Víctor Álvarez R. / Proyecto Pedagogía Económica y Electoral
Los
impuestos, tasas y contribuciones tienen su razón de ser en la necesidad de
dotar al Estado de recursos financieros para poder ofrecer bienes y servicios
esenciales para la sociedad que no suelen ser ofrecidos por el mercado. Sin
embargo, una presión tributaria desmesurada puede afectar el ritmo de la actividad
económica, el empleo y la distribución del ingreso.
Cuando
los gobiernos no tienen fondos suficientes para financiar su gasto, tienden a
imponer nuevos impuestos e incrementar la recaudación por encima del
crecimiento real de la actividad económica, y esto se revierte contra la
generación de riqueza y la distribución progresiva del ingreso. Los sistemas
tributarios se desvirtúan cuando se van multiplicando los impuestos, tasas,
contribuciones y aranceles para financiar un gasto público desmesurado que, en
vez de reflejarse en un mayor bienestar para las familias y empresas, generan
inflación, contracción económica y deterioro de las condiciones de vida.
Ante el colapso de la renta petrolera que antes lo pagaba todo, en Venezuela se viene conformando un sistema tributario con muchos impuestos, tasas y contribuciones especiales, cuya presión va en aumento y con una carga muy desigual que perjudica a los contribuyentes formales. Según la Sociedad Venezolana de Derecho Tributario (SVDT), las empresas realizan 200 pagos y contribuciones al año, entre las cuales figuran:

