras se mantengan las recompensas por Maduro y sus colaboradores, avance la investigación preliminar en la CPI, se afirme que lo único que negociarán será su salvoconducto o el color del uniforme en la cárcel donde pagarán todas su penas y se prometa que todo lo que huela a chavismo-madurismo será perseguido hasta debajo de las piedras, aquí no habrá elecciones medianamente limpias ni transparentes.

La inhabilitación puso a ganar a María Corina Machado

viernes, 30 de junio de 2023

¿Cómo está organizado y cómo funciona el CNE?

 

Víctor Álvarez R. 

Ante la anticipada renuncia de los rectores del CNE, la AN tendrá que escoger cinco nuevos rectores principales y diez suplentes del CNE. Teóricamente ninguno debería estar vinculado a los partidos políticos del gobierno o de la oposición, pero en Venezuela esa es una de las condiciones electorales que no se cumple y los rectores tienden a representar a los bloques políticos en pugna.

De allí que la puja sea por una conformación lo más equilibrada posible. Lo ideal sería una fórmula 2-2-1; es decir, dos representantes pro gobierno, dos pro oposición y uno neutral aceptado por ambas partes. Pero lo más probable es que se repita la correlación anterior de 3-2 a favor del gobierno. El peor escenario para el país descontento que quiere retomar la ruta electoral y volver a votar es que se imponga una aplanadora de 4-1 a favor del gobierno.

Tengamos en cuenta que la división y abstención de la oposición en las parlamentarias de 2020 facilitó que la coalición gobernante ganara 256 diputados de un total de 271, y entregó así al oficialismo el control de la Asamblea Nacional (AN). Teóricamente, esa apabullante mayoría le permite al gobierno pasar la aplanadora e imponer un 5-0. Como esto sería un exabrupto que sentenciaría el desconocimiento nacional e internacional de las próximas elecciones, el gobierno reconocerá el espacio que corresponden a los dos principales bloques de la oposición con la designación de un rector principal para cada uno y una correlación de 3-2 en el nuevo Directorio. También es muy probable que mantenga los cuatro rectores suplentes de la oposición para una correlación final de 9-6 en el total de 15 rectores principales y suplentes.

Recordemos que en las Megaelecciones de 2021, el oficialismo no se sentía amenazado por una oposición dividida y debilitada, que además llamaba a la abstención. Por esta razón, permitió una mayor representación de la oposición al pasar de la correlación de 4-1 a la actual de 3-2. Así se eligió un CNE más plural y con mayor autonomía, el cual asumió el reto de lograr un arbitraje institucional, mejorar las condiciones electorales, reconstruir la confianza en el voto y en la ruta electoral.

Pero de cara a las Presidenciales de 2024, la otrora oposición abstencionista retomó la vía electoral y los partidos de la Plataforma Unitaria se preparan para una elección primaria en la que escogerán un candidato unitario, el cual tendrá que negociar con el candidato de la otra coalición opositora que se denomina Alianza Democrática, a fin de presentarle al país descontento una candidatura única y unitaria. A estas dos candidaturas se suma la de Benjamín Rausseo, con alta aceptación en las encuestas, que decidió ir solo en la carrera presidencial.

El oficialismo tiene claro el enorme rechazo que sufre entre los electores y para conjurar la amenaza de ser barrido en las Presidenciales de 2024 necesita un árbitro electoral que luzca parcializado y subordinado a los intereses del gobierno. Con ese fin forzó la renuncia de todos los rectores principales y suplentes que venían avanzado en la tarea de restaurar la legitimidad de desempeño del CNE y hará uso de su aplastante mayoría en la AN para nombrar otros rectores espanta votos. El objetivo del gobierno con esta maniobra es deteriorar las condiciones electorales, crear dudas sobre el resultado de las votaciones, erosionar la confianza en la institución del voto, aumentar la apatía electoral y la abstención, a fin de convertir en mayoría su debilitado apoyo electoral.

La mayoría de los precandidatos de la oposición catalogan al gobierno de Venezuela como un régimen autoritario, como una dictadura y, sin embargo, esperan de ese régimen condiciones electorales a tono con los estándares internacionales. Sin embargo, en la designación del poder electoral, un nuevo CNE con tres rectores del oficialismo y dos rectores de oposición (3-2) será la mejor correlación de fuerzas que la oposición puede esperar de un gobierno al cual  acusa de autoritario y hegemónico. ¿O acaso pretende que la dictadura que quiere derrocar le conceda una mayoría de 3 a 2 en el ente rector del poder electoral?

¿Cómo está organizado internamente el CNE?

lunes, 26 de junio de 2023

¿Cuáles son los objetivos encubiertos del gobierno para forzar la renuncia de los rectores del CNE?



Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Con la maniobra de forzar la sustitución de los rectores del CNE antes de que cumplieran su período legal de siete años y generar así una crisis institucional en el poder electoral, el gobierno actúa con mucha astucia y malicia a fin de lograr al menos los siguientes objetivos:

  1. Abortar la restauración del prestigio institucional del CNE

La legitimidad de desempeño del poder electoral se venía gestando gradualmente gracias a un arbitraje institucional liderado por los rectores Roberto Picón y Enrique Márquez, identificados con la oposición, que opacaron al presidente del CNE, Pedro Calzadilla, y demás rectores principales y suplentes identificados con el gobierno.

El oficialismo tiene claro el enorme rechazo que sufre entre los electores y para conjurar la amenaza de ser barrido en las Presidenciales de 2024 necesita un árbitro electoral que luzca parcializado y subordinado a los intereses del gobierno. Con ese fin procederá a nombrar otros rectores espanta votos, deteriorar las condiciones electorales y crear dudas sobre la protección de la identidad de los electores y el resultado de las votaciones.

El objetivo del gobierno con esta maniobra es erosionar la confianza en la institución del voto, aumentar la apatía electoral y la abstención, a fin de convertir en mayoría su decadente caudal electoral.

  1. Dificultar la elección primaria de la Plataforma Unitaria

lunes, 19 de junio de 2023

Cambios en el CNE: Los mejores estrategas se prepararan para los peores escenarios

 

Víctor Álvarez R. 

Con la maniobra de forzar la sustitución de los rectores del CNE antes de que cumplieran su período legal, el gobierno actúa con mucha astucia. Sabe del enorme rechazo que sufre entre los electores y para conjurar la amenaza de ser barrido en las Presidenciales de 2024 hará todo lo que esté a su alcance para deteriorar las condiciones electorales. Por eso procede a designar un nuevo CNE con rectores espanta votos que creen dudas sobre el proceso electoral, erosionen la confianza en el voto, dividan a sus adversarios y aumenten la apatía electoral y abstención que  conviertan  en mayoría su decadente caudal electoral.

Los mejores estrategas se preparan para los peores escenarios. Bajo un régimen autoritario no hay que esperar elecciones libres ni competitivas. Los precandidatos de la oposición radical catalogan al gobierno de Maduro como una dictadura. Sin embargo, espera del régimen condiciones electorales a tono con los estándares internacionales. A una dictadura no se le piden elecciones libres y limpias, se le enfrenta en desventaja y en las peores circunstancias.

El oficialismo tiene claro que no cuenta con la mayoría popular. Su caudal de votos ha mermado elección tras elección. Solo si enfrenta a una oposición dividida en un ambiente de apatía electoral es que hará concesiones para celebrar unas elecciones con el mínimo de condiciones cuyo resultado pueda ser reconocido nacional e internacionalmente, aunque con observaciones y reparos. Pero si el oficialismo calcula que está comprometida su continuidad en el poder, empañará la transparencia del proceso electoral para exacerbar la división y abstención que lo pongan a ganar.

Hay quienes le hacen el juego a la estrategia divisionista y abstencionista del gobierno y rebuscan argumentos para no medirse en unos comicios asistidos por un CNE que consideran imparcial y con el cual la oposición ganó la Asamblea Nacional en 2015, y conquistó 124 alcaldías y cuatro gobernaciones en las Megaelecciones de 2021. Con estos resultados se demostró que ya están dadas las condiciones políticas y electorales básicas para que el malestar nacional pueda votar, competir y ganar.

Las favorables condiciones políticas son más decisivas que las desventajosas condiciones electorales. En efecto, con más del 75º% del electorado en contra de la gestión del gobierno, alegar la falta de condiciones electorales es un pretexto de quienes temen caer derrotados al presentarse divididos por no haber sido capaces de subordinar al interés nacional sus intereses políticos particulares y sus ambiciones personales.

Pregunta a los precandidatos: ¿Cuál es su propuesta para derrotar la inflación?


Víctor Álvarez R. 

El principal problema de los hogares venezolanos es el económico: el ingreso no alcanza para comprar la canasta alimentaria, muchos menos para adquirir la canasta básica. En 2023, el gobierno no aumentó el salario mínimo sino que decretó un bono de alimentación de 40 $/mes, más un bono de guerra económica por 30 $/mes. A estos se le suman 5,25 $/mes a lo que ha quedado reducido los 130 Bs del salario mínimo. Este ingreso de 75 $/mes apenas cubre el 14% de la CAF.

De acuerdo a las estimaciones del  CENDAS-FVM, el precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) es de 510 $/mensual, pero la mayoría de los hogares no percibe este nivel de ingreso. Según la última Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI):

*  El 81,5% no alcanza a cubrir la canasta básica y está en condición de pobreza.

*  El 53,3% no puede comprar la canasta alimentaria y está en pobreza extrema.

¿Cuál es la propuesta de los precandidatos para abatir la inflación?

¿Cómo piensan reactivar la producción agrícola e industrial para generar una abundante oferta de alimentos y productos de buena calidad y bajo costo? 

¿Cuál sería su política tributaria y fiscal para reducir el gasto innecesario del gobierno, aumentar los ingresos y corregir el déficit fiscal?

¿Cuál sería su política monetaria para erradicar el financiamiento de empresas públicas deficitarias con emisiones de dinero inflacionario, sin respaldo en las reservas internacionales ni en la producción?

¿Cuál sería su política cambiaria para estabilizar el tipo de cambio y evitar que la constante depreciación del bolívar se exprese en el aumento de los precios?

¿Cuál sería la relación de su gobierno con el BCV para la emisión de dinero y el manejo de las reservas internacionales?

¿Está de acuerdo con una dolarización oficial de la economía venezolana?

lunes, 29 de mayo de 2023

La soberanía petrolera en el debate electoral


Víctor Álvarez R. 

El Estado venezolano es el dueño de los yacimientos de petróleo, pero Pdvsa no cuenta con los recursos financieros, la tecnología y el capital humano que se requiere para extraerlos y rentabilizarlos.

Para la visión nacionalista y estatista, la soberanía nacional descansa en la propiedad estatal de los yacimientos y en  el control de las actividades de exploración, extracción, comercialización, refinación y conexas. Es una visión centralista y controladora de todas las operaciones de la industria. Pero con una Pdvsa en ruinas y un Estado sin suficientes ingresos, ese modelo es inviable.

En el modelo privatizador, el Estado no es accionista ni minoritario ni mayoritario, se limita a promover la inversión privada en la explotación de los yacimientos para recibir el impuesto sobre la renta (ISLR) y otros impuestos que pagan las corporaciones petroleras. El gran incentivo al inversionista es minimizar  el cobro de la regalía estatal por la explotación de un recurso natural no renovable.

Privatizar o no privatizar es un falso dilema. En ninguna de esas visiones extremas está la alternativa para reconstruir la industria petrolera. El conflicto entre propiedad estatal absoluta y privatización total desaprovecha un amplio abanico de alternativas en las que pueden coexistir compañías estatales, corporaciones transnacionales y empresas mixtas en las actividades estratégicas, medulares o conexas de la industria. El interés nacional debe explorar nuevas oportunidades en esta amplia gama de modelos de negocios e inversión que, lejos de ser excluyentes, son complementarios entre sí. 

Para generar más ingresos fiscales y en divisas, Venezuela necesita más inversión privada en la industria petrolera. La sociedad venezolana no se beneficia de empresas mixtas donde la mayoría accionaria del 51 % pertenece a un Estado que no tiene recursos para cubrir el aporte de capital que le corresponde. Ante estas restricciones presupuestarias tan severas, rentabilizar las riquezas del subsuelo exige una nueva forma de ejercer la soberanía nacional sobre las riquezas del país.

Si la soberanía reside en la propiedad estatal de los recursos del subsuelo, el Estado debe hacer uso de su facultad para negociar con los socios privados el aprovechamiento racional de estos recursos en función de generar un creciente bienestar a los venezolanos. El actual ciclo electoral puede ser de gran utilidad para comenzar a debatir sobre un nuevo acuerdo nacional en materia petrolera. Al margen de las altisonancias propias de la diatriba electoral, es necesario elevar el nivel del debate y evaluar con mesura y ponderación los pros y contras, las ventajas y desventajas del modelo de propiedad estatal versus el modelo de propiedad privada, así como las alternativas de negocio e inversión que surgen entre estos extremos. 

De cara al interés nacional, se impone analizar -sin tabúes ni prejuicios- la viabilidad y conveniencia de una reforma del marco legal y regulatorio que abra paso a un nuevo modelo de negocios en la industria petrolera. Esta reforma es necesaria para llegar a acuerdos con los inversionistas que si tienen los recursos financieros, tecnológicos y el talento humano que Venezuela necesita para rentabilizar unas cuantiosas reservas petroleras que, de lo contrario, se quedarán depositadas para siempre en el subsuelo y no aportarán los ingresos que urgen para mejorar las precarias condiciones de vida en la mayoría de los hogares venezolanos.

sábado, 6 de mayo de 2023

Contradicciones en la oposición: ¿Habrá candidato único y unitario?

 Unidad y lucha de verdades parciales y antagónicas: 

¿Habrá candidato único y unitario? 



Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

El país descontento con el gobierno aún tiene la expectativa de que el bloque de la oposición que cohabita con el gobierno llegue a un acuerdo electoral con el otro bloque que tiene el respaldo de EEUU, razón por la cual mira con desprecio y exclusión a los otros sectores de la oposición.

Este sector que se arroga la condición de ser la auténtica y mayoritaria oposición, y se asume como la oposición ganadora, exige a la Comisión Nacional de Primarias (CNP) que solo participen los “genuinos” opositores para evitar que el gobierno infiltre candidatos de su conveniencia.

Los factores que siguen enfrascados en esta confrontación no terminan de asumir que un cambio en el mando político del país solo será posible con la unidad de todas las oposiciones, a saber:

ü  La coalición de partidos que integran la Plataforma Unitaria

ü  Los nuevos partidos que integran la Alianza Democrática

ü  La tendencia radical liderada por María Corina Machado (MCM) y su partido Vente Venezuela

ü  La candidatura de Antonio Ecarri y la naciente coalición de Lápiz, Cambiemos y Avanzada Progresista

ü  La candidatura outsider del comediante Benjamín Rausseo

ü  El chavismo crítico organizado en torno a la Alternativa Popular Revolucionaria.

Pero la Plataforma Unitaria prefiere seguir siendo la oposición con apoyo internacional, que someterse a un gobierno de una oposición a la que considera falsa, colaboracionista, plagada de alacranes vendidos al régimen.

Por su parte, la Alianza Democrática prefiere seguir siendo oposición en otro gobierno de Maduro, que ser el socio maltratado y excluido en un eventual gobierno liderado por la Plataforma Unitaria.

Benjamín Rausseo y Antonio Ecarri apenas están construyendo su maquinaria electoral para poder movilizar y capitalizar a su favor el descontento nacional contra el gobierno y contra el liderazgo tradicional de la oposición.

MCM se desmarca de la Plataforma Unitaria y de la Alianza Democrática a quienes cataloga de oposición fracasada que no fue capaz de sacar al país de la crisis, a pesar del enorme respaldo internacional que recibió. Exige que la elección primaria se realice sin la asistencia técnica del Consejo Nacional Electoral (CNE), y siembra preocupación y miedo en los electores al advertir que el uso de las captahuellas permitirá identificar a los votantes que luego serán víctimas de retaliaciones por parte del gobierno. Con tantas tensiones internas, las primarias corren el riesgo de terminar en un fracaso que dividiría y desmovilizaría a los electores.

Las contradicciones antagónicas y los arraigados odios entre las diferentes oposiciones y sus precandidatos impiden postular un candidato único y unitario. Así, lo más probable es que cada bloque de la oposición  compita con su respectivo candidato. Prefieren presentarse divididos y salir derrotados, que ver a su competidor por el liderazgo de la oposición, ganando la elección presidencial.

Las tensiones y contradicciones entre las diferentes oposiciones se manifiestan  en una lucha de dos verdades parciales y antagónicas que aleja la posibilidad de presentarse unidas en torno a un candadito único y unitario. Es una contradicción existencial dónde el triunfo de la tesis de una oposición es la muerte de la tesis del otro sector. De allí la obstinación en el todo o nada, el empeño en el que el ganador se lo lleve todo.

En esta confrontación fratricida, las oposiciones subordinan el interés nacional a sus proyectos políticos particulares y ambiciones personales. Siguen hundidos en su contradicción antagónica y existencial, divorciadas del clamor nacional, sin voluntad para dejar a un lado sus mezquindades y miserias, a fin de convocar al reencuentro, reconciliación y reconstrucción nacional. Más que la firme determinación de los diferentes bloques de la oposición de derrotar electoralmente a Nicolás Maduro, lo que está planteado entre ellos es una disputa por la conducción política de la oposición, la cual se dirimirá en las Presidenciales de 2024.

Por lo tanto, la elección primaria no será para definir el liderazgo de toda la oposición, sino para escoger al candidato de la Plataforma Unitaria que competirá no solo contra Nicolás Maduro, sino también contra el candidato de la Alianza Democrática, contra la candidatura de MCM y las candidaturas de Benjamín Rausseo, Antonio Ecarri y el candidato del chavismo crítico. Será en las Presidenciales de 2024 cuando se definirá el verdadero e indiscutible liderazgo de la oposición, y será aquel que llegué de segundo, detrás de Nicolás Maduro.

Un candidato único y unitario es una condición clave para recuperar la confianza en el voto. Mejorar las condiciones electorales es necesario más no suficiente. Tan o más importante son las condiciones en las que se presente la oposición. La división y la abstención ponen a ganar al candidato oficialista, aumentan la probabilidad de que Nicolás Maduro convierta en mayoría su menguada base de apoyo electoral y sea reelecto Presidente de la República hasta el 2030.

Si las oposiciones se presentan divididas, el país descontento no tendrá confianza y esperanza en que a través del voto podrá lograr el cambio que necesita y espera. Es hora de que los diferentes bloques de la oposición reflexionen y recapaciten para dejar a un lado sus proyectos particulares y ambiciones personales, y postulen un candidato único y unitario que permita capitalizar electoralmente el enorme descontento con el actual gobierno y lograr un cambio en el mando político por la vía democrática, electoral y pacífica.

jueves, 2 de marzo de 2023

El mito de la unidad en la oposición: no habrá candidato único y unitario

 Víctor Álvarez R. 

En la opinión pública nacional se ha creado una falsa expectativa que espera que un bloque de la oposición llegue a un acuerdo con el otro bloque que tiene el  respaldo de EEUU, el cual se presume como la auténtica oposición y la opción ganadora. Quienes se arrogan la cualidad de auténtica oposición exigen a la Comisión Nacional de Primarias (CNP) que solo participen los “genuinos” opositores para evitar que el gobierno infiltre candidatos de su conveniencia. Con tantas tensiones internas, las primarias corren el riesgo de terminar en un fracaso que desmovilizaría a los electores de la oposición. Y el consiguiente aumento de la abstención favorecería el triunfo de Nicolás Maduro.