viernes, 25 de abril de 2014

¿Qué pasaría en Venezuela si se aumenta el precio de la gasolina?


Por: Víctor Álvarez R.
Tabla de contenido 















 

Introducción

La concentración de dióxido de carbono CO2 en la atmósfera es causa del calentamiento global, fenómeno que está generando efectos cada vez más peligrosos. Las emisiones de gases de efecto invernadero no se detienen y preocupan ya no solo a científicos y ambientalistas, sino también a un creciente número de gobernantes y habitantes del planeta, debido a los daños que provocan los desastres naturales que son consecuencia del calentamiento global.

La quema de carbón, petróleo y gas natural origina una dramática aceleración del aumento del CO2 en la atmósfera, la cual ha llegado a 400 partes por millón de moléculas en los registros de la estación atmosférica Mauna Loa, en Hawai, considerada el epicentro mundial para el estudio de los gases de efecto invernadero desde que comenzó a operar en 1958. A lo largo de la civilización, el dióxido de carbono ha estado en niveles de entre 180 a 280 partes por millón, pero en poco más de cien años la actividad del ser humano lo ha elevado a 400, cuando no se debería haber llegado a 350[1]. No hay ciclo natural en este planeta capaz de desatar un fenómeno tan peligroso en ese lapso de tiempo.

Adicionalmente, debido al aumento de la temperatura en el globo terráqueo, se prevé que en los próximos años los gases metano que se encuentran en los sedimentos superficiales de los océanos y bajo el hielo del ártico, se liberen y salgan a la atmósfera. Esas emisiones adicionales de gas podrían acelerar hasta cinco veces más el calentamiento global. Por estas razones, nuestra civilización se encuentra amenazada y en peligro de sufrir calamidades climáticas globales, sin que se observen señales de una reducción significativa de las emisiones que, al ritmo actual, provocarán desastres impredecibles en el mediano y largo plazo.

Como puede apreciarse en el siguiente cuadro, Venezuela es uno de los países de América Latina con un nivel de emisiones de CO2 por encima de países con mayor grado de industrialización, como Argentina, Brasil, México y Francia.

 
 
Emisiones de CO2
(toneladas métricas per cápita)
2008
2009
2010
Argentina
4,80
4,50
4,50
Brasil
2,00
1,90
2,20
Colombia
1,50
1,50
1,60
Cuba
2,70
2,60
3,40
Ecuador
2,00
2,10
2,20
España
7,20
6,30
5,90
Estados Unidos
18,60
17,30
17,60
Francia
5,80
5,50
5,60
Federación Rusa
12,10
11,10
12,20
Japón
9,50
8,60
9,20
Italia
7,50
6,70
6,70
México
4,10
3,80
3,80
Venezuela
6,60
6,50
6,90

Fuente: Banco Mundial

Basta un accidente en un campo petrolero o en una refinería para que se generen centenares de miles de toneladas de CO2 que dan al traste con buena parte de los esfuerzos de un país para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas catástrofes -que con frecuencia ocurren en torno a la actividad extractiva, especialmente la petrolera-, y aumentan la emanación de gases tóxicos a la atmósfera, tales como el propano y butano (además de las sustancias químicas derramadas en los suelos), causando un enorme daño, tal como se puede  apreciar con solo ver la siguiente fotografía:

Cronología | 10 años de incidentes en instalaciones de Pdvsa

Esa imagen corresponde a la tragedia ocurrida en la Refinería de Amuay, en Venezuela, el día viernes 24 de agosto de 2012, a las 23:57 horas, cuando se produjo un escape masivo de gas inflamable que se incendió y generó una onda expansiva, causando la pérdida de vidas humanas, graves heridos, daños materiales a las viviendas de muchas familias y a las propias instalaciones de la refinería. El accidente ocurrió cuando una fuga de olefinas en el área de almacenamiento de Gas Licuado de Petróleo (GLP) no se dispersó. La olefina es un hidrocarburo más pesado que el oxígeno y tiende a concentrarse como una neblina en el piso. En los primeros 10 segundos la nube de olefinas alcanzó una altura de siete metros y, al hacer contacto con una fuente de ignición, produjo una fuerte explosión y posterior incendio que se extendió a nueve tanques de almacenamiento de naftas y gasolinas, y una esfera de olefinas.

En el Informe Oficial se señala que la fuga de gas ocurrió de forma abrupta o provocada, y no accidental, lo cual reviste carácter de sabotaje. La explosión en la Refinería de Paraguaná generó 47 muertes, 135 lesionados, 3.400 viviendas afectadas en áreas aledañas, daños materiales en tanques de la refinería y 1.100 millones de dólares en pérdidas. La repercusión más inmediata y evidente en la salud de las personas es la ocasionada por la deposición de las partículas emitidas que, al contaminar el aire que se respira, ocasionan problemas respiratorios y cardiopatías, además de alterar los ciclos químicos y de nutrientes en los suelos y las aguas superficiales.

Las páginas siguientes están dedicadas a desmontar un tema tabú en Venezuela que, por no afrontarse y debatirse, genera un consumo irracional y despilfarrador de gasolina que no contribuye a reducir en mayor medida la emisión de gases de efecto invernadero y mantiene fuertes presiones para la extracción innecesaria de petróleo, con el consiguiente impacto ambiental, económico y social.

1.   La paradoja del modelo extractivista-rentista


Según los “Principales accidentes registrados en la última década en instalaciones de la industria petrolera 2012-2013”, el voraz incendio en la Refinería de Amuay no es el único que ha ocurrido en la historia del extractivismo petrolero en Venezuela, lo cual resulta muy ilustrativo para formarse una idea de los daños irreparables que es capaz de generar los frecuentes accidentes que ocurren en el curso de la actividad extractiva.

Ante las frecuentes pérdidas humanas, ambientales, materiales y financieras que provoca el modelo extractivista-rentista, lo lógico sería plantearse la superación de ese modelo contaminante y depredador. Sin embargo, tras el objetivo de captar una mayor renta petrolera para financiar el gasto público, los objetivos gubernamentales se orientan a la expansión de la  industria petrolera para llevarla de los 3 millones de barriles diarios que actualmente se extraen, a 6 millones en 2019[2]. Presionados por la urgencia de resolver los problemas sociales y de escasez, la cultura extractivista-rentista mantiene la inercia de exportar el mayor volumen de recursos naturales al mejor precio posible. Se impone así un modelo que anula otras opciones de recursos -tales como las fuentes alternas de energía o la agroecología-, prolongando los daños ambientales y sociales que ocasiona la actividad extractiva.

2.   Subsidio a la gasolina como expresión de la cultura extractivista-rentista


En un Informe sobre “Perspectivas energéticas mundiales”, la Agencia Internacional de Energía y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico estiman que Venezuela subsidia el 75,3% del costo de la gasolina, equivalente a $15.700 millones, 6,9% del PIB y $689,2 por persona[3].

Si comparamos el precio de venta en el mercado interno con el precio de exportación, el subsidio es de $ 11.834 millones anuales. Pero si la comparación se hace con los precios internacionales (que es mayor que el precio de exportación) el subsidio sube a $ 15.700 millones, cifra superior a las transferencias de PDVSA a las misiones sociales.

Subsidio a la gasolina años 2007-2011

(en MM $)

INDICADORES
2007
2008
2009
2010
2011
Subsidio por costo ($)
-108
-439
-341
-488
-750
Subsidio X Ingreso ($)
-5.839
-8.402
-5.353
-7.805
-11.834

Fuente: Balances financieros de PDVSA, PODE varios años, BCV, cálculos propios

Y si comparamos el monto del subsidio solamente para cubrir los costos de producción, sin contar el subsidio a los transportistas y gasolineras, el monto llega a $ 750 millones anuales, equivalente al 15,20 % de la utilidad neta de PDVSA. En cualquier caso, estamos hablando de montos extraordinariamente altos que pudieran ser reorientados a atender necesidades sociales insatisfechas, tales como el transporte público o viviendas. 

Subsidio a la gasolina

$ MM

INDICADORES
2008
2009
2010
2011
Utilidad de PDVSA (Millones de $)
9.413
4.498
3.202
4.945
Subsidio X Costo (Millones de $)
439
341
488
750
Relación Subsidio/Utilidad Neta
4,70%
7,60%
15,30%
15,20%

Fuente: Balances Financieros de PDVSA y cálculos propios

3.   ¿Cuánto cuesta la gasolina en Venezuela?


Mientras en EE.UU., Unión Europea y Japón el precio de la gasolina no baja de $ 3,90 el galón de 3,78 litros, en Venezuela la  gasolina de 91 octanos se vende a 0,07 Bs/litro y la de 95 octanos a 0,097 Bs/litro. Esto es menos de 2 centavos de dólar por litro. Una botellita de agua mineral cuesta 100 veces más que un litro de gasolina.

En aquellos países, llenar un tanque de 60 litros cuesta más de 60 dólares, mientras que en Venezuela solo vale 5,80 bolívares, menos de un dólar a la tasa de cambio oficial de 6.30 Bs/$. Si se va a la estación de servicio una vez a la semana, esto significa un subsidio aproximado de $ 60 dólares, que multiplicado por 52 semanas representa un subsidio de $ 3.120 por vehículo al año. Si multiplicamos este monto por los 4 millones de vehículos particulares y de alquiler (Ver cuadro) que circulan en el territorio nacional, resulta ser que anualmente se destinan 12 mil 480 millones de dólares a subsidiar un consumo de gasolina cada vez más irracional.

Pero no se trata de vender la gasolina al precio internacional, sino de debatir las consecuencias de un escandaloso subsidio que estimula el despilfarro del combustible, contribuye a incrementar la emisión de gases de efecto invernadero y a colapsar el tráfico en todas las ciudades. Sobre esta base podremos identificar mejores argumentos que contribuyan a sincerar el precio de la gasolina, no solo para cubrir los costos de producción y mejorar las cuentas de PDVSA, sino también para aliviar las presiones de extraer más petróleo destinado a satisfacer un consumo a todas luces irracional y derrochador, propiciando así la transición a un modelo post-extractivista.

Precios del combustible
(US$ por litro)
 
2008
2010
2012
Argentina
0,78
0,96
1,46
Brasil
1,26
1,58
1,39
Colombia
1,04
1,41
1,28
Cuba
1,67
1,72
1,40
Ecuador
0,51
0,53
0,58
España
1,23
1,56
1,75
EE.UU.
0,56
0,76
0,97
Francia
1,52
1,98
1,91
Rusia
0,89
0,84
0,99
Italia
1,57
1,87
2,28
Japón
1,42
1,60
2,00
México
0,74
0,81
0,86
Venezuela
0,02
0,02
0,02

Fuente: Banco Mundial

4.   ¿A quién beneficia el subsidio a la gasolina?


El subsidio a la gasolina es una medida que aparentemente favorece a los que menos tienen pero, en realidad, facilita una redistribución regresiva del ingreso que solo beneficia a los que más tienen. Cuando se destinan cuantiosos recursos públicos para subsidios indirectos que benefician a pobres y ricos por igual, se comete una injusticia redistributiva ya que los más pudientes no necesitan que se les subsidie nada. Las clases de mayores recursos tienen la capacidad económica suficiente para comprar uno o varios vehículos, mientras que los más pobres se ven obligados a trasladarse en un sistema de transporte público cada vez más deficiente.

Si se sincera el precio de la gasolina con base en el precio al que se exporta, que es menor al precio internacional, aún se estaría vendiendo la gasolina a precios por debajo del precio al que se vende en la mayoría de países, pero cada año se obtendrían cerca $ 11.834 millones en ingresos adicionales, los cuales bien pudieran ser invertidos en modernizar y ampliar el sistema de transporte público, el cual es utilizado justamente por las personas de menores recursos que no tienen como adquirir un vehículo.

Esto si sería una verdadera medida de justicia redistributiva, toda vez que el ajuste del precio de la gasolina lo pagarían quienes más tienen, aportando ingresos fiscales adicionales para ser invertidos en la ampliación y modernización de la flota de transporte público y en el financiamiento de otros programas de interés social.

5.   Subsidiar la gasolina es reaccionario y antipopular


En el imaginario venezolano está muy arraigada la idea de vivir en un país rico que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo. Por eso considera natural que el precio de la gasolina sea tan barato y lo asume como un derecho adquirido. Sin embargo, se trata de un subsidio regresivo que, como se ha demostrado, favorece sobre todo a los propietarios de vehículos de alta cilindrada con alto consumo de gasolina, mientras que los más pobres que no tienen carro no se benefician del subsidio. 

Las misiones sociales han sido la estrategia del Gobierno para luchar contra el desempleo, la pobreza y la exclusión social.  A través de transferencias directas,  PDVSA apoya a casi todas las misiones sociales y programas de desarrollo social que ejecuta el Gobierno. De los 28 millones de venezolanos, el Estado favorece con un subsidio regresivo a la minoría con mayor poder adquisitivo, pues distribuye cerca de 12 mil millones de dólares a los propietarios de 3 millones.635 mil vehículos particulares -a razón de $ 3.120 por vehículo-, mientras que a 25 millones de personas que no poseen vehículo, distribuye 20 mil 549 millones de dólares, lo que equivale a 821,96 dólares p/c anuales.[4]

Parque automotor en circulación, según tipo , 2000-2012

Tipo de Vehículo
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
Total
3.769
3.851
4.380
5.219
4.812
4.946
5.016
Particular
2.399
2.589
2.940
3.425
3.487
3.584
3.635
Alquiler/1
259
280
304
401
334
343
348
Carga
586
632
759
956
907
932
946
Colectivos 2/
35
38
41
33
47
49
49
Motocicletas
245
313
336
404
37
38
38

 Fuente: INE

De allí que el subsidio a la gasolina se esté convirtiendo en una medida reaccionaria y antipopular que empieza a provocar un creciente malestar e indignación en los sectores de menores ingresos que no sienten el beneficio de semejante subsidio. Desde las bases populares se empieza a plantear la necesidad de sincerar el precio del combustible para redistribuir ese ingreso desde los sectores que más carros tienen, hacia los sectores que no tienen un vehículo propio. Están cada vez más conscientes de que el bajo precio del combustible beneficia sobre todo a las familias que tienen dos, tres o más vehículos; mientras que los que no tienen carro se ven obligados a desplazarse en autobús o metro y, por lo tanto, en nada se benefician de una gasolina irracionalmente barata.

No se trata de subir el precio al nivel internacional ni de aplicar aumentos de forma brusca y torpe que provoquen malestar y protestas populares. Se trata de sincerar gradualmente el precio del combustible para desestimular su despilfarro, reducir la emisión de gases de efecto invernadero, bajar la presión para extraer más petróleo, cubrir los costos de producción de PDVSA y generar un excedente destinado a modernizar la flota de transporte público que ayude a mejorar las precarias condiciones en las que viajan quienes no poseen vehículo. Eso sería mucho más progresista, justo y equitativo. 

6.   El costo fiscal del subsidio a la gasolina


En la Asamblea Nacional se plantea discutir una propuesta de reforma fiscal para aumentar la recaudación de impuestos. Las actuales restricciones presupuestarias que confronta el gobierno nacional hacen propicia la ocasión para debatir sobre las gratuidades y subsidios indebidos que ejercen una fuerte presión sobre el déficit fiscal y, por lo tanto, deberían ser revisados y rectificados con el fin de evolucionar de la actual cultura rentista hacia una nueva cultura tributaria.

Si en Venezuela se quiere superar la cultura rentista, que celebra la eliminación de los peajes, el subsidio a la gasolina, al gas, a la electricidad, al agua y siempre espera que todo lo pague el petróleo, el país tiene que evolucionar hacia una nueva cultura tributaria y estar conscientes de la necesidad de transformar esos subsidios regresivos en impuestos progresivos que faciliten una distribución progresiva y más equitativa de la riqueza.

Para cerrar el déficit fiscal el gobierno puede apelar al camino largo de la reforma tributaria y el perfeccionamiento de los mecanismos de recaudación, o irse por la vía corta de la devaluación con fines fiscales, tal como lo ha hecho en otras ocasiones. La devaluación le posibilita al fisco obtener en el acto más bolívares al vender el ingreso petrolero (más de $ 95.000 millones en 2012) no a 6.30 Bs/$ sino al doble, tal como lo está haciendo en las subastas de divisas. No olvidemos que la principal fuente de ingresos fiscales sigue siendo el ingreso fiscal de origen petrolero. El Petróleo se vende en el mercado internacional en dólares y luego esos dólares se convierten en bolívares, a 6.30 Bs/$ según la tasa oficial y a 12 o más en las subastas del Sistema Complementario de Administración de Divisas (SICAD). Al ser el Estado venezolano el perceptor del 95% ó más del ingreso en divisas, esa situación provoca que cualquier medida que se adopte de vender los dólares más caros, se traduce de inmediato en una transferencia de recursos del resto de la sociedad que tiene bolívares, a favor del Estado que es el dueño del 95 % de los dólares.

Cualquier medida de devaluación opera entonces como un impuesto cambiario que nutre e inyecta ingresos fiscales adicionales. De hecho, cuando empeora el déficit fiscal como porcentaje del PIB, cuando cae el precio del petróleo y se derrumba el ingreso fiscal de origen petrolero, cuando se contrae la economía y se  recauda menos IVA e ISR, se suele apelar a la devaluación como un impuesto cambiario que permite conjurar los problemas de flujo de caja en la Tesorería Nacional, y así poder mantener al día el pago de nómina, contratistas, proveedores, misiones sociales, etc. Por lo tanto, en la necesidad de generar más ingresos fiscales para reducir el déficit y sostener el creciente nivel de gasto público subyace una de las razones de más peso a la hora de tomar la decisión de devaluar.

Entre 1998-2012 el Índice Nacional de Precios al Consumidor se incrementó 1.270%, los costos de extracción del barril de petróleo se elevaron 111% y los del barril de gasolina 163%; sin embargo, el precio interno de este combustible se ha mantenido constante, lo cual implica pérdidas millonarias para PDVSA. Por lo tanto, en un contexto de restricciones fiscales y presupuestarias, mantener un subsidio de $ 750 millones para poder cubrir los costos de producción de la gasolina, o dejar de percibir más de $ 11.000 millones al vender la gasolina en el mercado interno por debajo del precio de exportación, se hace cada vez más inviable y puede tener un costo político muy elevado, toda vez que se desvían cuantiosos recursos que bien pudieran ser destinados a atender los urgentes problemas sociales que aún están pendientes.  

7.   ¿Devaluar el bolívar o aumentar la gasolina?


Sin embargo, en un país donde casi todo los años hay una elección de concejales, alcaldes, gobernadores, diputados a presidente, el costo político de devaluar puede ser muy alto. Tomando en cuenta que todo gobierno es un actor político que busca minimizar las pérdidas y maximizar las ganancias por cada decisión que tome, calculadas en términos de popularidad, elecciones ganadas, porcentaje de votos con los que se triunfa, etc., en un año electoral, el gobierno escogerá entre devaluar o aumentar el precio de la gasolina para cerrar el déficit fiscal, según lo que indique su análisis de costo-beneficio político

Por los antecedentes que explicaremos más adelante, tanto la devaluación como el aumento del precio de la gasolina parecieran ser medidas políticamente incorrectas, en vísperas de las elecciones municipales previstas para el 8 de diciembre de 2013. Se asume que el costo en votos de cualquiera de las dos medidas puede ser muy alto, y a pesar de que pueden generar abundantes recursos para financiar la gestión municipal y el fortalecimiento del poder comunal, la dirigencia política evade este tema y ni siquiera se discuten sus ventajas y desventajas como parte del debate electoral.

Al monopolizar las decisiones sobre el anclaje cambiario y el subsidio a la gasolina, en lugar de consultar al pueblo y dejar que sea él quien decida, cualquier ajuste que se haga termina siendo interpretado como un fracaso del gobierno. Pero en una democracia participativa y protagónica como la que en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se plantea construir, esta decisión debería ser sometida a referendo consultivo -tal como lo establece el artículo 71 de la Constitución-, para que sea la ciudadanía la que se pronuncie y decida, y así se cumpla el principio de “un gobierno que manda obedeciendo la voluntad del pueblo”.

8.   Los costos del contrabando de extracción


En Colombia, el galón de 3,78 litros cuesta 8.600 pesos; o sea, 2.275 pesos por litro. Con base en una tasa de cambio 1.900 pesos por dólar y 6.30 Bs/$, un bolívar equivale a 301,6 pesos. Si dividimos 2.275 pesos que cuesta el litro entre esta tasa de cambio de 301,6 bolívares por peso, esto significa que un litro de gasolina que se compra en Venezuela a 0.097, en Colombia equivale a Bs. 7,5. En otras palabras, a la tasa de cambio oficial, en Colombia un litro de gasolina cuesta 78 veces más. Dicho de otra forma, el litro de gasolina que en Colombia cuesta 2.275 pesos, en Venezuela cuesta solo 29 pesos, y esto se traduce en un enorme estímulo para que los vehículos colombianos crucen  la frontera y llenen el tanque de gasolina en las estaciones de servicio venezolanas. En efecto, llenar un tanque de 80 litros de 95 octanos por apenas 2.320 pesos (lo que cuesta un solo litro en Colombia) para luego revenderlo por 182.000 es un negocio muy lucrativo que incentiva el contrabando de extracción. Con un viaje diario de lunes a viernes cualquiera obtiene un ingreso aproximado de $ 500 a la semana y $ 2.000 al mes. Esto sin considerar los vehículos de las redes de contrabandistas que han sido acondicionados con tanques con capacidad de 250 litros y más.

Ante semejante diferencial de precios, cualquier control o medida represiva que se tome con la intención de combatir el contrabando de extracción, siempre será insuficiente. La solución no está en más alcabalas y controles sino en erradicar el principal estímulo a tales prácticas perversas e ilegales. Sincerar el precio de la gasolina, sin que esto signifique llevarlo al precio internacional, permitirá reducir este enorme diferencial, que es la principal causa del contrabando de extracción. 

Venezuela procesa 330.000 barriles diarios de gasolina y se estima que hacia Colombia sale el equivalente a 25.000 barriles diarios, a través del contrabando en pequeños barriles y camiones-cisterna. A un precio de $ 90 por barril, la perdida por el contrabando de extracción supera los $ 800 millones anuales. Es tan elevada la salida ilegal del combustible que se han dejado de exportar gasolina para consumirla en el mercado interno. La producción nacional ya no alcanza y se mantiene una creciente presión para importar componentes y satisfacer semejante demanda.

En el caso de la gasolina subyace la misma lógica que explica la ninfomanía del dólar. El precio oficial se mantiene anclado por varios años, mientras que el  precio que se forma en el mercado se va alejando de la cotización oficial. El dólar de CENCOEX, e incluso el de las subastas del SICAD, resultan muy baratos en comparación con el precio que la gente está dispuesta a pagar por la divisa en el mercado paralelo. Semejante brecha entre uno y otro precio es lo que estimula una insaciable demanda de las divisas subsidiadas a la tasa de cambio oficial.

Los problemas relacionados con el contrabando de gasolina y la especulación con las divisas no se debe a fallos del mercado, sino a fallas de las decisiones gubernamentales que han optado por congelar el precio de la gasolina y mantener anclada la tasa oficial de cambio, en un contexto inflacionario.

La cura de la ninfomanía del dólar y la solución al contrabando de extracción no dependen de la mano invisible del mercado, sino de la mano que firma la decisión gubernamental para sincerar tanto el precio de la gasolina como el precio del dólar. La reciente crisis económica mundial dejó claro los estragos que causan las fuerzas ciegas del mercado cuando se dejan sin regulación ni control, pero también las regulaciones arbitrarias y rígidas han demostrado el terrible daño que le hace a la economía y el bienestar de una Nación el desconocimiento e incomprensión de las leyes que rigen las decisiones económicas, no solo de los grandes grupos económicos y corporaciones transnacionales, sino también de los ciudadanos de a pie.

9.   Reconversión a gas


En Venezuela el discurso oficial cuestiona el consumo exagerado de energía en el mundo, principalmente por parte de los países industrializados, al cual le atribuye el calentamiento global y el acelerado proceso de deterioro ambiental que amenaza la supervivencia de la humanidad y de la vida en nuestro planeta. Desde el gobierno se plantea que el cambio climático y sus arrasadores impactos son provocados por un sistema de producción y consumo esencialmente depredador. Paradójicamente, Venezuela no es solo uno de los principales productores mundiales de hidrocarburos, sino el país con la gasolina más barata del mundo, lo cual estimula un consumo irracional del combustible que agrava la emisión de gases de efecto invernadero. Esta realidad está en abierta contradicción con la “Misión Revolución Energética” que impulsa el Gobierno Bolivariano de Venezuela, toda vez que el pernicioso subsidio a la gasolina dificulta la transición hacia un nuevo modelo social basado en el uso consciente, eficiente y  responsable de la energía. El bajo precio de los combustibles lo que hace es estimular las conductas derrochadoras y altamente contaminantes.

La Misión Revolución Energética[5]  fue lanzada el 17 de Noviembre de 2006, por el Presidente Chávez, con el fin de contribuir a preservar el planeta a través de medidas que contribuyeran a racionalizar la generación, distribución y consumo de energía derivada de los combustibles fósiles. Esto requiere elevar la conciencia ambientalista de la ciudadanía, propósito para el que en nada contribuye el escandaloso subsidio a la gasolina.

Un esfuerzo infructuoso lo encontramos en el Proyecto Autogas[6]. Esta iniciativa forma parte de la Misión Revolución Energética y se basa en la construcción de estaciones de servicio con despacho de Gas Natural Vehicular (GNV) para facilitar la reconversión del parque automotor que funciona con gasolina al sistema de GNV. Pero en Venezuela es tan barato el precio de la gasolina que no hay mayor incentivo económico para sustituirla por el gas, y esto impide avanzar hacia un nuevo modelo que contribuya a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero que agravan el problema del calentamiento global. La infraestructura de abastecimiento de GNV será cada vez más utilizada a medida que el fortalecimiento de la conciencia ambientalista se complemente con la corrección de un precio de los combustibles que propicia su despilfarro y derroche.

Aunado al irracional consumo que genera el bajo precio de la gasolina, las prolongadas sequías detonaron la crisis del sistema de generación de hidroelectricidad, cuestión que afectó la sustitución de plantas generadoras que funcionan con diésel. Mientras el costo de generación en las plantas termoeléctricas sigan siendo más bajo que otras alternativas, en la lógica economicista dominante se seguirá imponiendo la alternativa más barata y se afectará también la fabricación e instalación de equipos para la generación de electricidad a través de fuentes alternativas de energía como la eólica y la solar.

Venezuela posee una posición privilegiada en cuanto a sus reservas probadas de gas que la ubican en el  primer  lugar en Latinoamérica y en el séptimo a nivel mundial. Se trata de un gas natural menos contaminante y de bajo costo de producción, que representa una opción más económica que los combustibles líquidos, siempre y cuando se sincere el precio de la gasolina. De masificarse su demanda, se podría reducir significativamente la extracción de más de 700 mil barriles diarios de petróleo que se destinan al consumo interno.

Vale decir aquí, que el alto consumo nacional resta cada vez más volumen a las exportaciones de productos derivados, las cuales cayeron de $ 226 mil barriles diarios en 1998 a solo 40 mil barriles en 2012, revitalizando así el modelo extractivista basado en la exportación de recursos naturales y energéticos sin valor agregado. La caída de las exportaciones de gasolina se acentuó debido a que -para paliar la crisis energética-, Pdvsa destinó mayor cantidad de combustibles para generar electricidad en las nuevas plantas termoeléctricas.

Sincerar el precio de la gasolina pasa por una intensa campaña educativa y concientizadora que permita a la ciudadanía comprender en toda su magnitud los efectos de la contaminación atmosférica en la salud y la vida en el planeta y, sobre esta base, promover la reconversión de gasolina a gas del parque automotor. Pero mientras la gasolina se mantenga tan barata no habrá ningún estímulo para sustituirla por gas y, por el contrario, estimula un consumo irracional. Un ajuste del precio plantearía la necesidad y conveniencia de reconvertir a gas el parque automotor, a fin de racionalizar el consumo, reducir costos de transporte y contar con un ambiente menos contaminado.

10.       ¿Qué pasaría si aumentan el precio de la gasolina?


Las protestas que estallaron en Brasil en el año 2013, a raíz del aumento de los pasajes del transporte público, han servido en Venezuela para recordar los terribles y trágicos sucesos del Caracazo en el año 1989, cuyo detonante fue precisamente el aumento de la gasolina y su impacto en el incremento de los pasajes. Desde entonces, buena parte de la actual dirigencia política está convencida de que cualquier incremento en el precio del combustible automáticamente desatará una protesta popular. Aun así, el gobierno de Rafael Caldera en el año 1996 aumentó el precio de la gasolina sin que se produjera ninguna protesta popular, en un contexto en el que los flagelos del desempleo, pobreza y exclusión social golpeaban duramente a la mayoría de la población.

La falsa creencia de que el Caracazo fue la consecuencia inmediata del aumento de la gasolina no toma en cuenta el contexto en el cual se produjo la insurrección popular del año 89, cuando el aumento de la gasolina fue el detonante más no la causa de las protestas. Recordemos que las mismas estallaron debido al creciente descontento por la aplicación de un severo programa de ajuste neoliberal, conformado por medidas antipopulares tales como: liberación de precios, aumento de las tasas de interés, eliminación del control de cambio con su impacto inflacionario, apertura a las importaciones que barrieron con el aparato productivo y privatización de empresas del Estado con la consiguiente reducción de nóminas y pérdida de millares de puestos de trabajo.

Actualmente, el contexto es radicalmente diferente. Los sectores más vulnerables de la población reciben el beneficio de la inversión social de la renta petrolera y están muy identificados con la Revolución Bolivariana. Por esta razón, atenderían masivamente el llamado del gobierno para participar en un referendo consultivo sobre el precio de la gasolina, sobre todo si se deja claro que un importante porcentaje del aumento se destinará a modernizar y ampliar el sistema de transporte público y a financiar los programas sociales y proyectos comunales. Si la decisión queda en manos del pueblo, no existe la más mínima probabilidad de que se produzca un segundo Caracazo

11.       Referendo consultivo para decidir el precio de la gasolina


Tras el falso supuesto de favorecer al pueblo al suministrarle la gasolina más barata del mundo, se esconde un subsidio reaccionario y antipopular que beneficia sobre todo a las clases de mayores ingresos, la cual consume toda la gasolina que no consume la población más pobre. En tales circunstancias, no se puede seguir posponiendo el necesario debate sobre las perversas consecuencias que está generando el mantener semejante subsidio. De lo contrario, las protestas populares pueden estallar, pero esta vez para exigir que se sincere el precio de la gasolina y se reoriente ese subsidio antipopular en favor de la población más humilde que no tienen carro, la cual sigue condenada a utilizar un sistema de transporte muy precario, que bien pudiera ser modernizado y ampliado si se invierten esos recursos en la creación de empresas comunales de transporte público.

Sincerar el precio de la gasolina no solo permitiría aliviar las cuentas deficitarias de PDVSA, sino también reorientar un porcentaje importante de ese subsidio en beneficio de los sectores más humildes que no cuentan con suficientes ingresos para comprar un vehículo a los precios actuales y, por lo tanto, en nada se benefician del subsidio a la gasolina. De esta forma, el ajuste del precio de la gasolina sería recibido como una medida progresista, en beneficio de la inmensa mayoría de la población, pues los recursos que actualmente son aprovechados por las clases de mayores recursos, serían reorientados a financiar proyectos de interés social.

El artículo 71 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela plantea claramente que:

Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor de diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral.

También podrán ser sometidas a referendo consultivo las materias de especial trascendencia municipal y parroquial y estadal. La iniciativa le corresponde a la Junta Parroquial, al Consejo Municipal y al Consejo Legislativo, por acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; el Alcalde o Alcaldesa y el Gobernador o Gobernadora de Estado, o a solicitud de un número no menor de diez por ciento del total de inscritos en la circunscripción correspondiente.

Con base en este mandato constitucional, la Cadena Capriles que reúne varios medios de comunicación impresos de circulación nacional, en el año 2013 efectuó un sondeo en el que participaron 3.802 lectores. A la pregunta "cree necesario un aumento del precio de la gasolina", el 64% aseguró estar de acuerdo con un incremento.[7]

Es hora de promover un amplio debate nacional para que sea la ciudadanía, en el marco de la democracia participativa y protagónica que plantea la Constitución, la que decida si se debe aumentar el precio de la gasolina, en qué monto y en dónde se deberían invertir los miles de millones de dólares que anualmente se perciban por el ajuste del precio del combustible.

Como ya se ha dicho, no se trata de regalar la gasolina ni de venderla al precio internacional. El quid de la cuestión radica en asegurar el apoyo popular a una medida destinada a reorientar, a favor de la inversión social, este pernicioso subsidio. Por ser esta una materia de especial trascendencia nacional, debería ser sometida a referendo consultivo por parte del Presidente de la República. Si se deja claro que el mayor porcentaje de la recaudación por el aumento se destinará al financiamiento de programas sociales, comenzando por la modernización y ampliación de la flota de transporte público en todo el país, y que el precio de los pasajes no se incrementará, el pueblo venezolano respaldará masivamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina.

12.       La renta petrolera en el debate nacional


En el debate nacional sobresalen dos visiones contrapropuestas en torno al destino que debe tener la renta petrolera. Por un lado, el planteamiento oficial de priorizar la inversión social de la renta con el fin de reducir el desempleo, la pobreza y la exclusión social, y de distribuir la renta a través de una amplia gama de subsidios que -además del de la gasolina- incluyen el subsidio al dólar oficial, los alimentos, la electricidad, el gas, los peajes, etc.

La otra visión es la de la oposición de derecha que considera el gasto público como una erogación improductiva que lleva al déficit fiscal y plantea reducir el gasto público para distribuir la renta a través de incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, etc. que sirvan para atraer la inversión nacional y extranjera como fuente generadora de empleo y riqueza, y dejar que sean los mecanismos de la oferta y la demanda los que definan el nivel de precios, eliminando toda gama de subsidios y controles por parte del Estado.

Ambas visiones tienen en común la cultura extractivista-rentista que se expresa en la decisión de captar la mayor renta posible, bien sea a través del aumento de la extracción de petróleo o del aumento de los precios del crudo, en función de utilizar la misma para financiar el gasto público o los incentivos a la inversión nacional o extranjera. La diferencia radica en que una protege a los trabajadores y excluidos, mientras que la otra favorece a los empresarios e inversionistas. La primera suele incurrir en prácticas populistas al garantizar de manera indefinida e incondicional ingresos que no son fruto del trabajo. La segunda cae en una desviación economicista que, al reducir el desarrollo al crecimiento del PIB, tiende a otorgar al inversionista una amplia gama de incentivos fiscales, financieros, cambiarios, sin tomar en cuenta la tendencia a la distribución regresiva del ingreso que suele favorece al factor capital en detrimento del factor trabajo, razón por la cual un mejor desempeño del PIB no siempre se traduce en una mejora de las condiciones de vida del trabajador.

En una sociedad extractivista y rentista los actores económicos y sociales se acostumbran a obtener ingresos y ganancias que no son fruto de su esfuerzo productivo ni de un mejor desempeño empresarial. El gran reto nacional consiste en sustituir la mentalidad extractivista y rentista por una nueva cultura del trabajo y la inversión productiva, sin caer en el populismo o el reduccionismo economicista.

Tanto la inversión social como el estímulo a la inversión productiva son imprescindibles para poder transformar la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo que propicie el desarrollo humano integral. La transición al post-extractivismo comienza por limitar la extracción de petróleo, minerales y materias primas única y adecuarlo exclusivamente a las necesidades de la producción industrial nacional, en función de generar abundantes fuentes de trabajo estables y bien remuneradas, sustituir importaciones, diversificar la oferta exportable y generar nuevas fuentes de divisas que hagan al país menos dependientes del aumento de la extracción de petróleo para poder captar una mayor renta que permita financiar la inversión social.  

El último aumento de precio de la gasolina se realizó en 1996. Desde entonces, los costos de producción, distribución y comercialización del combustible no han dejado de aumentar y superan ampliamente el precio congelado hace 18 años. Con base en los costos de producción, este subsidio representa una pérdida anual estimada en $ 750 millones, sin tener en cuenta el subsidio para el almacenamiento, transportistas y estaciones de servicio. Si comparamos el precio de venta en el mercado interno con el precio de exportación, el subsidio es de $ 11.834 millones anuales. Pero si la comparación se hace con los precios internacionales (que es mayor que el precio de exportación) el subsidio sube a $ 15.700 millones, equivalentes a 6,9% del PIB. Ambas cifras son superiores a las transferencias de PDVSA a las misiones sociales.

Si se sincera el precio de la gasolina con base en el precio al que se exporta -que es menor al precio internacional-, aún se estaría vendiendo la gasolina a precios por debajo del que se vende en la mayoría de países, pero cada año se obtendrían cerca $ 11.834 millones en ingresos adicionales, que bien pudieran ser reorientados a la Misión Vivienda, a la construcción de hospitales, o a la ampliación del sistema de transporte público, el cual es utilizado justamente por las personas de menores recursos que no tienen como adquirir un vehículo propio. Esto si sería una verdadera medida de justicia redistributiva, toda vez que el ajuste del precio lo pagarían quienes más tienen, aportando ingresos fiscales adicionales para ser invertidos en la ampliación y modernización de la flota de transporte público y en el financiamiento de otros programas de interés social.

Por los prejuicios que predominan en torno al impacto que puede tener el aumento de la gasolina como detonante de protestas populares, en Venezuela este asunto se ha convertido en un tema tabú y su tratamiento público suele ser considerado políticamente incorrecto, razón por la cual el gobierno y la dirigencia política oficialista le saca el cuerpo y ni siquiera se atreve a discutirlo. La creencia limitante de que un aumento del combustible servirá de pretexto para aumentar las tarifas del trasporte público y que esto se convertirá en el detonante de un estallido social, impide que el tema se debata abiertamente y sin prejuicios, mucho menos si se trata de un año electoral.

Desde el año 2004, el gobierno bolivariano viene considerando y posponiendo la medida de sincerar el precio de la gasolina, sin llegar a concretar la decisión, debido al supuesto costo político que le atribuye. Atrapados en creencias limitantes y a fuerza de repetir lugares comunes y afirmaciones sin sustento, se ha impedido el debate nacional sobre una decisión que podría evitar el derroche de gasolina, reducir la extracción de petróleo para el consumo nacional y la emisión de gases de efecto invernadero, aliviar el pesado tráfico en las ciudades del país, evitar un mayor deterioro del sistema vial y generar más de 11 mil millones de dólares anuales para financiar la inversión social y los proyectos de infraestructura y servicios de apoyo que requiere la actividad productiva. Ha terminado por imponerse un cálculo político-electoral montado sobre falsos supuestos y creencias equivocadas, con lo cual se prolonga el consumismo despilfarrador de gasolina, posponiendo y desplazando las grandes decisiones que permitan avanzar hacia un modelo post-extractivista.

En el año 2004, Alí Rodríguez Araque, para entonces presidente de PDVSA, al cuestionar que la gasolina en el país prácticamente se regalaba, planteó la necesidad de corregir el precio del combustible: “No hay razón para que los venezolanos paguen el precio de referencia internacional de la gasolina, pero en mi opinión deberían pagar un precio que cubra los costos de extracción, los costos de refinación y los de colocación en las estaciones de servicio”.[8]

Por su parte, en el año 2007 el Presidente Chávez  dijo: “El otro tema, y yo así lo anuncio, es la gasolina. En ocho años no hemos tocado el precio y en verdad ya es una grosería, pues, vender la gasolina como la estamos vendiendo; mejor sería regalarla. Y como he visto unos estudios por ahí, la clase media y la clase alta son los que más se benefician, porque el pobre se monta en su autobús, en su Metro, y entonces, Rafael, (dirigiéndose al Ministro de Petróleo y presidente de PDVSA Rafael Ramírez) vamos a incrementar el precio de la gasolina, ustedes recomiéndenme el modelo y el modo, de manera tal que no afecte para nada al transporte de alimentos, la inflación ni nada de eso, no señor, no tiene por qué incrementar el costo de nada; y va a pagar el que va a llenar el BMW o tiene tremenda camioneta”.

La eliminación del subsidio regresivo a la minoría propietaria de vehículos aún espera por un debate nacional para que sea la ciudadanía la que decida qué hacer con el precio de la gasolina. Los argumentos económicos, sociales, políticos y ambientales sobran para vencer las resistencias culturales existentes en la dirigencia política, el tejido empresarial e, incluso, en los sectores populares que serían los más favorecidos con esta medida.

Sin embargo, prevalecen las resistencias a debatir la viabilidad de sincerar el precio del combustible para reorientar ese subsidio al financiamiento de a la inversión social y productiva. Si un momento es oportuno para discutir este tema es justamente en el marco de los debates en la Comisión Económica para la paz, toda vez que no se trata solo de debatir sobre las pérdidas que representa para PDVSA, sino de cuantiosos recursos que bien pudieran destinarse a financiar las misiones sociales y los estímulos a la inversión productiva que tanto se requiere ahora para superar los problemas de escasez, acaparamiento y especulación que tanto malestar causan en la población venezolana.

Un debate abierto, serio y educativo permitiría a la ciudadanía identificar los pro y contra de cada medida. Así, podría comprender que la devaluación, al encarecer el componente importado, atiza la inflación que deteriora el poder adquisitivo de sus salarios; mientras que el ajuste de la gasolina no sería inflacionario y, más bien, permitiría captar más de $ 11.000 millones de dólares anuales para financiar la inversión social y productiva, así como los proyectos de los consejos comunales orientados a impulsar una nueva economía comunal.

Y el mejor momento para reorientar este subsidio es una coyuntura de precios del petróleo estables, como la actual. No hay que esperar a que se produzca una caída en la cotización de los crudos semejante a la del año 2009, cuando la situación fiscal se tornó tan crítica que obligó al gobierno a devaluar en un 100 % el bolívar y a subir el IVA de 9 a 12%.

13.       ¿Cómo sensibilizar y concientizar a la población?


Tan bajo es el precio de la gasolina, que las estaciones de servicio reciben un subsidio como remuneración por la comercialización del combustible al público. Este valor es establecido por el Ministerio Petróleo desde el año 2006, y se calcula como un margen estratificado por ventas de combustibles. De modo que sigue siendo un subsidio público a una red de concesionarios privados que bien pudiera pasar a ser controlada por la economía comunal.

Con el fin de construir una amplia base de apoyo social que permita sincerar sin traumas el precio de la gasolina, se podrían transferir las estaciones de servicio a las Comunas para que éstas administren el incremento del combustible y lo inviertan en diferentes proyectos de interés comunitario. Un proyecto emblemático pudiera ser la creación de empresas comunales de transporte público, lo cual permitiría ampliar el número de unidades, imprimiendo un poderoso impulso a la nueva economía comunal, bajo el control de los trabajadores directos y de las comunidades organizadas.

En Venezuela también se subsidia el costo del flete o servicio de transporte que prestan las cisternas. Si bien es cierto que con la promulgación de la Ley Orgánica de Reordenamiento del Mercado Interno, el transporte de los combustibles quedó reservado al Estado a través de la Empresa Nacional de Transporte, la cual opera el 60% de la oferta de combustible, el 40% restante sigue siendo operado por empresas privadas bajo contratos de servicio que también pudieran ser asumidos por nuevas empresas comunales creadas con los recursos que se generen, una vez ajustado el precio de la gasolina. Si el destino del aumento se deja claro, el pueblo venezolano respaldará mayoritariamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina, toda vez que resultará ser el más favorecido. 

De acuerdo al Artículo 48 numeral 3, de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, “Por cada litro de producto derivado de hidrocarburos vendido en el mercado interno entre el 30% y 50% del precio pagado por el consumidor final, será retenido en la fuente de suministro para ser enterado anualmente al Fisco Nacional”. Adicionalmente se establece que “El Ejecutivo Nacional podrá exonerar, total o parcialmente, por el tiempo que determine, el Impuesto al Consumo General, a fin de incentivar determinadas actividades de interés público o general. Puede igualmente restituir el impuesto a su nivel original cuando cesen las causas de la exoneración.”

En el pasado, este margen era destinado a subsidiar programas sociales, entre los que figuraba el programas atendido por la Fundación Fondo Nacional de Transporte Urbano (FONTUR), el cual recibía un porcentaje por cada litro de gasolinas o diesel comercializado en el mercado interno para financiar la adquisición de unidades de transporte colectivo. Pero ante el irrisorio precio del combustible, y debido al enorme incremento en los precios de las unidades de transporte, el monto recaudado no permite reponer y mucho menos ampliar la flota de transporte.

La construcción del Estado Comunal requiere que el poder sea ejercido directamente por el pueblo a través de los consejos comunales, comunas y ciudades comunales. Estas diferentes formas de autogobierno comunal, al administrar directamente los recursos públicos, le imprimirán un fuerte impulso a la participación de la ciudadanía en la formulación, ejecución y control de los planes y presupuestos relacionados con los proyectos necesarios para mejorar el bienestar social.

En esta dirección, un porcentaje del aumento recaudado, podría ser destinado a fondear la Banca Comunal y a crear una nueva Sociedad Comunal de Garantías Recíprocas, cuyas agencias funcionarían en cada estación de servicio y pasarían a ser dos poderosos instrumentos para impulsar el Sistema Económico Comunal, dedicado a la producción de bienes y servicios imprescindibles para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la comunidad.

La creación de empresas comunales de transporte colectivo se puede financiar con los excedentes que se generen del aumento de la gasolina, y desde su origen las nuevas unidades debería utilizar el gas natural como combustible. Con este fin, las bombas de gasolina se podrían transferir a las Comunas, convirtiéndolas en nuevas instancias de participación que permiten ejercer el gobierno comunitario. El apoyo popular a esta medida se podría construir a lo largo de un debate educativo y concientizador que se promueva a lo largo y ancho de todo el país, de cara a la realización de un Referendo Consultivo. Los ciudadanos debatirían la viabilidad y conveniencia de sincerar el precio del combustible para destinar los excedentes a la inversión social y productiva, y a fondos para el financiamiento de proyectos comunitarios, los cuales serán directamente administrados por la Comuna, sin mediaciones burocráticas de ningún tipo.

Como lo hemos explicado, a pesar del poco peso que tiene el precio de la gasolina en las tarifas de transporte colectivo, se teme que –al igual que ocurrió en el pasado- los transportistas privados se excusen en un ajuste del combustible para incrementar desmesuradamente los precios de los pasajes, convirtiendo el precio de la gasolina es una materia de alta sensibilidad social y política. Para conjurar la amenaza de brotes especulativos sobre las tarifas de transporte que pudieran convertirse en causa de protestas populares, se impone la necesidad de impulsar nuevas formas de propiedad social y comunitaria sobre los sistemas y redes de transporte público. Para construir un amplio respaldo popular, el primer programa emblemático podría ser el financiamiento de un sistema comunal de transporte público para ampliar y modernizar las unidades que utilizan las personas que no tienen vehículo, y que –como lo hemos reiterado una y otra vez- para nada se benefician del subsidio a la gasolina. Es tanto el actual subsidio que al sincerar el precio del combustible, los recursos liberados alcanzarían para subsidiar holgadamente a los transportistas privados, mientras otro porcentaje se destina a financiar las nuevas empresas de transporte público bajo el control de las comunidades organizadas. Es más, para conjurar cualquier tipo de riesgo, el gasoil que utilizan los autobuses se podría mantener al margen del incremento de los combustibles, evitando así que pueda ser usado como pretexto para aumentar los pasajes.

La administración directa del aumento del combustible asegurará una fuente permanente de recursos financieros para sostener las formas de autogobierno y estimular una creciente participación en las asambleas de ciudadanos, fortaleciendo la autogestión en la ejecución de obras y prestación de servicios públicos que contribuyan a  mejorar la calidad de vida en la Comuna. Asimismo, propiciará una mayor corresponsabilidad entre la ciudadanía y las instituciones del Estado en el proceso de formación, ejecución, control y evaluación de la gestión comunal.

Construir la viabilidad de estas propuestas pasa por una campaña informativa que fortalezca la conciencia política y la organización del pueblo para ejercer la contraloría social y asegurar la eficiente inversión de los recursos para el beneficio colectivo. Al activar una fuente permanente de financiamiento que pueda ser administrada directamente por la Comuna, resulta imperativo fortalecer su organización para que esté en condiciones de asumir la administración de los servicios y la ejecución de las obras que siguen represadas en las alcaldías, gobernaciones y entes de la administración central. De esta forma se estaría ampliado y fortaleciendo la participación del pueblo organizado en los asuntos públicos, para avanzar así hacia el ejercicio pleno de la soberanía popular.  

Todo indica que el ajuste del precio de la gasolina es una medida que no se puede seguir postergando. Además de todo lo planteado, un precio justo para el combustible ayudaría a racionalizar su consumo, exportar el volumen liberado, generar nuevas fuentes de divisas que contribuyan a mejorar las reservas internacionales, aliviar el colapso del tránsito terrestre y minimizar el impacto ambiental que ocasiona la emisión de gases de efecto invernadero, debido a la quema irracional de combustibles fósiles que estimula el actual subsidio a la gasolina.

Como una retribución a los contribuyentes que pagarían un mayor precio por la gasolina, un monto significativo de los ingresos adicionales se debería destinar a mejorar la infraestructura vial que utilizan y así evitar accidentes y daños mecánicos a sus automóviles. Para mantener en buen estado la infraestructura vial, los impuestos indirectos a la gasolina deberían ser mayores en las grandes ciudades, así como en las estaciones de servicio que están a lo largo de las carreteras y autopistas. De esta forma, en el costo del combustible que consumen los vehículos, estaría incluida la contribución que cada quien hace para beneficiarse de una infraestructura vial bien pavimentada y con adecuada iluminación, señalización, auxilio vial, etc. 

Si se sincera el precio de la gasolina con base en el precio al que se exporta -que es menor al precio internacional-, aún se estaría vendiendo la gasolina a precios por debajo del que se vende en la mayoría de países, pero cada año se obtendrían cerca $ 11.834 millones en ingresos adicionales, que bien pudieran ser reorientados a la Misión Vivienda, a la construcción de hospitales, o a la ampliación del sistema de transporte público, el cual es utilizado justamente por las personas de menores recursos que no tienen como adquirir un vehículo propio. Esto si sería una verdadera medida de justicia redistributiva, toda vez que el ajuste del precio lo pagarían quienes más tienen, aportando ingresos fiscales adicionales para ser invertidos en la ampliación y modernización de la flota de transporte público y en el financiamiento de otros programas de interés social.

 




[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/11/natura/1368272165.html
[3] http://www.econometrica.com.ve/blog/resumen-de-prensa-05102011
[4] http://sicsemanal.wordpress.com/2013/10/02/injusticias-de-las-que-no-se-habla/
[5] http://www.pdvsa.com/index.php?tpl=interface.sp/design/readmenuprinc.tpl.html&newsid_obj_id=5566&newsid_temas=237
[6] http://www.pdvsa.com/index.php?tpl=interface.sp/design/readmenuprinc.tpl.html&newsid_temas=202
[8] http://sicsemanal.wordpress.com/2013/10/02/injusticias-de-las-que-no-se-habla/

viernes, 4 de abril de 2014

SICAD II: ¿Devaluación o revaluación?


Víctor Álvarez R.

Una de las peores distorsiones en la economía venezolana la generó el violento ascenso del dólar paralelo, cuya cotización se impuso arbitrariamente como la base para calcular la mayoría de los precios, incluso de los productos importados a la tasa de cambio oficial. Con el argumento de reponer los inventarios al nuevo precio que surgiría de una supuesta devaluación que nunca llegó a concretarse, se generalizó una práctica a todas luces especulativa por quienes recibían el dólar barato de Cadivi, pero calculaban el PVP como si estuvieran comprando la divisa cara del mercado paralelo, amasando así escandalosas ganancias.

Como instrumento de política antiinflacionaria, el gobierno ha utilizado el anclaje cambiario para abaratar las importaciones. Esto dio resultado mientras hubo abundancia de dólares, pero hizo crisis a raíz de la merma de divisas derivada del estancamiento de la producción petrolera, de la estabilización de los precios del crudo y del menor pago en efectivo que se recibe debido al canje de petróleo por productos de otros países. Así, surgen los problemas de liquidez de divisas del BCV, quien no termina de sortear sus dificultades para fondear oportunamente, antes a Cadivi y ahora a Cencoex. Estos retrasos trasladaron la demanda insatisfecha al mercado paralelo, cuya cotización comenzó a subir y fue atizada, además, por factores interesados en desestabilizar y crear una crisis de gobernabilidad.

Tras el fallido propósito de pulverizar el paralelo, se activaron las subastas del Sicad I, las cuales no pudieron generar una oferta complementaria, toda vez que se mantuvo la penalización a la libre transacción de divisas. Es a partir de la reforma de la Ley de Ilícitos Cambiarios que se activa un nuevo mercado en el que se permite la libre compra-venta de divisas entre privados, cuya tasa de cambio se apreciará o depreciará según la oferta y la demanda del día. Si tomamos en cuenta que el paralelo llegó a superar los 90 Bs/$ y que la tasa de cambio implícita que surge de dividir la Liquidez Monetaria entre la Reservas Internaciones (LM/RI) supera los 60 Bs/$, notamos entonces que los resultados están a la vista: en el primer día del Sicad II, el mercado paralelo cayó 40 Bs. y el cambio en la subasta fue 51.86 Bs/$, con una tendencia que irá hacia la baja que al momento de escribir estas páginas ya iba por 49 Bs/$ y puede bajar aún más a medida que aumente la oferta de divisas derivada de la inversión extranjera, las exportaciones privadas, la repatriación de capitales y los turistas internacionales.

El impacto de esta medida también se refleja en Sicad I, cuya tasa casi llegó a 12 Bs/$ y ahora se aproxima a los 10 Bs/$. De mantenerse esta tendencia se estarían abatiendo las presiones inflacionarias y especulativas desatadas por el uso del paralelo como marcador en el cálculo de los precios. La oferta privada en Sicad II aliviará las presiones sobre Cencoex, que mantendrá el  6.30 Bs/$ para subsidiar importaciones por un monto de $ 31 millardos, mientras que los 11 millardos de Sicad I serían liquidados a una tasa cada vez menor. El desplome del paralelo, la estabilidad del 6.30 y la tendencia decreciente en Sicad I y Sicad II pueden inaugurar una tendencia a la revaluación y apreciación del bolívar con un impacto positivo en la desaceleración de la inflación, siempre y cuando se tomen las medidas complementarias para corregir el déficit fiscal y prohibir las millardarias emisiones de dinero sin respaldo que se hacen para financiarlo. @victoralvarezr

Propuesta 3 a la CEP: democratizar el capital e impulsar nuevas formas de propiedad social


Por:Víctor Álvarez R.

En Venezuela, el 70% del PIB lo aporta el sector privado y, por tanto, los problemas de desabastecimiento y escasez están estrechamente vinculados a la forma como el factor capital percibe el clima de inversión en el país. El sector empresarial suele atribuir a las expropiaciones, inseguridad jurídica, conflictividad laboral y al cambio en las reglas del juego, las causas más importantes que desalientan y alejan la inversión. En momentos en los cuales pareciera que los sectores público y privado empiezan a ponerse de acuerdo para superar los obstáculos que se oponen a la inversión productiva, vale la pena preguntarse: ¿cuáles deben ser los temas claves para construir los grandes acuerdos que permitan impulsar el desarrollo económico y social de la Nación?

A la hora de realizar nuevas inversiones, el capital privado siempre estará más interesado en los niveles de ganancia y rentabilidad. Pero al momento de conceder incentivos a la inversión, el gobierno pondrá el énfasis en el impacto de estos en la lucha contra el desempleo, la pobreza y la exclusión social. ¿Se trata de objetivos antagónicos o complementarios? ¿Es posible plantearse un objetivo adicional que pueda convertirse en un punto de consenso entre ambas partes? Veamos.

¿Expropiar o democratizar la propiedad?

El precario desempeño de la inmensa mayoría de las empresas estatizadas obliga a repensar la expropiación total y absoluta como vía para socializar la propiedad de los medios de producción y lograr una distribución más equitativa de la riqueza. Pero no cabe en nuestro mapa mental la idea de la democratización de la propiedad para que en una misma empresa puedan convivir los modos capitalistas y socialistas de producción y distribución. Solo rompiendo dogmas de lado y lado, pudiéramos abrirle espacio a una solución en la que coexistan ambas lógicas y se haga innecesario expropiar para demostrar que se está avanzando en la transición hacia el socialismo venezolano.

Con este fin, en la Comisión Económica para la Paz pudiera analizarse la propuesta de ofrecer al sector privado un conjunto de incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, capacitación productiva, asistencia técnica, fortalecimiento de capacidades tecnológicas e innovativas, etc. a cambio de su compromiso con la democratización de la propiedad. Así, las empresas privadas que quieran tener acceso a estos generosos incentivos públicos, deberían ofrecer en venta al Consejo de Trabajadores un porcentaje (10-20%) del capital de la empresa.

La Bolsa Pública de Valores

La democratización del capital se puede llevar a cabo a través de la Bolsa Pública de Valores Bicentenaria, la cual diseñaría los instrumentos necesarios para traducir en participación accionaria de los trabajadores, el equivalente monetario de los incentivos de política económica que las empresas recibirían para lograr la reactivación, reconversión y reindustrialización del aparato productivo nacional. La Bolsa Pública tendría la tarea de diseñar una nueva gama de servicios e instrumentos en el mercado de valores, con el fin de propiciar una distribución progresiva del ingreso y reducir los niveles de desigualdad.

Así por ejemplo, como contrapartida al financiamiento blando que la empresa recibiría de la banca pública, aquella emitiría por un valor equivalente, el monto de acciones que pasaría a ser propiedad del Consejo de Trabajadores, dejando claro que el monto de las ganancias que anualmente corresponda al porcentaje de esta participación accionaria, en lugar de ser repartido como dividendos individuales entre los trabajadores, una parte sería destinada a pagar el crédito con el cual se compraron las acciones, mientras que el saldo sería invertido en la mejora de las condiciones laborales dentro de la empresa (comedor, gimnasio, baños, áreas de recreación y descanso, etc.) y en el financiamiento de proyectos de interés común que contribuyan a mejorar su calidad de vida y grado de bienestar.

Con el porcentaje de ganancias que corresponda a la participación accionaria del Consejo de Trabajadores –incluyendo el rendimiento que se obtenga de sus colocaciones e inversiones-, bien pudieran financiarse las micromisiones sociales en cada empresa. Así, estos recursos sería destinados a sostener el Mercal para los trabajadores de la empresa, la Misión Salud Adentro para toda su nómina, la Misión Vivienda para quienes aún no tengan casa o apartamento propio, la Misión Ribas para los que deseen terminar su bachillerato o la Misión Sucre para los trabajadores que quieran continuar sus estudios universitarios, etc., etc.

Ganar-ganar

De esta forma, la empresa privada comenzaría a participar de manera activa y protagónica en la lucha contra la desigualdad y la pobreza, y retribuiría al país los recursos públicos que recibe para hacer más rentable su actividad económica privada. A su vez, los trabajadores estarían cada vez más interesados en contribuir al logro del mejor desempeño económico y financiero de la empresa, toda vez que –al convertirse en copropietarios sociales a través del Consejo de Trabajadores- asegurarían que un porcentaje creciente del plusvalor del que antes se apropiaba totalmente su empleador, en adelante será la fuente de recursos para financiar proyectos de interés común para todos los trabajadores de la empresa. @victoralvarezr

lunes, 24 de marzo de 2014

¿De quién es la violencia?

POR: VICTOR ALVAREZ R.
No es casual el paralelo que se ha pretendido establecer entre la violencia desatada en Ucrania, que terminó con el derrocamiento del gobierno de Yanukovich, y la ola de terror que tiene por objetivo tumbar al gobierno de Nicolás Maduro. Las noticias que transmiten CNN y la red de medios agrupados en la SIP dejan la impresión que en Venezuela los estudiantes están siendo salvajemente reprimidos y que hay que lanzar un SOS urgente (intervención militar) para evitar la masacre de un pueblo. Al calor de esta nueva arremetida surgen diferencias en los métodos de lucha que dividen a la oposición.

Por un lado está la nueva estrategia de Capriles, quien luego de liderar los hechos violentos de abril de 2013 para desconocer la victoria de Maduro, ahora defiende la salida electoral y opta por acumular fuerzas para enfrentar al chavismo en las presidenciales de 2019. Capriles sabe que cometió un grave error al poner en duda la transparencia del poder electoral. Por su obstinación de cantar fraude convirtió en derrota el resultado electoral sin precedentes que lo consolidó como candidato de la oposición, y desmovilizó a sus seguidores en las pasadas elecciones municipales, facilitando en muchos casos el triunfo de los candidatos chavistas.

Por el otro lado está  Leopoldo López, promotor de la reciente ola de violencia que ha trastornado la vida de la gente en 18 municipios de los 335 que tiene el país. En esos lugares donde la oposición ganó las elecciones, los alcaldes han facilitado la alteración del orden público al no remover las barricadas que impiden el libre tránsito a lo largo del día y donde cada noche se monta la escena para quemar cauchos y lanzar consignas en contra del gobierno, y así facilitar a CNN y la SIP las imágenes que de inmediato difunden a todo el mundo, en su empeño de crear una matriz de opinión que respalde la intervención extranjera y derroque al gobierno constitucional.

Con su consigna de “Maduro vete ya”, López optó por un golpe de Estado y se desmarcó de la vía electoral que retomó Capriles. Desde la cárcel se ha convertido en el “mártir” que alienta la ola de violencia que sacude a ese reducido número de municipios, donde las protestas, lejos de ser masivas y pacíficas, son protagonizadas por pequeños grupos violentos que alteran la vida cotidiana y son cada vez más cuestionados, incluso por la base opositora que quiere recuperar la tranquilidad en su vecindad. Para aislar a los factores más violentos y reducirlos a pequeños focos que se vayan extinguiendo, el gobierno debería reconocer a Capriles como el líder de la oposición que ha optado por la vía constitucional y éste tendría que atender los reiterados llamados al diálogo que le ha formulado el presidente Nicolás Maduro.
Venezuela no está al borde de una guerra civil ni la población está sometida a una brutal represión. La zozobra la mantienen los grupos violentos de derecha, ejecutores de una estrategia enfocada ahora a atizar la confrontación con los colectivos duros del chavismo, buscando aumentar el número de muertos hasta alcanzar una cifra crítica que pueda ser presentada al mundo como prueba irrefutable de la supuesta masacre que sufre el pueblo a manos del gobierno, y sobre esa base justificar la intervención militar

Propuesta 2 a la CEP: reactivar mercado laboral privado para generar empleo productivo


Por: Víctor Álvarez R.

En el artículo anterior planteamos que -si de verdad se quiere priorizar la producción nacional e impulsar el tránsito de una economía rentística e importadora hacia un nuevo modelo productivo exportador-, resulta urgente y necesario un debate honesto sobre cuál debe ser el tipo de cambio que refleje la verdadera productividad del aparato productivo nacional, sin que el tratamiento de este asunto se tergiverse como la pretensión de aplicar una nueva devaluación que hará más pobres a los venezolanos.

En esta entrega presentaré una nueva propuesta para contribuir a lograr la paz laboral y propiciar un clima que ayude a recuperar el ritmo de la producción. Solo así se podrá ganar la batalla al desabastecimiento y la escasez. Sidor es un ejemplo patético de la tensión laboral que se impone superar para evitar interrupciones de la producción que, en el caso de la siderúrgica, causan la escasez de cabillas y acero que perjudica la fabricación de viviendas y la buena marcha de la industria nacional. En 2013 apenas se produjeron 1,4 millones de toneladas de acero, en comparación con los 4,3 millones que se alcanzaron en 2007, cuando Sidor tenía totalmente abastecido el mercado nacional. 

Inamovilidad laboral

Las disposiciones de la Ley del Trabajo y de los decretos de inamovilidad laboral tienen que ser de estricto cumplimiento por parte de la empresa. Esto no quiere decir que no se pueden flexibilizar los mecanismos para  mantener el nivel de empleo neto. Con este fin, trabajadores, empresarios y gobierno están llamados a evolucionar de la inamovilidad absoluta hacia un esquema de estabilidad numérica que -al flexibilizarse y permitir las sustituciones que estén plenamente justificadas- ayude no solo a mantener el mismo número de trabajadores en la empresa, sino incluso a aumentar la nómina.

Ausentismo laboral

Para derrotar la caída de la producción que genera desabastecimiento y escasez es necesario fortalecer la moral de trabajo y la disciplina laboral. Las ausencias imprevistas no se pueden sustituir y afectan la buena marcha de la producción. En condiciones de un creciente ausentismo es imposible aumentar la productividad. De allí la necesidad de lograr una unidad de criterios entre trabajadores, empresarios y gobierno sobre las  causas de este problema y convenir las medidas necesarias para superarlo.

Sin menoscabo de las reivindicaciones legítimas de los trabajadores, es equilibrado reconocer que la sumatoria de los reposos cortos por mes, más los reposos largos configuran un cuadro que perjudican la productividad del trabajo e inevitablemente repercute sobre la producción. Un paso de avance sería sincerar los reposos constantes y continuos a través de la declaración de incapacidad por parte del IVSS. En relación con los trabajadores en condición de vigilancia ocupacional, los cuales reciben la misma remuneración que los trabajadores activos, esta carga las pymes no la pueden sostener y debería ser asumida por la seguridad social.

 Garantizar seguridad en el trabajo

Los Delegados de Prevención tienen la delicada responsabilidad de hacer cumplir las disposiciones de seguridad y salud en el trabajo. De allí la importancia de los programas de INPSASEL para fortalecer la formación sobre sus deberes y responsabilidades, y evitar así transgresiones de la empresa o interpretaciones equivocadas por parte de los delegados que lleven a interrumpir la producción por razones de seguridad laboral, lo cual no hace más que agravar los problemas de desabastecimiento y escasez.

Contrato a tiempo determinado

Según el INE, la tasa de desocupación subió en enero a 9,5%. En un momento en que la desaceleración de la actividad económica pudiera llevar este indicador a más de 10%, urge retomar todas las estrategias posibles para recuperar el nivel de empleo productivo. Con este fin, hay que sincerar la figura del contrato a tiempo determinado, al cual las empresas han renunciado debido a la práctica de reclamar el reenganche y el pago de salarios caídos, una vez que finaliza el tiempo de contratación. Por esta vía, en lugar  de favorecer la generación de nuevos puestos de trabajo, por el contrario se frenará la creación de más empelo y esta práctica se revertirá en contra de los trabajadores.

Ni tan calvo ni con dos pelucas

Ni explotación del trabajador ni anarquía sindical. Si se actúa de buena fe para erradicar las causas que están generando caídas de la producción, desabastecimiento y escasez, hay que atacar todas las acciones de sabotaje de quienes siguen apostando a empeorar el malestar social para generar una crisis de gobernabilidad que termine con el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro.

Lo de Sidor no es un caso aislado. Mientras la gerencia trata de reactivar la producción, el anarcosindicalismo paraliza las actividades argumentando retrasos en el pago de compromisos contractuales, sabiendo que la falta de recursos se debe precisamente a la caída en los ingresos que toda empresa sufre cada vez que es paralizada de manera arbitraria. Eso que pasa en Sidor ya ocurrió antes en Alcasa y se repite una y otra vez en no pocas empresas expropiadas y en muchas empresas privadas. En el caso de las empresas públicas, los conflictos laborales suele resolverse con un crédito adicional, más no ocurre así en las empresas privadas, donde la conflictividad laboral las podría llevar a la quiebra, con la consiguiente destrucción de miles de puestos de trabajo. 

Propuesta 1 a Comisión Económica para la Paz: acordar tasa de cambio que exprese verdadera productividad nacional

Por: Víctor Álvarez R.

El venezolano de a pie está afectado por graves problemas de acaparamiento, especulación, contrabando de extracción y reventa de productos de primera necesidad. Desde la visión oficial, esos problemas son la expresión de una guerra económica que busca generar un creciente malestar, con el fin de lograr que el pueblo identifique al gobierno como el culpable de la situación. Por su parte, el sector empresarial atribuye los problemas de caída de la producción, desabastecimiento y escasez a los desaciertos de la política económica y a una creciente hostilidad contra la empresa privada que desestimula la inversión y actividad productivas. Es cierto que las políticas equivocadas y la corrupción causan graves ineficiencias que contribuyen al desgaste político del gobierno. Pero también es cierto que poderosos grupos de poder que han aprovechado los incentivos fiscales, cambiarios y financieros para enriquecerse, hoy conspiran contra el gobierno para desestabilizarlo y derrocarlo.

Comisión Económica para la Paz

Gran expectativa existe en torno al aporte que pueda hacer la Comisión Económica para la Paz, en función de construir los acuerdos básicos que permitan reactivar la producción y superar los problemas de escasez, acaparamiento y especulación. Para lograr esto, tanto el gobierno como el sector empresarial deben encarar el debate con franqueza y ser capaces de reconocer los desaciertos de la política económica y las maniobras en las esferas de la producción y comercialización que se han cometido para desestabilizar. Esto pasa por identificar y erradicar las fallas del Estado que generan perversos incentivos a la corrupción privada. Cuánto de guerra económica y cuándo de políticas públicas que deben ser rectificadas, esperamos sea el gran hallazgo de esta Comisión. A la luz de ese diagnóstico compartido será posible echar las bases de un acuerdo nacional para transformar esta economía rentista e importadora que luce cada vez más agotada, en un nuevo modelo productivo que garantice la seguridad alimentaria y la soberanía productiva de Venezuela.

Sincerar el debate en materia cambiaria

El único punto que se aborda en las reuniones donde se discute la materia cambiaria tiene que ver con la liquidación rápida de las divisas preferenciales y el reconocimiento y pronto pago de la deuda pendiente. Hasta ahora, la política cambiaria se ha basado en anclar el precio oficial de la divisa durante varios años. Pero si de verdad se quiere priorizar la producción nacional, lo hecho en Venezuela, e impulsar el tránsito de una economía rentística e importadora hacia un nuevo modelo productivo exportador, hace falta incorporar al debate cuál debe ser el tipo de cambio que refleje la verdadera productividad del aparato productivo nacional, sin que el tratamiento de este asunto se tergiverse como el intento soterrado de una nueva devaluación que hará más pobres a todos los venezolanos. No se puede seguir manipulando a la opinión pública cada vez que se intenta corregir la sobrevaluación y sincerar la tasa de cambio oficial. Es hora de encarar con franqueza y valentía el problema para evitar que se siga prolongando una nefasta sobrevaluación de la tasa de cambio oficial que solo genera graves distorsiones en el funcionamiento de la economía y sociedad venezolanas.

El anclaje cambiario se traduce en un subsidio a las importaciones que se traen con un dólar oficial cada vez más barato. Así, los productores se transforman en importadores y la creciente tendencia a cómpralo todo afuera desplaza cada vez más a la producción nacional. Esta es una de las consecuencias más graves del anclaje, toda vez que se traduce en un perverso círculo vicioso: importamos porque no producimos y no producimos porque importamos. Esta trampa a la que nos lleva el anclaje cambiario sentencia que el mejor negocio en Venezuela siga siendo importar, en lugar de producir para sustituir importaciones o exportar. Acordar y defender ante la opinión pública una tasa de cambio real evitará que el aparato productivo siga siendo destruido por el deslave de importaciones que se hacen con un dólar subsidiado. Eso sí es lo que genera caída de la producción, desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación, que son los flagelos que están empobreciendo a la Nación.

Eliminar los incentivos a la corrupción

Mientras el dólar oficial se mantiene fijo, el paralelo ha llegado a costar diez veces más. Ante semejante incentivo, empresarios, instituciones y ciudadanos de a pie se lanzan tras la captura del dólar preferencial. Las denuncias formuladas por Jorge Giordani, Edmee Betancourt y Ricardo Sanguino no pueden ser consideradas como parte de la guerra económica. Ellos reconocieron que el control de cambios no impidió que más de $ 20 mil millones fueran desfalcados a la Nación. Pero mientras el Sicad duplique la tasa Cencoex,  o el paralelo la multiplique por diez, se mantendrá un incentivo a la sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, el contrabando de extracción, la reventa del cupo electrónico, los “raspatarjetas”, etc.

En los archivos de Cadivi están los datos de los que recibieron los dólares preferenciales. Y el Seniat tiene la información de las mercancías que esas empresas ingresaron por las aduanas. Es hora de decirle al país la verdad y publicar la lista de responsables y cómplices que desfalcaron a la Nación. @victoralvarezr

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Qué esperamos de la Comisión Económica para la Paz (CEP)?


Por: Víctor Álvarez R.

En una nueva señal de amplitud, el presidente Nicolás Maduro atendió la propuesta formulada por Lorenzo Mendoza de crear una Comisión de la Verdad Económica, cuya tarea será revelar las causas reales que explican la actual situación de escasez, inflación, acaparamiento y especulación. Cuánto de guerra económica y cuándo de políticas públicas que deben ser rectificadas, esperamos sea el gran hallazgo de esta Comisión. A la luz de ese diagnóstico compartido será posible echar las bases de un necesario acuerdo nacional para transformar esta economía rentista e importadora que ya no da para más, en un nuevo modelo productivo que garantice la soberanía productiva de Venezuela.

En la construcción del socialismo bolivariano, la empresa privada está llamada a ser parte de la solución. El fracaso del socialismo del siglo XX dejó claro que la contradicción entre estado vs. mercado no es un asunto que puede resolverse de una vez y para siempre. La idea de una ausencia total de regulación estatal es una con­cepción tan absurda como la de concebir una sociedad donde la iniciativa privada no tenga cabida. Delimitar los espacios para la intervención estatal y la iniciativa privada son asuntos clave que los sectores público y privado deben convenir en esta Comisión.

Ni absolutismo estatal ni supremacía del mercado. A través de diferentes incentivos y regulaciones, el Estado actúa como rector de la actividad económica, pero no puede sustituir al mercado como un mecanismo para canalizar la producción y comercialización. No es hora de asumir posiciones extremas, sino de reconocer el papel de ambos para impulsar una actividad económica que responda a las prioridades nacionales.

El venezolano de a pie está afectado por graves problemas de acaparamiento, especulación, contrabando de extracción y reventa de productos de primera necesidad. Estas no son fallas del mercado sino delitos económicos que deben ser castigados con multas y penas proporcionales a su gravedad. Pero si vamos a buscar la verdad económica es necesario reconocer que, además de los delitos económicos, también hay que atacar las fallas del estado que generan incentivos perversos a la corrupción.

El control de cambios no impidió que más de $ 20 mil millones fueran desfalcados a la Nación. Semejante corrupción cambiaria tiene un fuerte incentivo en el subsidio a la tasa oficial. Mientras el Sicad duplique la tasa Cencoex,  o el paralelo la multiplique por diez, se mantendrá un incentivo a la sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, el contrabando de extracción, la reventa del cupo electrónico, los “raspatarjetas”, etc. 

Si en la Comisión de la Verdad prevalece el sincero interés de priorizar la producción nacional, gobierno y sector privado deberán acordar un precio del dólar que exprese la verdadera productividad de la agricultura e industria, sin que esta decisión sea luego cuestionada como una devaluación que empobrece a la Nación. Esta nueva tasa de cambio evitará que el aparato productivo nacional siga siendo destruido por el deslave de importaciones que se hacen con un dólar subsidiado. Eso sí es lo que genera escasez y especulación y empobrece a la Nación.

¿Inflación o especulación?

Por: Víctor Álvarez R.

No hay que confundir inflación con especulación. La inflación es un fenómeno económico que se manifiesta en un alza generalizada de los precios, causada por un aumento en los componentes del costo de producción o por una expansión de la demanda, debido al aumento del consumo privado o del gasto del gobierno. Mientras que la especulación es una práctica ilegal y focalizada, que se concreta en la venta por encima del precio controlado, o en fraudes cometidos con el fin de obtener ganancias exorbitantes.

Cuando se producen aumentos de salarios, incremento en el valor de las materias primas, alza en las tasas de interés o en los fletes de transporte, hay una presión inflacionaria toda vez que este incremento en los costos termina trasladándose a los precios. Pero cuando una empresa que recibe dólares preferenciales crea empresas en el país o en el exterior para simular que son sus proveedoras, y a través de esa triangulación importa con sobreprecio, no ingresa al país el equivalente al monto de dólares que recibió, y fija el precio con base en el dólar paralelo para obtener ganancias exorbitantes, está cometiendo un delito de especulación y fraude a la Nación.

En el 2013 se observaron graves desajustes en la economía, tales como: creciente brecha entre la tasa de cambio oficial y la extraoficial, productos importados con dólar preferencial que se vendían a un precio calculado con el dólar paralelo, caída de la producción, desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación, todo lo cual llevó a un alza inusitada de los precios de 56,2%, la cual pudo haber sido aún mayor. De hecho, en el marco del operativo a finales de 2013, el gobierno de calle inspeccionó una gran muestra de establecimientos, comprobando escandalosas ganancias y obligando a una reducción de los precios que se tradujo en una significativa desaceleración del INPC: octubre 5,1%, noviembre 4,8% y diciembre 2,2%. La proyección de octubre habría llevado la variación de precios a 6% y más en los meses subsiguientes, pero las medidas de inspección permitieron revertir esta tendencia. Estos resultados reforzaron la convicción y necesidad de intensificar la fiscalización y control, razón por la cual se dictó la Ley de Precios Justos y se creó la Superintendencia para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (SUNDEE), como un nuevo intento del gobierno para enfrentar la inflación, la especulación y proteger el poder adquisitivo de los salarios.

La SUNDEE puede enfrentar la especulación y demás delitos tipificados en la ley, pero para derrotar la inflación se requiere estimular la inversión productiva y generar una abundante oferta de bienes y servicios que ayuden a satisfacer las crecientes necesidades de la población. La estrategia anti-inflacionaria implica corregir el déficit fiscal, evitar la emisión de dinero sin respaldo y fijar una tasa de cambio que exprese la verdadera productividad del aparato productivo. Solo así se podrán superar los desequilibrios macroeconómicos que causan y propagan la inflación, desestimulan la producción nacional y generan desabastecimiento y escasez, caldo de cultivo perfecto para que proliferen las perversas prácticas del acaparamiento y la especulación. @victoralvarezr

¿Qué hacer con la gasolina?

Por: Víctor Álvarez R.
En Venezuela, más de uno piensa que el aumento de la gasolina puede terminar siendo el detonante de fuertes protestas populares, semejantes a las del Caracazo en 1989, sin considerar que aquellos conflictos estallaron como respuesta al paquetazo neoliberal que afectó severamente a los trabajadores y agravó los flagelos de la pobreza y la exclusión social. Ahora la situación es diferente, la Revolución Bolivariana ha llevado a los sectores populares el beneficio de la inversión social de la renta petrolera, por lo que un aumento en el precio del combustible -lejos de convertirse en el detonante de conflictos sociales-, sería un acto de justicia redistributiva.
En efecto, el subsidio a la gasolina es una medida que aparentemente favorece a los que menos tienen, cuando en realidad lleva a una distribución regresiva del ingreso. Al destinar cuantiosos recursos públicos para subsidios indirectos que benefician a pobres y ricos por igual, se comete una injusticia redistributiva porque los que más tienen no necesitan que se les subsidie nada. Por eso, el subsidio a la gasolina se está percibiendo como una medida antipopular que origina una creciente indignación en los sectores más conscientes del pueblo venezolano, quienes cada vez tienen más claro que el irrisorio precio del combustible beneficia sobre todo a las familias que tienen dos, tres o más vehículos; mientras que los que no tienen carro se ven obligados a desplazarse en autobús o metro y, por lo tanto, en nada se benefician de una gasolina irracionalmente barata.  
Por los supuestos impactos que se le atribuyen al aumento de la gasolina, esta decisión debería ser sometida a referendo consultivo popular, tal como lo plantea el artículo 71 de la CRBV. Si se deja claro que un porcentaje de la recaudación por el aumento se destinará a la modernización y ampliación de la flota de transporte público en todo el país, y que el precio de los pasajes no se incrementará, la ciudadanía respaldará masivamente la decisión de sincerar el precio de la gasolina, toda vez que se trata de reorientar hacia la inversión social un subsidio regresivo que favorece sobre todo a los que más tienen, mientras que los más pobres se ven obligados a usar un transporte público todavía muy deficiente.
Para facilitar la viabilidad de esta decisión, previamente se podrían transferir las bombas de gasolina a las Comunas, para que luego éstas destinen el incremento del combustible a crear empresas de transporte público y ampliar el número de unidades, imprimiendo un poderoso impulso a la nueva economía comunal, bajo el control de los trabajadores directos y de las comunidades organizadas. La administración directa del aumento del combustible asegurará una fuente permanente de recursos financieros para sostener otras formas de autogobierno y estimular una creciente participación en las asambleas de ciudadanos, fortaleciendo la autogestión en la ejecución de obras y prestación de servicios públicos que contribuyan a  mejorar la calidad de vida en la Comuna. Asimismo, propiciará una mayor corresponsabilidad entre la ciudadanía y las instituciones del Estado en el proceso de formulación, ejecución, control y evaluación de la gestión comunal.  @victoralvarezr

Good bye, Cadivi

Por: Víctor Álvarez R.

En su Mensaje Presidencial a la Asamblea Nacional, el Presidente Nicolás Maduro anunció su decisión de eliminar Cadivi, cuyas funciones serán absorbidas por el Centro Nacional de Comercio Exterior. Con esta medida se propone erradicar el cadivismo como una práctica dedicada a capturar la mayor cantidad de divisas a la tasa oficial, para luego revenderlas lo más caro que se pueda en el mercado ilegal.

Venezuela es un país rentista que ha vivido una larga promesa de desarrollo y bienestar según sea el destino que se le dé a la renta petrolera, donde empresarios, trabajadores y consumidores pugnan por capturar la mayor tajada de la misma y así lograr un ingreso superior al que en rigor les corresponde por su propio esfuerzo productivo. Tan distintos han sido los mecanismos diseñados por el Estado para distribuir la renta petrolera, como distintas han sido las estrategias y maniobras de los agentes económicos y actores sociales para captarla.

En una alocución anterior, Maduro había planteado:  "Tenemos que lograr que esa renta petrolera sea capturada para el desarrollo de la economía y no para el enriquecimiento de grupos particulares que quieren controlar el poder político, sea por la vía del disfraz rojo o por la vía de la burguesía parasitaria amarilla". Por su parte, el ministro Giordani reconoció que "cuando se crea un sistema de administración de divisas, el otro polo, la gente que quiere burlarlo, nace automáticamente. Puedes perseguirlos, pero siempre le buscan la vuelta: la sobrefacturación, los containers llenos de piedra, trucos para lograr su meta: comprar barato y vender caro".

El cadivismo tiene su causa principal en el anclaje cambiario que se traduce en un subsidio al dólar, si se compara con el precio del dólar paralelo. Mientras el tipo de cambio se mantenga fijo en un contexto inflacionario, y la cotización en el mercado paralelo multiplique la tasa de cambio oficial, esta creciente brecha seguirá estimulando la insaciabilidad de un dólar subsidiado. En su afán por obtener y revender los dólares de Cadivi, los especuladores incurren en las más asombrosas formas de ilícitos cambiarios. La sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, la reventa del cupo electrónico de divisas, los “raspatarjetas” son expresión de los perversos mecanismos que se ponen en marcha para captar el mayor porcentaje de renta.

En la aberración del paralelo, los especuladores encuentran el caldo de cultivo perfecto para amasar grandes ganancias, al disparar su precio muy por encima de la tasa oficial. Este enorme diferencial es causa de una de las más perniciosas patologías inherentes a la lógica parasitaria e inmoral del capitalismo rentístico, la cual se expresa en los fraudes que se cometen en contra del interés nacional. Por eso, con la decisión tomada por el Presidente Maduro de reformar la Ley de Ilícitos Cambiarios y eliminar Cadivi, se le está abriendo paso a una nueva política cambiaria dinámica y flexible, toda vez que congelar el precio oficial de la divisa para luego aplicar maxidevaluaciones, lo que hace es atizar la inflación y deteriorar el salario real de los trabajadores. @victoralvarezr

Honrar la Vida

Por: Víctor Álvarez R.

En estos tiempos en los que las relaciones personales parecieran cada vez más gobernadas por el interés económico y el cálculo político, se hace necesario reivindicar la importancia de la amistad auténtica, fraguada al calor de la virtud y los valores. Con frecuencia, los colegas de trabajo, los conocidos del vecindario, los correligionarios o compañeros de causa se consideran amigos. Pero basta con un cambio de empleo, una mudanza, abandonar el templo o criticar la causa que comparten para que ese vínculo se debilite y desaparezca. Son relaciones pasajeras, sin lazos sólidos y muy vulnerables al menor cambio en las circunstancias. Basta con que el “amigo” pierda el cargo para que sea inmediatamente desplazado por su sustituto.   
El amiguismo, el compadrazgo y el tráfico de influencias es práctica común en esas relaciones utilitarias, cuyo interés es cultivar contactos y palancas para conseguir un empleo, un cupo en la universidad, un crédito, una fecha para un bautizo, un pasaporte o una cama en un hospital. Son “amigos” del gerente general, de la presidenta del condominio, del párroco de la iglesia, del gobernador o del ministro. Nunca son “amigos” de la persona sino del cargo y se aprovechan de esos vínculos en beneficio propio o para hacer “favores” a terceros que luego cobran.
La amistad auténtica es un sentimiento desinteresado y sincero. Se alimenta de la consideración y respeto mutuo, de la lealtad y la solidaridad en un marco de principios y valores compartidos. Es profundamente ética y justa y nunca pretende aprovecharse de nada. Contar con buenos amigos es vital para satisfacer las necesidades intelectuales, emocionales y espirituales de nuestro desarrollo humano integral. Los verdaderos amigos saben que una amistad desinteresada y sincera está fundada en la virtud y es un hermoso tributo a la grandeza humana.
Por eso mis mejores amigos los he cultivado en el campo del pensamiento crítico, leal y comprometido con la construcción de una nueva sociedad libre de desempleo, pobreza y exclusión social. Comparto con ellos la convicción de que pensar críticamente es honrar la vida, es asumir una posición valiente que no siempre es bien comprendida. En la construcción del socialismo venezolano, por muy diferentes que sean nuestras ideas, su esencia democrática pasa por reconocer que la libertad la necesitan sobre todo los que piensan de otra manera, para que así se pueda opinar con sinceridad y sin temor. No es una señal de debilidad del proceso revolucionario sino su principal fortaleza.
Para construir una sociedad de seres humanos libres, el pensamiento crítico tiene que ser un derecho de todos y no un privilegio exclusivo de quienes están en el poder. Al comenzar el 2014 hago votos por el reconocimiento de la crítica leal y comprometida con el avance de la construcción socialista en Venezuela y asumo como mía la letra de esa hermosa canción de Eladia Blázquez que dice: “Hay tantas maneras de no ser, tanta conciencia, sin saber, adormecida. Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas. Es una virtud, es dignidad, y es la actitud de identidad más definida. Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir: honrar la vida.” @victoralvarezr

La contrarrevolución del dólar paralelo

Por: Víctor Álvarez R.

Si alguien tenía alguna duda sobre la guerra económica desatada por los factores de poder que intentan desestabilizar la Revolución Bolivariana, la reciente ola especulativa debe haberlas despejado. De qué otra forma se puede explicar que el gobierno otorgue dólares a una tasa preferencial de 6.30 para subsidiar las importaciones y ofrecer productos a precios solidarios, pero luego quienes reciben la divisa barata de Cadivi/Cencoex hagan trampa, fijando el precio de venta como si hubiesen comprado el dólar al precio caro del mercado paralelo.

Cuando cae la renta petrolera o se retrasa temporalmente la liquidación de divisas, suele activarse un mercado paralelo hacia el cual se desplaza la demanda insatisfecha que está dispuesta a pagar un precio mayor por la divisa. Lo inadmisible es que el dólar paralelo termina convirtiéndose en la tasa de cambio que se aplica para el cálculo del precio de venta al público, incluso de los productos que se importan a la tasa de cambio oficial. Esta práctica especulativa, termina anulando el efecto antiinflacionario de la política cambiaria, a la vez que asegura escandalosas ganancias para aquellos importadores que reciben la divisa a la tasa preferencial, pero defraudan a la Nación y especulan en contra del consumidor.

Esta es la razón de la reciente ola especulativa, la cual se exacerba justamente en los meses en que se liquidan las utilidades o se pagan los aguinaldos. Esta inyección de recursos confiere una adicional capacidad de compra a la gran masa laboral, tras cuya captura se lanzan los sectores económicos que manipulan los precios, convirtiendo la inflación y la especulación en los mecanismos a través de los cuales se apoderan de las remuneraciones de los trabajadores que viven de un ingreso fijo y logran así una redistribución del ingreso a su favor.

En la aberración del dólar paralelo, los especuladores cambiarios encuentran el caldo de cultivo perfecto para amasar grandes ganancias, al disparar el tipo de cambio muy por encima de la tasa oficial. Este enorme diferencial es causa de una de las más perniciosas patologías inherentes a la lógica parasitaria e inmoral del capitalismo rentístico, la cual se expresa en los ilícitos cambiarios y fraudes que se cometen en contra del interés nacional. La sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, el acaparamiento y la especulación son la expresión concreta de la guerra económica con la que se pretende desestabilizar al Gobierno del Presidente Nicolás Maduro. 

Estas arremetidas constituyen un nuevo ataque de los enemigos de la Revolución Bolivariana en su empeño por generar un creciente malestar que lleve a la gente a responsabilizar al gobierno de la situación. Por eso, las medidas tomadas por el presidente Maduro estremecen y sacan de la inacción a muchas instituciones públicas que desde hace rato estaban obligadas a ejercer un riguroso control para que este asalto no ocurriera y, sin embargo, no estaban haciendo todo lo que debían. Con estas medidas el pueblo humilde y la clase media recupera la confianza en el Gobierno Bolivariano y las instituciones del Estado venezolano. @victoralvarezr

Falsas creencias en la Revolución


Por: Víctor Álvarez R.

Según datos del BCV, al cierre de 2012, $290.000 millones de origen venezolano estaban depositados en el exterior: 160.000 del sector privado y 130.000 del sector público.  Estas cifras revelan que, tanto en el capitalismo rentista como en el neo-rentismo socialista, una buena parte del plusvalor internacional que Venezuela capta bajo la forma de renta petrolera, retorna al exterior no solo a través de cuantiosas importaciones, sino también por la vía de una permanente fuga de capitales.

Estas patologías del modelo de acumulación extractivista-rentista se han exacerbado a raíz del creciente ingreso que comenzó a percibir el país, gracias al aumento del precio del petróleo y de un mayor cobro de regalías. La abundancia de petrodólares ha prolongado la vida de un modelo económico basado en la importación rápida y fácil, postergando así el complejo pero seguro esfuerzo por impulsar a gran escala la actividad productiva. Si esto es así cuando solo se extraen 3 millones de barriles diarios, imaginemos como será cuando se incremente el extractivismo petrolero hasta 6 millones en 2019. Solo un decidido esfuerzo por reducir el extractivismo e impulsar simultáneamente la industrialización de los hidrocarburos, minerales y demás materias primas, impedirá que la renta petrolera retorne a las grandes potencias a través del  pago por los productos derivados que luego nos venden; o, que se fugue a través de la sobrefacturación de importaciones, subfacturación de exportaciones, raspatarjetas y demás fraudes e ilícitos cambiarios que han sido denunciados por altos funcionarios del Estado.

El déficit de ingresos fiscales que obliga a financiar con deuda un monto importante del presupuesto nacional, es otra manifestación del cuestionado modelo extractivista-rentista. Los auges de la renta se traducen en un abundante ingreso fiscal que tiende a relajar la presión tributaria a las ganancias capitalistas. Así, en la Venezuela  revolucionaria y socialista, la contribución de la empresa privada al fisco es considerablemente menor que en otros países cuyos gobiernos neoliberales consienten al capital nacional y extranjero, concediéndoles toda clase de incentivos fiscales. Pero aquí, además de la baja presión fiscal, también se benefician de la venta de dólares baratos a través de Cadivi/Cencoex y el Sicad, lo cual representa para la Nación un sacrificio fiscal que se hace cada vez más difícil sostener.

Por si fuera poco, al cubrirse un monto importante del presupuesto y créditos adicionales con renta y no con impuestos, los actores económicos y sociales en lugar se exigir transparencia y eficiencia en el manejo de los recursos, lo que hacen es pugnar por una mayor tajada de esa renta. Así, desde el cadivismo hasta los perniciosos subsidios a la gasolina, pasando por las gratuidades indebidas en el uso de un sistema vial sin peajes y de la adjudicación de viviendas que ni siquiera se pagan con trabajo comunitario, se pone en evidencia la exacerbada mentalidad rentista que considera esas distorsiones como una conquista popular, cuando en realidad se trata de prácticas populistas y clientelares que en nada contribuyen a la conciencia revolucionaria ni a la corresponsabilidad social. @victoralvarezr

La ninfomanía del dólar


Por: Víctor Álvarez R.

La ninfomanía del dólar, es una adicción al dólar preferencial -que suministraba antes Cadivi y ahora Cencoex- para realizar las importaciones esenciales que necesita el país, pero que ha devenido en una demanda insaciable de divisas a la tasa oficial, para luego revenderlas lo más caro que se pueda a través de las más asombrosas modalidades de ilícitos cambiarios.

La política cambiaria se ha basado en anclar el precio oficial de la divisa durante varios años. Mientras el dólar preferncial se mantiene fijo, la cotización del paralelo ha llegado a sextuplicar la tasa de cambio oficial. Ante semejante incentivo, empresarios, instituciones y ciudadanos de a pie se lanzan tras la captura de un cupo de Cadivi/Cencoex. La autorización para abrir cuentas en dólares y la emisión de bonos de la deuda que se pagan en bolívares, pero que al vencerse se cobran en dólares, ha contribuido a la cultura de la dolarización y a exacerbar el cadivismo, al extremo que -según datos del BCV-, los activos privados de origen venezolano en el exterior ascendieron a $ 160.000 millones al cierre de 2012.

Estos incentivos, aunado a la rigidez de la política cambiaria, recrudecen la demanda de dólares que se depositan en la banca internacional, a la espera de las cuantiosas ganancias que se amasan con cada devaluación. A pesar de las urgentes necesidades de divisas que tiene el país, no hay incentivos para la repatriación de los miles de millones de dólares de origen venezolano que se mantienen en el exterior. Y así, todo el peso de atender las importaciones imprescindibles para el buen funcionamiento de la economía, recae sobre las reservas internacionales que se suministran a través de Cadivi/Cencoex.

Mientras la tasa oficial se mantenga fija y la brecha con el paralelo crezca cada vez más, se exacerbará la insaciabilidad de un dólar subsidiado. Por eso, la posibilidad real de superar el cadivismo y profundizar la transformación de una economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo exportador requiere una profunda revisión y rectificación de la política cambiaria. Anclar la tasa oficial para luego aplicar maxidevaluaciones de 100% y 46,5% solo favorece a quienes tienen miles de millones de dólares depositados en el exterior. Las maxidevaluaciones atizan la inflación que devora la capacidad adquisitiva de los trabajadores que viven de un ingreso fijo; y, al dejar anclado nuevamente el tipo de cambio en un contexto inflacionario, tampoco se contribuye a fortalecer la competitividad cambiara de las exportaciones, ni a mejorar el déficit fiscal.

La crítica al cadivismo, (así también se le llamó a la ninfomanía del dólar), como expresión de la cultura rentista tiene que abrirle paso a una nueva política cambiaria dinámica y flexible, que cierre la brecha con el mercado paralelo y logre la estabilidad de la tasa de cambio. Es así como se podrá alcanzar un precio del dólar que exprese la verdadera productividad de la economía, estimule la repatriación de capitales, la sustitución de importaciones y la diversificación de las exportaciones no petroleras, de tal forma que la única fuente de divisas no sea la pública, sino que surja una oferta privada que alivie las presiones que antes cayeron sobre Cadivi y actualmente recaen sobre Cencoex.  @victoralvarezr

El ADN del rentismo


Por: Víctor Álvarez R.

El genoma económico del capitalismo rentístico es portador de potenciales patologías que es necesario comprender para evitar su desarrollo. Solo así se estará en condiciones de elaborar una adecuada teoría que permita mantener bajo control su comportamiento tan particular.

El capitalismo rentístico tiene su fundamento en la valorización de la naturaleza por el mercado mundial. En el caso del petróleo, el Estado –al ser el propietario de las riquezas del subsuelo-, recibe una renta cuyo contenido económico es la captación de un plusvalor internacional, el cual distribuye luego en favor de los factores económicos y sociales internos.

La primera alteración en el ADN de una economía rentista la encontramos en un ingreso en divisas que no es fruto del esfuerzo productivo. Este súbito ingreso confiere una capacidad de compra superior a la que pudiera resultar de la distribución del ingreso generado por los factores productivos internos. La inyección de la renta internacional a la circulación nacional origina una demanda que no puede ser abastecida por el precario aparato productivo local. Y entre producir e importar, se suelen apelar al expediente fácil de comprarle al resto del mundo lo que con esfuerzo y constancia debería comenzar a producirse nacionalmente.

En la secuencia del ADN del rentismo aparece de inmediato otra alteración. Debido a la presión inflacionaria que ejerce el desequilibrio entre la pujante demanda y la rigidez de la oferta, se recurre al anclaje cambiario como instrumento de política antiinflacionaria. Al congelar el precio oficial de la divisa se abaratan las importaciones que se hacen con ese dólar subsidiado, pero esto termina siendo “pan para hoy y hambre para mañana” debido a que el dólar barato estimula toda clase de importaciones que frenan y desplazan la producción nacional. La situación hace crisis cuando se retrasa la liquidación oportuna de divisas y se activa de inmediato un mercado paralelo hacia el cual se desplaza la demanda insatisfecha.

En la aberración genética del paralelo, los especuladores cambiarios encuentran el caldo de cultivo perfecto para amasar grandes ganancias, al disparar el tipo de cambio muy por encima de la tasa oficial. Este enorme diferencial es causa de una de las más perniciosas patologías inherentes a la lógica parasitaria e inmoral del capitalismo rentístico, la cual se expresa en los ilícitos cambiarios y fraudes que se cometen en contra del interés nacional. La sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, la reventa del cupo electrónico, los raspatarjetas son la expresión al mayor y al detal de las taras que puede desarrollar una economía rentista.

Al no comprender el ADN que explica el comportamiento patológico de una economía rentista, se suelen aplicar remedios que resultan ser peor que la enfermedad. Si se quieren resultados diferentes ha llegado el momento de hacer las cosas de manera diferente. Se impone una profunda revisión y rectificación de la política cambiaria para superar la economía de puertos y reimpulsar la construcción de un nuevo modelo productivo sustentado en la agricultura y la industria que aseguren el logro de la soberanía alimentaria y productiva.