miércoles, 20 de julio de 2011

La industrialización socialista

La desindustrialización de la economía venezolana comienza en 1988 y se acentúa en los años siguientes. En 1987 se alcanza el máximo grado de industrialización, con un aporte de la manufactura al PIB de casi 20 %. Desde entonces cae de manera ininterrumpida hasta un nivel de 15% en el año 2010.
Ni el proteccionismo a ultranza ni la apertura indiscriminada pueden ser las opciones de política indus¬trial en Venezuela. La industrialización de la economía venezolana tiene que ser un proceso planificado de rápido crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en maquinarias, equipos y bienes de consumo final, con el fin de satisfacer las crecientes demandas y necesidades de la población y la producción. Es necesario estimular un proceso eficiente de sustitución de importaciones que no pierda de vista la necesidad de exportar. La sustitución de importaciones debe proseguir, pero su modalidad debe cambiar y tornarse mucho más selectiva y programada. Los principios de selectividad, racionalidad y reciprocidad son claves para relanzar con éxito el proceso de industrialización.
Principios de la industrialización socialista 
La industrialización socialista debe basarse en un conjunto de principios rectores tales como: el impulso a nuevas formas de propiedad social; creciente inclusión social y empoderamiento popular sobre la producción de los bienes destinados a satisfacer sus necesidades básicas y esenciales; distribución equitativa de la riqueza generada a partir del esfuerzo colectivo; preservación del ambiente; desarrollo equilibrado de las regiones; complementación de capacidades y recursos en el marco de la integración latinoamericana. Esto implica asegurar:
• Un crecimiento más acelerado de la industria manufacturera que el del PIB y el crecimiento de la población: la industria como sector dinámico que impulsa el desarrollo integral.
• Un crecimiento de la producción industrial superior al crecimiento de la demanda agregada interna.
• Un aumento de la inversión extranjera para transferencia tecnológica, formación de talento humano, asistencia técnica e industrialización local.
La industrialización de Venezuela no será obra del mercado. Se requiere una intervención inteligente del Estado para acordar los objetivos que se pueden alcanzar en materia de desarrollo industrial e identificar los instrumentos más efectivos para lograrlos. Es clave la armonización de la política macroeconómica y microeconómica, comenzando por la fijación de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera.
Ni absolutismo de Estadodo ni fundamentalismo de mercado pueden ser los extremos en los que se debata el reimpulso a la industrialización. La idea de una ausencia total de intervención estatal es una con¬cepción tan absurda e irreal como la de concebir una socie¬dad donde la iniciativa privada no tenga cabida. En la construcción del socialismo venezolano, el Estado sustituye al mercado como rector del desarrollo, pero no como el principal mecanismo a través del cual se realiza la producción y la distribu¬ción. Más bien lo regula y reorienta hacia las grandes prioridades del desarrollo económico y social de la Nación.
El empresario socialista
Según el DRAE empresa significa “Acción de emprender. Acción arriesgada o de cierta dificultad en especial cuando se emprende con la intervención de varias personas. Unidad económica de producción de bienes y servicios”. Mientras que empresario lo define como “1) Director de una empresa que reúne los factores de producción y los dispone con arreglo a un plan para obtener su mejor rendimiento. 2) Propietario o contratista (…) que contrata los servicios de otras personas a cambio de una remuneración”.
En el socialismo del siglo XX, la figura del empresario fue satanizada y reducida a la del explotador del trabajo ajeno y depredador del ambiente. Con el argumento de desterrar cualquier posibilidad de restauración capitalista se prohibió y penalizó el emprendimiento particular y colectivo, inhibiendo así la creación de empresas productivas. Esto originó una permanente escasez de los bienes y servicios más elementales para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población.
El socialismo del siglo XXI no puede quedar preso de esas ideas muertas y obsoletas. Por el contrario, tiene que reconocer la importancia de promover y apoyar el desarrollo de un nuevo tipo de empresario, comprometido con la construcción de un modelo productivo diferente, en el que se erradiquen las causas estructurales del desempleo, la pobreza, la exclusión social y se preserve el ambiente para las generaciones futuras.
Diferencias entre el empresario capitalista y el empresario socialista
A diferencia del empresario capitalista que está motivado por fines de lucro, el empresario socialista está animado por su vocación de servicio y principios de cooperación y complementación. No crea nuevos productos para inducir necesidades superfluas y rendirle culto a la sociedad de consumo que confunde la felicidad y el bienestar con la riqueza material, que aliena la conciencia de los seres humanos para que vivan pendientes de la próxima moda, exacerbando el consumismo como estrategia para vender más y así ganar más. Más bien, es un líder con capacidad para planificar, organizar y dirigir con éxito la producción de los bienes y servicios que necesita la sociedad. Crea empresas de propiedad colectiva gracias al financiamiento público y otros incentivos arancelarios, fiscales, financieros y cambiarios que el Estado les concede. Son empresas de la economía social, sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida, llamadas a generar un creciente excedente, el cual no es distribuido como ganancia capitalista sino invertido como ganancia social en beneficio de los trabajadores y de la comunidad
El empresario socialista tiene conciencia política. Sabe que si no se transforma el actual modo de producción lo que está en juego es la propia vida del planeta. Por eso asume el compromiso de construir un nuevo modelo productivo sustentable, gobernado por el valor del trabajo, el esfuerzo productivo, la participación popular, con nuevas formas de propiedad social sobre los medios de producción, que incluyan pero vayan más allá de la propiedad privada y estatal como las únicas formas de propiedad. El empresario socialista es un agente de cambio, un promotor y protagonista de las grandes transformaciones que el país necesita, un constructor de la nueva sociedad.

domingo, 19 de junio de 2011

Ausente presencia

Caracas, 19 de junio de 2011

Ausente presencia:

Cuando te fuiste me invadió una culpa voraz. Me quedé con la certeza de que pude haber hecho mucho más para que no te marcharas de esa manera, que no hice todo lo que se podía. Ese día tu fatiga, tu voz estremecida y tus confusiones anunciaban ya la despedida. Pero yo no supe interpretar esas señales.

¿Por qué no supe entender tu tristeza aquella vez que te robaron buena parte del sueño por el que tanto habías luchado?. ¿Por qué no fui capaz de sentir el dolor que estalló con semejante fractura y se hizo infinito hasta aquel diciembre que pasamos juntos en Caraballeda?. Ahora que también me duelen los estragos del tiempo vengo a entender que, con tantas averías, nadie quiere ser eterno. Y así no hay nada más humano que cansarse de tanto resistir. ¡Qué distinto habría sido todo si hubiese entendido a tiempo que tu vida dejó de ser vida para transformarse en una épica de la resistencia, en una heroicidad, en una hazaña cotidiana!.

Recuerdo aquella vez que te plantee mi intención de separarme. Me dijiste que cuando uno está enamorado la pareja le parece perfecta, y lo que para otros es un defecto a todas luces, para uno es una virtud, un atributo. Me veías danzando en la euforia del enamoramiento, hechizado por el descubrimiento, hundido en la magia de la atracción y de la seducción, en el excitante desafío del miedo a ser vencido. Y te empeñabas en que el amor es otra cosa: la certeza de seguir juntos en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y la precariedad, en la fama y el anonimato, en el poder y el desamparo.

Mira, no es momento de sacar cuentas y pasar facturas, no quiero sacarte nada en cara. Al igual que tú, yo también miré para los lados, me desvié del camino y tuve mis encunetadas. No he sido un santo. Pero mientras yo ardía en la silenciosa hoguera de mi rabia, tú siempre llegabas con tu grúa de comprensión infinita, a remolcarme antes de que terminara de caer al fondo del barranco. Y así me enseñaste que perdonar es perdonarse, es liberarse de ese rencor que es un dolor supremo, un tormento que solo sana cuando quedamos libres de culpas y remordimientos, sin afanes de venganza.

Pero te cansaste y te marchaste. No me opuse, no me desesperé, ni grité. Tampoco lo acepté. Más bien, ese día me puse mi mejor traje y encontré la reserva de serenidad que hacía falta. Parecía un gerente, ocupándome de todos los detalles para que tuvieras una digna despedida. En esas circunstancias, muchos otros hacen suya nuestra pena, como si de una muerte se tratara, como si a un entierro hubiesen sido convocados.

Ya no estamos juntos para glorificar nuestras luchas cotidianas, aunque no dejo de escuchar tus proclamas: “Dios aprieta pero no ahoga”, “El momento más oscuro de la madrugada es justo antes del amanecer”, “No importa cuántas veces uno se caiga, lo importante es levantarse”. A pesar de la escasez de aquellos tiempos siempre encontraste la manera de premiar mi mejor esfuerzo, aunque a veces no lograra todo lo que me proponía. Pero también me castigaste por mis inmadureces e imprudencias. Así templaste mi carácter y aprendí a diferenciar lo malo de lo bueno, lo justo de lo injusto. Y con esas herramientas que me diste salí a caminar por la vida, creyendo en causas perdidas y otras no tan perdidas, siempre lleno de idealismo.

Quién iba a pensar que este incrédulo terminaría hablando solo contigo, como si fueran comunicaciones del más allá, encuentros cercanos de algún tipo. Pasan los años y todavía no me acostumbro a estar sin ti ¿Lo entiendes?. Quiere decir que a veces me entristece no poder hacerte cosquillas y disfrutar tus carcajadas; quiere decir que me hacen falta aquellas conversaciones sobre los grandes sucesos cotidianos; quiere decir que extraño tender mi mano y no encontrar la tuya para agarrarla y apretarla, quiere decir que aún busco tu abrazo, quiere decir que no te olvido, viejo, que no te olvido. Cuánta razón tuvo aquel amigo que al momento de darme el pésame me dijo al oído: “la muerte no llega con este viaje sino con el olvido”.

Hoy no es el día de tu cumpleaños ni un año más de tu partida, es el Día del Padre y te extraño, como te he extrañado tantos días. Pero te siento a mi lado papá, porque aunque sea de otra manera, nunca has dejado de estar conmigo

¡Siempre!

Tu hijo

Víctor

jueves, 16 de junio de 2011

Graduados para emprender

Las universidades fueron creadas para reproducir los sistemas económicos, políticos y sociales. Por eso, la universidad creada para sostener el sistema capitalista rinde culto al comportamiento individual y a la competencia de todos contra todos, tras la falsa creencia de que así todos progresarán. Considera a la competencia como la fuerza motriz del desarrollo. Cualquier comportamiento diferente, como serían la solidaridad y la cooperación, es considerado absurdo y contrario a la naturaleza humana. No conciben otra manera de organizar la actividad económica que no sea en torno al afán de lucro y a la maximización de la ganancia y rentabilidad del capital.

Para que la inclusión en la educación universitaria contribuya realmente a la construcción de una nueva sociedad, es necesario plantearse la transformación integral de la universidad. En ésta todavía se forman los reproductores de un orden económico basado en la explotación del trabajo asalariado, generador de desempleo, pobreza y exclusión social. De allí la necesidad de repensar el perfil del egresado para que sea portador de los principios de solidaridad, cooperación, complementación, reciprocidad, equidad y sustentabilidad que deben gobernar el nuevo modelo productivo que en Venezuela se construye.

El egresado de la universidad pública debe ser consciente de la diferencia entre las prioridades del capital que lo emplea y los problemas de la sociedad a la cual está llamado a servir. Una cosa es formar empresarios capitalistas y otra muy distinta es formar emprendedores socialistas que difundan nuevas relaciones sociales de producción.

La transformación universitaria en marcha tiene que plantearse un nuevo perfil del egresado universitario. No se trata de seguir graduando profesionales que salen a buscar empleo o a crear empresas guiadas por el afán de lucro, sino de emprendedores comprometidos con la tarea de crear empresas de propiedad social, cuyos excedentes -en lugar de ser repartidos como ganancia capitalista-, sean invertidos como ganancia social, contribuyendo así a la generación de trabajo estable, a la producción de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador, y al buen vivir de las amplías mayorías antes empobrecidas y excluidas.

Por todas estas razones hay que profundizar la transformación integral de la universidad y el modelo productivo e impulsar la vinculación universidad-empresa para crear ambientes productivos innovadores. Esto pasa por acordar una unidad de criterios para que la universidad comprenda y asuma su papel en la construcción de la nueva sociedad.

Conceptos como parques tecnológicos, incubadoras de empresas, empresas de base tecnológica, industrias del conocimiento no pueden ser superficialmente adoptados. En lugar de copiar, se impone construir un modelo propio, sin menoscabo de analizar los factores que explican el éxito o fracaso de otras experiencias, las cuales siempre estarán marcadas por sus propias particularidades.

Para sostener el proceso de transformación universitaria y productiva es clave: i) corresponsabilidad entre actores públicos-privados-academia para complementar la investigación-producción y construir redes de innovación que rompan las barreras culturales al cambio; ii) liderazgo y compromiso de las universidades para lograr mejoras continuas en la cantidad y calidad de la educación e investigación, creando y fortaleciendo centros de I&D; iii) reforma curricular para formar egresados con un perfil más emprendedor, dispuestos a crear empresas de la nueva economía social; iv) compromiso de la empresa de retribuir a la sociedad los apoyos públicos recibidos; v) inversión local para desarrollar el talento humano e impulsar una creciente actividad en el campo científico y tecnológico; vi) compromiso de todos los niveles de gobierno para mejorar la infraestructura de servicios y de comunicaciones que requiere el desarrollo económico del territorio.

La transformación universitaria y productiva tiene que facilitar el tránsito de la industrial intensiva en materias primas, energía y fuerza de trabajo barata hacia las nuevas industrias del conocimiento, en las cuales los factores inmateriales ligados al conocimiento y a la organización predominan sobre los factores materiales ligados a la transformación técnica de materias primas y recursos naturales. Este cambio también tiene que expresarse en nuevas formas de propiedad y organización de las relaciones sociales de producción, en la distribución territorial de las actividades económicas y en la preservación del ambiente. Es así como la nueva universidad podrá contribuir a la transformación de un sistema económico basado en la explotación del trabajo ajeno y en la depredación del ambiente por un nuevo orden económico y social basado en la cooperación, la complementación y la sustentabilidad.

viernes, 10 de junio de 2011

El espacio de la economía social

Las empresas de la economía social están llamadas a ser la célula económica fundamental del nuevo modelo productivo. Por eso, el Estado está obligado a promover su crecimiento y desarrollo a través de incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras públicas, suministro de materias primas, capacitación y asistencia técnica a las empresas de la economía social.

Las Empresas de Propiedad y Producción Social (EPS) son una expresión de la organización popular, generan y fortalecen nuevas estructuras de participación que hacen posible el desarrollo humano integral de los venezolanos/as históricamente excluidos de la actividad económica y productiva. A través de la generación de masivas fuentes de empleos productivos y estables en todas las regiones del país, las EPS facilitan la desconcentración poblacional y la descentralización territorial, por eso se deben promover en todas las regiones para lograr el desarrollo armónico del país entero.

Las empresas de la economía social juegan un papel fundamental en la conformación de la nueva estructura social, ya que impulsan la mejora de las condiciones de trabajo y relaciones de producción, posibilitando nuevas formas de organización y participación de los trabajadores en esas unidades productivas. Permiten la articulación y conformación de redes de participación comunitaria y popular, garantizando la democratización del patrimonio productivo. Viabilizan el nuevo modelo de participación popular, a través de instrumentos no tradicionales de gestión social y empresarial, como el presupuesto participativo, la contraloría social y los procesos de cogestión y autogestión. Son empresas sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida llamadas a generar un creciente excedente, solo que éste no se distribuye bajo la forma de ganancia individual para el socio capitalista, sino que se trata de un excedente para financiar la inversión social. Por lo tanto, las empresas de la economía social están llamadas a ser empresas eficientes y sustentables desde el punto de vista social, económico y ambiental.

Caracterizadas por una creciente participación y contraloría social, representan un eficaz instrumento en la lucha contra la corrupción, el despilfarro, el burocratismo, la negligencia y la falta de compromiso que todavía existente en muchas instituciones y empresas del Estado, contribuyendo así a la creación de una nueva institucionalidad revolucionaria, a través de iniciativas conjuntas entre las comunidades organizadas, las organizaciones de base y los trabajadores, en el propósito común de liberarse de la explotación del capital.

viernes, 3 de junio de 2011

¿Reactivar o transformar la economía?

Resumen
En el período de auge económico anterior, mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe celebrábamos el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Nunca reparamos en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios. Pero cuando nos dimos cuenta que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, entonces comenzamos a celebrar la caída del PIB, argumentando que lo que se derrumbaba era la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. La lección fue clara: apostar a la desaparición de la economía capitalista sin haber creado antes la nueva economía socialista es el atajo perfecto para quedar atrapados en un círculo vicioso de caída de la producción, escasez, acaparamiento, especulación, inflación, desempleo y creciente malestar social.

En adelante, las medidas que el Gobierno tome deben buscar -más que la sola reactivación-, la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista. Lograr esta transformación estructural exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Más que medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos de la soberanía productiva y empoderamiento popular sobre la economía. La reactivación es un proceso que debe estar sincronizado con la transformación estructural en función de sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por otro orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.
¿Se reactiva la economía o se reactiva el capitalismo?

El Informe Económico del Banco Central de Venezuela indica que PIB creció 4,5 % en el primer trimestre de 2011. Con este resultado se pone fin a dos años consecutivos de recesión y se da inicio a una nueva reactivación del aparato productivo nacional. Esta recuperación se debe en gran medida a una política económica que se propuso incentivar una mayor demanda agregada interna a través de un mayor flujo de divisas a los agentes económicos para reanimar así el consumo y la producción.
 
Desde 1998 hasta 2010, el peso del sector privado de la economía pasó de 64.7 % a casi 70 %, mientras que la participación del sector público en el PIB cayó de casi 35 % a 30 %. Por su parte, la participación de la economía social, contabilizada como componente del sector privado, es de apenas 1.6 %.

Estos datos revelan que entre 1998-2010 la economía venezolana se hizo más capitalista, lo cual es totalmente contradictorio con los objetivos que se ha planteado el Gobierno Bolivariano de construir un nuevo modelo productivo socialista. En la Venezuela de 2011, tanto la reactivación del PIB como el nivel de empleo que se genera están fuertemente marcados por el abrumador peso que todavía tiene el sector mercantil en la economía, siento este el que define la naturaleza explotadora y depredadora del modelo productivo que aún impera en Venezuela.

En Venezuela, la lucha por lograr una mejor distribución del ingreso no tiene como escenario el sector capitalista de la economía. Esta pugna se traslada a la captura de la mayor parte de la renta petrolera. Su inversión social a través de las Misiones ha permitido compensar una distribución regresiva del ingreso en el sector privado de la economía, donde la participación del capital se ha incrementado en desmedro de lo que reciben los trabajadores. En 1999 a estos les tocaba el 39.7% del valor creado, superior al 36.2 % que le tocaba al capital. Diez años después, la participación de los trabajadores cayó a 32.8 % mientras que la de los capitalistas subió a 48.8%.

Estos datos son una clara demostración del capitalismo salvaje que aún predomina en Venezuela, el cual no se aprecia en toda su crudeza debido a la inversión social de la renta petrolera. Sin embargo, cuando el ingreso petrolero se derrumba, quedan al descubierto los potenciales conflictos distributivos entre capital y trabajo. En condiciones de restricciones económicas, es muy probable que se intensifiquen los conflictos obrero-patronales a través de reclamos, marchas, paros y huelgas para lograr una distribución progresiva del ingreso generado al calor de su esfuerzo productivo. La rivalidad en la distribución del ingreso puede hacerse más cruenta si los precios del petróleo también muestran un comportamiento errático y la economía no se reactiva en el corto plazo. Por lo tanto, transferir el poder económico al pueblo y traspasar la propiedad de los medios de producción fundamentales a los trabajadores directos y a la comunidad organizada para liberarlos de la explotación del capital, es un reto que todavía tiene pendiente la Revolución Bolivariana.

Significativo: reactivación sustentada en el sector privado y en la actividad no petrolera

Tradicionalmente, los dos motores más importantes de la economía venezolana han sido el sector petrolero y el de la construcción. Sin embargo, en esta oportunidad esos dos sectores cayeron en -1,8 % y -7,7 %, respectivamente. Esto quiere decir que la recuperación actual de la economía venezolana ha descansado en la actividad no petrolera, la cual creció 5,2% en el primer trimestre, respecto a igual período del año anterior. Por otra parte, es muy significativo el impulso retomado por el sector privado, al crecer en 4,6%, mayor que el 4,5 % registrado por el PIB total y el 3,3 % de crecimiento que reportó el sector público.

El comportamiento positivo de las actividades no petroleras es generalizado; Comercio, 10,4%; Servicios de transporte y almacenamiento, 7,8%; Comunicaciones, 8,0%; Manufactura, 7,6%; Servicios producidos por el Gobierno General, 7,6%; Instituciones financieras, 5,6%; y Electricidad y agua, 3,1%.

Construcción

La construcción privada disminuyó en 17,8%, afectada por la paralización de obras por parte de constructoras fraudulentas que estafaron a miles de familias. También influyó la menor disponibilidad de insumos básicos debido a la crisis eléctrica que afectó la producción en este sector. La construcción del sector público aumentó 5,2%, asociado a una mayor ejecución de las obras demandadas por las empresas petroleras y no petroleras, pero no pudo compensar la caída de la construcción privada. En promedio, el sector construcción cayó 7,7 %.

Productores de servicios del Gobierno General

Los Servicios del Gobierno General crecieron en 7,6%. Esto se debe a una mayor prestación de servicios de administración pública, 10,7%; salud, 7,7%; y, enseñanza, 4,6%: Todo esto, en el marco de la creciente inversión social que realiza el Gobierno bolivariano para atender a la población de menores recursos, lo cual se expresa en el incremento de la matrícula en la educación superior, la mayor dotación de los planteles educativos, la entrega de insumos y materiales a la red hospitalaria y la atención a la población afectada por las fuertes lluvias que ocurrieron durante el período.

Un crecimiento apoyado en el sector real de la economía

En la manufactura se observa un significativo crecimiento de 8,6% del sector privado, mientras que el crecimiento del sector público fue de 8,2%. Se destaca el crecimiento de la industria de alimentos y bebidas, que creció en 5,6%. También crecieron los sectores de Maquinarias y aparatos eléctricos, 27,9%; Industrias del papel, 18,6%; Edición e impresión 14,1%; Fabricación de sustancias y productos químicos, 13,6%; Muebles, 12,9%; Prendas de vestir, 12,9%; Metales comunes, 11,9%; Minerales no metálicos, 9,6%; y Caucho y plástico, 7,8%. Se observó contracción en la Fabricación de maquinaria y equipos, -10,9%; Productos de madera, -8,7%; Vehículos, -3,1%; y, Textiles, -1,2%.

La reactivación sostenida de la economía no será gracias a la mano invisible del mercado, sino obra de una sabia y oportuna actuación del Estado. Mantener esta recuperación pasa por concentrar el impacto de los incentivos públicos en los sectores con mayor efecto multiplicador: los de más peso en la estructura del PIB que han sufrido una mayor contracción. En Venezuela, la manufactura es el sector que más aporta en la conformación del PIB (15 %), en los dos años anteriores de recesión fue uno de los que más se contrajo, pero también ha sido uno de los que ha mostrado un mayor ritmo de recuperación. Por lo tanto, su incidencia en el desempeño general del PIB es mucho mayor.

Por su peso específico en el PIB, cualquier crecimiento o contracción de la industria repercutirá en la dinámica general de la economía y el empleo. La manufactura tiene un gran impacto sobre las cadenas productivas. Hacia atrás demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. Hacia adelante ofrece bienes intermedios y finales para el desarrollo de otros sectores. Demanda también servicios de apoyo, agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Si crece la industria crecen también estos sectores.

Solo a través de un firme reimpulso a la industrialización transformaremos la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente el alto volumen de importaciones, diversificar la oferta exportable y ser cada vez menos vulnerables a los traumas que ocasionan los altibajos del ingreso petrolero.

¿Reactivar o transformar la economía?

Luego de dos años consecutivos de recesión, mantener la reactivación de la actividad productiva y propiciar su transformación estructural exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Más que medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos de la soberanía productiva.

La recuperación del PIB anunciada por el BCV es una ocasión propicia para revisar la política económica, toda vez que ya no se trata solo de reactivar la economía sino de transformarla. En este sentido, las medidas que el Gobierno en adelante tome, deberán ir más allá de mantener una simple reactivación económica para plantearse, fundamentalmente, la transformación de una economía rentista en un nuevo modelo productivo socialista.

En el período de auge económico anterior a la última recesión, mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe, celebrábamos el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Pero nunca reparamos en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios.

Pero cuando nos dimos cuenta que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, entonces comenzamos a celebrar la caída del PIB, argumentando que lo que está cayendo es la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. La lección fue clara: apostar a la desaparición de la economía capitalista sin haber creado antes la nueva economía socialista es el atajo perfecto para quedar atrapados en un círculo vicioso de caída de la producción, escasez, acaparamiento, especulación, inflación, desempleo y creciente malestar social.

Por lo tanto, la reactivación de la economía es un proceso que debe estar sincronizado con su transformación estructural. Pero no será la mano invisible del mercado la que guie este proceso llamado a sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por un nuevo orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social. Se requiere el diseño y ejecución de una sabia y oportuna estrategia de reactivación y transformación estructural de la economía venezolana que impulse la sustitución del capitalismo rentístico por un nuevo modelo productivo de amplia y creciente inclusión social, bajo el control de los trabajadores directos y de la comunidad organizada. Profundizar la transformación de la estructura económica es el nuevo reto que tiene por delante la Revolución Bolivariana, con el fin de sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por otro orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.












































martes, 31 de mayo de 2011

El emprendedor socialista: sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida

Texto completo de la entrevista concedida a Liseth Boon para la edición Aniversaria de
El Mundo Economía & negocios

¿Pueden considerarse los consejos comunales, los comités de tierra urbana, mesas técnicas de agua, las cooperativas, etc. como emprendimientos?

Emprender es impulsar, promover, organizar, comenzar, iniciar un proyecto que dé respuestas y soluciones a problemas individuales y colectivos. Emprende el buhonero que no tiene trabajo formal y se va a una tienda mayorista, compra diez cargadores de teléfonos y los vende en un semáforo para poder llevar comida a la mesa de su casa; emprenden los muchachos que arman una banda de música urbana para así poder expresarse; emprenden las madres del barrio que crean una cooperativa para elaborar postres que luego venden a restaurantes y hoteles; y, por supuesto, emprenden los vecinos que se organizan en mesas técnicas de agua, comités de salud, comités de tierra urbana, consejos comunales y se hacen corresponsables en la solución de sus propios problemas.

¿Pueden identificarse como emprendimientos sociales?

Los emprendimientos sociales surgen de la necesidad de dar respuesta a problemas colectivos a través de la participación ciudadana y de la corresponsabilidad. Están guiados por principios de solidaridad, cooperación y complementación. No tienen fines de lucro pero tampoco vocación de pérdida. Si se ven obligados a generar ingresos para sostenerse, lo hacen cuidando que esos recursos no sean apropiados de forma individual, sino invertidos en función de resolver los problemas colectivos que sus miembros prioricen y decidan. La contraloría social para asegurar la transparencia y correcta aplicación de los fondos es fundamental.

¿Cómo se distinguirían de los emprendimientos que buscan beneficios económicos?

En los emprendimientos que buscan beneficios económicos particulares, los socios se reparten entre ellos las ganancias y cada quien hace lo que quiere: cambia el carro, se va para Europa, se compra una acción en un club. En estos casos la felicidad está asociada a la satisfacción de las necesidades individuales, a la noción de tener más y no de ser más. En los emprendimientos sociales la motivación es complementar las capacidades y recursos de todos para trabajar unidos y resolver los problemas que afectan al colectivo, la realización humana se alcanza al sentirse útil a la comunidad. Es otra lógica, otro mapa mental, otro sentido común muy diferente al del egotismo y el individualismo.

¿Estas organizaciones comunitarias requieren las jerarquías jurídicas y administrativas?

Internamente requieren una organización básica para distribuir funciones y asumir responsabilidades. La clave de su éxito está en conjurar la amenaza de la burocratización, eligiendo a los verdaderos líderes de la comunidad. Esta amenaza generalmente viene por la pretensión del aparato del Estado o de los partidos políticos de controlar las organizaciones de base, imponiendo sus agentes. Cuando lo logran, estos priorizan el interés del ente o partido que los impuso y así se alejan del sentir de la comunidad. Por eso nunca hay que bajar la guardia en la lucha contra el burocratismo, entendido este como el intento de colonizar las organizaciones de base por parte de funcionarios del gobierno o de partidos políticos que no entienden cuál es su función y se la pasan ofreciendo dádivas y prebendas como expresión de la cultura rentista y clientelar, cuando lo que debe prevalecer es la dignidad de la lucha social y comunitaria.

¿Emprendimiento y/o consejos comunales podrían considerarse como nuevos términos que identifican a viejas formas de asociación comunitaria? ¿nuevos nombres para antiguas formas de organización?

Lo que son viejos son los problemas que durante décadas han agobiado a las comunidades. En su propósito de resolverlos han ensayado distintas formas y esquemas organizativos, unos más exitosos que otros. Al calor de la democracia participativa y protagónica que se construye en Venezuela, hoy estamos en presencia de una participación popular que no tiene precedentes. ¿Cuándo antes se había visto aquí tanta gente organizada en comités de tierra urbana, comités de salud, mesas técnicas de agua, consejos comunales, comités de fábrica?. ¡Nunca! Son nuevas formas de organización que se han ido desarrollando al calor de las luchas de las comunidades y se multiplican en la medida que tienen éxito en su empeño por encontrar soluciones a los problemas que los afectan

En lo económico el rentismo nos ha convertido en un país de empleados y no de emprendedores

Los países que no disfrutan de una abundante renta petrolera para comprarle al resto del mundo lo que falta para satisfacer sus necesidades tienen que producirlo con su propio trabajo. La escasez de recursos los obliga a emprender para producir lo que no pueden importar. No es el caso de la Venezuela rentista, que por casi un siglo ha disfrutado de un torrente de petrodólares que no es fruto de su emprendimiento productivo. Esa renta no proviene de la producción y exportación de alimentos, calzado, vestidos, medicinas, electrodomésticos o equipos electrónicos sino de la venta de un recurso natural que heredamos de la naturaleza. Al ser el Estado el perceptor de la renta petrolera, éste la distribuye internamente a través de diferentes mecanismos como la baja presión fiscal, la sobrevaluación del bolívar y el gasto público, en el cual se incluye el pago a una abultada nómina de empleados públicos que, en otras circunstancias, se habrían visto obligados a emprender para asegurar su autoempleo. Si queremos lograr nuestra soberanía económica y productiva y eradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social, Venezuela está emplazada a transformarse de un país de empleados en un país de emprendedores que sean portadores y promotores de las nuevas relaciones sociales de producción basadas en la solidaridad, la cooperación y la complementación y no en la explotación del ser humano y la depredación del ambiente.

El empresario socialista

El empresario socialista es un agente de cambio social; un transformador del modelo tradicional de producción; un líder con capacidad para planificar, organizar y dirigir con éxito un proyecto productivo para liberar al trabajador de la explotación del capital, para producir bienes y servicios que satisfagan necesidades básicas y esenciales de la población, para generar excedentes que puedan ser invertidos en beneficio de la comunidad, para corregir y evitar el impacto ambiental de la actividad productiva y, más bien, preservar los recursos naturales.
A diferencia del empresario capitalista que está motivado por fines de lucro, el empresario socialista está motivado por su vocación de servicio y por principios de solidaridad, cooperación y complementación. No crea nuevos productos para inducir necesidades superfluas, para rendirle culto a la sociedad de consumo que confunde la felicidad y el bienestar con la riqueza material, que aliena la conciencia de los seres humanos para que vivan pendientes del próximo artículo que se van a comprar, del próximo gusto que se van a dar. El empresario socialista organiza un proceso de producción de aquellos bienes y servicios que resultan imprescindibles para asegurar las condiciones de supervivencia y reproducción de la sociedad.
El empresario socialista es un buen gerente
El empresario socialista es un gerente que tiene clara cual es la necesidad de la gente que va a satisfacer. Sabe identificar, seleccionar y adquirir las maquinarias, equipos, herramientas, materias primas, insumos, suministros, etc. que se requieren para producir los bienes y servicios que va a ofrecer en condiciones de precio, calidad, cantidad y oportunidad de entrega, a tono con las necesidades del pueblo trabajador.
El empresario socialista sabe quiénes son sus consumidores y usuarios, quiénes son sus clientes y proveedores. Con base en sus fortalezas y debilidades, está dispuesto a construir una alianza estratégica de mutuo beneficio con el Estado que lo apoya, pero sabe que tiene que enfrentar las amenazas y oportunidades del mercado. Sabe que el nuevo modelo productivo aún no termina de nacer y que el viejo modo de producción todavía no termina de morir.
El empresario socialista está consciente de que no se las sabe todas, pero está dispuesto a aprender. Poco a poco se va familiarizando con las herramientas claves de la gerencia empresarial. Va aprendiendo a leer un balance General, un Estado de Ganancias y Pérdidas, un Flujo de Caja. Y a la hora de pedir un crédito está consciente de que tiene que demostrar la viabilidad económica, comercial, tecnológica y financiera del proyecto si aspira que la institución de financiamiento público le apruebe los recursos que ha solicitado.
También es un visionario
El empresario socialista es un visionario. Tiene una visión clara, un sueño claro, de la empresa que quiere construir. Sabe cuál es su misión, ha definido objetivos y metas bien precisas que orientan su desempeño, cuantifican y definen los plazos máximos para trabajar. Tiene un diagnóstico claro de las fortalezas y debilidades de su empresa, conoce perfectamente las oportunidades y amenazas que le presenta el entorno en el que se desenvuelve, sobre todo, tiene una estrategia clara para lograr el mejor de los desempeños que en esas circunstancias le sea posible alcanzar.
El empresario socialista es un emprendedor, un innovador, un líder, un motivador con la fuerza de voluntad necesaria para vencer la inercia y empezar, con la tenacidad necesaria para encarar las dificultades, con la perseverancia necesaria para superar los grandes y pequeños problemas que siempre se le van a presentar, con el carisma necesario para motivar al equipo de que forma parte a no desmayar en su lucha por el desarrollo humano integral.
Tiene conciencia política y compromiso social
El empresario socialista tiene conciencia política. Sabe que si no se transforma el actual modo capitalista de producción, no será posible avanzar en la construcción del socialismo venezolano. Es un emprendedor decidido a transformar el viejo modo de producción, explotador de la fuerza de trabajo y depredador del ambiente, por un nuevo modelo productivo caracterizado por el desarrollo endógeno, por la participación popular en el proceso de generación y distribución de la riqueza, por el cambio en las relaciones de poder y propiedad sobre los medios de producción, por el desarrollo armónico y proporcional de las regiones, por su aporte al equilibrio internacional, al logro de un mundo multipolar, a la profundización de la integración latinoamericana y al fortalecimiento de la cooperación sur-sur.
El empresario socialista tiene claro que para erradicar las causas de la pobreza, la miseria y la exclusión social hay que impulsar y desarrollar nuevas formas de propiedad social, que incluyan pero trasciendan la propiedad privada y la propiedad estatal: nuevas formas de propiedad social, de propiedad colectiva, de propiedad comunitaria como condición para hacer posible el desarrollo pleno de los poderes creadores del pueblo, del espíritu emprendedor de la gente, de la capacidad emprendedora de nuestro pueblo trabajador.
El empresario socialista está comprometido con la construcción de un nuevo modelo productivo de creciente inclusión social, bajo el control de los trabajadores directos y de la comunidad, en el que se erradiquen las condiciones que permiten la explotación del ser humano y la destrucción de ambiente y, por lo tanto, se ponga fin a las causas estructurales que generan desempleo, pobreza y exclusión social.

lunes, 25 de abril de 2011

El socialismo rentístico

El impacto de la lógica explotadora del capital sobre el desempleo, la pobreza y la distribución regresiva del ingreso se ha visto compensado y, en gran forma encubierto, gracias a la inversión social de la renta petrolera que garantiza la gratuidad de la enseñanza primaria, media y universitaria; el acceso gratuito a servicios de salud; así como una abundante oferta de alimentos de calidad y buenos precios para la mayoría del pueblo trabajador.

El socialismo rentístico y la pugna por la distribución del ingreso
En las condiciones del socialismo rentístico, la lucha por una mejor distribución del ingreso no se dirige a lograr una mayor tajada del fruto del esfuerzo productivo, sino que se traslada a capturar la mayor parte de la renta petrolera. Su inversión social ha permitido compensar y encubrir una distribución regresiva del ingreso en el sector capitalista de la economía. Pero cuando el ingreso petrolero se derrumba, quedan al descubierto los potenciales conflictos distributivos entre capital y trabajo. En condiciones de restricciones económicas, es muy probable que se intensifiquen los conflictos obrero-patronales a través de reclamos, marchas, paros y huelgas para lograr una mejor distribución del ingreso generado al calor de su esfuerzo productivo. Y la rivalidad en la distribución del ingreso puede hacerse más cruenta si los precios del petróleo muestran un comportamiento errático y la economía no se reactiva y crece de manera estable y sostenida.

Lo que queremos dejar claro es que la mejora de los indicadores sociales tiene como fuente de financiamiento la inversión social de la renta petrolera y no los ingresos fiscales procedentes de los impuestos que pagan los sectores más ricos para ser redistribuidos a favor de los más pobres. No son los ricos los que financian con sus impuestos las Misiones Sociales del Gobierno Bolivariano sino que esto se hace a través de la renta petrolera, cuya inversión en alimentación, educación, salud, capacitación técnica, etc. contribuyó a desactivar la bomba de tiempo social que tanto preocupaba al capital y a crear mejores condiciones para la acumulación y valorización de la inversión privada, sin la amenaza de cruentos conflictos por parte de los trabajadores para lograr una distribución favorable del ingreso generado en los procesos productivos. Gracias a la inversión social de la renta petrolera, el capital encontró una fuerza de trabajo con mayor grado de instrucción, calificación y servicios gratuitos de educación y salud que estiran el salario real y reducen o postergan la presión de los trabajadores sobre sus patronos para lograr mayores aumentos salariales y beneficios laborales.

La política económica bolivariana reactivó la economía: lo que importa ahora es transformarla

Mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe, se celebraba el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Nunca se reparó en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios. Pero al tomar conciencia de que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, la respuesta a la recesión en la que ha entrado la economía venezolana ha sido la de afirmar y celebrar que lo que está cayendo es la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. Pero en ninguna de estas celebraciones se han medido bien las consecuencias.

Ahora que la economía venezolana muestra nuevos signos de recuperación, hay que estimular el crecimiento y desarrollo de la economía social. Solo cuando el peso de esta última represente el 50 % o más del PIB total, podremos decir que se ha comenzado la transición hacia una nueva economía socialista en la que el trabajador asalariado se libere de la explotación del capital. Pero mientras el sector mercantil siga teniendo un peso mayoritario, la esencia del modelo productivo seguirá siendo capitalista, los trabajadores permanecerán explotados por el capital y se mantendrán y reproducirán las causas estructurales que generan desempleo, pobreza, desigualdad y exclusión social.

En adelante, no solamente hay que reactivar la economía, lo más importante es transformarla y así evitar la reedición de la experiencia vivida entre los años 2004-2009, cuando buena parte de los incentivos de política pública se destinaron a reanimar el aparato productivo existente, conformado mayoritariamente por empresas mercantiles con fines de lucro. Más que reactivar la economía que esencialmente sigue siendo una economía capitalista y aún pesa el 70% del PIB, la prioridad del Gobierno Bolivariano debe ser impulsar el crecimiento y desarrollo de una nueva economía social, popular y solidaria, en manos de los trabajadores directos y de la comunidad. Por eso, las ayudas públicas deben reorientarse para hacer posible un mayor crecimiento de la economía social. Igualmente, hay que cambiar su estructura sectorial para tener un PIB de mayor calidad y sustentabilidad que asegure la soberanía productiva del país. La agricultura apenas aporta el 5 % del PIB, cuando debería estar en al menos 12 %, si se quieren lograr los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria; la industria apenas aporta el 15,28 % del PIB, cuando los estándares internacionales concuerdan que la manufactura debería contribuir al menos con el 20 del PIB para considerar que un país se ha industrializado y logrado su soberanía productiva.

La reactivación de la economía es un proceso que debe estar sincronizado con su transformación estructural. Pero esto no será consecuencia del libre juego de la oferta y la demanda. No será la mano invisible del mercado la que guíe este proceso llamado a sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por un nuevo orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social. Se requiere una sabia y oportuna intervención de los poderes públicos. De allí la necesidad de reorientar a favor de la economía social los incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, capacitación de la fuerza de trabajo, asistencia técnica, etc. que hasta ahora han sido aprovechados fundamentalmente por la vieja economía capitalista que reproduce la explotación del ser humano, la depredación del ambiente y la degradación de los valores éticos y morales.

martes, 12 de abril de 2011

La maldición de la abundancia

Venezia había vivido de su trabajo. Se levantaba de madrugada a preparar la comida que llevaba a la oficina en una vianda y los fines de semana los dedicaba a lavar, plachar y poner en orden la casa. Veía películas y escuchaba conciertos en su habitación, porque sus modestos ingresos a duras penas alcanzaban para pagar las cuentas del mes.
Pero aquellas privaciones pronto cambiarían. Venezia recibió como herencia un apartamento que rápidamente alquiló en dólares a una compañía transnacional y así vio mejorar su calidad de vida gracias a esa inesperada renta. Dejó de vivir de su esfuerzo productivo y, en lugar de madrugar para cocinar el bocado de cada día, comenzó a frecuentar los mejores restaurantes de la capital. Contrató una mucama para el trabajo doméstico, se compró un carro último modelo, cambió los muebles, compró óleos y esculturas, acción en un club, resort en las Bahamas y hasta un BlackBerry con plan ilimitado como símbolo de su nuevo estatus. Tal fue el desenfrenado nivel de consumo de Venezia que ya la renta del apartamento no le alcanzaba para mantener al día sus deudas. Se retrasó en el pago de sus TDC, en la cuota del carro y hasta apareció en la lista de morosos del Condominio. Empezó a pensar en un plan de austeridad, en recortar gastos superfluos y volver a vivir de su esfuerzo productivo. Y cuando estaba a punto de aplicar sus severas medidas se le murió el padrino a Venezia. Pero esta vez el difunto no le dejó un apartamento sino un edificio. Se mudó al Pent House y así se olvidó de su plan de austeridad y de la promesa de vivir de su trabajo.

La historia de Venezia es la de Venezuela, un país que vivió de su esfuerzo productivo hasta que sobrevino la abundancia de la renta petrolera. Esta permite comprarle al resto del mundo lo que deberíamos estar produciendo con nuestro propio trabajo. Cuando el precio del petróleo perforó el umbral de los 100 $/b, creímos que nunca más bajaría. Pero estalló la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera. La economía mundial cayó en una profunda recesión y el precio se desplomó de 147 $/barril en julio de 2008 a solo 30 $ en enero del 2009. El sueño del rentismo petrolero se tornaba en pesadilla, el regresivo y antipopular IVA fue aumentado y hasta el bolívar fuerte fue devaluado durante dos años consecutivos para conjurar la crisis fiscal en puertas.

Las economías rentistas parecieran condenadas a la siniestra suerte de disfrutar de la abundancia cuando en otros países estallan crisis o guerras. El conflicto en Egipto y la amenaza de interrumpir el flujo de petróleo por el canal de Suez levantaron el precio por encima de los 100 $/barril. La invasión a Libia y la resistencia interna, harán de este nuevo auge rentístico un episodio prolongado. Por si fuera poca la renta petrolera que a lo largo de casi un siglo el país ha consumido, a Venezuela se le acaba de notificar una nueva herencia: posee las reservas de petróleo más grandes del mundo. En tales condiciones de abundancia, no hay mayores urgencias para impulsar el desarrollo de un sólido aparato productivo que permita sustituir importaciones o diversificar la oferta exportable. Vivir del caudaloso ingreso petrolero y no de su esfuerzo productivo pareciera ser la bendita maldición a la que estará condenada para el próximo siglo la Venezuela rentista, si no se procede a una profunda revisión y rectificación de la estrategia de desarrollo económico.

Actualmente en nuestro país, la voluntad política por construir una nueva sociedad no escapa a estas tensiones y contradicciones de la herencia rentista. Por un lado, se ha puesto en marcha una estrategia de desarrollo que prioriza lo social, fundamentada en la vieja idea de "sembrar el petróleo". En efecto, la inversión social de la renta petrolera es lo que ha permitido reducir de manera rápida y significativa los elevados niveles de desempleo, pobreza y exclusión social que hasta hace poco afectaban a un alto porcentaje de los venezolanos/as. Pero en el plano económico el fenómeno del rentismo se ha acentuado. El coeficiente de importaciones como porcentaje del PIB ha aumentado como nunca, mientras que el coeficiente de exportaciones no tradicionales -particularmente las agrícolas y manufactureras, están llegado a sus niveles más bajos en los últimos 25 años. De cada 100 dólares que percibe Venezuela 96 los pone el petróleo, exacerbando una cultura rentista que se expresa en el voraz afán de disfrutar de un ingreso que no es fruto del esfuerzo productivo. Todos exigen los dólares baratos de CADIVI, pero ninguno genera un solo dólar con su esfuerzo productivo, con sus exportaciones de bienes o servicios. Mayor expresión de la cultura rentista es difícil de encontrar.

La sobrevaluación del tipo de cambio -lo cual se expresa en un dólar oficial tan barato que se vende apenas al 50 % del precio que señala el mercado-, recrudece la cultura rentista. En la práctica, ese subsidio al dólar es un subsidio a las importaciones y un castigo a las exportaciones. Subsidiar al dólar significa subsidiar las importaciones. En otras palabras, vender un dólar barato significa abaratar las importaciones que compiten y desplazan la producción nacional. Por lo tanto, es la propia política cambiaria del gobierno la que acentúa esta propensión a importarlo todo, a gastar la renta petrolera comprándole al resto del mundo lo que deberíamos estar produciendo internamente con nuestro propio esfuerzo productivo.

De allí la importancia de una profunda revisión y rectificación de la política económica -particularmente de la política cambiaria, arancelaria y comercial-, para hacer posible la transformación del capitalismo rentístico importador en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir importaciones y diversificar la oferta exportable. Esto implica obviamente “sembrar el petróleo” en la mejora y ampliación de la infraestructura y servicios básicos que requiere la actividad productiva; pero también exige una mayor coherencia entre la política macroeconómica y las políticas sectoriales, sobre todo con el diseño y ejecución de las políticas industriales, agrícolas y mineras orientadas al desarrollo de un pujante aparato productivo, las cuales suelen verse mediatizadas y hasta anuladas por políticas cambiarias, monetarias y fiscales que suelen ser contrarias a la lógica de la actividad productiva.

Solo a partir de esta profunda revisión y rectificación de la política económica será posible reimpulsar un crecimiento económico de calidad, sustentado en los sectores de la economía real -en la agricultura, la industria y la construcción-, y no en el comercio, las importaciones o la actividad financiera y especulativa que hasta ahora han sido los sectores que apuntalan la economía nacional. Es por esta vía que podremos lograr los objetivos y metas de la soberanía alimentaria y productiva y conjurar así los inevitables traumas que siempre se presentan cada vez que ocurre un descalabro en los precios del crudo y los niveles de la renta petrolera se desploman.

Urge, entonces, una nueva política económica pensada y ejecutada para acelerar el tránsito de una economía rentista en una nueva economía productiva, bajo el control directo de los trabajadores, los consumidores organizados y de la comunidad, en función de desarrollar y fortalecer una nueva cultura basada en el valor del trabajo productivo, capaz de generar una creciente y abundante producción de los bienes y servicios que se requieren para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de toda la población.

lunes, 11 de abril de 2011

Economía rentista y política industrial

La reactivación de la economía nacional no será gracias a la mano invisible del mercado sino obra de una sabia y oportuna actuación del Estado. Lograr y mantener la reactivación de la economía pasa por concentrar el impacto de los incentivos públicos en los sectores con mayor efecto multiplicador: los de más peso en la estructura del PIB que han sufrido una mayor contracción. En Venezuela, la manufactura es el sector que más aporta en la conformación del PIB (15 %) y es uno de los que más se ha contraído.

Luego de dos años consecutivos de recesión, la reactivación de la actividad productiva a lo largo y ancho del territorio nacional exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Más que medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos de la soberanía productiva.

Por su peso específico en el PIB, cualquier crecimiento o contracción de la industria repercutirá en la dinámica general de la economía y el empleo. La manufactura tiene un gran impacto sobre las cadenas productivas. Hacia atrás demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. Hacia adelante ofrece bienes intermedios y finales para el desarrollo de otros sectores. Demanda también servicios de apoyo, agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Si crece la industria crecen también estos sectores.

Solo a través de un firme reimpulso a la industrialización transformaremos la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente el alto volumen de importaciones, diversificar la oferta exportable y ser cada vez menos vulnerables a los traumas que ocasionan los altibajos del ingreso petrolero. La recuperación del PIB recientemente anunciada por el BCV es una ocasión propicia para revisar la política económica, toda vez que ya no se trata solo de reactivar la economía sino de transformarla. En este sentido, las medidas que el Gobierno en adelante tome, deberán ir más allá de la simple reactivación económica para plantearse, fundamentalmente, la transformación de una economía rentista en un nuevo modelo productivo socialista.

jueves, 31 de marzo de 2011

El crimen de experimentar con humanos

El mundo es estremecido por informaciones acerca del modo como se generan o aplican los descubrimientos científicos y tecnológicos. Recientemente se pudo conocer que EE.UU. experimentó con seres humanos en Guatemala al infectar a soldados y enfermos mentales con cáncer, neumonía y sífilis.

Los daños que sufren las personas y el medio ambiente como consecuencia de estas perversas prácticas repercute negativamente sobre la valoración social de la ciencia y favorece a los predicadores de la anti-ciencia que sustentan su dominio en la ignorancia de los pueblos. Es un crimen que tras el afán de lograr nuevos conocimientos se experimente con seres humanos sin reparar en los efectos indeseados que puedan dañar su integridad física, psíquica y moral. Semejante práctica es indmisible , incluso si contara con el consentimiento de los seres humanos que pudieran resultar afectados.

Cómo saber si la clonación podrá ser utilizada para reproducir individuos con tendencia criminal, tal como la clonación de nazis planteada hace algunos años en la película Los niños de Brasil; o este descubrimiento científico podrá ser aceptado como una alternativa para reproducir especies vivas a punto de extinción. Cómo saber si la alteración genética de las variedades vegetales podrá ser utilizada para hacerlas más resistentes a las plagas, evitar el uso de plaguicidas y la contaminación de los cultivos, aumentar y abaratar la producción de alimentos para derrotar el hambre en el mundo, o será convertida en un arma de dominación por las grandes potencias para arruinar a los pequeños productores y desarrollar especies depredadoras que dañen las plantaciones de los países competidores o enemigos políticos. Invenciones científicas e innovaciones tecnológicas son utilizadas para desarrollar armas químicas, bacteriológicas y nucleares, con el letal poder que han demostrado tener. Tales avances sólo deberían utilizarse para mejorar el bienestar de los pueblos.

No basta con evaluar el rigor técnico de los proyectos de investigación. Necesario es tener en cuenta la responsabilidad social del investigador, valorar su probidad intelectual, su integridad ética y moral. De la difusión y adopción de estos valores y principios dependerá el fortalecimiento de una práctica científica apegada al respeto de la dignidad humana.

La cooperación científica en los países de la ALBA

Por muy grandes que sean los recursos destinados a la investigación científica y tecnológica por parte de cada país de la ALBA, lo más probable es que el monto de estas inversiones se quede corto en comparación con las gigantescas economías de escala que se imponen para sostener una creciente actividad de investigación que genere conocimientos oportunos y de calidad.

La cooperación internacional en este campo constituye un proceso en pleno desarrollo el cual muestra entre sus principales rasgos el crecimiento acelerado de acuerdos de cooperación entre investigadores, grupos de investigación e instituciones de investigación. Estos comparten y complementan recursos en función de enfrentar retos y desafíos de interés común, cuya superación exige la generación de nuevos y mejores conocimientos los cuales no sería posible obtener con las capacidades parciales de cada país.

Los nuevos patrones para organizar la investigación científica en el mundo se apoyan cada vez más en el desarrollo de redes temáticas que facilitan el encuentro y cooperación en función de concertar programas y proyectos de investigación de gran escala. Esta estrategia permite acelerar la obtención de resultados, facilita el intercambio de conocimientos y propicia la transferencia y aprovechamiento de los resultados de la investigación a favor del desarrollo social y económico.

La cooperación internacional no depende sólo de la voluntad de cada país sino también de las capacidades reales que tengan en el ámbito del quehacer científico. La generación de sinergías que vayan mucho más allá de la simple suma de las capacidades humanas, de infraestructura e información, requiere el diseño de nuevos programas e instrumentos que estimulen el uso compartido de equipos, la conformación de grupos de investigación y, en definitiva, el desarrollo y consolidación de una nueva cultura de cooperación entre países.

Por eso, para estar en condiciones de acometer proyectos de envergadura, en lugar de asignar recursos a proyectos atomizados e individuales, hay que optar por promover acuerdos grannacionales que permitan complementar recursos y alcanzar un mayor rendimiento e impacto de las capacidades en las que se sustenta una actividad de investigación con pertinencia económica y social.

lunes, 28 de marzo de 2011

"Del Estado burocrático al Estado comunal"

En este nuevo libro analizo las alternativas que tiene por delante la Revolución Bolivariana para avanzar en la construcción de un nuevo socialismo que, lejos de reeditar las causas que provocaron el fracaso de lo que se conoció como “socialismo real” en el siglo XX, asuma el reto de inventar y poner en marcha nuevas fórmulas para liberar al pueblo trabajador, a los excluidos y a la sociedad en general de las nefastas consecuencias de un sistema capitalista basado en la explotación del ser humano, la depredación de la naturaleza y la degradación de los valores éticos y morales.

El primer capítulo trata sobre el papel del Estado en la Revolución Bolivariana. Es un análisis crítico del Estado burocrático heredado de la IV República, construido a partir de un marco legal, un entorno institucional, un funcionariado público y una fuerza armada que, lejos de ser parciales y neutrales, por el contrario, fueron hechos a la medida, formados y entrenados al servicio de las clases y grupos económicos y políticos que dominaban al país antes del triunfo de la Revolución Bolivariana. Se exponen aquí las dificultades que seguirá confrontando el Gobierno Bolivariano para profundizar las grandes transformaciones revolucionarias mientras se mantenga el andamiaje de ese Estado burgués y como, sobre esta base, se apoya la respuesta violenta de la oligarquía a través del Golpe de Estado, el paro empresarial, el sabotaje a la industria petrolera y en contra de la eficacia de la gestión pública en ministerios, gobernaciones y alcaldías. También se razona en este capítulo la naturaleza humanista y pacifista de la Revolución Bolivariana al ratificar, en medio de tantos ataques y agresiones, su voluntad de continuar los cambios planteados sin violencia, con respeto a la constitución y la dignidad de las personas, pero ahora con el pueblo armado a través de la Reserva Militar y las Milicias; y, finalmente, planteamos que las grandes transformaciones revolucionarias aún pendientes dependen no solo de que los partidarios de la Revolución sigan ganando el gobierno a través de comicios electorales; sino que se impone una toma real del poder, lo cual solo es posible si se termina de transformar el Estado burgués y burocrático en un nuevo Estado popular y comunal al servicio de los intereses del pueblo y de la Revolución.

Como complemento a la necesidad de destruir el viejo Estado heredado de la IV República y construir otro nuevo, en el capítulo dos se analizan los factores que explican la tendencia a la burocratización del Estado, al secuestro de la propiedad estatal y la entronización del burocratismo como una especie de burguesía funcional. A partir de las lecciones que dejaron los intentos fallidos de construir el socialismo en el siglo XX se fundamenta una crítica a las concepciones apologéticas de la propiedad estatal como forma superior de la propiedad social, la cual, por el contrario, terminó siendo la base material y económica del capitalismo de Estado que se implantó en los países del llamado socialismo real y en los cuales las élites burocráticas y la nomenklatura del partido secuestraron la propiedad estatal y la administraron con ineficiencia o como si de una propiedad privada se tratara, impidiendo que los trabajadores y ciudadanos se sintieran verdaderos copropietarios sociales de esos medios de producción estatizados. Sobre esta tesis se plantea la lucha contra la burocratización y el burocratismo como una forma de lucha de clases en los propios marcos de la construcción socialista y se exponen los retos que tiene planteados la Revolución Bolivariana para derrotar el burocratismo y la corrupción.

En el tercer capítulo se fundamenta la necesidad de superar la idea de la propiedad estatal como forma superior de la propiedad social y, más bien, se propone impulsar nuevas formas de propiedad social que hagan posible un verdadero empoderamiento de los trabajadores directos, los consumidores y la comunidad sobre los medios de producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios que se requieren para satisfacer sus necesidades básicas y esenciales. Se analiza la propiedad no en su forma jurídica o legal sino como un sistema de relaciones sociales a través del cual se lleva a cabo no solo la producción material sino también la reproducción de las relaciones de explotación o cooperación que se establezcan entre los seres humanos en los sistemas económicos y productivos. Se plantea la necesidad de avanzar hacia nuevas formas de propiedad social que abran vías para impulsar y lograr el desarrollo humano integral de todas las personas; se argumenta que estatizar no necesariamente implica socializar; y, finalmente, se fundamentan críticamente las diferencias de fondo entre las tesis de la democratización del capital frente a la alternativa de la democratización de la propiedad como un principio rector de las nuevas relaciones sociales de producción que liberen a los trabajadores, a los excluidos y a la comunidad de los flagelos del capital.

Viniendo de la crítica a las deviaciones de la burocratización y el burocratismo que desplazan y abortan la consolidación de un verdadero poder popular, en el capítulo cuatro se plantea responder a la pregunta: ¿Cuál es el sujeto social de la Revolución Bolivariana?. Se hace un análisis de la clase obrera en las condiciones del capitalismo rentístico venezolano; se explica el impacto de las políticas neoliberales en términos de la demolición del aparato productivo nacional, la destrucción de millares de puestos de trabajo; el desmantelamiento de las organizaciones obreras y la drástica reducción numérica del proletariado; se expone la precariedad de las condiciones de trabajo y de vida que sufren las crecientes masas de desempleados, los trabajadores del sector informal, los subempleados y autoempleados y los excluidos de la actividad económica en condiciones de penuria -a los cuales Frei Betto llamó el “pobretariado”-, como el sector sobre el cual recae el mayor peso de las antipopulares políticas neoliberales, constituyéndose por tanto en el fermento del creciente descontento que, al calor de sus protestas y luchas, lo llevan a convertirse en el principal protagonista y razón de ser de la Revolución Bolivariana.

En el quinto capítulo se analiza el proceso de Control Obrero en la construcción del modelo productivo socialista venezolano, a partir de las experiencias que se desarrollan en las empresas básicas de Guayana y otras empresas que han sido expropiadas y nacionalizadas. Se presenta una valoración crítica del papel de los sindicatos, generalmente más interesados en reivindicaciones y reformas laborales que en protagonizar e impulsar una verdadera revolución en las relaciones de poder y de propiedad sobre los medios de producción. Se sistematizan e interpretan los mandatos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, los Lineamientos Generales del Plan de Desarrollo Nacional y las directrices del Plan Guayana Socialista para impulsar la construcción de un Nuevo Modelo Productivo con control obrero.

En el capítulo seis se profundiza el planteamiento anterior pero a partir de la participación activa y protagónica de la comunidad organizada, con el fin de consolidar una verdadera alianza popular con miras a lograr un verdadero control del pueblo organizado sobre los procesos de producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios que resultan imprescindibles para asegurar su supervivencia y reproducción. De igual forma que en el capítulo anterior, se sistematizan y analizan los mandatos constitucionales para impulsar la participación comunitaria; se explica en qué consisten los Consejos Comunales como mecanismos de participación ciudadana; se aborda el papel de la Comuna en la construcción del Nuevo Modelo Productivo y del Estado comunal, haciendo referencia a las tensiones que aún prevalecen entre estas nuevas formas de organización del poder territorial con las gobernaciones, alcaldías, ministerios y otros entes públicos en los que todavía se represa buena parte el poder y se reproducen las desviaciones de la burocratización y el burocratismo. Se hace un análisis de la Ley de Comunas como un paso crucial en la destrucción y superación del Estado burgués heredado de la IV República y del Estado burocrático que amenaza la buena marcha de la Revolución Bolivariana, analizando importantes definiciones que se plasman en el contenido de esta Ley, tales como Socialismo, Estado comunal, Comuna, Comunidad, Parlamento Comunal, etc., a través de las cuales la construcción del socialismo venezolano comienza a perfilar su propia naturaleza y una orientación muy singular que plantea una diferencia esencial con los intentos fallidos por construir el socialismo en el siglo XX.

El séptimo capítulo es una síntesis lógica de los procesos de control obrero y participación ciudadana que se abordan por separado en los dos capítulos anteriores. En este sentido, se fundamenta la necesidad de profundizar la construcción de un Nuevo Modelo Productivo con Control Obrero y Comunitario a partir de la alianza entre los Consejos de Fábrica y los Consejos Comunales y del impulso a las Comunas. Retomando la tesis de que no es lo mismo estatizar que socializar, se contrasta la idea de expropiar para convertir en propiedad estatal lo que antes era propiedad privada frente a la alternativa de democratizar, no el capital, sino la propiedad sobre los medios de producción fundamentales a través de nuevas formas de propiedad social que aseguren que los trabajadores directos y miembros de la comunidad sean y se sientan los verdaderos copropietarios sociales de esos medios de producción, distribución y comercialización que ha sido expropiados a sus dueños capitalistas, dejando claro que los excedentes que se generen en esas empresas socializadas no serán distribuidos como dividendos o ganancia individual, sino que serán la fuente de recursos para financiar la inversión social y comunitaria que decidan de mutuo acuerdo los Consejos de Fábrica y los Consejos Comunales, sin mediaciones burocráticas de ningún tipo. En el marco de los mandatos constitucionales que plantean una economía mixta, se fundamenta al final de este capítulo la necesidad y conveniencia de condicionar el acceso de las empresas a los incentivos públicos, al cumplimiento de claros compromisos con la construcción de un Nuevo Modelo Productivo que erradique las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.

A la luz de todo lo planteado en los capítulos anteriores, en el octavo y último capítulo se abordan las condiciones objetivas y subjetivas que deben madurar para hacer posible la sustitución del viejo Estado burocrático por un nuevo Estado comunal que facilite la transición al socialismo de la Revolución Bolivariana. Se hace un balance de la Revolución Bolivariana desde una visión integral destacando las dimensiones o áreas del país donde se aprecian de manera indiscutible los cambios profundos y rápidos que ha logrado la Revolución. Se analiza el cambio radical en la correlación de fuerzas que se inició con el triunfo electoral de 1998 hasta lograr una recomposición sustancial del mapa político, el cual se expresa en la composición de la Asamblea Nacional y en la proporción de alcaldes y gobernadores que apoyan al Gobierno Bolivariano. Igualmente se destacan los avances en el campo social, lo cual se expresa en la significativa y rápida reducción de los niveles de desempleo, pobreza y exclusión social; en la erradicación del analfabetismo, el aumento de la tasa de escolaridad en educación primaria y media; así como el notable incremento de la matrícula universitaria; la inclusión de millares de venezolanas/os en la atención médica gratuita y demás derechos sociales básicos. Se aclara que esta notable mejoría en los indicadores sociales ha sido gracias a la inversión social de la renta petrolera y se advierte aquí que una revolución política y social sin una revolución económica y cultural es una revolución insostenible e inviable en un contexto de prolongada caída de la renta petrolera. Por esta razón, se profundiza en el análisis crítico de una política económica que en la primera década del Gobierno Bolivariano se enfocó en reactivar –más no en transformar-, el aparato productivo existente ante la urgencia de recuperar el nivel de empleo y paliar los estragos que la pobreza y exclusión social estaban causando en la población. Se explican las razones por las cuales en ese período la economía se hace más capitalista y se demuestra como en este sector se recrudece la explotación de los trabajadores, justificando la ejecución de acciones más radicales para sustituir esas relaciones de explotación del trabajo ajeno -que son las que generan pobreza y exclusión- por nuevas relaciones sociales de producción basadas en la cooperación, la complementación y la equidad. Una vez que se ha definido el carácter socialista de la Revolución Bolivariana, argumentamos la necesidad de dar por concluida la etapa de concesiones e incentivos al capital y, en delante, reorientar los estímulos y ayudas de la política económica, ya no a reactivar el aparato productivo existente, sino a transformarlo en una nueva economía de amplia y creciente inclusión social, en manos de los trabajadores directos y de la comunidad.

Todos y cada uno de los capítulos de este libro están dedicados a animar y profundizar el debate sobre los nuevos y mejores caminos que nos lleven a sustituir un régimen histórico basado en la explotación del trabajo ajeno y en el afán de maximizar el beneficio individual, por una nueva sociedad organizada en función de dirigir el esfuerzo productivo para satisfacer las creciente necesidades sociales y hacer posible el desarrollo humano integral de todas las personas. Qué estas páginas sean útiles para seguir haciendo el camino en cuyo recorrido se sigan incluyendo en la vida social los que aún quedan excluidos, en el que se liberen los que permanecen explotados y oprimidos, en el que puedan hablar y ser escuchados los que antes estaban ignorados, en el que puedan gobernar los que siempre han sido dominados, en el que puedan vivir con dignidad los que todavía no pueden vivir; útiles a ese camino en que la libre asociación y el libre desarrollo de cada persona sea la condición básica para lograr el libre y pleno desarrollo de todos los venezolanos.