viernes, 5 de febrero de 2016

Del caos surgirá un nuevo orden


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

En comparación con la votación alcanzada en las elecciones presidenciales que llevaron a Nicolás Maduro al poder, la abstención de casi dos millones de votos chavistas descontentos contribuyó al triunfo de la Oposición, la cual logró una votación semejante a la que obtuvo en aquellos comicios. Pero en las parlamentarias del 6-D, la ciudadanía ejerció el voto castigo contra un gobierno que no fue capaz de diseñar políticas y estrategias eficaces para reactivar la economía y superar los problemas de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que continúan atormentando a la población. Y mientras el discurso oficial se dirija única y exclusivamente a los incondicionales, al llamado chavismo duro, y no se platee reconquistar el apoyo del chavismo descontento que se abstuvo, o de la clase  media que votó en contra, el 42 % de votos que sacó seguirá cayendo y esto seguramente se expresará en las elecciones de gobernadores previstas para finales de este año 2016.

El Gobierno atribuyó el resultado electoral a la guerra económica, la cual atacó con rígidos controles, operativos, multas y cárcel, sin corregir los errores de política económica que estimulan y facilitan el contrabando y la especulación. Solo 35% de los venezolanos aceptan la narrativa de la guerra económica como causa de la crisis que azota a la población. Pero el Gobierno se empeña en mantener este discurso y por eso está perdiendo la batalla en el imaginario colectivo, donde crece la convicción de que el país está en manos de una dirigencia que no es capaz de gobernar bien al país y se aferra al poder explotando la conexión afectiva y sentimental con Chávez. Así, mientras el madurismo pretende seguir viviendo de las glorias del chavismo, el pueblo lo que exige es la reactivación de la economía y la repotenciación de las decadentes misiones, como sustento de un nuevo discurso esperanzador que, en vez de una retórica pendenciera y quejumbrosa, asuma la autocrítica y se disponga a corregir sus propios errores. A diferencia del burocratismo enquistado en el Gobierno, el verdadero poder popular conformado por los movimientos sociales, obreros y campesinos cuestiona cada vez más la explotación y culto a la personalidad de Chávez y más bien busca resignificar su imagen para una nueva etapa de las luchas sociales.

El triunfo de la oposición en gran medida fue facilitado por los pésimos resultados de la política económica basada en rígidos controles de cambio y de precios, un permanente ataque a la iniciativa privada a través de expropiaciones, multas y encarcelamientos y un clima de creciente conflictividad y ausentismo laboral. Quiso el oficialismo asustar a elector con la amenaza de una Oposición dispuesta a desmontar los beneficios de los programas sociales. Paradójicamente, el propio Presidente Nicolás Maduro puso en duda la construcción de nuevas viviendas y exigió que se devolvieran los taxis y tabletas que fueron repartidos en la campaña electoral. Por su parte, la Oposición anunció que llevará a la Asamblea Nacional un Proyecto de Ley que otorga la propiedad de los apartamentos y casas a los beneficiarios de la Misión Vivienda.

Un Gobierno puede equivocarse pero solo ha fracasado cuando comienza a culpar a otros de sus propios errores y desviaciones. El oficialismo no logra revitalizar su discurso para recuperar la confianza y devolver la esperanza en las bases de apoyo que ha venido perdiendo y llega al extremo de atribuir a una conspiración internacional el colapso de los precios del petróleo. Acostumbrado a mover la economía con la renta petrolera, no logra articular un cuerpo básico de incentivos arancelarios, fiscales, monetarios, financieros, compras gubernamentales, suministro de insumos básicos, etc. para reactivar la economía, generar empleo productivo y preservar la calidad de vida y grado de bienestar de la población. 

Pero la Oposición tampoco ha logrado articular una propuesta concreta para impulsar una Agenda Legislativa Económica, que contenga los mandatos legales para superar la inercia gubernamental. Dado que es mayoría, la bancada de la MUD está emplazada a aprobar en el corto plazo un nuevo marco legal que mejore el clima de inversión productiva, en función de reactivar la economía y así poder superar los persistentes problemas de escasez, especulación e inflación.

Una Asamblea Nacional revanchista, dedicada a perseguir al chavismo en lugar de priorizar la aprobación de un nuevo marco legal que contribuya a encontrar las soluciones de los problemas más urgentes del país, erosionará la confianza de la gente. El viejo liderazgo lleno de resentimientos y cuentas por cobrar no termina de entender que  la mayoría de los venezolanos no está buscando culpables sino líderes capaces de conducir un proceso de diálogo y negociación para construir los grandes consensos que saquen al país de la crisis, aíslen a los grupos más violentos y conjure la amenaza de una confrontación civil que desemboque en un golpe militar. Apostar a una batalla final es provocar una confrontación social de consecuencias impredecibles, toda vez que el chavismo sigue siendo una poderosa fuerza con gran capacidad de convocatoria y movilización. 

En respuesta al conflicto de poderes que amenaza con una crisis de gobernabilidad, surgen nuevos reclamos y expectativas de un país cansado por una diatriba política que mantiene al Gobierno paralizado y a la Oposición jugando a la inacción, mientras la situación se deteriora cada vez más. Hasta ahora, estas nuevas demandas no han sido interpretadas adecuadamente por ninguna de las dos fuerzas que se disputan el liderazgo nacional.

El clamor es por un acuerdo nacional que saque al país de la crisis. Solo así se recuperará la confianza y se restablecerá la esperanza en el actual liderazgo político. El ciudadano de a pie no quiere que se reedite el estilo prepotente, arrogante y soberbio, ni en el Gobierno ni en la AN. Sin embargo, en esos territorios aún se oyen voces que apuestan por agudizar la confrontación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo para provocar una crisis política que desemboque en un Referendo Revocatorio, sin medir las consecuencias del caos que se generaría, del cual seguramente emergerá un nuevo liderazgo nacional que desplazará al liderazgo anacrónico, tanto del Gobierno como de la Oposición.

@victoralvarezr

 

El miedoso asustado


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

Llegaron con miedo al escenario, asustando al aterrado. Con un tono revanchista, sentenciaron que en seis meses recuperarían la silla. En la instalación de la Asamblea, aquel verbo ampuloso envolvió en papel regalo constitucional su mohosa aspiración: “Será una solución constitucional, democrática, pacífica y electoral”.

Pero aquí no hay santos. Acostumbrados a gobernar a sus anchas, los derrotados se resisten a rendir cuentas. Con muchas facturas por pagar, se anticiparon a cavar el túnel por el que huirían hacia adelante. Entre gallos y medianoche forzaron el descanso anticipado de togas y birretes que fueron sustituidos por nuevos guardianes del ocaso. Puede que en el corto plazo resulten los subterfugios de un mal perdedor, mas su efecto no trascenderá. Las maniobras para arrebatar atribuciones caerán por su propio peso. Ninguna triquiñuela prolongará la esperanza de vida de una agonizante nomenclatura que se obstina en aferrarse al poder.

Con el reflujo de la indignación, el país decente escucha la diatriba. “A cada ley de la derecha le tendremos una reacción revolucionaria”, “esa decisión de la izquierda es inacatable”, “entonces no les daremos ni un centavo ni les publicaremos nada”. Si uno no reconoce ni respeta al otro, este conflicto llevará al país a una crisis de gobernabilidad y tenderá la alfombra a los que se frotan las manos, ansiosos de poner orden.

El ciudadano de a pie está asqueado del estilo prepotente y arrogante. La paciencia se agota y la indignación está a punto de estallar. Más ellos no se dan ni cuenta porque ninguno interpreta el clamor nacional. La gente pide un gran acuerdo que saque al país de la crisis. Sin embargo, en esos territorios donde cada quien clava su bandera, se escuchan gritos de guerra que apuestan por agudizar la confrontación, sin medir las consecuencias del caos que estallaría y del cual seguramente emergerá un nuevo orden que desplazará también a las recientes jefaturas que parecen más de  lo mismo.

Unos y otros son expresión de un viejo liderazgo, lleno de resentimientos, que no termina de entender que la gran mayoría no está buscando culpables sino líderes capaces de conducir un proceso de diálogo y negociación para construir los grandes consensos que saquen al país de la crisis, aíslen a los grupos más violentos y conjure la amenaza de una confrontación civil que desemboque en un golpe militar.

Apostar a una batalla final es provocar un conflicto social de consecuencias impredecibles. Lo que está en juego no es la estabilidad de un gobierno sino la viabilidad de una Nación. Atizar un conflicto de poderes hundirá aún más al país en la inercia e inacción. Por eso, la gente integra y decente se va distanciando de quienes no pueden esconder su afán de poder, de quienes no les importa que el país se derrumbe, porque lo que quieren es gobernar, así sea sobre sus ruinas. 

La concentración de poder no fue buena, la falta de control fue peor. Es hora de reivindicar la desconcentración de los poderes y su autonomía, la necesidad de poner límites al poder, cualquiera que éste sea, para que se resuelvan las controversias de manera institucional, al margen de decisiones personalistas y autoritarias. La amenaza de una crisis de gobernabilidad solo podrá conjurarse con el reconocimiento y respeto mutuos, con la creación de espacios de diálogo y negociación, de interacción entre los poderes. Es hora de empezar a respetar. @victoralvarezr

¿Quién pagará el precio de la gasolina?


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias
En Venezuela, un litro de gasolina de 95 octanos cuesta Bs. 0,097, un centavo de dólar a la tasa de 6,30 Bs/$. En EE.UU o la Unión Europea puede llegar a costar 2 $/litro. En países con gobiernos progresistas y de izquierda como Bolivia, Ecuador, Uruguay o Nicaragua, el galón de 3.78 litros cuesta $ 3.90, algo más que 1 $/litro. En estos últimos países que tienen precios solidarios para la población, llenar un tanque de 60 litros cuesta $ 60. Aquí, 60 litros x 0,097 Bs/litro sale en solo Bs 5,82, menos de 1 $ a la tasa de cambio de 6,30 Bs/$.

Si asumimos como referencia el precio del combustible en países con gobiernos progresistas, esto equivale en Venezuela a un subsidio de $ 60 cada vez que se llena el tanque, lo cual ocurre en promedio una vez a la semana. Si multiplicamos $ 60 por 52 semanas, resulta que por cada vehículo el propietario recibe $ 3.120 de subsidio anual. Y si multiplicamos $ 3.120 por 5 millones de vehículos particulares que circulan en el territorio nacional, el costo de oportunidad –o lo que se deja de percibir- asciende a $ 15.600 millones.

Por si fuera poco, el Ministerio de Petróleo y Minería ha reconocido que más de cien mil barriles diarios pierde Venezuela debido al contrabando de extracción. Cien mil barriles por 365 días al año por 40 $/barril que es el precio del petróleo presupuestado para el año 2016, indica que el país pierde $ 1.460 millones solo por el contrabando de gasolina.

¿Cuánto debería costar el litro?

Según la Ley Orgánica de Precios Justos, un precio justo es aquel que permite cubrir los costos y obtener una ganancia máxima de 30%. Según los últimos datos que ofreció PDVSA en 2014, el costo de refinación era 2,75 Bs/litro y los costos de transporte y distribución rondan 0,35 Bs/litro, para un total de Bs 3,10 en costos. Si a esto sumamos 0,90 céntimos -equivalente al 30% de ganancia-, esto indica que para aquel entonces el precio justo de la gasolina no debería bajar de 4 Bs/litro.

Pero con una inflación de 200% en 2015, el precio de la gasolina debería ser al menos de 12 Bs/litro para poder reponer los costos, aliviar las finanzas de Pdvsa y generar un margen de ganancia que pueda ser invertido en la modernización y ampliación del transporte público, de tal forma que el ajuste del precio del combustible, en lugar de perjudicar a los sectores populares, más bien los beneficie al mejorar y abaratar el transporte colectivo.  

En comparación con los precios en la frontera, 12Bs/litro seguiría siendo un precio muy barato que seguiría estimulando el contrabando de extracción. Otra   aproximación a un precio justo pudiera lograrse con base en el precio promedio del combustible en los países de Suramérica y, sobre esta base, sincerar el precio en un plazo de tres años. En el primer año, el nuevo precio de la gasolina sería el 50% de ese precio promedio suramericano, equivalente a 0,50 $/litro. Una vez que los sectores populares hayan recibido el beneficio del transporte colectivo financiado con las ganancias que genera el nuevo precio de la gasolina, en el segundo año el precio del combustible se elevaría al 75% del promedio suramericano. Esto generaría aún más recursos para ampliar la cobertura del transporte colectivo hacia las urbanizaciones de la clase media, en el marco de un programa de desautomovilización de las ciudades que contribuya a aliviar el colapso del tráfico y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Finalmente, en el tercer año, el precio de la gasolina en el mercado interno se elevaría al 90% del precio promedio en los países vecinos, lo cual haría poco atractivo el contrabando de extracción, y generaría recursos adicionales para repotenciar la vialidad del país. La conversión en bolívares del precio promedio en dólares se haría a la nueva tasa de cabio oficial que surja, una vez que se unifiquen las actuales tasas de Cencoex y Sicad.

Los temores del Gobierno

En medio de la más severa crisis de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que en Venezuela se recuerde, más de uno piensa que el aumento de la gasolina puede terminar siendo el detonante de fuertes protestas populares, semejantes a las del Caracazo. Como se recordará, aquellos conflictos estallaron como respuesta al programa de ajuste macroeconómico que afectó severamente a los trabajadores y agravó los flagelos de la pobreza y la exclusión social.

Una inflación que ronda el 200% en el año 2015 pulverizó los salarios reales y sentencia un incremento de la pobreza en términos absolutos y relativos. No hace falta que el BCV o el INE publique los datos de inflación y pobreza para comprobar el creciente deterioro y precarización de las condiciones de vida de los hogares que viven de un ingreso fijo. 

Por los supuestos impactos sociales y costos políticos que se le atribuyen al aumento de la gasolina, el Gobierno una y otra vez ha convocado a un debate para sincerar el precio de los combustibles, sin llegar a tomar ninguna decisión. Si nuevamente la pospone, la determinación de un precio justo para la gasolina y el destino de los recursos que por este aumento se generen, podría ser sometido a un referendo consultivo popular, tal como lo plantea el artículo 71 de la CRBV.

Si se deja claro que un porcentaje de la recaudación por el aumento se destinará a la modernización y ampliación de la flota de transporte público en todo el país, y que el precio de los pasajes no se incrementará, la ciudadanía respaldará masivamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina, toda vez que se trata de reorientar hacia la inversión social un subsidio regresivo que favorece sobre todo a los que más tienen. Este escandaloso subsidio se ha convertido en el principal incentivo no solo para el contrabando de extracción, sino también para su despilfarro y consumo irracional que hace de las ciudades venezolanas las de mayor emisión de gases de efecto invernadero en América Latina. @victoralvarezr

El precio de la gasolina


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

El escandaloso subsidio a la gasolina es una medida que lejos de favorecer a los sectores populares, en realidad origina una distribución regresiva del ingreso en favor de quienes más tienen.  Al destinar cuantiosos recursos públicos para subsidios indirectos que benefician a pobres y ricos por igual, se comete una injusticia redistributiva, ya que los que más tienen no necesitan que se les subsidie nada. Este costoso subsidio beneficia sobre todo a las familias que tienen dos, tres o más vehículos, mientras que los que no tienen carro y nunca van a una estación de servicio -pero se ven obligados a utilizar un sistema de transporte público cada vez más deficiente-, en nada se benefician de una gasolina prácticamente regalada.  

¿Cuánto cuesta el subsidio?

En Venezuela, un litro de gasolina de 95 octanos cuesta Bs. 0,097, un centavo de dólar a la tasa de 6,30 Bs/$. En EE.UU o la Unión Europea puede llegar a costar 2 $/litro. En países con gobiernos progresistas y de izquierda como Bolivia, Ecuador, Uruguay o Nicaragua, el galón de 3.78 litros cuesta $ 3.90, algo más que 1 $/litro. En estos últimos países que tienen precios solidarios para la población, llenar un tanque de 60 litros cuesta $ 60. Aquí, 60 litros x 0,097 Bs/litro sale en solo Bs 5,82, menos de 1 $ a la tasa de cambio de 6,30 Bs/$.

Si asumimos como referencia el precio del combustible en países con gobiernos progresistas, esto equivale en Venezuela a un subsidio de $ 60 cada vez que se llena el tanque, lo cual ocurre en promedio una vez a la semana. Si multiplicamos $ 60 por 52 semanas, resulta que por cada vehículo el propietario recibe $ 3.120 de subsidio anual. Y si multiplicamos $ 3.120 por 5 millones de vehículos particulares que circulan en el territorio nacional, el costo de oportunidad –o lo que se deja de percibir- asciende a $ 15.600 millones.

Por si fuera poco, el Ministerio de Petróleo y Minería ha reconocido que más de cien mil barriles diarios pierde Venezuela debido al contrabando de extracción. Cien mil barriles por 365 días al año por 40 $/barril que es el precio del petróleo presupuestado para el año 2016, indica que el país pierde $ 1.460 millones solo por el contrabando de gasolina.

¿Decidirá el gobierno aumentar la gasolina?

En medio de la más severa crisis de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que en Venezuela se recuerde, más de uno piensa que el aumento de la gasolina puede terminar siendo el detonante de fuertes protestas populares, semejantes a las del Caracazo. El Gobierno teme que con la inflación que ronda el 200% en el año 2015 y pulverizó los salarios reales, el aumento del precio de la gasolina sea la gota que rebose el vaso.  Por los supuestos impactos sociales y costos políticos que se le atribuyen al aumento de la gasolina, el gobierno una y otra vez ha convocado a un debate para sincerar el precio de los combustibles, sin llegar a tomar ninguna decisión.

Si se deja claro que un porcentaje de la recaudación por el aumento se destinará a la modernización y ampliación de la flota de transporte público en todo el país, y que el precio de los pasajes no se incrementará, la ciudadanía respaldará masivamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina, toda vez que se trata de reorientar hacia la inversión social un subsidio regresivo que favorece sobre todo a los que más tienen. Este escandaloso subsidio se ha convertido en el principal incentivo no solo para el contrabando de extracción, sino también para su despilfarro y consumo irracional que hace de las ciudades venezolanas las de mayor emisión de gases de efecto invernadero en América Latina.

¿Cuánto debería costar el litro?

Según la Ley Orgánica de Precios Justos, un precio justo es aquel que permite cubrir los costos y obtener una ganancia máxima de 30%. Según los últimos datos que ofreció PDVSA en 2014, el costo de refinación era 2,75 Bs/litro y los costos de transporte y distribución rondan 0,35 Bs/litro, para un total de Bs 3,10 en costos. Si a esto sumamos 0,90 céntimos -equivalente al 30% de ganancia-, esto indica que para aquel entonces el precio justo de la gasolina no debería bajar de 4 Bs/litro.

Pero con una inflación de 200% en 2015, el precio de la gasolina debería ser al menos de 12 Bs/litro para poder reponer los costos, aliviar las finanzas de Pdvsa y generar un margen de ganancia que pueda ser invertido en la modernización y ampliación del transporte público, de tal forma que el ajuste del precio del combustible, en lugar de perjudicar a los sectores populares, más bien los beneficie al mejorar y abaratar el transporte colectivo.  

En comparación con los precios en la frontera, 12Bs/litro seguiría siendo un precio muy barato que seguiría estimulando el contrabando de extracción. Otra   aproximación a un precio justo pudiera lograrse con base en el precio promedio del combustible en los países de Suramérica y, sobre esta base, sincerar el precio en un plazo de tres años. En el primer año, el nuevo precio de la gasolina sería el 50% de ese precio promedio suramericano, equivalente a 0,50 $/litro. Una vez que los sectores populares hayan recibido el beneficio del transporte colectivo financiado con las ganancias que genera el nuevo precio de la gasolina, en el segundo año el precio del combustible se elevaría al 75% del promedio suramericano. Esto generaría aún más recursos para ampliar la cobertura del transporte colectivo hacia las urbanizaciones de la clase media, en el marco de un programa de desautomovilización de las ciudades que contribuya a aliviar el colapso del tráfico y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Finalmente, en el tercer año, el precio de la gasolina en el mercado interno se elevaría al 90% del precio promedio en los países vecinos, lo cual haría poco atractivo el contrabando de extracción, y generaría recursos adicionales para repotenciar la vialidad del país. La conversión en bolívares del precio promedio en dólares se haría a la nueva tasa de cabio oficial que surja, una vez que se unifiquen las actuales tasas de Cencoex y Sicad.  @victoralvarezr

¿Cuánto costará la gasolina?


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

Mientras en los países desarrollados la gasolina cuesta al menos 2 $/litro, en los países de Suramérica con gobiernos de izquierda cuesta en promedio 1 $/litro. Sin embargo, en Venezuela el litro cuesta menos de un centavo de dólar el litro. Llenar un tanque de 60 litros x 0.097 Bs/litro cuesta apenas Bs 5.82, menos de un dólar a la tasa Cencoex. Cada vez que se llena un tanque se recibe un subsidio de al menos $ 60. Si lo multiplicamos por 52 semanas, por cada vehículo una familia recibe un subsidio anual de $ 3.120, mientras que las que no tienen carro no reciben nada y se ven obligados a pagar por lo menos 20 Bs por cada pasaje de transporte público: cuatro veces lo que cuesta llenar un tanque de gasolina que rinde una semana. Si multiplicamos $ 3.120 por 5 millones de vehículos que circulan en el país, el costo de oportunidad -lo que Estado deja de percibir anualmente- asciende a $ 15 mil 600 millones. Monto extraordinario que bien pudiera invertirse en proyectos de interés social. Si consideramos que el contrabando de extracción asciende a 100 mil barriles al día, por 30 $/barril, por 365 días, esto representa una pérdida adicional de $ 1.100 millones.

Casi de $ 17 millardos al año es una cifra más que suficiente para impulsar el sistema económico comunal, a través de nuevas formas de propiedad social que empoderen a los trabajadores directos y a la comunidad organizada. Un proyecto emblemático debería ser la creación de empresas comunales de transporte colectivo para ampliar y modernizar la flota de autobuses urbanos e interurbanos en todos y cada uno de los 335 municipios del país, aplicando una tarifa con descuento equivalente al 50 % de la vigente. Con esto se desmontaría el mito del aumento de la gasolina como detonante de un estallido popular.

Ante la falta de datos sobre los costos de refinación, transporte y comercialización que se requieren para calcular el precio justo de la gasolina, una aproximación pudiera lograrse con base en el precio promedio del combustible en los países de Suramérica y, sobre esta base, sincerar el precio en un plazo de tres años. En el primer año, el nuevo precio de la gasolina sería el 50% de ese precio promedio suramericano, equivalente a 0,50 $/litro. Esto permitiría recuperar los costos de producción para aliviar las finanzas de Pdvsa y generar una ganancia que sería invertida en la modernización y ampliación de la flota de transporte público en los sectores populares.

Como un precio equivalente al 50% de lo que cuesta la gasolina en los países vecinos seguiría siendo un poderoso incentivo al contrabando de extracción, una vez que los sectores populares hayan recibido el beneficio del transporte colectivo financiado con las ganancias que genera el nuevo precio de la gasolina, en el segundo año el precio del combustible se elevaría al 75% del promedio suramericano. Esto generaría aún más recursos para ampliar la cobertura del transporte colectivo hacia las urbanizaciones de la clase media, en el marco de un programa de desautomovilización de las ciudades que contribuya a aliviar el colapso del tráfico y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Finalmente, en el tercer año, el precio de la gasolina en el mercado interno se elevaría al 90% del precio promedio en los países vecinos, lo cual haría poco atractivo el contrabando de extracción, y generaría recursos adicionales para repotenciar la vialidad del país.

La conversión en bolívares del precio promedio en dólares se haría a la nueva tasa de cabio oficial que surja, una vez que se unifiquen las actuales tasas de Cencoex y Sicad.  @victoralvarezr

¿Qué pasará si aumentan el precio de la gasolina?

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

En medio de la más severa crisis de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que en Venezuela se recuerde, más de uno piensa que el aumento de la gasolina puede terminar siendo el detonante de fuertes protestas populares, semejantes a las del Caracazo. Como se recordará, aquellos conflictos estallaron como respuesta al programa de ajuste macroeconómico que afectó severamente a los trabajadores y agravó los flagelos de la pobreza y la exclusión social.

Una inflación que ronda el 200% en el año 2015 pulverizó los salarios reales y sentencia un incremento de la pobreza en términos absolutos y relativos. No hace falta que el BCV o el INE publique los datos de inflación y pobreza para comprobar el creciente deterioro y precarización de las condiciones de vida de los hogares que viven de un ingreso fijo.  

¿A quién beneficia el subsidio a la gasolina?

El subsidio a la gasolina es una medida que lejos de favorecer a los sectores populares, en realidad origina una distribución regresiva del ingreso en favor de quienes más tienen.  Al destinar cuantiosos recursos públicos para subsidios indirectos que benefician a pobres y ricos por igual, se comete una injusticia redistributiva, ya que los que más tienen no necesitan que se les subsidie nada.

El costoso subsidio a la gasolina beneficia sobre todo a las familias que tienen dos, tres o más vehículos; mientras que los que no tienen carro y nunca van a una estación de servicio -pero se ven obligados a utilizar un sistema de transporte público cada vez más deficiente-, en nada se benefician de una gasolina prácticamente regalada.  

¿Cuánto cuesta el subsidio?

En Venezuela, un litro de gasolina de 95 octanos cuesta Bs. 0,097, un centavo de dólar a la tasa de 6,30 Bs/$. En EE.UU o la Unión Europea puede llegar a costar 2 $/litro. En países con gobiernos progresistas y de izquierda como Bolivia, Ecuador, Uruguay o Nicaragua, el galón de 3.78 litros cuesta $ 3.90, algo más que 1 $/litro. En estos últimos países que tienen precios solidarios para la población, llenar un tanque de 60 litros cuesta $ 60. Aquí, 60 litros x 0,097 Bs/litro sale en solo Bs 5,82, menos de 1 $ a la tasa de cambio de 6,30 Bs/$.

Si asumimos como referencia el precio del combustible en países con gobiernos progresistas, esto equivale en Venezuela a un subsidio de $ 60 cada vez que se llena el tanque, lo cual ocurre en promedio una vez a la semana. Si multiplicamos $ 60 por 52 semanas, resulta que por cada vehículo el propietario recibe $ 3.120 de subsidio anual. Y si multiplicamos $ 3.120 por 5 millones de vehículos particulares que circulan en el territorio nacional, el costo de oportunidad –o lo que se deja de percibir- asciende a $ 15.600 millones.

Por si fuera poco, el Ministerio de Petróleo y Minería ha reconocido que más de cien mil barriles diarios pierde Venezuela debido al contrabando de extracción. Cien mil barriles por 365 días al año por 40 $/barril que es el precio del petróleo presupuestado para el año 2016, indica que el país pierde $ 1.460 millones solo por el contrabando de gasolina.

¿Decidirá el gobierno aumentar la gasolina?

Por los supuestos impactos sociales y costos políticos que se le atribuyen al aumento de la gasolina, el gobierno una y otra vez ha convocado a un debate para sincerar el precio de los combustibles, sin llegar a tomar ninguna decisión. Si el gobierno nuevamente la pospone, la determinación de un precio justo para la gasolina y el destino de los recursos que por este aumento se generen, podría ser sometido a un referendo consultivo popular, tal como lo plantea el artículo 71 de la CRBV.

Si se deja claro que un porcentaje de la recaudación por el aumento se destinará a la modernización y ampliación de la flota de transporte público en todo el país, y que el precio de los pasajes no se incrementará, la ciudadanía respaldará masivamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina, toda vez que se trata de reorientar hacia la inversión social un subsidio regresivo que favorece sobre todo a los que más tienen. Este escandaloso subsidio se ha convertido en el principal incentivo no solo para el contrabando de extracción, sino también para su despilfarro y consumo irracional que hace de las ciudades venezolanas las de mayor emisión de gases de efecto invernadero en América Latina.

¿Cuánto debería costar el litro?

Según la Ley Orgánica de Precios Justos, un precio justo es aquel que permite cubrir los costos y obtener una ganancia máxima de 30%. Según los últimos datos que ofreció PDVSA en 2014, el costo de refinación era 2,75 Bs/litro y los costos de transporte y distribución rondan 0,35 Bs/litro, para un total de Bs 3,10 en costos. Si a esto sumamos 0,90 céntimos -equivalente al 30% de ganancia-, esto indica que para aquel entonces el precio justo de la gasolina no debería bajar de 4 Bs/litro.

Pero con una inflación de 200% en 2015, el precio de la gasolina debería ser al menos de 12 Bs/litro para poder reponer los costos, aliviar las finanzas de Pdvsa y generar un margen de ganancia que pueda ser invertido en la modernización y ampliación del transporte público, de tal forma que el ajuste del precio del combustible, en lugar de perjudicar a los sectores populares, más bien los beneficie al mejorar y abaratar el transporte colectivo.  

En comparación con los precios en la frontera, 12Bs/litro seguiría siendo un precio muy barato que seguiría estimulando el contrabando de extracción. Otra   aproximación a un precio justo pudiera lograrse con base en el precio promedio del combustible en los países de Suramérica y, sobre esta base, sincerar el precio en un plazo de tres años. En el primer año, el nuevo precio de la gasolina sería el 50% de ese precio promedio suramericano, equivalente a 0,50 $/litro. Una vez que los sectores populares hayan recibido el beneficio del transporte colectivo financiado con las ganancias que genera el nuevo precio de la gasolina, en el segundo año el precio del combustible se elevaría al 75% del promedio suramericano. Esto generaría aún más recursos para ampliar la cobertura del transporte colectivo hacia las urbanizaciones de la clase media, en el marco de un programa de desautomovilización de las ciudades que contribuya a aliviar el colapso del tráfico y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Finalmente, en el tercer año, el precio de la gasolina en el mercado interno se elevaría al 90% del precio promedio en los países vecinos, lo cual haría poco atractivo el contrabando de extracción, y generaría recursos adicionales para repotenciar la vialidad del país. La conversión en bolívares del precio promedio en dólares se haría a la nueva tasa de cabio oficial que surja, una vez que se unifiquen las actuales tasas de Cencoex y Sicad.  @victoralvarezr

¿Cómo atacar la emergencia económica?


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

De acuerdo al Capítulo II de la CRBV, que trata De los estados de excepción, la emergencia económica es una especie de estado de excepción que permite al Gobierno dictar medidas con el mismo valor, rango y fuerza que una Ley. Al igual que los decretos dictados en una Ley Habilitante, los decretos de emergencia económica son Decretos-Leyes que pueden sobreponerse a las Leyes vigentes en materia económica.

El decreto de emergencia económica transfiere temporalmente al Gobierno el ejercicio de la función legislativa. Una vez habilitado, el Ejecutivo regula los derechos fundamentales cuyas garantías han sido restringidas, tales como la libertad económica y la propiedad privada. Esto solo puede hacerse por un lapso que no podrá exceder de sesenta días, aunque pueden ser prorrogables.

La Ley Orgánica de Estados de Excepción precisa las medidas que pueden ser dictadas:

ü  Limitar o racionar el uso de servicios o el consumo de artículos de primera necesidad, tomar las medidas necesarias para asegurar el abastecimiento de los mercados y el funcionamiento de los servicios y de los centros de producción (Art 19).

ü  Hacer erogaciones con cargo al Tesoro Nacional que no estén incluidas en la Ley de Presupuesto (Art 20).

ü  El Ejecutivo Nacional tendrá la facultad de requisar los bienes e inmuebles de propiedad particular que deban ser utilizadas para restablecer la normalidad (Art 24).

Una vez publicado el Decreto en Gaceta Oficial, éste se somete al control posterior de la Sala Constitucional y de la Asamblea Nacional. A partir de ese momento, la AN tiene ocho días para considerar si aprueba o no el Decreto. Si no se pronuncia, el decreto queda aprobado.

Así pues, el Decreto de Emergencia Económica que acaba de ser publicado otorga poderes especiales al Presidente de la República para legislar en materia económica. Según su contenido, el Ejecutivo Nacional podrá dictar las medidas que considere convenientes en los siguientes aspectos:

 1. Disponer de los recursos provenientes de las economías presupuestarias del Ejercicio Económico 2015.

 2.- Asignar recursos extraordinarios proyectos previstos o no en la Ley de presupuesto de la administración pública para ser usados en los sectores de salud, educación y vivienda.  

3.- Diseñan e implementar medidas especiales para e inmediatas para reducción de evasión fiscal. 

4.- Dispensar de las modalidades del Régimen de Contrataciones Públicas en determinado sectores a fin de agilizar las compras del Estado que requieran urgencia. 

5.- Disponer de los trámites y requisitos para la importación nacionalización de mercancía.  

6.- Implementar medidas especiales para el tránsito de mercancías en aeropuertos y puertos del país. 

7.-  Dispensar de los trámites cambiarios establecidos  por Cencoex y BCV a órganos del sector público y privado, a fines de agilizar la importación de bienes o insumos para el abastecimiento. 

8.-  Requerir a empresas del sector público y privado, incrementar niveles de producción y el abastecimiento de determinados insumos. 

9.- Adoptar las medidas necesarias para asegurar el acceso oportuno a la población de alimentos, medicinas y demás bienes de primera necesidad. 

10.- Adoptar las medidas necesarias para estimular la inversión extranjera.

11.-  Desarrollar y fortalecer el sistema de misiones socialistas. 

En el artículo 3 del Decreto se plantea que el Presidente de la República también podrá dictar medidas de orden social que considere necesario. 

En resumen, el Decreto reserva al Ejecutivo el derecho de asignar recursos extraordinarios a proyectos, estén o no previstos en el presupuesto, así como a entes de la administración pública en los sectores de salud, alimentación y vivienda. También permite implementar medidas especiales para facilitar el tránsito por puertos y aeropuertos, obviar normas legales que entorpezcan la agilización salvo en los casos de salud, seguridad y defensa de la Nación. Por si fuera poco,  el Gobierno podrá requerir a personas naturales y jurídicas los medios de transporte, acopio y distribución, establecimientos, bienes muebles o demás insumos necesarios para garantizar el acceso de todos a los productos.

Acostumbrado a gobernar sin mayores controles por parte del Poder Legislativo, con este Decreto intenta abrir una vía de escape para evadir el marco legal y entorno institucional que rige la actividad económica de la Nación. En efecto, con este Decreto, el Gobierno se plantea evitar las discusiones y aprobaciones de créditos adicionales que deben realizarse en la AN, la cual ahora está controlada por la Oposición.

¿Cómo atacar la emergencia económica?

Una y otra vez solemos escuchar que la situación de la economía está tan grave que no habrá más remedio que aplicar medidas draconianas. Gobernantes, opositores, analistas y observadores atribuyen al ajuste económico un impacto antipopular, con un elevado costo político.

Presos de estas creencias limitantes, el Gobierno cree que desmontar los controles que hoy lucen totalmente agotados sería traicionar el legado de Chávez. Así, prolongan la inercia sin llegar a tomar las medidas que tienen al alcance de la mano para erradicar los problemas de caída de la producción, escasez, acaparamiento y especulación. Entre estas medidas se destacan las siguientes:

Medidas de Política Cambiaria

El dogma económico que rige la interpretación oficial atribuye al ajuste cambiario un falso impacto inflacionario, cuando lo cierto es que éste ya ha sido absorbido y prácticamente no hay precio alguno en el mercado que se calcule con base a las tasas de Cencoex o Sicad. Ni siquiera a la de Simadi, porque el proceso de formación de precios se ha desquiciado hasta quedar gobernado por lo que indiquen los desvaríos del dólar paralelo. Para muestra un botón: en el sector alimentos que es el más favorecido con la asignación de dólares preferenciales, la inflación de 2014 llegó a 102 %, muy superior al 68 % registrado por el INPC, lo cual revela la ineficacia del anclaje cambiario como instrumento de política antiinflacionaria. El BCV acaba de publicar la inflación anualizada hasta septiembre de 2015 y la misma escaló a 141,5%

La irracionalidad de las tasas Cencoex y Sicad recaen con toda su fuerza sobre Pdvsa. Obligada a vender el mayor porcentaje de su ingreso en divisas a las bajas tasas de 6,30 y 12 Bs /$, la compañía no logra recoger suficientes bolívares para pagar una nómina de más de 140 mil trabajadores, honrar sus deudas con proveedores y contratistas, transferir aportes a los programas sociales y mantener al día las obligaciones con el fisco. Pero basta con unificar el régimen de cambios múltiples a un nivel tal que los bolívares que PDVSA reciba por la venta de sus divisas le alcancen para mantener al día sus compromisos. Sincerar la tasa de cambio evitaría que la compañía tenga que endeudarse con el BCV y así éste no se vería presionado por el Gobierno a realizar las desmesuradas emisiones de dinero sin respaldo con las que financia el déficit fiscal.

Medidas de Política Fiscal

Un acuerdo básico para corregir  el déficit fiscal comienza por reformular y mejorar la calidad del Presupuesto 2016, el cual fue calculado con base a un precio del petróleo de 40 $/b, pero el mismo ya se acerca a 25 $/b. Esto pasa por reducir en 100% los gastos suntuarios en remodelaciones, vehículos, publicidad, viajes, etc.; erradicar la práctica del Gobierno de Calle que da origen a otro presupuesto paralelo. Se trata ahora de implantar una rigurosa regla fiscal para que la AN no reciba ningún Proyecto de Presupuesto ni apruebe créditos adicionales que impliquen un déficit mayor al 5% del PIB.

El colapso de los precios del petróleo y la caída de la recaudación de ISR e IVA debido a la contracción económica obligan a retomar la sana práctica de un solo presupuesto, adecuando el marco legal que fue creado para hacer uso de las llamadas reservas excedentarias y precios exorbitantes. En adelante, todo ingreso superior a los 40 $/b -en lugar de ser gastado a través del Fonden-, debe ser ahorrado en un Fondo de Estabilización Macroeconómica, el cual solo podrá ser usado cuando el precio del petróleo caiga por debajo del precio proyectado en el Presupuesto Anual de la Nación.

Corregir el déficit fiscal implica erradicar los subsidios ineficientes que no llegan al consumidor y lo que hacen es estimular el derroche, el contrabando de extracción y la especulación. Se trata de sustituir los subsidios indirectos a los productos y servicios por subsidios directos a las familias en condición de pobreza. Esto incluye desde sincerar el precio de la gasolina hasta la racionalización de las tarifas de servicios públicos, pasando por la sustitución de los subsidios directos a los alimentos y medicinas por subsidios directos a los hogares pobres. Solo en gasolina, el subsidio representa un costo de oportunidad de $ 12 mil millones, mientras que el contrabando de extracción supera los 3.500 millones. Sincerar las tarifas de servicios públicos (electricidad, agua y gas) significa corregir al menos 6,5 puntos del déficit fiscal. Reactivar el cobro de peajes generará recursos propios para  repotenciar el sistema vial y ayudará a corregir el déficit fiscal.

Evitar el financiamiento inflacionario del déficit fiscal pasa por desestatizar las empresas públicas que terminaron secuestradas y quebradas por burocratismo, el pseudosindicalismo y la corrupción. Implica impulsar nuevas formas de propiedad social a través de la participación accionaria de los trabajadores directos, la comunidad organizada y la inversión privada nacional y extranjera, condicionando ésta última a la transferencia de nuevas tecnologías, formación del talento humano, asistencia técnica a las Pymes y máxima incorporación de componentes nacionales en los proyectos de inversión.

La Reforma Fiscal debe ser completada con el ajuste del IVA y del  ISR,  racionalización del arancel de aduanas, implantación del impuesto al débito bancario y a las transacciones financieras, aumento de la unidad tributaria, timbres fiscales, impuestos a licores y cigarrillos e impuesto al lujo. Una vez que se reactive la economía y se estabilice su crecimiento será necesario reactivar el Impuesto a los Activos Empresariales y aumentar el ISR a las grandes ganancias.

Medidas de Política Monetaria

La perversa complicidad entre el déficit fiscal y el desequilibrio monetario generan una voraz inflación que pulveriza el poder de compra de los salarios. Por eso, la superación de la emergencia económica no es viable si no se recupera la autonomía del BCV en el manejo de reservas internacionales y la emisión de dinero. Solo así se podrá erradicar definitivamente el financiamiento con emisiones de dinero sin respaldo del déficit de PDVSA y de las empresas públicas. Sin lugar a dudas, éste es el principal factor propagador de la inflación.

Esto permitirá centralizar las posiciones en divisas y reservas internacionales en BCV y asegurar un manejo coherente del encaje legal y de las tasas de interés que contribuya a recuperar la estabilidad y confianza en sistema monetario y financiero.

Unificar el régimen de cambios múltiples permitirá sanear las finanzas de Pdvsa, reducir el déficit fiscal, eliminar el financiamiento monetario del BCV. Al recibir más bolívares por cada dólar, la autoridad monetaria drenará el exceso de liquidez que presiona al alza los precios, incluyendo la cotización del dólar paralelo. Y todavía mejor, un solo tipo de cambio erradicará el incentivo perverso que la política cambiaria ofrece a los cazadores de renta, especuladores y corruptos, quienes inventan cualquier trampa para captar los dólares baratos de Cencoex y Sicad para después venderlos más caros.

Medidas para el manejo de la deuda Externa

Venezuela tiene margen de maniobra para evitar caer en un default que lleve al embargo de los activos de Pdvsa y la República. Puede recomprar la deuda externa venezolana que se remata a menos del 50 % de su valor nominal; adecuar PetroCaribe a las restricciones presupuestarias, cobrando a 90-120 días la factura que se financia a 15-20 años; reorientar las importaciones gubernamentales en favor de la producción nacional; reprogramar el pago del componente en divisas de las obras contratadas a Brasil, Irán y otros países, cancelándoles el saldo con los bonos de la deuda externa recomprados con descuento, o sustituyendo los pagos vencidos con nuevas emisiones de deuda. Otro margen nada despreciable para liberar divisas se encuentra en la reducción de gasto militar.

Medidas para evitar la liquidación de las reservas internacionales

Los profetas del desastre no se cansan de afirmar que la liberación cambiaria se traducirá en una indetenible fuga de divisas que liquidará las reservas internacionales, pero resulta ser que es todo lo contrario. La unificación cambiaria a un nivel que exprese la verdadera productividad y competitividad del aparato productivo más bien activará nuevas fuentes de divisas provenientes de la inversión extranjera, exportaciones no petroleras, repatriación de capitales y el turismo internacional.

Claro está que la competitividad cambiaria es una condición necesaria más no suficiente. Las inversiones extranjeras como nueva fuente de divisas no petroleras exigen un clima de seguridad jurídica y paz laboral y esto pasa por la adecuación del marco legal, particularmente la Ley de Inversiones Extranjeras, la Ley del Mercado de Capitales, la Ley del Trabajo, la Ley Orgánica de Precios Justos, la Ley de Concesiones y la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología.

En conjunto, este nuevo marco legal contribuirá a crear un mejor clima para promover inversiones en la repotenciación de la infraestructura en parques industriales, la mejora de los servicios de electricidad, agua, gas, plantas de tratamiento, la gestión de puertos, aeropuertos y almacenes. Particularmente la reforma de la LOCTI deberá estar orientada a facilitar la inversión empresarial directa en el fortalecimiento de capacidades tecnológicas para mejorar sus productos y procesos de cara al fortalecimiento de la calidad, productividad y competitividad internacional.

La situación luce difícil y se puede agravar si se mantiene el actual estado de inercia e inacción. No obstante, todavía hay un importante margen de maniobra. En lugar de un Decreto de Emergencia Económica hecho a la medida de un Gobierno que quiere evitar el control de una AN ahora en manos de la Oposición, e reto que deben asumir tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo es acordar un Programa de Estabilización Económica con Bienestar Social. Estas medidas, lejos de tener un impacto antipopular y generar una crisis de gobernabilidad, más bien crearían el clima de seguridad jurídica y paz laboral que se requiere para estimular una creciente inversión que permita reactivar la producción y superar los problemas de escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar generan en la población.  @victoralvarezr

Decreto de Emergencia Económica: peor el remedio que la enfermedad


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

Un gobierno puede equivocarse, pero solo ha fracasado cuando empieza a culpar a otros de sus propios errores. En los supuestos del Decreto de Emergencia Económica se afirma erróneamente que “las estrategias de desestabilización económica han provocado una caída abrupta de los precios de nuestra principal fuente de ingresos, como lo es el petróleo”. Esta interpretación ignora el comportamiento cíclico de los precios del petróleo, cuya causa esencialmente se debe al curso de la economía mundial, al desequilibrio entre la oferta y la demanda debido al desarrollo de nuevos tipos de petróleo, así como a las tensiones bélicas en los países del Medio Oriente.

Lo que está “afectando gravemente los ingresos fiscales y de divisas del país, generando un obstáculo a la ejecución y cumplimiento de los objetivos trazados en el Plan de la Patria, Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2013-2019” es la falta de previsión. Creer que los precios del petróleo siempre seguirían subiendo llevó a crear fondos para gastar todo el ingreso petrolero, en lugar de alimentar el Fondo de Estabilización Macroeconómica, tal como lo ordena el artículo 321 de la CRBV.

Noruega, un país que hace 50 años era una de las economías más pobres de Europa, pasó a ser, según las Naciones Unidas, la más igualitaria del mundo. La explicación: el ahorro de la renta petrolera para atender las necesidades futuras. Con el fin de  financiar a largo plazo su Estado de bienestar, Noruega deposita en el Banco Noruego de Inversiones casi toda la renta petrolera que recauda a través de impuestos al sector petrolero, regalías por yacimientos y dividendos por su participación mayoritaria en Statoil, la empresa petrolera noruega. En lugar de crear fondos para gastar las reservas excedentarias o todo el ingreso petrolero que se reciba por encima de precio presupuestado del barril de petróleo, Noruega creó fondos para ahorrar dinero como un mecanismo de previsión para encarar los malos tiempos y evitar carencias para las generaciones futuras.

Pero en Venezuela, en lugar de sincerar el Presupuesto 2016 que fue calculado con base en un precio de 40 $/b y presentar una nueva regla fiscal en la que el Poder Ejecutivo se compromete a no presentar proyectos de presupuesto con un déficit superior al 5% del PIB y, adicionalmente, ahorrar en el FEM el 50% de todo dólar adicional que el país reciba por encima de 25 $/b, lo que hace es tensar aún más las relación con la AN al presentar un Decreto de Emergencia Económica con el que, entre otros fines, pretende hacer un uso discrecional de los saldos del presupuesto 2015 y del 2016, sin mayores controles por parte de la AN.

Es un Decreto lleno de contradicciones que agravará la crisis. Paradójicamente, mientras en el numeral 10 del artículo 2 del mencionado Decreto se plantea: “Adoptar las medidas necesarias para estimular la inversión extranjera (…) para la generación de nuevas fuentes de empleo, divisas e ingresos” -y justo cuando acaba de crear un nuevo Ministerio para la Inversión Extranjera-, en el numeral anterior (9) incluye una medida que espanta y aleja al inversor al plantear que “el Ejecutivo Nacional podrá requerir a las personas naturales o jurídicas propietarias o poseedoras, los medios de transporte, canales de distribución, centros de acopio, beneficiadoras, mataderos y demás establecimientos, bienes inmuebles y mercancías que resulten necesarios para garantizar el abastecimiento oportuno de alimentos a los venezolanos, así como otros bienes de primera necesidad”.

El espíritu autocrítico brilla por su ausencia en el texto del Decreto. En lugar de reconocer el fracaso de un modelo basado en la estatización de empresas que eran productivas -pero una vez expropiadas terminaron quebradas por el burocratismo, el pseudosindicalismo y la corrupción-, en el numeral 8 plantea sin pudor autocrítico “Requerir a empresas del sector público y privado incrementar sus niveles de producción así como el abastecimiento de determinados insumos a los centros de producción de alimentos o de bienes esenciales, para garantizar la satisfacción de necesidades básicas de las venezolanas y los venezolanos”.

La solicitud para disponer de los saldos presupuestarios y asignar recursos extraordinarios a proyectos aunque no estén previstos en el presupuesto, así como la dispensa de los requisitos y controles con el argumento de agilizar los procedimientos administrativos referidos a contrataciones públicas, trámites cambiarios e importaciones gubernamentales, refleja la inercia de un gobierno acostumbrado a administrar los recursos públicos sin mayores controles por parte del Poder Legislativo. Con este Decreto, el Ejecutivo intenta abrir una vía de escape para evitar el análisis de créditos adicionales y contratos que deben ser aprobados por la AN, la cual ahora está controlada por la Oposición. Si el Gobierno se obstina en financiar proyectos no incluidos en el Presupuesto 2016 con créditos del BCV, la desmesurada emisión de dinero sin respaldo será el atajo perfecto para la hiperinflación que pulverizará los salarios y deteriorará aún más los precarios niveles de vida de la población que vive de un ingreso fijo.

No es necesario un Decreto de Emergencia Económica

La emergencia económica es una forma de estado de excepción que permite al Gobierno dictar medidas que pueden sobreponerse a las Leyes vigentes en materia económica. Una vez habilitado, el Ejecutivo regula los derechos fundamentales cuyas garantías han sido restringidas, tales como la libertad económica y la propiedad privada. El Gobierno aspira que la AN apruebe por unanimidad el Estado de Emergencia Económica para “adoptar las medidas que permitan atender eficazmente la situación excepcional, extraordinaria y coyuntural por la cual atraviesa la economía venezolana”.

Pero para adoptar las medidas necesarias para superar la crisis no se necesita ningún Decreto de Emergencia Económica, sino voluntad política para superar la inercia y romper la inacción de un equipo de gobierno que pareciera no comprender la naturaleza de la crisis, ni saber utilizar el importante margen de maniobra que aún tiene el Ejecutivo Nacional para enderezar el rumbo económico del país y evitar perores consecuencias que las ya sufridas por la inmensa mayoría de la población.  @victoralvarezr