Víctor Álvarez R.
Premio Nacional de Ciencias
Las agencias internacionales informan que representantes del Gobierno y Oposición
venezolanas se encuentran en Noruega para discutir posibles opciones de paz. Este sorpresivo
acercamiento se produce luego de cuatro meses de creciente tensión y sugiere
que las fuerzas en pugna estarían buscando
una opción alternativa, después de reiterados fracasos de diálogo para
superar la crisis de gobernabilidad que está hundiendo a Venezuela en el caos y
la pobreza.
En la radio y televisión
estatales de Noruega, NRK, se informó que los representantes de ambos bloques se han estado reuniendo en un lugar
secreto de la capital. El ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, el
gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez, el diputado Stalin González y
los asesores Gerardo Blyde y Fernando Martínez serían los enviados para retomar
las negociaciones.
Noruega es uno de los
países europeos que se abstuvo de reconocer a Guaidó como presidente interino y
se limitó a llamar a nuevas elecciones libres en Venezuela. Tal postura ha sido
interpretada como una demostración de la voluntad de ese país nórdico para
mediar entre las partes rivales de Venezuela. En la historia reciente de
conflictos mundiales, Noruega
ha sido sede de importantes diálogos de paz y de acercamiento entre posiciones aparentemente
irreconciliables.
En Venezuela urge encontrar
una solución política y pacífica que evite el resurgimiento de la violencia que
en los últimos conflictos de 2017 dejó más de un centenar de muertos, miles de
heridos, detenidos, perseguidos, exiliados y una diáspora de venezolanos que ya
se cuenta por millones. La gran tarea de la mediación
internacional es impedir que los extremistas que buscan exterminar a su
contrario y ansían la rendición incondicional y humillante del otro, bloqueen
un acuerdo político entre Gobierno y Oposición y finalmente lleven al país a una
espiral de violencia civil que ponga en peligro la integridad del
Estado-Nación.
Cualquier gobierno que
sustituya al de Maduro recibirá un país en ruinas y, desde el inicio, tendría
que aplicar drásticas medidas para corregir los graves desequilibrios
macroeconómicos que causan la escasez e hiperinflación que azota a Venezuela.
Para aliviar el déficit fiscal y erradicar su financiamiento con emisiones de
dinero inflacionario, la nueva administración tendría que sincerar las tarifas
de electricidad, agua, gas, teléfono y peajes, lo cual No sería bien recibido
en los hogares que han visto como el ingreso familiar se vuelve sal y agua por
la voraz hiperinflación. Además, tendría que internacionalizar el precio de la
gasolina para eliminar el incentivo al contrabando de extracción; y, por si
fuera poco, reactivar el cobro de peajes para tener con qué repotenciar la destartalada
infraestructura vial.