viernes, 16 de enero de 2015

La Economía venezolana: Balance 2014-Perspectivas 2015


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias 2013


Contenido

 






















1.    Caída de la renta petrolera nos sorprendió sin ahorros


Luego de tres años de estabilidad en torno a los 100 $/b, en el segundo semestre de 2014 los precios del petróleo cayeron en más del 40%. El detonante de esta pronunciada baja es un exceso en la oferta de petróleo y una menor demanda por la desaceleración de la economía mundial. La combinación de una menor actividad económica global, con una mayor producción de países No-OPEP ha provocado un exceso de oferta estimada en 2 millones  de barriles diarios. Si bien los EE.UU. e Inglaterra muestran tasas de crecimiento económico positivas, la Unión Europea no termina de recuperar un ritmo de crecimiento estable y sostenido. China e India dan muestras de una desaceleración del ritmo de crecimiento y Japón pareciera entrar en una nueva recesión.

Pero lo más importante en la tendencia de los precios del petróleo a mediano y largo plazo son los cambios estructurales en la matriz energética mundial. La difusión de las tecnologías de información mejora la eficiencia y facilitan el cambio de la matriz energética en todo el mundo, hoy es posible producir una tonelada de acero, de aluminio o de PIB con mucho menos energía y eso repercutirá en la demanda futura de petróleo. En 2017, EE.UU. pasará a ser el primer productor de crudos con su petróleo de esquisto, y la OPEP seguirá  perdiendo terreno frente a los productores No OPEP. La economía mundial está en franca desaceleración, incluyendo a China e India, y ni siquiera los sucesos geopolíticos de Ucrania y el grito de guerra contra el Estados Islámico -que otrora habría desquiciado los precios-, esta vez no han tenido ningún impacto en detener la baja en la cotización de los crudos. En tales circunstancias, resulta poco probable esperar un considerable rebote de los precios del petróleo en el corto plazo.

Por si fuera poco, el fortalecimiento del dólar acentúa la drástica caída de los precios del petróleo. La apreciación del dólar en comparación con otras monedas de reserva afecta negativamente los ingresos de los países exportadores de petróleo y materias primas que facturan en dólares sus exportaciones. Un mayor poder de compra del dólar debilita el precio del petróleo y las materias primas en el mercado internacional. 

Países como Arabia Saudita, Emiratos, Kuwait y Qatar están en mejores condiciones de soportar una prolongada caída de los precios del petróleo, toda vez que ahorraron en los tiempos de bonaza un considerable volumen de recursos que ahora les permite encarar el comportamiento errático de los precios del petróleo. Pero en Venezuela, las Reservas Internacionales cayeron en torno a los $ 20.000 millones, muy por debajo del nivel óptimo estimado en $ 29.000 millones. Para inflarlas, el Directorio del BCV incluyó monedas extranjeras de fácil conversión en divisas, diamantes y demás piedras o metales preciosos que, en realidad, deberían considerarse como activos de reserva, toda vez que los mismos no aumentan la liquidez en divisas que la economía requiere.

Es muy probable que los precios del petróleo permanezcan por debajo de 70 $/b en el primer semestre de 2015, aunque se espera cierta recuperación en el segundo semestre del año, impulsado sobre todo por el nivel mínimo que requieren los nuevos petróleos de esquistos para ser rentables. Un precio para el WTI menor a 60 $/b, perjudica y hace inviable la explotación de altos costos de los yacimientos no convencionales.

2.    Perspectivas para 2015


El PIB registró tres trimestres consecutivos de caída en el año 2014. El total de la producción nacional de bienes y servicios en el primer trimestre cerró con una baja de 4,8%, en el segundo tuvo otra caída de 4,9% y en el tercero retrocedió 2,3%[i]. Pero esta caída del PIB no puede ser atribuida única y exclusivamente al descalabro de los precios del petróleo, toda vez que en el primer semestre los precios del crudo se mantuvieron cerca de $ 100 por barril. En todo caso, la caída de los ingresos petroleros del segundo semestre vendría a ser un catalizador de la contracción económica que ya venía desde comienzos de 2014. Sin embargo, a pesar de que es en el tercer trimestre cuando comienzan a derrumbarse los precios del petróleo, el ritmo en el que retrocede el PIB en este trimestre es apenas la mitad de la caída en los dos trimestres anteriores.   

La política económica en 2014 fue de contingencia, enfocada en combatir los problemas de escasez, acaparamiento y especulación a través de operativos de controles, multas y penas de cárcel, sin mayores actuaciones en materia de políticas macroeconómicas y sectoriales.

Según el último reporte del BCV, en el tercer trimestre 2014, a pesar de la caída del PIB, crece  la actividad “Productores de Servicios del Gobierno General”, asociada a servicios de salud, administración pública y defensa, enseñanza y seguridad social que, en conjunto, crecen 2,1%, superior al crecimiento de 1,6% registrado en el IIT. También crecen “Instituciones financieras y Seguros” y “Comunicaciones”, con variaciones positivas de 13,2% y 4,1%, respectivamente. Pero en el IIIT2014 se registra un nuevo descenso de las actividades de manufactura y comercio, en -4,4% y -9,5%, respectivamente.

La caída de las importaciones privadas en -12,3% fue en alguna medida compensada por el aumento de las importaciones públicas en 16,5[ii]. Pero en 2015, año de restricciones de divisas que impedirán importar, la solución estructural para reactivar la economía y derrotar la escasez y la inflación tendrá que ser a través de políticas que estimulen la producción. Compensar el impacto de la baja de los precios del petróleo exige una política macroeconómica coherente con nuevas políticas agrícolas, industriales y tecnológicas que contribuyan a reactivar el PIB. 

La proyección del Gobierno para este año quedó plasmada en el Presupuesto 2015 en el que estima un crecimiento del PIB de 3% y una inflación entre 25%-30%, afirmando que el tipo de cambio se mantendrá en 6,30 Bs/$. El gobierno se propone aumentar la producción de alimentos entre 15% y 18%. Pero el reiterado incumplimiento de las metas presupuestarias en términos de crecimiento del PIB, inflación, precios del petróleo, reservas internacionales, tasa de cambio, etc. le resta credibilidad a sus predicciones.  

Los organismos internacionales así como agencias de calificación de riesgo pronostican para Venezuela un 2015 con menor producción y más inflación. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima una caída de -1% del PIB y una inflación de 62,9%.  Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal),  coincide con el FMI al estimar una caída entre 0,5-1. En tanto, calificadoras de riesgo como Fitch Ratings considera que la economía venezolana seguirá en recesión en 2015  y rebajó la calificación de la deuda externa venezolana a niveles de probable impago[iii]. En otra tónica, la calificadora Moody's considera que los desequilibrios fiscales  no representan un peligro inmediato para la capacidad de pago de la deuda del país, aunque la alta inflación y unas cuentas externas impactadas por la caída de los precios del petróleo plantean riesgos que habrá que monitorear[iv]. La mayoría de los analistas coincide en que el año 2015 tendrá dificultades económicas, muchas de ellas relacionadas con la administración de divisas y el tipo de cambio[v]. 

De no tomarse las correcciones necesarias en la economía y especialmente en el área cambiaria, continuarán disparándose el tipo de cambio paralelo que se ha convertido en la tasa marcadora en el proceso de formación de los precios, sin que el gobierno haya podido pulverizarlo, tal como lo prometió una y otra vez en años anteriores. Al momento de redactar este análisis aún no se habían anunciado las medidas para "equilibrar la economía", pero se espera que el Sicad II se convierta en la modalidad predominante para la adquisición de divisas al permitir operaciones directas de compra-venta de divisas sin la mediación del BCV. Con inflaciones de 56.3% 3n 2013 y 70% en 2014, no es descabellado ni alarmista pronosticar una inflación de 80% para este año electoral. Incluso, luce subestimada si el gobierno no corrige el déficit fiscal y se empeña en financiarlo a través de emisiones de dinero inorgánico.

Parecieran inevitables e inminentes los ajustes económicos y es muy probable que el gobierno los ejecute de manera disimulada y encubierta, tal como lo ha hecho con los ajustes de precios rezagados que no son publicados en la Gaceta Oficial, o como las devaluaciones a cuenta gotas que ha realizado a través de los Convenios Cambiarios 30 y 32. Lo mismo tendrá que hacer con el subsidio a los servicios públicos de electricidad, gas doméstico y agua, así como con los  ineficientes subsidios a los alimentos y medicinas que estimulan el contrabando de extracción e impiden que los productos lleguen al consumidor.

Lo cierto es que precios del petróleo relativamente bajos dominarán la escena económica durante 2015. Debido al auge inflacionario y la restricción de divisas, resulta difícil que la expansión fiscal sea suficiente para reactivar la economía sin provocar más inflación. La disminución de los ingresos fiscales  y la propensión a financiarlo con emisiones de dinero inorgánico, reservas internacionales muy por debajo del nivel óptimo, la brecha cambiara que estimula la especulación y la corrupción, el peso de los pagos de la deuda externa, la destrucción del sistema de precios relativos, el desplazamiento del aparato productivo por más de una década de importaciones subsidiadas y por los rígidos controles de precios, definitivamente  son los grandes retos que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro tendrá que encarar en el año 2015.  

3.    La política económica


La política económica en lugar de corregir las causas de las distorsiones fiscales monetarias, cambiarias y de precios se enfocó en atacar las consecuencias. El gobierno lanzó una ofensiva a través de  la Ley Habilitante con el fin de reforzar las regulaciones y controles sobre la economía. La acción más emblemática por su inocuidad fue la Ley Orgánica de Precios Justos y la creación de la Sundde. Pero a pesar de toda la expectativa y despliegue que se generó, luego de un año tales medidas no pudieron contener la inflación, escasez, acaparamiento y especulación. El gobierno confundió especulación con inflación y al no corregir los desequilibrios macroeconómicos que generan la presión alcista sobre los precios, atacó el problema con controles, multas y penas de cárcel, como si de un delito se tratara, cuando la inflación en realidad es causada por las distorsiones fiscales, monetarias y cambiarias que aún no han sido corregidas.

a)    El desequilibrio fiscal


A lo largo de 2014, la política económica se propuso estimular el ritmo de actividad a través de la expansión fiscal. Esto generó un déficit fiscal en torno a 18,0% del PIB, el cual ha sido financiado  a través de la impresión de dinero sin respaldo por parte del BCV. Analizando las fuentes de este déficit, se observa que un 7% lo causa el desequilibrio fiscal del Gobierno Central, mientras que la mayor proporción es causada por los problemas financieros de PDVSA, lo cual explica un 11% del déficit.

Semejante desequilibrio en las cuentas fiscales se debe a que la compañía petrolera se ha visto muy perjudicada al ser obligada a vender la mayor proporción de sus divisas a una tasa de cambio oficial de 6.30 Bs/$. En consecuencia, la cantidad de bolívares que recibe a esta tasa de cambio tan baja no le rinde para pagar una nómina de más de 140 mil trabajadores, cancelar a tiempo la deuda con proveedores y contratistas y transferir fondos a las misiones sociales. A esa tasa de cambio ni siquiera puede mantener al día sus obligaciones fiscales, razón por la cual entrega pagarés al Tesoro Nacional que luego éste intercambia por efectivo en el BCV, propiciando un desproporcionado crecimiento de la liquidez monetaria en un mercado con  creciente escasez. Esto atiza la inflación, eleva la demanda de divisas escasas y ensancha la brecha entre la tasa oficial y el paralelo.

En lugar de ahorrar en tiempos de bonanza para encarar los tiempos de escasez, el gobierno mantuvo una política fiscal pro-cíclica con aumentos del gasto público cada vez que aumenta el ingreso petrolero y recortes presupuestarios cuando cae el ingreso. El mandato del artículo 321de la CRBV de activar el Fondo de Estabilización Macroeconómica -concebido para estabilizar los gastos del Estado ante las fluctuaciones de los ingresos ordinarios-, ha quedado como letra muerta. En ausencia de este mecanismo amortiguador, la economía venezolana sigue expuesta a los shocks externos que se presentan debido al comportamiento errático del mercado petrolero.

Un gobierno rentista suele apelar a la devaluación como el mecanismo más rápido para corregir el déficit fiscal. Como el Estado es el perceptor del mayor porcentaje del ingreso petrolero, en lugar de optimizar el gasto, le resulta más fácil vender las divisas a un precio mayor. El Estado automáticamente obtiene cuantiosos ingresos que le permiten corregir el déficit, sin pagar el mayor costo político que implica disciplinar el gasto y atacar las verdaderas causas macroeconómicas del deterioro fiscal. La política cambiaria se utiliza así con fines fiscales, toda vez que la devaluación es, en los hechos, un impuesto cambiario. Por esta razón, el gobierno ha puesto en práctica una devaluación encubierta al migrar a Sicad I y II un número creciente de rubros inicialmente presupuestados a la tasa de Cencoex. Asimismo, los recientes Convenios Cambiarios 30 y 32 que respectivamente autorizan a PDVSA a vender a cualquier tasa de cambio oficial el porcentaje de divisas que debe entregar en bolívares a Fonden, así como los ingresos en divisas derivados de los convenios de cooperación energética, constituyen ambos una manera de sortear el déficit fiscal por la vía de la devaluación.

b)   El desequilibrio monetario


A pesar de que el artículo 320 de la CRBV señala que “el BCV no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias”, desde 2010 el instituto emisor ha venido financiando a PDVSA. Según datos oficiales, hasta noviembre de 2014 el BCV ha transferido a la compañía petrolera Bs. 664.000 millones[vi], sin que haya aumentado la producción. Esta política de expansión monetaria, lejos de estimular la economía generó una mayor presión sobre los precios, apreciación del tipo de cambio real y agotamiento de las reservas internacionales. En consecuencia, las reformas a la ley del BCV no arrojaron los resultados esperados.

De hecho, uno de los factores que más ha propagado la inflación ha sido la emisión de dinero inorgánico para financiar empresas públicas deficitarias. La inyección de dinero sin respaldo en el contexto de una economía con altos índices de escasez, no hace más que erosionar el poder de compra de la moneda nacional. Cada vez hay más bolívares procurando comprar productos que se hacen más escasos. Los propios datos oficiales revelan que el financiamiento a PDVSA ha sido la principal causa de la expansión desproporcionada de la liquidez monetaria que se ha convertido en un factor propagador de la inflación. PDVSA debe sanear sus finanzas y eso pasa por sincerar tanto la tasa de cambio oficial como el precio de la gasolina, así como fijar límites inquebrantables a las operaciones que el Gobierno puede hacer con el BCV.

Para recoger el exceso de liquidez que él propio BCV genera, la autoridad monetaria ha incrementado el encaje legal, primero de 17% a 19% y luego de 19% a 20% en octubre y diciembre de 2013, respectivamente. Y nuevamente, en junio de 2014, lo elevó de 20 a 21.5%. Esto significa que los bancos deben congelar el  21,5% del dinero que captan. Obviamente, la política monetaria del BCV ha sido contradictoria. Por eso, el exceso de liquidez no ha bajado y es más el dinero sin respaldo que con una mano el BCV inyecta a la circulación doméstica, que el que saca con la otra mano a través del encaje legal. Ciertamente, un aumento del encaje de 4,5% es  poco lo que puede neutralizar ante un desmesurado aumento de la base monetaria que entre noviembre de 2013/noviembre de 2014 fue de 80 %, sin que la oferta de bienes haya crecido en la misma proporción.

Por otra parte, la relación entre tasas activas y pasivas fijadas por el BCV no contribuye a contener las presiones de demanda que generan inflación. Las  tasas de interés vigentes son negativas, no compensan la inflación, penalizan el ahorro e incentivan el consumo. Y los intentos aislados por contener la liquidez bancaria a través de restricciones sobre el crédito terminan anulados por una mayor emisión de dinero para financiar el déficit fiscal.  

Una vez que el gobierno comprenda que el auge inflacionario es la inevitable consecuencia de las emisiones de dinero inorgánico para financiar empresas públicas deficitarias, quedará claro que un paso clave para recuperar la fortaleza del bolívar, abatir la inflación y proteger los salarios tiene que ver con la recuperación de la autonomía del BCV, que sabiamente quedó plasmada en la Constitución de 1999. Un BCV más independiente podrá resistir las presiones para financiar el déficit fiscal con emisiones de dinero sin respaldo y defender de mejor manera la meta de inflación.

c)    El desequilibrio cambiario


La tasa de cambio equivale al monto de bolívares entregado por cada unidad de divisa extranjera. Así, entre dos economías normales (sin la distorsión del ingreso rentístico) la tasa de cambio suele estar determinada por sus productividades relativas, toda vez que en su proceso de intercambio comercial, lo que pasa de un país a otro son bienes y servicios que resultan de sus niveles de productividad, cuya expresión monetaria es la tasa de cambio.

Ahora bien, cuando el 95 % del ingreso en divisas proviene de una renta internacional -y no de exportar bienes con valor agregado nacional- encontrar una tasa de cambio que exprese la productividad de la economía real no es una tarea fácil. El Estado-propietario recibe unos dólares del resto del mundo que no tienen una contrapartida en el esfuerzo productivo interno, por lo que su decisión de repartirlos a través del mercado suele cumplirse a una tasa de cambio que se fija sin tener en cuenta la productividad real del aparato productivo. En consecuencia, un abundante ingreso rentístico tiende a sobrevaluar la moneda nacional. Esto se concreta en una tasa oficial barata que solo se modificará en situaciones de escasez de divisas y déficit fiscal. Por lo tanto, en la sobrevaluación de la tasa de cambio reside uno de los mecanismos más importantes para distribuir la renta petrolera en favor de los agentes económicos y sociales internos.

La sobrevaluación de la tasa de cambio permite comprar barato afuera, lo que resulta más caro adentro. A través del intercambio desigual en el mercado de divisas, el Estado transfiere la renta petrolera a quienes compran la divisa barata mientras dure la sobrevaluación de la tasa de cambio. Ante un mal manejo de la política cambiaria, el crecimiento de la agricultura e industria nacionales se ve seriamente obstaculizado. La consecuencia no deseada es la importación ventajosa de toda clase de bienes que inhiben y desplazan la producción nacional, perjudicando así el logro de los objetivos de soberanía alimentaria y productiva.

Ante la drástica caída de los precios del petróleo, el anclaje cambiario y la sobrevaluación del bolívar terminaron siendo un costoso subsidio que ya no soporta ni PDVSA ni el fisco. El régimen de cambiaos múltiples está muy distorsionado y debe ser unificado. La existencia de cuatro tasas de cambio, tres oficiales y una  paralela, estimulan la especulación cambiaria y la fuga de capitales. La sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las empresas de maletín, los “raspacupos” son estimulados por el enorme diferencial que existe entre las diferentes tasas de cambio. La tasa oficial de 6.30 Bs/$ es un verdadero manjar para los cazadores de renta que -en complicidad con funcionarios corruptos- controlan y capturan buena parte de la asignación de las divisas oficiales, sin que este subsidio cambiario se traslade al precio de venta al público. Las distorsiones del régimen de cambios múltiples impiden que el mayor porcentaje de los dólares preferenciales finalmente se traduzcan en una mayor oferta de mercancías importadas, toda vez que la abismal diferencia entre los diferentes tipos de cambios es el mayor incentivo a la especulación cambiaria y la fuga de capitales.

4.    Auge inflacionario y caotización de los precios


La inflación, a pesar de ser permanentemente maquillada y subestimada, alcanzará en 2014 el nivel más alto en los últimos 15 años, en torno al 70%, incremento muy superior al 56,3% registrado en 2013. Este auge inflacionario es la inevitable consecuencia del desmantelamiento del aparato productivo interno y de una política fiscal deficitaria que se financia con emisiones de dinero sin respaldo por parte del BCV. Al subestimar el impacto que la expansión monetaria origina en una economía signada por crecientes índices de escasez, los precios se han desquiciado. Mucho dinero detrás de pocos bienes conduce a que suban los precios. Lejos de lograr un aumento en el PIB, las políticas fiscales deficitarias lo que han hecho es atizar cada vez más la inflación. 

También ha influido en el alza de los precios una devaluación encubierta que se lleva cabo al desplazar al Sicad I y II un creciente número de rubros inicialmente presupuestados a la tasa Cencoex de 6.30 Bs/$. Las persistentes dificultades para tener acceso oportuno a las divisas a cualquiera de las tasa de cambio oficial contribuye a la certeza de que más temprano que tarde los demás rubros de Cencoex serán pasados a Sicad I y II. En estas circunstancias, el exceso de liquidez presiona la cotización del dólar en el mercado paralelo, dando origen a la perniciosa práctica de imponer el mismo como base de cálculo en el proceso de formación de precios.

En un reciente intercambio con la prensa, el Presidente Nicolás Maduro reconoció que el contrabando de extracción alcanzó el 32% de los productos importados con dólar preferencial o subsidiados por el gobierno nacional. Al referirse una vez más a la “guerra económica”, denunció que los que conspiran contra la Revolución Bolivariana pretenden “colapsar el sistema de abastecimiento de la Nación mediante actividades de acaparamiento, especulación y caotización de precios”[vii].

Si bien un proceso revolucionario siempre sufrirá la reacción de los intereses que afecta, también es necesario reconocer el impacto que han tenido los errores de política económica en la caotización y destrucción del sistema de precios relativos, lo cual se expresa en la irracional coexistencia de bienes muy baratos con otros muy caros que no permiten el intercambio de equivalentes y, por lo tanto, estimulan la especulación y el contrabando de extracción. Las más perversas distorsiones sobre el sistema de formación de precios las genera el régimen de cambios múltiples, los rígidos controles de precios y los subsidios que no llegan a la población. Expliquemos como estas desviaciones y errores de la política económica caotizan los precios.

Primero que todo es necesario entender que el gobierno venezolano, debido a la presión inflacionaria que ejerce el desequilibrio entre la pujante demanda y la rigidez de la oferta, recurre al anclaje cambiario como instrumento de política antiinflacionaria. La situación hace crisis cuando cae la renta petrolera o se retrasa la liquidación oportuna de divisas. Se activa, entonces, un mercado paralelo hacia el cual se desplaza la demanda insatisfecha, originando una creciente brecha entre la tasa de cambio oficial y la cotización de la divisa en el mercado ilegal. Esta última cotización se termina convirtiendo en la tasa de cambio que se aplica para el cálculo del precio de venta al público, incluso de los productos que se importan a la tasa de cambio oficial. Esta práctica -a todas luces especulativa-, termina anulando el efecto antiinflacionario de la política cambiaria, a la vez que asegura exorbitantes ganancias a los especuladores y corruptos que resultan favorecidos con la asignación de la divisa a la tasa preferencial, pero que defraudan a la Nación y especulan en contra del consumidor. El nefasto régimen de cambios múltiple es una verdadera tentación para los cazadores de rentas que logran capturar los dólares de Cencoex y Sicad I, pero fijan los precios con base en la cotización del dólar paralelo, obteniendo escandalosas ganancias que son el detonante de la caotización de los precios.

El control de precios también contribuye a agravar el problema, toda vez que al congelar el PVP del producto final pero dejar liberados los precios de las materias primas, insumos, maquinarias, fuerza de trabajo, etc, llega un momento en el que los crecientes costos superan a los precios controlados y, al provocar pérdidas, se desestimula la producción.

Finalmente, los millardarios subsidios a productos de la canasta básica alteraran aún más los precios relativos, lo cual estimula el contrabando de extracción, la escasez, el acaparamiento, la especulación, la corrupción y la dolarización de la economía con base en la cotización del mercado paralelo.

Al prolongar las distorsiones del régimen de cambios múltiple, los controles de precios y los ineficientes subsidios, el propio gobierno estimula los negocios fraudulentos. Son los autogoles del gobierno los que facilitan los ataques de los especuladores, contrabandistas y corruptos, lo cual está generando un creciente malestar en la población. Mientras el gobierno no corte por lo sano y corrija estas distorsiones, una y otra vez se repetirán las olas especulativas, las cuales se verán catalizadas con cada aumento salarial o pagos de aguinaldos y utilidades. Ante una creciente inflación que devora el poder adquisitivo de los salarios, las personas que viven de un ingreso fijo no quieren tener dinero y por eso se anticipan a comprar toda suerte de bienes que se revaloricen con el tiempo. Ante la expectativa de que todos los precios van a seguir subiendo se refuerzan las presiones de demanda y la consiguiente escasez sirve de caldo de cultivo para que se recrudezcan las perversas prácticas del acaparamiento y la especulación. Un nefasto círculo vicioso que solo se puede cortar si se erradica de una vez por todas los perniciosos incentivo que ofrecen la abismal brecha entre los distintos tipos de cambio, los rígidos controles de precios y los exagerados subsidios que estimulan el contrabando de extracción.

Sin lugar a dudas, el auge inflacionario y la caotización de los precios comprueban el agotamiento de los controles de cambio y de precios como instrumentos de política antiinflacionaria y anulan la tasa oficial como referente para formación de precios. Al confundir la inflación con la especulación, la caotización  del sistema de precios intentó ser combatida con controles, multas y penas de cárcel que atacan la manifestación del problema pero no erradican sus verdaderas causas, las cuales tienen que ver con las distorsiones que generan tanto el régimen de cambios múltiples, como los rígidos controles de precios y los subsidios que son las verdaderas causas del contrabando de extracción, la escasez, el acaparamiento y la especulación.

5.    El peso de la deuda externa


La caída de los precios del petróleo ha generado toda clase de rumores sobre un posible default de Venezuela. Para saber con certeza la posibilidad real de que el país incumpla sus compromisos de deuda externa, es necesario estimar el ingreso petrolero como la más importante fuente de divisas. Según su Informe de Gestión, PDVSA extrajo 2.898.000 bdp en 2013, 2.905.000 en 2012 y 2.985.000 en 2011. La producción ha venido declinando y ahora los precios del petróleo están cayendo. Para calcular el ingreso neto en divisas que recibe el país, hay que restar el consumo interno de 750.000 bdp. Al saldo de 2.148.000 se deben descontar los envíos a Cuba, PetroCaribe y Alba, equivalentes a 300.000 bdp. Y a esta nueva cifra hay que deducir las entregas a China por un mínimo de 230.000 para cubrir los tramos  A y B del préstamo y 100.000 para el tramo C; aunque según el Informe de Gestión, PDVSA realmente entregó 475.000 en 2013, 449.00 en 2012 y 415.000 en 2011. Si se restan 300.000 de los acuerdos y 330.000 de China, quedan 1.518.000 bdp para exportar. A un precio de 100 $/b por 365 días da un ingreso de $ 55 mil 400 millones. Pero a 75 $/b la cifra cae a $ 41 mil 500 millones. Si al menos se logra el precio estimado en el Presupuesto 2015, el ingresó será de $ 33 mil millones. ¿Alcanzará esta cantidad para cubrir las importaciones esenciales, cancelar la deuda interna y mantener al día los pagos de la deuda externa?. Veamos.

Existen dos tipos de bonos denominados en dólares: los bonos soberanos de la República y los bonos de PDVSA. Las amortizaciones y pagos de cupones para la deuda soberana en divisas y la de PDVSA superarán los $ 11 mil millones anuales para los próximos tres años. Para garantizar las importaciones esenciales que el Estado realiza, seguramente la deuda interna pendiente con el sector privados desde la transformación de Cadivi en Cencoex una vez más se pospondrá, sobre todo si se priorizan los pagos de la deuda externa. Las importaciones que llegaron a su máximo de $ 59 mil millones en 2012, tendrán que ser considerablemente reducidas, por debajo de $ 40 mil millones. Venezuela podría prorrogar el pago de capital emitiendo nuevos bonos para cancelar el capital que debe, lo cual liberaría cerca de $ 6 mil millones, limitándose a pagar $5 mil millones en intereses. En todo caso, los pagos por importaciones y deuda suman $ 51 mil millones, sin contar los pagos por las indemnizaciones pendientes y por los fallos del CIADI.

En diciembre de 2013 la agencia S&P rebajó la calificación de Venezuela de “B” a “B-”. Menos de un año después, volvió a rebajar la calificación de “B-” a “CCC+”, por las profundas distorsiones de la economía y la caída de los activos en dólares. Subyace en esta calificación la posibilidad real de un default, lo cual se traduce en un mayor grado de dificultad para conseguir nuevas fuentes de financiamiento externo. El incumplimiento en el pago de la deuda soberana se podría traducir en un embargo de las exportaciones de petróleo y esto podría afectar la única fuente de divisas que el país tiene.

Sin lugar a dudas, en 2015 habrá mayores restricciones en el acceso a las divisas. Esto obligará a renegociar la deuda externa en vista de que no resulta viable tener que cancelar $ 11.200 millones en servicio de la deuda externa en momentos en que se registra una drástica caída de los ingresos de divisas y la capacidad de financiamiento está prácticamente cerrada. Una opción muy cara sería colocar deuda en moneda extranjera con un interés superior el 16,0%. Como ya lo apuntamos, saldar la deuda en estas condiciones implicaría posponer el pago de la deuda privada que dejó pendiente la extinta Cadivi y sacrificar importaciones que son esenciales para reanudar el crecimiento de la economía.

6.      ¿Por qué está en crisis el neo-rentismo socialista?


El neo-rentismo socialista es un modelo de dominación que se basa en el uso intensivo de la renta petrolera para financiar la inversión social y crear una red clientelar que le sirve de apoyo social. Debido a la contracción del aparato productivo interno y su incapacidad para generar nuevos empleos al ritmo que crece la población económicamente activa, el neo-rentismo socialista tiende a acentuar el papel empleador-clientelar del Estado, el cual no logra generar un trabajo realmente emancipador y liberador, toda vez que éste queda mediatizado por la lógica opresiva del Estado burocrático que funcionariza y somete a la fuerza de trabajo. En tales circunstancias, la dominación se logra a través de un sistema de premios y castigos para asegurar la lealtad de los seguidores políticos, comprar la simpatía de grupos ambivalentes y castigar o disuadir a los adversarios.

Este modelo confunde la sociedad con el Estado. Asume que desde el entramado burocrático se representa y defiende el interés social, a pesar de las enormes contradicciones que la sociedad tiene no solo con el mercado sino también con el Estado. Al igual que el capitalismo rentístico, el neo-rentismo socialista se sustenta en el extraordinario poder político, económico y social que confiere el control de la renta petrolera.

a)    Expresiones distintas del mismo modelo de acumulación extractivista


El capitalismo rentístico y el neo-rentismo socialista son expresiones distintas del mismo modelo de acumulación extractivista. El neo-rentismo socialista funcionó a la perfección mientras los ingresos petroleros crecieron exponencialmente y resultaron más que suficientes para financiar la inversión social y alimentar los canales para distribuir la renta.

Con la reconstrucción de la OPEP, el restablecimiento de las cuotas, la recuperación de los precios del petróleo, el pago de dividendos por parte de las filiales de PDVSA y el considerable aumento de las regalías, el abundante ingreso fiscal de origen postergó la necesidad de aumentar la presión fiscal sobre el sector privado. Pero con el estancamiento de la producción petrolera y la caída de los precios en el mercado internacional, este modelo nuevamente ha entrado en crisis.

En lugar de ahorrar en tiempos de bonanza para encarar los tiempos de escasez, el neo-rentismo socialista se sustentó en una política fiscal pro-cíclica con aumentos del gasto público cada vez que aumenta el ingreso petrolero y recortes presupuestarios cuando cae el ingreso. Con el descalabro de los precios del petróleo este modelo ha entrado en crisis y ya no puede sostenerse.

b)   De la cultura rentista a la cultura del trabajo


En circunstancias de restricciones económicas y presupuestarias como las que plantea la actual caída de los precios del petróleo, el gobierno ya no puede seguir gastando igual ni mantener cuantiosos subsidios a empresas estatales que no son estratégicas.

Resulta escandaloso que en empresas públicas secuestradas por el burocratismo y donde se reproducen los mismos conflictos obrero-patronales de la IV República, se cancelen millardarias sumas de dinero por concepto de bonos de productividad y hasta dividendos, cuando lo que arrojan son cuantiosas pérdidas. Esa práctica, lejos de expresar valores socialistas, revela la mentalidad rentista que espera que todo lo pague el petróleo. Semejante desviación del neo-rentismo socialista solo podrá superarse a través de nuevas formas de propiedad social bajo el control de los trabajadores directos y de la comunidad organizada.

Superar sin traumas el neo-rentismo socialista implica avanzar de la estatización a la socialización de la propiedad para generar un verdadero trabajo emancipador y liberador. Este es el mejor incentivo para mejorar el desempeño en esas empresas cuyos nuevos propietarios-accionistas serían los trabajadores en asociación con el capital privado, para así fortalecer su gerencia, dignificar el trabajo y transformar la cultura rentista que pretende vivir de ingresos que no son fruto del esfuerzo productivo, en una nueva cultura sustentada en el valor del trabajo, y no en las dádivas o prebendas.

7.    El margen de maniobra


2015 comenzó con un anuncio que sugiere el inicio de la corrección de una serie de distorsiones que -en el contexto de las restricciones presupuestarias que surgen del descalabro de los precios del petróleo- el país ya no puede prolongar ni soportar. El presidente Nicolás Maduro autorizó reactivar 71 peajes que serán administrados por las gobernaciones. Esta decisión comenzará con el cobro del peaje a los vehículos de carga y se espera que luego sea extendida a los particulares, pudiendo quedar exonerado el transporte público

La orden de reactivar los peajes en las principales vías del país revoca una decisión tomada por el Presidente Chávez en 2008, y puede ser el inicio de la corrección de una serie de distorsiones heredadas por el Presidente Nicolás Maduro, entre las  cuales se destacan el anclaje cambiario, el presupuesto paralelo a través de Fonden, el financiamiento del déficit fiscal por parte del BCV, el subsidio a la gasolina y los rígidos controles de precios que desincentivan la producción y los convenios de cooperación energética.

a)    Revisar PetroCaribe y acuerdos de cooperación energética


En un contexto de restricciones presupuestarias, Venezuela no puede prolongar acuerdos que amenazan la gobernabilidad económica. Esto emplaza a adecuar los acuerdos de cooperación energética, tal como ya se hizo con el Fondo Chino. Como los pagos a China fueron contemplados a precio de mercado y la caída de  los precios obligaba a entregar una mayor cantidad de petróleo, para mitigar este impacto a finales del año 2014 se anunció la eliminación del cupo en barriles y la prolongación del plazo para pagar.

Con este mismo propósito debería procederse a la revisión de los demás acuerdos de cooperación energética. Si asumimos que en 2015 PDVSA vende a 90 días el mismo volumen de 300.000 bdp a un precio de 70-80 $/b, el cobro anticipado pudiera generar un ingreso aproximado de $ 9 mil millones. Pero, si mantiene el mismo subsidio y financia el 60% a 15-20 años de plazo, recibirá en efectivo menos de $ 4 mil millones, lo cual es sencillamente insostenible en el actual contexto de restricciones económicas y presupuestarias. Compensar la caída de los precios del petróleo para evitar un déficit fiscal aún mayor pasa por adecuar los convenios de cooperación energética a las nuevas circunstancias de restricciones presupuestarias. No se trata de interrumpir el suministro sino de cobrar en 90 o 120 días la factura petrolera que se financia a 15-20 años de plazo

b)   Promoción de la inversión extranjera


Si un lado bueno tiene la caída de la renta petrolera es que obliga a volver la mirada hacia un modelo económico sustentado en la agricultura, industria y construcción como los sectores que proveen los bienes que resultan imprescindibles a la hora de satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la sociedad.

La precariedad actual del aparato productivo interno ofrece a su vez enormes oportunidades para promover la inversión extranjera asociada a la transferencia de tecnología, la formación del capital humano, la asistencia técnica a las Pymes venezolanas y la transformación de las abundantes fuentes de materias primas e insumos básicos en productos de mayor valor agregado que sustituyan ese enorme volumen de importaciones y, además,  diversifiquen la oferta exportable para reducir la dependencia del ingreso petrolero.

Las medidas para promover inversiones que permitan la reactivación productiva traerán al debate la revisión del marco legal, particularmente las leyes del Trabajo, Precios Justos, Antimonopolio e, incluso, la ley del BCV. Particular atención habrá que darse a la Ley de Promoción de Inversiones.

Venezuela cuenta con un enorme potencial para sanear su economía. A medida que se transforme la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo exportador, la dinámica interna se hará menos dependiente del reparto de la renta petrolera.

c)    Escasez de divisas: oportunidad para Industrializar


La caída de los precios del petróleo, al agudizar la escasez de divisas, es al mismo tiempo una enorme oportunidad para relanzar la industrialización de la economía venezolana. Ya no se cuenta con la abundante renta petrolera que propició la sobrevaluación de la tasa de cambio y entronizó una prolongada tendencia a comprarle al resto del mundo lo que bien pudiera producirse en Venezuela. En adelante, las necesidades básicas y esenciales del consumo interno tendrán que ser cubiertas con productos nacionales.

E efecto, los problemas relacionados con la liquidación oportuna de divisas que restringen la capacidad de importación, deben ser vistos como una gran oportunidad para relanzar y reimpulsar el desarrollo industrial. No hay que esperar a que reboten los precios del petróleo y se produzca un nuevo auge de la renta, toda vez que la abundancia de dólares es lo que ha estimulado la tendencia a importar y posponer la industrialización de la economía venezolana, lo cual se expresa en la inercia de comprarle al resto del mundo los productos agrícolas e industriales que pudieran generarse internamente.

Una vez más el país sufre la paradoja de ser un país rico en materias primas pero pobre tecnológicamente para transformarlas en productos de mayor valor agregado. Impulsar la manufactura nacional es una necesidad que hoy más que nunca debemos reconocer, sobre todo si tenemos en cuenta el efecto multiplicador que el desarrollo de este sector es capaz de ejercer sobre otras actividades económicas orientadas a generar la oferta de bienes, servicios y empleos destinados a satisfacer las necesidades de nuestra sociedad. Industrializar la economía venezolana es la clave para transformar el capitalismo rentístico dependiente e importador en un nuevo modelo productivo soberano y exportador.

Pero la industrialización no puede ser un proceso que se deje en manos de la mano invisible del mercado, sino un esfuerzo bien planificado que asegure la rápida reactivación de las capacidades productivas y tecnológicas que están cerradas u operando a media máquina. En adelante, la política industrial debe ser un componente fundamental de la política económica orientada al logro de los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria y productiva. Además, es la mejor manera de generar empleos verdaderamente fructíferos, cuya remuneración tenga como contrapartida la producción de una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador, sin romper el equilibrio que se debe preservar entre la oferta y la demanda para contribuir a estabilizar los precios.

Al satisfacer la demanda interna con producción nacional se evita que los ajustes en el tipo de cambio -que encarecen el componente importado y repercuten en la estructura de costos-, desborden las presiones inflacionarias. Importante es armonizar la política macroeconómica con las políticas sectoriales, particularmente la agrícola, industrial y tecnológica. El punto de partida radica en desalentar las importaciones para favorecer la producción nacional a través de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera, una política arancelaria y tributaria que proteja el esfuerzo productivo nacional, y una gama de incentivos fiscales y financieros para la inversión productiva y el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas e innovativas.

En Venezuela, la industrialización está llamada a ser la fuerza motriz para impulsar la transformación de una economía rentista, que poco produce y casi todo lo importa, en una nueva economía independiente y soberana. Es la única estrategia posible para transformar el modelo primario-exportador que nos condenó a ser exportadores de petróleo y materias primas, en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente importaciones, diversificar la oferta exportable y, de esta manera, ahorrar y generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.

Los países que han alcanzado un creciente grado de bienestar social han reconocido la importancia de la industria como la fuerza motriz del desarrollo económico. En su proceso de transformación productiva, el crecimiento del sector manufacturero con frecuencia ha sido mayor que la velocidad de crecimiento del PIB, convirtiéndose así en el sector dinamizador del desarrollo económico, lo cual se expresa en un aumento del grado de industrialización, es decir, de la contribución de la industria en la conformación del PIB, en comparación con el aporte de los demás sectores económicos. Según los indicadores internacionales, un país ha logrado su grado de industrialización cuando el sector manufacturero aporta al menos el 20% del PIB. En Venezuela la industria contribuye con apenas el 13 %. Sin lugar a dudas, este el gran reto que el país tiene plateado para superar los problemas de desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar generan en la población. 

8.    La economía al mando


El Presidente Nicolás Maduro anunció que en 2015  le dará prioridad a la atención del área económica[viii]. Tal es la gravedad de la crisis económica actual que la anterior idea de priorizar la política por encima de la economía empieza a ser sustituida por la importancia que el Primer mandatario ahora reconoce a la economía.

El propio Presidente anunció al país su decisión de delegar las demás áreas de gobierno para concentrase en la atención de la problemática económica. Con esta sentencia reconoce que la economía ha pasado a ser la restricción que no era en los tiempos de abundante renta petrolera. El dato ahora es la economía y la variable que se va a ajustar es la política.

Y no podía ser de otra manera. En esta nueva crisis de la economía rentista, la oferta de dólares ya no crece a una velocidad mayor que la demanda de divisas. La otrora abundante renta petrolera se ha tornado en una severa escasez de divisas y esto sentencia el descalabro del modelo rentista que todo lo resolvió a fuerza de petrodólares. Estimular la inversión nacional y extranjera para reactivar la economía obligará a una revisión y adecuación del rígido sistema de controles que inhibió la producción nacional. Solo una nueva lógica de inversión productiva generará trabajo digno, estable y bien remunerado que es la mejor manera de ganarle la batalla al desempleo, la pobreza y la exclusión social.

a)    Ajuste económico en un año electoral


2014 fue uno de los pocos años en los que no hubo elecciones ni de presidente, ni de gobernadores, ni de alcaldes, ni de parlamentarios. Un ambiente político despejado era el mejor viento a favor para recuperar el clima de sana gobernabilidad que conviene al interés nacional. Pero se fue el año 2014 y no se tomaron las medidas necesarias para recuperar los equilibrios macroeconómicos que se necesitan para reactivar la economía.

En 2015 habrá elecciones parlamentarias. Adoptar medidas para estabilizar la economía en medio de un ciclo electoral resulta complejo por el costo político que se le atribuye. La creencia limitante es que a los ajustes macroeconómicos, a las medidas de cambio estructural y a la erradicación de las prácticas clientelares, se les atribuye un costo político que el gobierno no está dispuesto a pagar en la antesala de las elecciones parlamentarias. Así, la racionalidad económica queda subordinada a la lucha por el poder. Ganar las elecciones presidenciales, parlamentarias  o regionales siempre será la prioridad. Si se pierden los comicios, otros serán los que controlen el reparto y uso de la renta.

Pero no ajustar la economía empeorará los problemas de escasez, acaparamiento y especulación. Ante la evidencia cada vez más clara de que estos flagelos son causados por los errores de política económica, los mismos no podrán seguir siendo atribuidos a la “guerra económica”. Eso ya no es creíble por la población y el gobierno no debería insistir más en ese pretexto, a riesgo de provocar una crisis de gobernabilidad con un creciente descontento social que en cualquier momento puede explotar. Las descomunales colas en los supermercados en enero confirman el agotamiento de los inventarios y sentencian el colapso de los controles de cambio y de precios. Los anaqueles solo podrán llenarse si se corrigen las distorsiones macroeconómicas y se aplica una eficaz política de reactivación industrial que permita compensar lo que ya no se puede importar.

b)   Del asistencialismo rentista al esfuerzo productivo


En la primera etapa de la política social bolivariana prevaleció una orientación asistencialista, toda vez que resultaba urgente desactivar la bomba de tiempo social heredada de la IV República. La inversión social de la renta petrolera permitió aliviar los estragos de la pobreza, pero sin tener muy claro que las compensaciones tendrían un carácter temporal ni que deberían ser sustituidas por nuevos programas orientados a profundizar la inserción de la población pobre y excluida al sistema educativo y de capacitación productiva.

La clave de una política social que contribuya a transformar la mentalidad rentista en una nueva cultura del trabajo radica en transformar las asignaciones permanentes y sin condiciones en un incentivo temporal, sujeto al logro de metas para  elevar el nivel educativo y la capacitación técnica, como fundamento para el desarrollo de proyectos productivos que hagan posible la inserción de los excluidos en la construcción de un nuevo modelo productivo liberador. El poco peso de la economía social en el PIB y en la Población Económicamente Activa indica que la política social de carácter asistencialista y compensatoria no ha contribuido a este propósito. Esto impone una profunda revisión y rectificación de una política social que, si bien ha aliviado las condiciones de los hogares pobres a través de una amplia gama de gratuidades y subsidios, no ha erradicado las causas estructurales que generan desempleo, pobreza y exclusión social.

c)    Reinvención de las misiones sociales  


La política social asistencialista y compensatoria no ofreció antes, ni podrá ofrecer nunca, una solución estructural a la problemática del desempleo, la pobreza y la exclusión social. La prolongación incondicional de las compensaciones, lejos de erradicar sus causas, por el contrario exacerban la cultura rentista que pretende vivir indefinidamente de ingresos que no son fruto del trabajo. Las medidas compensatorias crean inercias que condicionan su evolución a largo plazo y las asignaciones se vuelven “derechos inalienables”, comprometiendo cuantiosos recursos que tendrían mejores resultados si fuesen destinados a la capacitación técnica y al financiamiento de proyectos productivos.

La reinvención de las misiones sociales implica que la compensación se mantendrá pero será coyuntural e irá desapareciendo a medida que el aumento del nivel educativo, la capacitación técnica y el financiamiento a proyectos productivos faciliten la inclusión social en el sistema económico, de tal forma que los favorecidos dejen de depender de las asignaciones de las misiones y puedan satisfacer sus necesidades a partir de su propio esfuerzo productivo. A través de la creación de millares de empresas comunales y de propiedad social, bajo el control de los trabajadores y la comunidad, se facilitará la incorporación de los excluidos en la producción de los bienes y servicios que resultan imprescindibles para satisfacer sus necesidades básicas y esenciales.

De allí la importancia de repensar y reinventar las misiones que nacieron con una orientación asistencialista y compensatoria para impulsar su salto cualitativo, cuyo nuevo principio rector debe ser: “De cada quien según su capacidad y a cada cual según su trabajo”. A la luz de este principio socialista, las asignaciones quedarán condicionadas al logro de metas en materia de estudio y capacitación técnica, superando la cultura rentista que pretende vivir de ingresos que no son fruto del esfuerzo productivo y así abrirle paso a una nueva cultura sustentada en el valor del trabajo.




 
NOTAS
[i] http://www.bcv.org.ve/Upload/Comunicados/aviso301214.pdf
[ii] http://www.bcv.org.ve/Upload/Comunicados/aviso301214.pdf
[iii] http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/politicas-publicas/fitch--economias-de-venezuela-y-argentina-seguiran.aspx
[iv] http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/mercados/moodys--desajuste-fiscal-de-venezuela-no-plantea-r.aspx
[vi] http://www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp
[vii] http://www.correodelorinoco.gob.ve/caracas/maduro-si-se-rompen-fronteras-racionalidad-iremos-al-pueblo/

lunes, 12 de enero de 2015

Gobierno y oposición: polaridad invertida


Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

Tanto en el discurso económico del gobierno como en el de la oposición, pareciera que el razonamiento está al revés. A las medidas que tienen un efecto positivo para sanear la economía se les atribuye un impacto negativo, y así la inacción sigue siendo la única decisión.

A lo largo de varios años escuchamos a la oposición criticar un régimen cambiario que estimula importaciones baratas que desplazan la producción nacional. La oímos  cuestionar el precio de la gasolina que atiza un consumo irracional y el contrabando de extracción. Criticaron un control de precios que -al rezagarse en comparación con los costos-, condena a sus empresas a sufrir pérdidas que desestimulan la producción y generan los problemas de escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar despiertan en la población. Pero esa misma oposición que una y otra vez exigió la corrección de las distorsiones cambiarias, fiscales, monetarias y de precios, tan pronto como el gobierno anunció su disposición de tomar medidas correctivas, dio un viraje de 180 grados y se dedicó a desvirtuar las medidas que hasta hace nada exigían, acusando al gobierno de estar preparando un “paquetazo rojo” que empobrecería a la Nación.

Al gobierno le ha faltado una eficaz campaña comunicacional para explicarle al país la conveniencia de las medidas que hoy resultan más que obvias para normalizar el funcionamiento de la economía. Atrapado en sus creencias limitantes, le atribuye un costo político a los correctivos que más bien pudieran potenciar su opción de triunfo en las próximas elecciones parlamentarias. En consecuencia, mantiene un régimen de cambios múltiples que es aprovechado por los especuladores y corruptos que andan a la caza de los dólares baratos de Cencoex y Sicad I para luego venderlos más caros en el paralelo; mantiene un precio de la gasolina que arruina a Pdvsa y es el principal incentivo al contrabando de extracción de más de 100 mil barriles diarios; y, refuerza un ineficaz control de precios de productos esenciales que no se consiguen porque nadie los produce a un precio menor que lo que cuesta fabricarlos.

El 70 % del PIB está bajo control del empresariado privado que mayoritariamente simpatiza con la oposición, mientras que los trabajadores se identifican con la acción gubernamental. Sanear la economía para reactivar la producción y derrotar la inflación conviene a ambos, pero requiere un acuerdo básico entre gobierno y oposición. Así como la batería de un carro tiene una polaridad que debe respetarse para evitar un corto-circuito, si el gobierno y la oposición se empeñan en colocarse los cables auxiliares al revés –con la crítica negativa a medidas que tendrían un impacto positivo- se prolongará la inacción que no deja corregir las distorsiones macroeconómicas ni reactivar el aparato productivo.

La oposición juega a la inacción para llevar al gobierno a perder las elecciones parlamentarias y presidenciales. Pero esta polaridad invertida no va a dañar la batería de un vehículo, sino los mecanismos básicos de funcionamiento de la economía nacional. Ante el creciente deterioro de la situación económica, un eventual gobierno de la oposición se vería obligado a tomar -en el primer mes-, medidas tan antipopulares que provocarían una crisis de gobernabilidad de enormes proporciones que les impediría mantenerse en el poder.

Reactivación de los peajes y corrección de errores cometidos

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

2015 comenzó con un anuncio que sugiere el inicio de la corrección de una serie de distorsiones que -en el contexto de las restricciones presupuestarias que surgen del descalabro de los precios del petróleo- el país ya no puede soportar. El presidente Nicolás Maduro autorizó reactivar 71 peajes que serán administrados por las gobernaciones. Esta decisión comenzará con el cobro del peaje a los vehículos de carga y se espera que luego sea extendida a los particulares, pudiendo quedar exonerado el transporte público

En 2008 se eliminó el cobro de peajes alegando que muchos no cumplían con la distancia mínima entre ellos, que no había una vialidad alterna y gratuita, y que la recaudación no cumplía con mantener las vías en adecuadas  condiciones. Al perder los gobiernos regionales esa fuente de ingresos para mantener el sistema vial, se esperaba que el Gobierno central asumiera su mantenimiento. Pero en los paseos que hicimos en los días de asueto navideño pudimos comprobar que las vías siguen llenas de huecos, sin iluminación, señalización, ni los servicios básicos que requiere el usuario. 

Gratuidades indebidas y cultura rentista

En un país cuyos ingresos fiscales no reciben el torrente de una renta por la exportación de un recurso natural, el mantenimiento de la infraestructura vial se financia con los  peajes. Y esto no es nada nuevo. Desde la época colonial y luego en la República, los caminos para tropas y carretas se construían bajo el régimen de concesión y se cobraba un  peaje por el paso de bestias de carga y de personas. Por eso, el anuncio de reactivar los peajes debe regir para todos los vehículos, y no solo para el transporte de carga pesada. En todo caso, éste debe pagar mayores tarifas por ser el que más deteriora el asfalto de las vías, lo cual permitirá aplicar mecanismos de control de peso y altura de los camiones de carga, en función de minimizar los daños a la infraestructura vial.

Es propio de la cultura rentista exigir mejores vías con todos los servicios, sin mostrar la más mínima voluntad de contribuir en algo con su mantenimiento. Si realmente se quiere mejorar la infraestructura del tránsito terrestre a lo largo y ancho del territorio nacional, todos los usuarios estamos llamados a asumir la corresponsabilidad en el mantenimiento de las vías que a diario usamos. Solo así podremos tener vigilancia, zonas de atención a los usuarios, servicios de grúas, sanitarios higiénicos, ambulancia, etc. Ya todo no lo puede seguir pagando el petróleo y debemos contribuir a generar los recursos necesarios para mantener en buen estado las vías. Es así como se construye una sociedad solidaria, basada en los principios de cooperación y reciprocidad.

Corrección de errores

La orden de reactivar los peajes en las principales vías del país revoca una decisión tomada por el Comandante Chávez en 2008, y puede ser el inicio de la corrección de una serie de distorsiones heredadas por el Presidente Nicolás Maduro, entre las  cuales se destacan el anclaje cambiario, el presupuesto paralelo a través de Fonden, el financiamiento del déficit fiscal por parte del BCV, los rígidos controles de precios que desincentivan la producción y los convenios de cooperación energética.

Mientras el país contó con un abundante ingreso en divisas, la demanda que no fue capaz de satisfacer el aparato productivo se cubrió con importaciones a una tasa de cambio sobrevaluada. A la larga, el anclaje cambiario incentivó toda clase de importaciones baratas que desplazaron la producción nacional. Pero al desplomarse los precios del petróleo el país ya no tiene la misma capacidad para importar. Esta restricción nos sorprende con un aparato productivo contraído, el cual habrá que reactivar para compensar la escasez de productos importados. De lo contrario, la mayor demanda derivada de los aumentos salariales, al no tener su respaldo en el aumento de la oferta nacional, desquiciará aún más los precios.

De nada vale congelar por varios años los precios del producto final si los precios de las materias primas, insumos, maquinarias y fuerza de trabajo no dejan de aumentar. Llega un momento en que los costos de producción superan y dejan atrás los precios controlados, generando pérdidas al productor. Y como nadie produce para perder, esto desincentiva la producción agravando la problemática del desabastecimiento, escasez, especulación e inflación.

Un factor propagador de la inflación es la práctica instaurada a partir de la reforma de la Ley del BCV de financiar el déficit fiscal con emisiones de dinero sin respaldo por parte del BCV. Esto también debe ser corregido ante la tentación que representa la caída del ingreso fiscal petrolero y la menor recaudación de ISR en 2015, debido a la contracción del PIB. Antes que seguir sacrificando ingresos fiscales al vender el 90% del presupuesto en divisas a tasas de Cencoex y Sicad I, el fisco puede obtener más recursos si unifica a 35 Bs/$ el actual régimen de cambios múltiples que degeneró en un perverso incentivo a la especulación y la corrupción. Así, en lugar de aumentar la liquidez, más bien retiraría bolívares de la circulación, aliviando presiones de demanda y sobre el paralelo. Esto desaceleraría la inflación y favorecería la preservación del salario real.

Compensar la caída de los precios del petróleo para evitar un déficit fiscal aún mayor pasa por adecuar los convenios de cooperación energética a las nuevas circunstancias de restricciones presupuestarias. No se trata de interrumpir el suministro sino de cobrar en 90 o 120 días la factura petrolera que se financia a 15-20 años de plazo. Otro error que hay que corregir es el de los millardarios subsidios que caotizan los precios al dejarlos muy por debajo de su verdadero costo de producción, lo cual termina siendo el verdadero incentivo al contrabando de extracción de gasolina, alimentos y medicinas.

Escasez de divisas e industrialización nacional

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

La caída de los precios del petróleo, al agudizar la escasez de divisas, es al mismo tiempo una enorme oportunidad para relanzar la industrialización de la economía venezolana. Ya no se cuenta con la abundante renta petrolera que propició la sobrevaluación de la tasa de cambio y entronizó una prolongada tendencia a comprarle al resto del mundo lo que bien pudiera producirse en Venezuela. En adelante, las necesidades básicas y esenciales del consumo interno tendrán que ser cubiertas con productos nacionales.

Escasez de divisas: ¿amenaza u oportunidad?

La tarea de conformar una nueva economía sustentada en los ingresos que pueda generar la actividad productiva interna y así superar la tradicional dependencia del ingreso petrolero, todavía sigue pendiente. Los problemas relacionados con la liquidación oportuna de divisas que restringen la capacidad de importación, deben ser vistos como una gran oportunidad para relanzar y reimpulsar el desarrollo industrial. No hay que esperar a que reboten los precios del petróleo y se produzca un nuevo auge de la renta, toda vez que la abundancia de dólares es lo que ha estimulado la tendencia a importar y posponer la industrialización de la economía venezolana, lo cual se expresa en la inercia de comprarle al resto del mundo los productos agrícolas e industriales que pudieran generarse internamente.

La caída de los precios del petróleo y la escasez de divisas en la que se traduce, plantea nuevamente el reto de industrializar la economía venezolana. Una vez más el país sufre la paradoja de ser un país rico en materias primas pero pobre tecnológicamente para transformarlas en productos de mayor valor agregado. Impulsar la manufactura nacional es una necesidad que hoy más que nunca debemos reconocer, sobre todo si tenemos en cuenta el efecto multiplicador que el desarrollo de este sector es capaz de ejercer sobre otras actividades económicas orientadas a generar la oferta de bienes, servicios y empleos destinados a satisfacer las necesidades de nuestra sociedad. Industrializar la economía venezolana es la clave para transformar el capitalismo rentístico dependiente e importador en un nuevo modelo productivo soberano y exportador.

La política industrial en la agenda económica

La industrialización no puede ser un proceso que se deje en manos de la mano invisible del mercado, sino un esfuerzo bien planificado que asegure la rápida reactivación de las capacidades productivas y tecnológicas que están cerradas u operando a media máquina. En adelante, la política industrial debe ser un componente fundamental de la política económica orientada al logro de los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria y productiva. Además, es la mejor manera de generar empleos verdaderamente fructíferos, cuya remuneración tenga como contrapartida la producción de una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador, sin romper el equilibrio que se debe preservar entre la oferta y la demanda para contribuir a estabilizar los precios.

Al satisfacer la demanda interna con producción nacional se evita que los ajustes en el tipo de cambio -que encarecen el componente importado y repercuten en la estructura de costos-, desborden las presiones inflacionarias. Importante es armonizar la política macroeconómica con las políticas sectoriales, particularmente la agrícola, industrial y tecnológica. El punto de partida radica en desalentar las importaciones para favorecer la producción nacional a través de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera, una política arancelaria y tributaria que proteja el esfuerzo productivo nacional, y una gama de incentivos fiscales y financieros para la inversión productiva y el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas e innovativas.

Reindustrializar la economía


En Venezuela, la industrialización está llamada a ser la fuerza motriz para impulsar la transformación de una economía rentista, que poco produce y casi todo lo importa, en una nueva economía independiente y soberana. Es la única estrategia posible para transformar el modelo primario-exportador -que impusieron las grandes potencias y nos condenó a ser exportadores de petróleo y materias primas-, por un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente importaciones, diversificar la oferta exportable y, de esta manera, ahorrar y generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.

Los países que han alcanzado un creciente grado de bienestar social han reconocido la importancia de la industria como la fuerza motriz del desarrollo económico. En su proceso de transformación productiva, el crecimiento del sector manufacturero con frecuencia ha sido mayor que la velocidad de crecimiento del PIB, convirtiéndose así en el sector dinamizador del desarrollo económico, lo cual se expresa en un aumento del grado de industrialización, es decir, de la contribución de la industria en la conformación del PIB, en comparación con el aporte de los demás sectores económicos. Según los indicadores internacionales, un país ha logrado su grado de industrialización cuando el sector manufacturero aporta al menos el 20% del PIB. En Venezuela la industria contribuye con menos del 14 %. Sin lugar a dudas, este el gran reto que el país tiene plateado para superar los problemas de desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar generan en la población.  @victoralvarezr

Contradicciones entre el Plan de la Patria y la OPEP

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias

La amenaza de división acecha nuevamente a la Opep. La caída de los precios del petróleo golpea los ingresos de países miembros de la organización, sobre todo a Venezuela, Irán, Irak, Nigeria que, agobiados por sus déficits fiscales y próximos pagos de deuda, requieren acciones urgentes para lograr que el precio del crudo vuelva otra vez a 100 $/barril. Pero Arabia Saudita -país que cuenta con suficientes reservas en divisas para soportar la caída de los precios-, es partidario de dejar que sea el mercado quien los restaure, en lugar de recortar la producción.


En materia de política petrolera, el objetivo cardinal del gobierno bolivariano ha sido reivindicar precios más justos para el petróleo, lo cual suele ir a contrapelo de maximizar la extracción del crudo. Habría que preguntarse, entonces, si el Objetivo N° 3 del “Plan de la Patria” -en el cual se propone elevar la explotación de petróleo de 3,3 a 6 millones de barriles diarios para el año 2019-, entra en contradicción con la lógica del mercado petrolero, donde el aumento de la producción generalmente provoca una baja en los precios y viceversa.

Controlar los volúmenes de producción es la mejor manera de defender un nivel alto para los precios del petróleo. Por lo tanto, duplicar la extracción puede inducir a los demás países de la OPEP a aumentar su producción, provocando así una sobreoferta de crudos que pudiera hundir los precios. Esto significaría retroceder al tiempo en que los países miembros resquebrajaron su disciplina de cuotas, aumentaron unilateralmente la producción y provocaron una sobreoferta que deterioró por largos años los precios internacionales del petróleo.

El círculo vicioso del rentismo

Nadie puede cuestionar la importancia de haber recuperado la soberanía de los recursos naturales para reorientar la renta petrolera en función de derrotar los terribles flagelos del desempleo, la pobreza y la exclusión social. Pero también es necesario reconocer que el rentismo sigue siendo el sostén económico del gobierno bolivariano, tal como lo fue en la IV República. En esencia, se mantiene el círculo vicioso del rentismo.

En efecto, el control de la producción ha sido una apuesta de Venezuela para fortalecer la OPEP, recuperar los precios del petróleo y aumentar la renta. No ha sido para superar el modelo extractivista y transformar la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo exportador. La posibilidad real de transitar hacia el post-extractivismo implica desplegar el potencial de otras actividades productivas que compensen lo que el país dejaría de percibir, si decide disminuir el ritmo de extracción petrolera.

Duplicar la extracción de petróleo puede exacerbar las patologías del rentismo. Ante cada auge de los precios del petróleo hay un auge del consumo, la abundancia de divisas conduce a la sobrevaluación de la moneda y esto hace que sea más fácil y rentable importar que producir. Esta práctica se ve acentuada por la política de anclaje cambiario que tiende a congelar el precio de la divisa por varios años, lo cual se traduce en un subsidio del dólar y, en consecuencia, a las importaciones que se hacen con un dólar oficial barato. Los productores se transforman en importadores y la creciente e indetenible tendencia a importarlo todo castiga y desplaza a la producción nacional.

Superar la ilusión de prosperidad


Venezuela arrastra una arraigada cultura rentista y vive atrapada en una reiterada promesa de desarrollo y bienestar, según sea el destino que se le imprima a la renta petrolera. La ilusión de riqueza y prosperidad que la cultura rentista implanta en el imaginario de la gente se exacerba cuando se certifican las reservas más grandes del mundo, las cuales pueden ser explotadas durante siglos. Esto brinda una sensación de autosuficiencia que refuerza la cultura extractivista-rentista-consumista y posterga los esfuerzos por construir un modelo productivo que asegure la independencia y soberanía económica.

La mentalidad extractivista-rentista sigue siendo una constante no solo en las élites gobernantes, sino también en el movimiento empresarial y en la mayoría de la población. Empresarios, trabajadores y consumidores pugnan por capturar la mayor tajada de la renta petrolera, con el fin de lograr un ingreso superior al que en rigor les corresponde por su propio esfuerzo productivo. Todos reclaman “su gotica de petróleo”.

El extractivismo petrolero es el sustento financiero tanto del capitalismo rentístico como del neorrentismo socialista. Pero en ambos casos la inercia extractivista resulta absolutamente funcional a la lógica de dominación que impera en las viejas y nuevas potencias. Ayer fueron los EE.UU, hoy es China, ambos necesitados de proveedores seguros de materias primas y recursos energéticos. Con nuevos argumentos que ocultan la vieja forma de inserción dependiente a la economía internacional, hoy se pretende justificar la profundización del extractivismo. Como ahora se trata de obtener los cuantiosos recursos que se necesitan para aumentar la inversión social, se plantea profundizar el modelo extractivista para que todo lo pague el petróleo. Así seguiremos condenados a entregar recursos naturales a los grandes centros industrializados y potencias emergentes, en lugar de concentrar los esfuerzos en superar la cultura rentista que después de un siglo ha demostrado su incapacidad para erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.

Perspectivas económicas 2025

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias
Precios del petróleo relativamente bajos dominarán la escena económica durante 2015. Debido al auge inflacionario y la restricción de divisas, resulta difícil que la expansión fiscal sea suficiente para reactivar la economía sin provocar más inflación. La disminución de los ingresos fiscales,  la propensión a financiarlo con emisiones de dinero inorgánico, reservas internacionales en el piso, la brecha cambiara que estimula la especulación y la corrupción, los pagos de deuda externa, la destrucción del sistema de precios relativos, el desplazamiento del aparato productivo por más de una década de importaciones subsidiadas y por los rígidos controles de precios son los grandes retos que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro tendrá que encarar en el año 2015.  

El problema que más agobia a las familias venezolanas es la inflación que devora el poder de compra del ingreso familiar. Una verdadera revolución en 2015 sería derrotar la inflación y así revertir la distribución regresiva del ingreso que origina el ascenso de los precios. Los salarios no aumentan a la par de la inflación y mientras se logra un aumento, parte del ingreso de quienes viven de un ingreso fijo es transferido al capital, que es quien realmente controla los precios.

La tarea es difícil pero no imposible. Comienza por distinguir las causas de los factores propagadores de la inflación. El gobierno destaca la recuperación del consumo en los hogares a través de más 20 aumentos de sueldos en 15 años, el subsidio a los servicios públicos y las gratuidades de las misiones sociales. Efectivamente, la combinación de esos factores ha fortalecido el consumo privado, que ha llegado a una ser una fuerza motriz de la actividad económica tan importante como el gasto público. Para que el fortalecimiento de la demanda privada no cause inflación, es necesario que tenga su debido respaldo en un aumento equivalente de la oferta de bienes y servicios.

Mientras el país contó con un abundante ingreso en divisas, la demanda que no fue capaz de satisfacer el aparato productivo se cubrió con importaciones a una tasa de cambio sobrevaluada. A la larga, el anclaje cambiario incentivó toda clase de importaciones baratas que desplazaron la producción nacional. Pero al desplomarse los precios del petróleo el país ya no tiene la misma capacidad para importar. Esta restricción nos sorprende con un aparato productivo contraído, el cual habrá que reactivar para compensar la escasez de productos importados. De lo contrario, la mayor demanda derivada de los aumentos salariales desquiciará aún más los precios.

Un factor propagador de la inflación es el déficit fiscal y la propensión a financiarlo a través del BCV. La caída del ingreso fiscal petrolero y una menor recaudación de ISR en 2015, debido a la contracción del PIB, sentencian un déficit fiscal no menor a 18% del PIB. Antes que seguir sacrificando ingresos fiscales al vender el 90% del presupuesto en divisas a tasas de Cencoex y Sicad I, el fisco puede obtener más recursos si unifica a 35 Bs/$ el actual régimen de cambios múltiples que ha degenerado en un perverso incentivo a la especulación y la corrupción. Así, en lugar de aumentar la liquidez, más bien retiraría bolívares de la circulación, aliviando presiones de demanda y sobre el paralelo. Esto desaceleraría la inflación y favorecería la preservación del salario real.

Caen los precios del petróleo: oportunidad para la industria nacional

Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias
La caída de los precios del petróleo es al mismo tiempo una enorme oportunidad para relanzar la industrialización de la economía venezolana. Los problemas relacionados con la liquidación oportuna de divisas que restringen la capacidad de importación, deben ser vistos como una ocasión para relanzar el desarrollo industrial. En adelante, las necesidades básicas del consumo interno tendrán que ser cubiertas con productos nacionales, toda vez que no se cuenta ya con la abundante renta petrolera que propició la sobrevaluación de la tasa de cambio y entronizó una prolongada tendencia a comprarle al resto del mundo lo que bien pudiera producirse en Venezuela.

La caída de los precios del petróleo y la escasez de divisas plantea nuevamente el reto de industrializar la economía venezolana. Esta es la clave para transformar el capitalismo rentístico dependiente e importador en un nuevo modelo productivo soberano y exportador. En adelante, la política industrial debe ser un componente fundamental de la política económica orientada al logro de los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria y productiva. Es la mejor manera de generar empleos verdaderamente productivos, cuya remuneración tenga como contrapartida la producción de una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la sociedad, sin romper el equilibrio que se debe preservar entre la oferta y la demanda para contribuir a estabilizar los precios.

El punto de partida radica en desalentar las importaciones para favorecer la producción nacional. Esto se logra a través de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera, de una política arancelaria y tributaria que proteja el esfuerzo productivo nacional, y de una gama de incentivos fiscales y financieros para la inversión productiva y el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas e innovativas.

Los países que han alcanzado un creciente grado de bienestar social han reconocido la importancia de la industria como fuerza motriz del desarrollo económico. En su proceso de transformación productiva, el crecimiento del sector manufacturero con frecuencia ha sido mayor que el crecimiento del PIB, convirtiéndose así en el sector dinamizador. Esto se concreta en un aumento del grado de industrialización, es decir, de la contribución de la industria a la conformación del PIB, en comparación con el aporte de los demás sectores económicos.
Según los indicadores internacionales, un país logra su grado de industrialización cuando el sector manufacturero aporta al menos el 20% del PIB. En Venezuela la industria contribuye con menos del 14%. Mientras la densidad industrial en Colombia es de 1,2 fábricas por cada mil habitantes, en México es 1,7 y en Argentina 1,9. En Venezuela apenas tenemos 0,25 industrias por cada mil habitantes. Aumentar la densidad industrial y su aporte al PIB es el gran reto que el país tiene plateado para superar los problemas de desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar generan en la población. Pero no hay que esperar a que reboten los precios del petróleo y se produzca un nuevo auge de la renta, toda vez que la abundancia de dólares es lo que ha estimulado la tendencia a importar y posponer la industrialización de la economía venezolana.