miércoles, 18 de julio de 2012

“No es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita”

ENTREVISTA FLASH A VICTOR ALVAREZ

1. ¿Qué recuerda de su infancia?
Los paseos con mi papá al río y las películas de lucha libre que veía con él de Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Huracán Ramírez; las partidas de béisbol, las patinatas con los amigos de la cuadra y el encuentro con los primos; los vecinos del pueblo que sacaban sus sillas a la acera para conversar en familia y saludar la gente, el taller de títeres en el Ateneo de Valera, los paseos a Isnotú para visitar el templo de José Gregorio Hernández.
2. ¿Practicó alguna disciplina artística?
Mi contacto con el arte siempre ha sido desde el placer de la contemplación. Pedro Quintero, mi profesor de educación Artística en segundo año de bachillerato, me abrió las puertas al caudal de sentimientos que se asoman a través del arte. Salvador Valero y su arte ingenuo corrió el telón para disfrutar la pintura, con Ramón Palomares descubrí en las gavetas de la alegría y el dolor la palabra sentida de la poesía, y en la adolescencia Alí Primera nos enseñó que la música también podía ser un arma de combate. El gusto por el teatro, la danza, la escultura y otras manifestaciones artísticas ha sido parte de ese proceso de crecimiento personal. Mi práctica ha sido más en el campo de la literatura.
3. ¿Cuál es el mejor libro que ha leído?
Tengo muchos libros en mi altar de los mejores, pero mi preferencia está en la literatura latinoamericana. He leído la obra de Martí, Rubén Dario, Vallejo, Mariátegui, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Neruda, Cortázar, Borges, García Márquez, Benedetti, Isabel Allende y un larguísimo etcétera. Pero si me pones en una situación de “la vida o el título”,respondería así: novela, “Cien años de soledad” de García Márquez; poemario,“Los Versos del Capitán”, de Pablo Neruda; ensayo, los de José Carlos Mariátegui sobre la realidad latinoamericana.
4. ¿Cuál es su tipo de música predilecta?
Me gusta mucho la canción de autor y me la paso escuchando a Silvio, Pablo, Aute, Serrat, Sabina, Serrano, Ana Belén y Víctor Manuel, León Gieco, Alfredo Zitarrosa. La canción mensaje nunca falta, Víctor Jara, Alí Primera, Inti Illimani, Víctor Heredia. También escucho Jazz, Louis Armstrong, Charlie Parker, Duek Ellington, Dipsie Gillepsie, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Glenn Miller, entre otros.
5. ¿Cuál es su lugar favorito?
El esplendor de la montaña nublada, refugiarme en los nidales de nubes, no los cambio por la mejor playa del mundo.
6. ¿Práctica o practicó algún otro deporte? ¿Cuál?
De niño jugué béisbol organizado y en la adolescencia practiqué ciclismo, en mi juventud me incliné hacia el básquet. Fueron mis disciplinas aeróbicas. También práctico el juego ciencia, me gusta el ajedrez.
7. ¿Cuál fue el mejor consejo que recibió? ¿Aún lo aplica?
“Hijo, no es más feliz el que más tiene sino quien menos necesita, lo importante es llevar una vida íntegra y decente”. Me lo dio mi papá y lo convertí en un principio de vida.
8. ¿Qué siente por la Revolución?
La Revolución me inspira a ser útil, es el aliento de mi esperanza por una sociedad de justicia e igualdad, me da la vitalidad que necesito cada día para continuar la vida con la confianza y la alegría de que cada día hay más gente que puede sonreir y ser feliz. La Revolución le da sentido a mi vida.
9. ¿Qué ha hecho por la Revolución?
Toda mi vida he sido un militante de la Revolución socialista. La entiendo como un proceso social que necesita de pequeños y grandes aportes en todos los terrenos. Yo soy un trabajador de las ideas y mi labor se concentra en el plano de la reflexión teórica y la producción intelectual. Mi contribución está en la generación de un nuevo pensamiento crítico, comprometido y leal con la Revolución, que ayude a comprender y profundizar el proceso de transformación económica, política y social para hacer posible la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista.
10. ¿Cuál fue su mayor satisfacción profesional y personal?
Me sentí muy honrado cuando el Presidente Chávez me designó Ministro de Industrias y Presidente de la CVG, venía de cumplir otras tareas como Director del Consejo de Desarrollo Industrial, Viceministro de Industrias, Presidente de Bancoex, Director de Pdvsa. Recibí y valoré ese nombramiento como un reconocimiento a la contribución realizada desde esas responsabilidades. Los premios, menciones honoríficas y condecoraciones que he recibido por contribuir a la generación de un pensamiento crítico, revolucionario y transformador también me han dado muchas satisfacciones personales. En lo personal mis mayores satisfacciones están relacionadas con haber aprendido a disfrutar la grandeza de la vida cotidiana, al lado de mi consecuente y bella esposa, mis hijas, la familia ampliada y aquellos amigos que tengo muy bien escogidos y que son un verdadero homenaje a la virtud y los valores.
11. ¿Cómo, dónde y con quién se ve en 10 años?
Me veo consecuente con las buenas causas de la vida que siempre he enarbolado, comprometido con la construcción del socialismo en Venezuela, generando un nuevo conocimiento revolucionario y transformador, me veo haciendo todo esto al lado de mi familia, de mis camaradas y amigos. En 10 años estaremos mucho más cerca de la patria socialista, esa es una construcción que no termina, es un camino, un modo de vida.
12. ¿Cuándo fue la última vez que lloró?
Tengo tres hijas, dos de ellas muy pequeñas, de 5 y 6 años. Y como dijo el poeta: "cuando uno tiene un hijo quiere a todos los hijos del mundo". Hace poco lloré cuando vi un video con unas imágenes terribles de unos niños masacrados y quemados por unas bombas lanzadas por los invasores imperialistas en Afganistán e Irak, me explotó en el pecho un dolor muy fuerte y no pude contener el llanto.
13. ¿Cuál es su poeta y poema preferido?
Pablo Neruda y su poema “Siempre”, que está en “Los Versos del Capitán”. Habla del hombre que supera el fantasma de los celos históricos y recibe a su amada como una mujer nueva, sin criticarle su pasado, la acepta con toda su historia de aciertos y desaciertos y le dice “Tráelos todos/adonde yo te espero/ siempre estaremos solos,/siempre estaremos tú y yo/solos sobre la tierra/para comenzar la vida”. Es hermoso ese poema.
14. ¿Cuál es su película favorita?   
Me pasa igual que con los libros, tengo en mi altar muchas favoritas. “Los camaradas”, sobre el fragor de la lucha obrera, con Marcelo Mastroiani; “El ladrón de bicicletas”, “El hombre de Maisinicú”, una película cubana sobre un revolucionario inquebrantable, “Los Miserables”,basada en la novela de Víctor Hugo; “El cartero de Neruda”, “Corazón Valiente” sobre un mártir de la lucha por la independencia en Escocia que es despedazado con caballos tirando en dirección contraria sus extremidades y muere gritando “libertad”, “Los Puentes de Madisson”; ah, y por supuesto “Camila”, la historia de un amor prohibido entre la joven Camila O´Gorman y el cura Ladislao Gutiérrez en la época de la dictadura de Rosas en Argentina, lo dejaron todo por amor, huyeron pero los atraparon, ella estaba embarazada pero ambos fueron fusilados; a los inquisidores no les importó.     
15. ¿Alguna vez pensó que iba a ser periodista?
No pensé en estudiar para ser periodista pero siempre tuve una práctica como comunicador alternativo. En bachillerato, cuando estaba en el centro de estudiantes, asumía la responsabilidad de redactar las notas de prensa; siempre estaba en los medios, informando; a los 16 años coordinaba la publicación de una página cultural en un periódico local, desde los 18 años he sido columnista para periódicos y revistas nacionales e internacionales; dirigí un programa de economía en televisión, sigo escribiendo para periódicos y revistas impresas y electrónicas; desde hace dos años publico artículos de análisis y opinión mi blog; cumplo una permanente labor de comunicador en prensa, radio y televisión.        
16. ¿Qué le falta hacer por la Revolución?
Mucho con demasiado. Por lo pronto quisiera dar una contribución en el plano de la formación de los nuevos emprendedores socialistas que serán los portadores de las nuevas relaciones sociales de producción basadas en los principios de solidaridad, cooperación, complementación, reciprocidad, equidad y sustentabilidad. Con ese fin estoy trabajando en dos nuevos libros: “El Emprendedor Socialista” y “La Revolución de los Emprendedores”. Serán los constructores del nuevo modelo productivo socialista que se requieren para profundizar la transformación económica y asegurar así el carácter irreversible de la Revolución Bolivariana. Esa será mi próxima contribución, lo que no quiere decir que sea la última.
17. ¿Cuál personaje histórico admira?
Como todo militante socialista y partidario de la revolución admiro a Bolívar, Sucre, Martí, Sandino, Farabundo, Fabricio, el Ché, Fidel. Pero si por alguien siento ahora una profunda y creciente admiración es por el Comandante Chávez. Fuí uno de sus colaboradores y presencié de cerca, en la intimidad, más allá del fenómeno de masas, como a Chávez le duele profundamente el sufrimiento de su pueblo, siente como suyo el drama del desempleo, la pobreza y la exclusión. Admiro el descomunal tamaño de su compromiso con la gente humilde, su determinación de sacrificar su carrera militar, su familia, sus amigos, su vida personal, de comprometer su salud y hasta arriesgar y poner en peligro su vida por dedicarse a hacer la Revolución. Ese sacrificio es expresión de su grandeza humana. Admiro su genio político, su capacidad como estratega.
18. ¿Le habría gustado tener una vida similar a ese personaje de la historia?, ¿Por qué?
Admiramos a aquellas personas que son capaces de hacer lo que nosotros no podemos o no nos atrevemos. Nos asombramos con sus logros, sus conquistas, sus hazañas. Son personajes que nos inspiran a ser mejores seres humanos. ¡Qué más quisiera uno que ser también como ellos y poder dar un aporte extraordinario a la hermosa causa en la que uno cree!. La vida de Chávez es un ejemplo que inspira.  
19. Comparta alguna metáfora de lo que ha vivido
Cuándo estudié en la Universidad de La Habana las relaciones entre Venezuela y Cuba estaban congeladas, debido a la complicidad que hubo por parte de los desgobiernos de Venezuela de la época con los criminales responsables de la voladura del avión cubano. Compartí cinco años de estudio con estudiantes de muchos países del mundo que eran generosamente becados por la Revolución Cubana, la cual se quitaba el pan de la boca para dárselo a perseguidos y refugiados políticos, a luchadores de cualquier lugar de la tierra. Estábamos muy jóvenes y soñábamos con poder retribuir algún día tanto desprendimiento, tanta solidaridad. Ese sueño se cumplió con el triunfo de la Revolución Bolivariana y la hermosa página de solidaridad, cooperación y complementación que se está escribiendo. Y me queda la satisfacción de haber presenciado y participado en muchos de esos primeros encuentros entre Chávez y Fidel, en los que se echaron las bases de esta hermandad y solidaridad revolucionaria que se sigue cultivando. 
20. ¿Piensa usted en la muerte?
Si, claro, pienso en la muerte. Y esa fatalidad de la que nadie se escapa me hace valorar mucho más la vida, a intentar ser cada vez más útil a la humanidad, a mi patria, a mi familia, a mi Revolución. Por eso trato de no perder el tiempo, porque ¿qué no es la vida sino tiempo?. Perder el tiempo es perder la vida, perder el tiempo es la muerte en vida. Por eso siempre que felicito a alguien en su cumpleaños le digo: “y recuerda, la sabiduría está en llenar los años de vida y no la vida de años”.
21. ¿Ha pensado en su epitafio?
“Aquí descansa un hombre íntegro y decente que dedicó su vida a las causas buenas de la humanidad”
22. ¿Qué hecho de la historia de nuestro país le agrada. Le habría gustado participar en ello?
La historia de Venezuela es heróica, llena de grandes momentos en los que cualquiera quisiera haber participado, haber sido testigo. Pero si me tengo que referir a un hecho que al recordarlo realmente me estremece y me embarga de esa sensación de júbilo, de alegría, ese es la Victoria de abril del 2002 contra el golpe de Estado. Qué valentía, que coraje, qué heroísmo cuando el pueblo y la fuerza armada se unieron de manera espontánea, a pesar de la manipulación mediática, y tomaron las calles dispuestos a derramar su sangre, a entregar su vida en defensa de la Revolución Bolivariana y exigiendo la restitución del Presidente Chávez. Ese es un hecho heróico realmente hermoso que nunca me cansaré de conmemorar y celebrar.
23.- ¿Se arrepiente de algo en su vida?
No me arrepiento de lo que he hecho en mi vida, aunque si reconozco que muchas cosas las hubiese podido haber hecho mejor.
24.- En tres palabras, ¿cómo se define?
Soñador, perseverante, íntegro.

jueves, 12 de julio de 2012

Libro "Claves para la industrialización socialista" recibe Mención Honorífica del Premio Internacional Libertador

(Prensa CIM) El Jurado encargado de calificar las obras recibidas para el concurso del Premio Internacional Libertador al Pensamiento Crítico, en su edición 2011, acordó otorgarlo a la obra: "Del reencuentro de Marx con América Latina. En la época de la degradación civilizatoria mundial", del mexicano Jorge Veraza Urtuzuastegui.
Igualmente, el jurado otorgó Menciones Honoríficas del Premio Internacional Libertador al Pensamiento Crítico a las siguientes obras: "Claves para la industrialización socialista", del venezolano Víctor Alvarez, investigador del Centro Internacional Miranda CIM; "Bajo el imperio del capital", del argentino Claudio Katz; "Siembra de Concreto,cosecha de ira", del mexicano Luis Hernández Navarro;  "De CristóbalColón a Hugo Chávez", del venezolano Gerónimo Pérez Rescaniere, y "Los inicios de la tradición iberoamericana de derechos humanos", del mexicano Alejandro Rosillo.La alta calidad de las mismas mereció los elogios y reconocimiento unánime del jurado integrado por Ignacio Ramonet (España/Francia), Mónica Bruckman (Perú), Fernando Martínez Heredia (Cuba), Luis Britto García y Germán Yépez Colmenares (Venezuela).
"Claves para la industrialización socialista" es un análisis crítico del proceso de industrialización en las condiciones del capitalismo rentístico venezolano. El autor cuestiona la sustitución ineficiente de importaciones que condena a los trabajadores y consumidores a adquirir productos de inferior calidad y precios superiores a los importados, pero al mismo tiempo se opone a la apertura neoliberal que somete a los productores locales a una feroz competencia con las importaciones procedentes de las principales potencias industrializadas. Como alternativa entre estas dos opciones extremas, fundamenta la importancia de las políticas industriales y tecnológicas en el contenido de la política económica para profundizar la reactivación, reconversión y reindustrialización del aparato productivo nacional, en el marco de los cambios estructurales en la economía mundial, caracterizados por una incesante relocalización industrial, el auge de las industrias del conocimiento y las tensiones entre los procesos de globalización e integración latinoamericana.
Álvarez, investigador del Centro Internacional Miranda (CIM), define la industrialización socialista como un proceso llamado a sustituir la industrialización basada en la explotación del trabajo ajeno, el uso intensivo de materias primas y energía, la depredación del ambiente y los desequilibrios territoriales, por un nuevo tipo de industrialización basado en diferentes formas de propiedad social, la aplicación de nuevos principios para la justa remuneración del trabajo productivo y la inversión social de los excedentes, el uso intensivo de información y conocimientos científicos y tecnológicos, la preservación del ambiente y el desarrollo armónico y proporcional de las regiones. Con este fin, propone un conjunto de principios rectores de la industrialización socialista e identifica diferentes formas de intervención del Estado para orientar un proceso que no puede quedar sometido a las fuerzas ciegas del mercado. Argumenta que la industrialización socialista debe apoyarse en un Estado en manos de los trabajadores y de la comunidad, sin mediaciones burocráticas de ningún tipo. Solo así será posible impulsar un nuevo tipo de desarrollo industrial, capaz de asegurar una creciente producción de los bienes y servicios que se requieren para satisfacer plenamente las necesidades básicas y esenciales de la sociedad.

miércoles, 4 de julio de 2012

Foro de Sao Paulo. De la desindustrialización neoliberal a la industrialización socialista



XVIII Encuentro del Foro de Sao Paulo
II Seminario sobre Gobiernos Progresistas y de Izquierda
Caracas, 5 de julio de 2012


Venezuela: de la desindustrialización neoliberal

 a la industrialización socialista



Víctor Álvarez R.

Contenido









El extractivismo es un modelo de acumulación basado en la obtención de una renta por la explotación de recursos naturales y energéticos. Lleva a la dependencia de los países ricos en materias primas pero pobres en tecnología, los cuales se limitan a vender tales recursos en lugar de transformarlos industrialmente. Es un modelo depredador del ambiente toda vez que agota los yacimientos o los extrae a un ritmo superior a la tasa de reposición (Acosta, 2011).
Es un modelo de enclave con una actividad aislada del resto de la economía y poco impacto sobre desarrollo endógeno. Coexisten sistemas de alta y baja productividad, baja densidad de empresas industriales por cada mil habitantes, poca diversificación e integración industrial. La mala asignación de los factores productivos distorsiona la dinámica económica. El comercio y los servicios tienden a cobrar más importancia que la agricultura y la industria, que son los sectores en los que descansa la soberanía productiva, toda vez que son los que proveen los bienes que se requieren para satisfacer las necesidades de la población.
Los países con fuerte arraigo extractivista dependen de la captación de renta y no del esfuerzo productivo para satisfacer sus necesidades. La abundancia de divisas tiende a sobrevaluar la moneda nacional. Así resulta más rentable importar que producir. Los productores se transforman en importadores y desplazan a la producción nacional: importan porque no producen y no producen porque importan. La crisis estalla cada vez que los precios del recurso natural se desploman, no ingresa la misma cantidad de divisas y se impone la obligación de devaluar, generando así inflación, desempleo, pobreza y exclusión.
2.  La mentalidad rentista: ¿Qué hacer con la renta petrolera?
La certificación de cuantiosas reservas crea una ilusión de prosperidad. Desde que apareció el petróleo en Venezuela ha sido mucho más fácil devorar la renta comprándole al resto del mundo lo que bien pudiéramos estar generando internamente con nuestro propio esfuerzo productivo. De allí que la mentalidad rentista sea aquella que pretende generar ingresos sin tener que trabajar. Así pues, en los países con modelos extractivistas-rentistas, el ingreso no es fruto de su esfuerzo productivo sino de la explotación de una herencia de la naturaleza. Esta abundante renta permite comprarle al resto del mundo lo que deberían estar produciendo internamente (Mommer, 2004).
La alternativa al rentismo pasa por un profundo cambio cultural. Hay que sustituir la mentalidad rentista que procura captar la mayor renta posible para consumirla, por una nueva cultura de la inversión y del  trabajo. Pero esta inversión no puede ser sólo en infraestructura, también es clave la inversión social y la inversión en ciencia y tecnología. Todas son imprescindibles para poder transformar los recursos naturales que ahora exportamos sin mayor valor agregado, en una producción industrial que permita sustituir importaciones y diversificar la oferta exportable para generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.
Venezuela posee las reservas de crudos más grandes del mundo (OPEP, 2011). De allí la importancia de sembrar el petróleo para impulsar el desarrollo de un sólido aparato productivo, sustituir importaciones, diversificar la oferta exportable y lograr la soberanía productiva que nos permita vivir de nuestro propio esfuerzo productivo y conjurar los traumas que genera el comportamiento errático de la renta petrolera.
La renta petrolera debe tener varios destinos. La “siembra del petróleo” no debe ser vista solo como inversión en autopistas, ferrovías, metros, puentes, centrales termo o hidroeléctricas y demás obras de infraestructura. Este enfoque “desarrollista” fue el que predominó en la IV República anterior a la Revolución Bolivariana, y por eso la inversión de la renta favoreció a las empresas contratistas a las que se les adjudicaban las obras, mientras el desempleo, la pobreza y la exclusión social causaba estragos en la mayoría empobrecida de la población. La inversión en infraestructura es necesaria más no suficientes.
En su determinación por acabar con estos flagelos sociales, la Revolución Bolivariana invierte un porcentaje creciente de la renta petrolera para garantizar el derecho de todos los venezolanas/os al trabajo, alimentación, educación, salud, vivienda, ciencia, tecnología, cultura, deporte, etc. Otro porcentaje significativo es invertido en el Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN) y distintos fondos de desarrollo nacional y patrimonial que minimizan el impacto negativo del comportamiento errático que a lo largo de la historia han tenido los precios del petróleo.
La política de sustitución de importaciones se caracterizó por la transferencia de una parte de la renta petrolera al capital industrial a través de créditos a bajas tasas de interés y largo plazo, protección arancelaria y para-arancelaria, incentivos fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, capacitación de la fuerza de trabajo, asistencia técnica, etc. La inversión pública en la infraestructura básica y servicios de apoyo a la actividad industrial y la creación de un mercado interno a través del incremento de la nómina pública que demanda los bienes producidos por la industria nacional también apoyaron y facilitaron este proceso de acumulación (Álvarez, 2011).
La creación de un mercado cautivo a favor de la producción nacional se logró a través de restricciones cuantitativas, de un régimen de licencia previa, aranceles sobre el valor y volumen de las importaciones, notas o barreras para-arancelarias que prohibían o sometían a licencia previa buena parte de los renglones de importación; aplicación de cupos de importación, todo lo cual restringía la competencia externa en el mercado interno.
La Revolución Bolivariana heredó un sector industrial ineficiente, incapaz de sobrevivir sin la sobreprotección estatal; con unas estructuras de mercado oligopólicas y con altos niveles de capacidad ociosa, cuyo efecto final se manifestó en la imposición de una carga sobre los trabajadores y consumidores, quienes se vieron obligados a pagar mayores precios por artículos de menor calidad.
Con el fin de lograr la soberanía productiva, hay que reimpulsar el proceso de industrialización para sustituir eficientemente el alto volumen de importaciones de productos manufacturados que aún se realiza, así como para diversificar la oferta exportable y generar nuevas fuentes de divisas que nos haga menos dependientes del ingreso petrolero. Pero esta vez hay que hacerlo reorientando los incentivos públicos hacía las empresas de la economía social llamadas a producir valores de uso que satisfagan las necesidades básicas y esenciales de la población, en condiciones de excelente calidad y bajos costos; así como generar un creciente excedente para financiar la inversión social y comunitaria (Álvarez, 2010).
Al contrario de la escasez de divisas que obligó a muchos países a promover la industrialización, en Venezuela se ha realizado en condiciones de un abundante ingreso en divisas provenientes de las exportaciones petroleras. Es la necesidad de legitimar el régimen político de la democracia representativa y la presión por encontrar nuevas formas de acumulación, las razones que en su momento llevan a impulsar la industrialización como un gran proyecto modernizador de interés nacional (Álvarez, 2011).
Por eso, la industrialización por sustitución de importaciones fue un proceso subsidiado por el Estado de la IV República, el cual transfirió parte de la renta petrolera a la burguesía industrial a través de incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, capacitación técnica, inversiones en infraestructura y servicios de apoyo a la actividad industrial, asistencia técnica., etc. Los abundantes subsidios y la elevada protección de la que gozó la inversión industrial permitieron asegurar altos niveles de ganancia y rentabilidad en un mercado cautivo, resguardado de la competencia de productos importados. Pero los rezagos en calidad, productividad y competitividad de la industria nacional condenaron a los trabajadores a comprar productos más caros y de inferior calidad que los importados.
Y así como se impuso un modelo de protección indiscriminada e irracional que ciertamente hizo posible un mayor grado de industrialización de la economía venezolana, se pasó luego a un proceso de apertura indiscriminada del mercado interno y liberalización generalizada de las importaciones, las cuales comenzaron a desplazar a la producción nacional y a erosionar la generación de empleos productivos.
En lugar de reeditar el proteccionismo a ultranza o la apertura extrema, se trata ahora de reimpulsar la industrialización para transformar el capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista, que asegure la soberanía productiva y erradique las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.
La reactivación de la economía nacional no será gracias a la mano invisible del mercado sino obra de una sabia y oportuna actuación del Estado. Lograr y mantener la reactivación de la economía pasa por concentrar el impacto de los incentivos públicos en los sectores con mayor efecto multiplicador: los de más peso en la estructura del PIB que han sufrido una mayor contracción. En Venezuela, la manufactura es el sector que más aporta en la conformación del PIB (15 %) (BCV, 2011).
Por su peso específico en el PIB, cualquier crecimiento o contracción de la industria repercutirá en la dinámica general de la economía y el empleo. La manufactura tiene un gran impacto sobre las cadenas productivas. Hacia atrás demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. Hacia adelante ofrece bienes intermedios y finales para el desarrollo de otros sectores. Demanda también servicios de apoyo, agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Si crece la industria crecen también estos sectores.
Solo a través de un firme reimpulso a la industrialización transformaremos la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente el alto volumen de importaciones, diversificar la oferta exportable y ser cada vez menos vulnerables a los traumas que ocasionan los altibajos del ingreso petrolero. En este sentido, la política económica del Gobierno Bolivariano se propone ir más allá de la simple reactivación económica para plantearse, fundamentalmente, la transformación de una economía rentista en un nuevo modelo productivo socialista.
La idea de lograr el desarrollo a través de un creciente grado de industrialización sigue siendo una gran aspiración en la mayoría de los países de la periferia. Asocian la industrialización al logro de objetivos de modernidad, progreso y bienestar. Otros entienden el desarrollo como la construcción de autopistas, ferrovías, metros, puentes, centrales hidroeléctricas y demás obras de infraestructura.
Generalmente, el impetuoso ritmo que alcanza la actividad industrial viene acompañado por la emanación de gases con efecto invernadero; efluentes líquidos que se vierten en ríos, lagos y mares; y la acumulación de desechos sólidos que terminan siendo una bomba de tiempo. Esto es causa del calentamiento global y de un daño irreparable a la biodiversidad, con su secuela de millares de víctimas debido a las sequías, desertificación y catástrofes ambientales. Por su parte, la inversión en infraestructura es necesaria más no suficiente. El desarrollo tiene que ser sobre todo un proceso que garantice el derecho al trabajo, alimentación, educación, salud, vivienda, ciencia, tecnología, cultura, deporte y demás condiciones en las que se sustenta la calidad de vida, bienestar y felicidad de la gente.
El verdadero desarrollo humano integral solo será alcanzable a partir de un nuevo acuerdo social, político y económico que garantice las condiciones básicas para lograr la mayor suma de felicidad posible para el pueblo. Se trata de construir los grandes consensos en el marco de una sociedad diversa y plural para alcanzar objetivos comunes de bienestar colectivo. Estos acuerdos deben tener como principio rector una relación armoniosa entre los seres humanos y la naturaleza, así como la distribución equitativa de la riqueza generada con el esfuerzo productivo de todos. Se trata de saber vivir para lograr el progreso humano integral, en armonía con la naturaleza y no en conflicto con ella.
En la lógica del capital, el desarrollo se mide a través del PIB. Pobre de aquel país cuyo gobierno no muestre la eficacia de su política económica para incentivar el consumo privado como fuerza motriz del crecimiento económico. Cada caída de la demanda se traduce en una disminución de las ventas y, en consecuencia, en una merma de las ganancias que se materializan en cada transacción.
Desde esa lógica perversa y alienante se le hace el juego a la reproducción del capital. Cada vez que cae el PIB, los gobiernos suelen ofrecer incentivos a la inversión privada, convencidos de que la reactivación de la economía pasa por la recuperación de la demanda agregada, sustentada en la inversión pública y sobre todo en el consumo privado.
Exacerbar el consumismo mercantil para recuperar las ventas y facilitar un ascendente nivel de ganancias que estimule la inversión resulta ser la panacea para reactivar la economía y, supuestamente, generar los empleos que se requieren para combatir la pobreza y la exclusión social. Una paradójica e insostenible noción de desarrollo que se logra al precio de profundizar la explotación del trabajo asalariado y depredar cada vez más la naturaleza (Álvarez, 2012). 
Los recursos naturales son cada vez más limitados, la Tierra no tiene forma de ser ampliada y está cada vez más degradada. La voracidad del crecimiento capitalista se satisface extrayendo de la naturaleza todo cuanto le sea útil para producir mercancías que puedan ser vendidas para lograr más y más ganancias. Según el índice Planeta vivo de la ONU, en menos de 40 años la biodiversidad sufrió una merma del 30% y desde 1998 las emisiones de gases de efecto invernadero se han incrementado en 35 % (ONU, 2011). Es hora de pensar en una nueva noción del desarrollo socialista que supere la lógica del capital, basada en el crecimiento ilimitado del PIB.
La industrialización socialista es un proceso planificado del crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en insumos básicos, bienes intermedios y productos de consumo final, con el fin de satisfacer fundamentalmente las necesidades básicas y esenciales de la población.
Es la fuerza motriz para impulsar la transformación de una economía rentista, que casi todo lo importa y poco produce, en una nueva economía independiente y soberana. Es la única estrategia posible para transformar el modelo primario-exportador que impusieron las grandes potencias industrializadas y nos condenó a ser exportadores de petróleo y materias primas por un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente importaciones, diversificar la oferta exportable y, de esta manera, ahorrar y generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.
La industrialización socialista es un componente fundamental de una política económica diseñada para avanzar hacia el logro de los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria y productiva. Es la mejor manera de generar empleos verdaderamente fructíferos, cuya remuneración tenga como contrapartida la producción de una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador.
Además, al satisfacer la demanda interna con producción nacional se evita que los ajustes en el tipo de cambio -que encarecen el componente importado y repercuten en la estructura de costos-, desborden las presiones inflacionarias. Por eso requiere un manejo inteligente de la política macroeconómica y microeconómica; es decir, la fijación de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera; una política arancelaria y fiscal que desaliente las importaciones y favorezca la producción nacional; así como incentivos monetarios y financieros para la inversión productiva.
La industrialización socialista está llamada a superar una menguada y cada vez más cuestionada idea del desarrollo ligada a una promesa de bienestar, felicidad y calidad de vida que, en la práctica, ha reducido esta gran aspiración humana a parámetros mercantiles de crecimiento económico y consumo (Fundación Rosa Luxemburg, 2011).
La idea del desarrollo industrial queda totalmente desdibujada si se sustenta en las mismas prácticas depredadoras de la naturaleza que ha puesto en riesgo la supervivencia del planeta. La industrialización socialista plantea la necesidad de construir alternativas que salgan del patrón impuesto por las grandes potencias a los países de la periferia, el cual los ha condenado al papel de extractores de materias primas y recursos energéticos en un mercado mundial regido por lógicas neoliberales
Durante décadas la noción de país industrializado fue equivalente a la de país desarrollado, pero en la actualidad, la mayoría de esas potencias se han desindustrializado al trasladar buena parte de su actividad manufacturera a China y otros países asiáticos. Los altos costos laborales y la creciente conciencia ecologista en las otrora potencias industrializadas explican la relocalización de su  actividad fabril.
La noción del desarrollo limitada al crecimiento del PIB, inversiones,  consumo, exportaciones, reservas internacionales, ganancias, etc. no ha podido cumplir con la promesa de mejorar la calidad de vida, el bienestar y la felicidad de todos los ciudadanos. El desarrollo no puede ser un fin cuantitativo sino un proceso cada vez más cualitativo, que trascienda las necesidades materiales e incluya la satisfacción de las necesidades intelectuales, emocionales y espirituales de la gente.
La industrialización socialista marca clara distancia con el sesgo economicista del desarrollo, el cual se basa en la explotación de los trabajadores y en la depredación de la naturaleza, consecuencia inevitable de la exacerbación del consumismo capitalista que tiene a agotar los yacimientos de energía y los recursos naturales.
Y, lo más importante, la industrialización socialista tiene que basarse en nuevas formas de propiedad social que liberen al trabajador asalariado de la explotación del capital y creen nuevas formas de democracia económica a través de las cuales sean los propios trabajadores quienes construyan los acuerdos básicos para remunerar su esfuerzo productivo e invertir los excedentes, en función de resolver los problemas de los trabajadores, la comunidad y la propia empresa de propiedad colectiva.





jueves, 28 de junio de 2012

Víctor Álvarez será condecorado con la “Orden Arturo Michelena”

(Prensa CIM) Víctor Álvarez, será condecorado con la “Orden Arturo Michelena”, distinguido galardón con el cual la Alcaldía de Valencia reconoce la contribución de intelectuales y artistas al desarrollo cultural de la ciudad y el país. Álvarez es miembro activo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad y de la Red de Escritores Socialistas de Venezuela.
El investigador del Centro Internacional Miranda (CIM) recibirá de manos del Alcalde Edgardo Parra la orden en su única clase, en acto público que se realizará en el Teatro Municipal de la ciudad de Valencia, este viernes 29 de junio a las 10.00 am. La imposición se realizará en el marco del 149° aniversario del natalicio del ilustre artista plástico valenciano, Arturo Michelena.
Álvarez es autor de diez libros entre los cuales se destacan “De la Sociedad rentista a la Sociedad del Conocimiento”, “Guía teórico-práctica para la creación de EPS”, “Serie Cuadernos de Educación Comunal”, “Del Estado burocrático al Estado comunal”, “Claves para la industrialización socialista” y “Venezuela: ¿Hacia dónde va el modelo productivo?”, por el cual se hizo merecedor de otros importantes reconocimientos nacionales e internacionales entre los que se destacan la “Mención Honorífica del Premio Internacional Libertador al Pensamiento Crítico” y el “Premio Municipal al Pensamiento Político “Gustavo Machado”.
Víctor Álvarez ha sido profesor de Desarrollo Económico en la UCV, de Entorno Económico en IVEPLAN y de Teoría y Análisis de Sistemas de Innovación en el postgrado de Ciencias Administrativas de la UCV. En el gobierno bolivariano se desempeñó como Ministro de Industrias Básicas y Minería, Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, Director de PDVSA; Presidente del Banco de Comercio Exterior; Viceministro de Industrias y Presidente del Fondo de Reconversión Industrial. Actualmente es miembro de la junta directiva del Centro Internacional Miranda (CIM), donde realiza su actividad de investigador, analista y escritor.

miércoles, 20 de junio de 2012

La trampa de la “economía verde”

A 20 años de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra 92), del 20 al 22 de junio se realizará una nueva conferencia mundial en Río de Janeiro. Las grandes potencias pretenden imponer en Río+20 un mandato a las Naciones Unidas para desarrollar un marco legal supranacional que permita la mercantilización y privatización de la naturaleza.

 ¿Qué es la “economía verde”?
Cualquiera puede pensar que la “economía verde” se refiere a la producción agrícola orgánica, energías renovables, tecnologías limpias, etc. Pero resulta que la “economía verde” es un invento de las grandes potencias para superar la actual crisis de la economía capitalista a través de nuevos espacios de acumulación basados en la mercantilización, explotación y privatización de la naturaleza.
Con la “economía verde” se busca cuantificar y valorizar económicamente las distintas funciones de la naturaleza e introducirlas al mercado a través de una serie de mecanismos financieros. Se trata de mercantilizar no solo la base material de la naturaleza sino también los procesos y funciones de la misma, a través del comercio de los servicios de los ecosistemas. Así por ejemplo, en la “economía verde” se podrá no sólo mercantilizar la madera de los árboles sino también la capacidad de absorción de CO2 de los bosques.
Todo esto bajo la figura de servicios ambientales que serían ofrecidos por empresas capitalistas, apoyadas por toda una serie de generosos incentivos fiscales, financieros y de compras gubernamentales que ofrecerán los gobiernos para asumir los costos que deberían ser cargados a las empresas contaminantes.
Lo que se pretende imponer en la Cumbre de Río
Aunque Río+20 debería evaluar y rendir cuentas sobre los objetivos y metas acordados en la Cumbre de 1992, las prioridades en la agenda son la implantación de un nuevo sistema de gobernanza ambiental global que facilite la mercantilización y privatización de la naturaleza, empaquetados en el concepto de “economía verde”. 
Las grandes potencias están decididas a imponer en Río+20 un mandato a las Naciones Unidas para empezar a desarrollar un marco legal y regulatorio supranacional, con su respectivo entorno institucional, que cree las bases para un mercado mundial de servicios ambientales.
La amenaza de mercantilizar la naturaleza
El interés de las corporaciones transnacionales es desarrollar nuevos mercados para la venta de servicios ambientales, los cuales tienen su antecedente en los mercados de carbono que surgieron a raíz del Protocolo de Kioto, el cual fijó sanciones a los principales contaminadores para obligarlos a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Como se sabe, para mitigar el impacto en los costos y su inevitable repercusión en las ganancias empresariales, se creó el crédito del carbono. Una tonelada de CO2 equivale a un crédito de carbono. A través de este servicio, las potencias que sobrepasan el límite de contaminación permitida, para evitar la sanción pueden comprar el crédito de los países pobres que tienen una emisión por debajo del límite. Las potencias contaminadoras pueden adquirir ese margen para emitir o compensar una cantidad equivalente de gases de efecto invernadero, y con la cara más dura mostrarse luego al mundo como países respetuosos y cumplidores de los acuerdos de protección ambiental, sin que haya una reducción neta de las emisiones que destruyen la capa de ozono, sino operaciones especulativas con la compra-venta de tales bonos.
La particularidad de los servicios ambientales es que no son prestados por una persona o empresa, sino ofrecidos sin costo alguno por la naturaleza, y las transnacionales quieren comenzar a cobrar por ellos apropiándose de las selvas tropicales, de los bosques plantados, de ríos, lagos y ecosistemas. Se trata de elaboradas propuestas para facilitar el asalto y saqueo de la naturaleza.
El carácter especulativo de la economía verde
Ante la crisis financiera que no termina de superarse, la mercantilización de la naturaleza aparece como una máscara de oxigeno para aliviar la asfixia que sufren los mercados especulativos. Con la “economía verde” se busca reorientar las inversiones financieras hacia el “capital natural”, pero en esencia se trata de una nueva forma de reactivar y ampliar los mercados especulativos de servicios ambientales que se inauguraron con los certificados de carbono, en los que se mueven 180 mil millones de dólares.
La “economía verde” lejos de reactivar la producción de bienes reales desarrollará un mercado ficticio de bonos y certificados financieros que se negociarán a través de las bolsas de valores y la misma banca que provocó la crisis financiera del 2008 y luego fue premiada por gobiernos complacientes con millardarios auxilios financieros. Si se aprueba ese nuevo sistema de gobernanza ambiental, esa banca podrá especular y realizar ganancias extraordinarias con la compra-venta de los bonos y certificados asociados a los servicios ambientales, a imagen y semejanza de lo que ha ocurrido con los certificados o créditos de carbono.
Surgirán así nuevos mercados financieros a expensas de la naturaleza y las corporaciones transnacionales impondrán un control cada vez mayor sobre los países ricos en biodiversidad pero pobres en tecnología.
Desarrollo sustentable y economía verde: más de lo mismo
Si el término desarrollo sustentable fue manipulado para hacer creer que era posible relanzar el desarrollo capitalista en armonía con el ambiente, la “economía verde” es un concepto aún más complaciente a la hora de facilitar las pretensiones de mercantilizar la naturaleza.
Ambos conceptos son muy útiles a quienes sostienen que no hay necesidad de cambiar el modelo capitalista. Argumentan que con tecnologías más eficientes se puede  armonizar el crecimiento económico con la escasez de recursos naturales, que es como el capital denomina a la naturaleza.
Las nociones del “desarrollo sustentable” y “economía verde” son una cortina de humo que pretende esconder la responsabilidad de las grandes potencias capitalistas en la devastación ambiental y la destrucción del planeta. 20 años después del lanzamiento de la tesis del desarrollo sustentable, los principales problemas ambientales se han agravado: el hueco en la capa de ozono, calentamiento global, derretimiento de los glaciares, acidificación de los mares, contaminación de las aguas, degradación de la tierra, alteración de los ciclos agrícolas, reducción de la biodiversidad y las catástrofes naturales, son parte de los fenómenos que se han agravado en estas dos décadas de “desarrollo sustentable”, poniendo en evidencia la irracionalidad y límites de un modelo económico basado en el saqueo y depredación de la Madre Tierra.
El capitalismo es la causa del problema
En los documentos que se discutirán en Río + 20 no se cuestionan los excesivos e insostenibles patrones de consumo y producción capitalistas, ni se plantea el necesario y urgente cambio de un paradigma económico basado en la explotación del ser humano y en la depredación de la naturaleza. Por el contrario, se complace la pretensión de las grandes potencias de crear un nuevo sistema de gobernanza ambiental global que facilite la valorización monetaria de la naturaleza, con el fin de mercantilizar sus funciones a través de la contratación de servicios ambientales.
En los marcos de una economía capitalista no es posible el desarrollo sustentable ni mucho menos una “economía verde”. Desde la lógica del capital, el desarrollo se reduce al crecimiento del PIB, el cual se sustenta en la actividad de empresas que explotan al ser humano y depredan el ambiente. Mientras que la sustentabilidad es una noción ecológica totalmente contradictoria con la esencia explotadora y depredadora de la economía capitalista.
El propósito de imponer en la Cumbre de Río un sistema de gobernanza ambiental global para impulsar la “economía verde” debe ser denunciado como un intento de las grandes corporaciones transnacionales y los gobiernos de las grandes potencias capitalistas de mercantilizar y privatizar la naturaleza.