miércoles, 13 de febrero de 2013

Pro y contra de la devaluación

Por: Víctor Álvarez R.

Mientras unos consideran que la devaluación de 4.30 a 6.30 Bs/$ todavía es insuficiente para corregir la sobrevaluación acumulada a lo largo del anclaje cambiario, otros voceros la presentan como el "paquetazo rojo" y anuncian el comienzo del fin. Para contribuir al debate que permita al lector encontrar nuevos elementos para sacar sus propias conclusiones, ofrecemos el siguiente análisis sobre los pro y contra de la reciente devaluación.

¿Cuáles fueron las medidas tomada por el Gobierno?
  • La tasa de cambio subió de Bs. 4.30/$ a Bs. 6.30/$, lo cual equivale a una devaluación del 46,5
  • Se eliminó el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (SITME)
  • Creación de un Órgano Superior de Optimización Cambiaria para fijar prioridades en la asignación de divisas, equilibrar flujos de caja y velar por la eficacia
  • Se flexibilizó el uso de las cuentas en dólares abiertas en el país
  • Se mantiene el tipo de cambio de 4.30 Bs/$ para las solicitudes parta casos de salud, estudiantes y remesas realizadas antes del 8 de febrero

¿Quién produce y quien gasta las divisas en el país?

De las exportaciones totales que ascienden a casi 97 mil millones de dólares, el 95% las produce Pdvsa. El sector privado produce apenas 3 mil millones de dólares, pero demanda 30 mil millones.

Al comienzo, la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) atendía el 96% de las importaciones que se realizaban en el país. Pero los retrasos en la aprobación y liquidación de divisas llegaron a superar los 180 días, obligando a comprar divisas en el mercado paralelo, profundizar la brecha cambiaria y convertir la tasa no oficial en el precio marcador del dólar en la economía.

Para corregir estas distorsiones se creó el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (SITME) el 9 de junio de 2010, el cual proveía entre 15% y 20% de las divisas a un  precio de 5.30-5.60 Bs/$.

Mientras en el 2012 Cadivi aprobó un monto de 33.154,37 millones de dólares, un incremento de 5,2%, en comparación con el 2011, cuando se aprobaron 31.398 millones de dólares, el SITME suministró 7.864 millones de dólares y el promedio anual estuvo en torno a los  7.000 millones de dólares.

La eliminación del SITME

En gran medida, el Sitme operaba con las transacciones de los bonos de deuda denominada en dólares de Pdvsa y del Gobierno Central, los cuales eran adquiridos y negociados por el sector privado a través de la banca. Luego de dos años de funcionamiento se elimina, toda vez que la creciente brecha entre la tasa de cambio oficial y la del mercado paralelo es una demostración de que no pudo cumplir con los objetivos y metas que inicialmente le fueron asignados.

  1. ¿Por qué se devalúa?:  orígenes, razones y consecuencias

Para responder a esta pregunta expondré cuatro usos posibles de la política cambiaria, así como cuatro mecanismos de distribución de la renta petrolera para poder reflexionar sobre los orígenes, razones y consecuencias de la devaluación del bolívar.

1.1. Política cambiaria como instrumento de política industrial

La política cambiaria puede utilizarse como un instrumento de política industrial cuando se trata de inducir y promover las transformaciones estructurales en el aparato productivo. De hecho, este es unos de los argumento con los que se suele justificar la medida de devaluación: su efecto en la sustitución de importaciones y en la promoción de exportaciones.

Una de las críticas más fuertes que ha hecho el gobierno venezolano ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido justamente la relacionada con la perniciosa práctica de los multimillonarios subsidios que las principales potencias le conceden a sus exportaciones agrícolas y manufactureras. Mucho se cuestionó, también, en las negociaciones del ALCA que esos subsidios a las exportaciones de los EE.UU. y la Unión Europea resultaban ruinosos para las economías de los países pobres, toda vez que significaban una competencia desleal contra el aparato productivo de los países subdesarrollados.
Contradictoriamente, la sobrevaluación del tipo de cambio en Venezuela se traduce en un subsidio al dólar y, en consecuencia, un subsidio a las importaciones que se hacen con esa moneda barata. Estas crecientes importaciones compiten y desplazan a la producción agrícola y manufacturera nacionales del mercado interno. Por si fuera poco, castiga de manera muy severa la competitividad cambiaria de las exportaciones venezolanas diferentes al petróleo, que son las únicas exportaciones que puede aguantar ese tipo de cambio.
 
 

Devaluar no es suficiente para exportar. Tampoco la reducción de aranceles y de las barreras al comercio. Conquistar un espacio en los mercados internacionales exige competir con calidad, cantidad, precios y oportunidad de entrega. Pero también requiere la creación de un adecuado ambiente para la actividad productiva y exportadora que incluye tanto la estabilidad macroeconómica, como adecuados servicios de agua, luz, gas, telecomunicaciones, plantas de tratamiento y otros servicios de apoyo a la producción; carreteras, autopistas, ferrovías, puertos y aeropuertos; la formación técnica y productiva de los trabajadores; las capacidades gerenciales, tecnológicas e innovativas; así como el buen funcionamiento de las aduanas y los organismos públicos que administran el marco legal que rige las operaciones e incentivos al comercio exterior. Cuando uno de esos eslabones falla se altera un sistema que debe funcionar cada vez mejor, y por lo tanto, se dificulta y entorpece el esfuerzo exportador.

Por lo tanto, si esta medida de devaluación no se complementa con otras decisiones en materia de política fiscal, monetaria, e incluso, de la propia política cambiaria, de política de precios y sobre todo con el diseño de una política agrícola, industrial y tecnológica que permita fortalecer la calidad, productividad y competitividad del aparato productivo, el efecto esperado de la devaluación se desvanecerá en el tiempo; y, por si sola, no generará los resultados y efectos que se le atribuyen, de cara a la transformación de una economía rentista e importadora en una economía productiva y exportadora de una amplia gama de bienes de servicios de alto contenido tecnológico y de creciente grado de transformación industrial.

1.2. Política cambiaria como un instrumento de política antiinflacionaria

La política cambiaria también puede ser utilizada como un instrumento de política antiinflacionaria. De hecho, es lo que se hizo en los últimos años cuando -a través del anclaje cambiario y la sobrevaluación del bolívar-, se utilizó justamente la política cambiaria y se subsidió el dólar para abaratar las importaciones; medida que al final tuvo efectos contraproducentes y muy negativos sobre el propio aparato productivo interno, el cual se vio desplazado por un creciente volumen de importaciones realizadas con un dólar subsidiado y cada vez más barato.
La viabilidad de impulsar la transformación de la economía a partir del uso del instrumento de la política cambiaria es parcialmente cierto, toda vez que esa medida aislada verá anulado sus efectos si se reedita el fenómeno de una inflación en Venezuela superior a la de sus principales socios comerciales y no se ajusta de inmediato el tipo de cambio para corregir este diferencial, el cual tiende a sobrevaluar el tipo de cambio y la corrección parcial de ese diferencial inflacionario que con esta nueva devaluación se ha logrado, se vería volatilizado en el curso del año, justamente por el auge inflacionario que la propia devaluación origina.
Al comparación la inflación de enero 2013 vemos que Venezuela, con una inflación de 3.3%, se ha encarecido mucho más que sus principales socios comerciales en América Latina: Chile 0,2%; Colombia 0,3%; México 0,4%Ecuador 0,5 %; Brasil: 0,86%. Con un tipo de cambio anclado se refuerza comprar las mercancías en aquellos países donde se han encarecido menos, prolongando así la propensión importadora que en Venezuela se ha instalado.
 

1.3. Política cambiaria como instrumento de política fiscal

La política cambiaria, además de los usos antes comentados como instrumento de política industrial o de política antiinflacionaria, también puede tener aplicaciones y efectos muy concretos en materia de política fiscal. La devaluación le posibilita al fisco obtener más bolívares al vender el ingreso petrolero de más de $ 95.000 millones en 2012 no a 4.30 sino a 6.30 bs/$. No olvidemos que la principal fuente de ingresos fiscales sigue siendo el ingreso fiscal de origen petrolero. El Petróleo se vende en el mercado internacional en dólares y luego esos dólares se convierten en bolívares, antes a 4.30 Bs/$ y ahora a 6.30 Bs/$.

Al ser el Estado venezolano el perceptor del 95% ó más del ingreso en divisas, esa situación provoca que cualquier medida que se adopte de vender los dólares más caros, se traduce de inmediato en una transferencia de recursos del resto de la sociedad que tiene bolívares, a favor del Estado que es el dueño del 95 % de los dólares.

Cualquier medida de devaluación opera entonces como un impuesto cambiario que nutre e inyecta ingresos fiscales adicionales. De hecho, cuando empeora el déficit fiscal como porcentaje del PIB, cuando cae el precio del petróleo y se derrumba el ingreso fiscal de origen petrolero, cuando se contrae la economía y se  recauda menos IVA e ISR, se apela a la devaluación como un impuesto cambiario que permite conjurar los problemas de flujo de caja en la Tesorería que amenazan el pago de nómina, contratistas y proveedores. La necesidad de generar más ingresos fiscales para reducir el déficit y sostener el creciente nivel de Gasto Público es una de las razones de más peso que subyace en la reciente decisión de devaluar de 4.30 a 6.30 Bs/$.

Sin embargo, el peso de la deuda externa puede anular el efecto positivo de la mayor recaudación fiscal que se obtiene gracias a la devaluación. Los saldos de la deuda pública hasta el 2012 son:

·         Deuda interna bruta: más de Bs. 200.000

·         Deuda interna extranjerizable (bonos vendidos en bolívares pero cuyo pago es exigible en dólares) y la deuda externa: más de $ 100.000 millones.

Si bien la devaluación asegura una mayor cantidad de bolívares por cada dólar, lo cual conviene a los efectos de cancelar la deuda interna; en el caso de la deuda interna extranjerizable y la externa, el efecto de la devaluación es negativo, toda vez que se requerirán más bolívares para adquirir los dólares que se necesitan para cancelar capital e intereses.

1.4. Política cambiaria como instrumento de política exterior

Una cuarta aplicación que puede tener la política cambiaria es como un instrumento de política exterior para impulsar procesos de integración económica. Esto sería más efectivo aún si al nuevo sistema de cambio dual se le añadiera un tipo de cambio preferencial para los exportadores que colocan sus productos en aquellos países que pudieran resultar de importancia estratégica en la política exterior del Gobierno venezolano, como es el caso del Mercosur, Alba y Celac.

Desde hace tiempo se ha planteado el efecto inhibidor que tiene la sobrevaluación del tipo de cambio sobre la integración comercial y las metas de promoción de exportaciones no tradicionales. Estas sufren un tipo de cambio fijado sobre la base de la productividad de la industria petrolera, el cual no expresa la verdadera productividad de los demás sectores transables de la economía, particularmente de la agricultura y la industria, los cuales necesitarían un tipo de cambio mayor para poder cubrir los crecientes costos que se derivan de una mayor inflación en Venezuela que la que reflejan los países que forman parte de los acuerdos de integración antes nombrados. Tan desfavorable es el tipo de cambio oficial para las exportaciones no tradicionales, que ni siquiera expresa la productividad de las industrias básicas que supuestamente aprovechan las ventajas comparativas que el país tiene en materia de recursos naturales, mineros y energéticos, pero que con un bolívar cada vez más sobrevaluado tampoco lograr cubrir sus costos de producción a la hora de exportar.

Una tasa de cambio competitiva es una condición necesaria para estimular las exportaciones diferentes al petróleo. Pero no es suficiente para garantizar y sostener el desarrollo de un sólido sector exportador. Las experiencias de promoción de exportaciones exitosas demuestran que el tipo de cambio jugó un importante papel en el incremento de las exportaciones debido a que formó parte de un conjunto integral de políticas macroeconómicas, agrícolas, industriales y tecnológicas bien articuladas.

2. Agotamiento de los mecanismos de distribución de la renta

En relación con los mecanismos de la distribución de la renta que a continuación voy a exponer, su agotamiento o revitalización dependen de ese recurrente ciclo que tiene la economía venezolana de entrar en períodos de sobrevaluación-devaluación-sobrevaluación, los cuales tienden a ser más o menos prolongados según sea el comportamiento de los precios de petróleo y de los niveles de la renta petrolera. El 5 de febrero de 2003 se fijó la tasa de cambio a 1,60 bolívares por dólar, la cual subió a 1,92 bolívares en 2004 y un año después, en 2005, pasó a 2,15 Bs/$. Desde entonces, el ajuste anual dejó de hacerse y esta última tasa se ancló  durante cinco años, a pesar de la inflación considerablemente superior a la de los principales socios comerciales de Venezuela. En enero de 2010 se aumentó el precio del dólar a 2,60 bolívares para productos preferenciales y a 4,30 para el resto de las importaciones, las cuales sufrieron el impacto de una maxidevaluación del 100%. Esa tasa se mantuvo congelada por tres años, hasta que se anunció el incremento a 6,30 Bs/$, equivalente a una devaluación de 46,5 %.

2.1. La sobrevaluación del bolívar

Sin lugar a dudas, la sobrevaluación del bolívar es un mecanismo de distribución de la renta petrolera. El hecho de permitir durante varios años que el tipo de cambio se sobrevalue -aún cuando implique sacrificar ingresos fiscales adicionales que el Gobierno pudieran obtener si ajustara anualmente el tipo de cambio para corregir el diferencial inflacionario entre Venezuela y sus principales socios comerciales-, constituye un mecanismo para la distribución de la renta petrolera.

2.2. La baja presión fiscal

La baja presión fiscal que durante muchos años se ha observado en Venezuela, también es un mecanismo de distribución de la renta petrolera. Un Estado o un Fisco necesitado de más recursos para cubrir el gasto público, para cubrir las necesidades internas, seguramente tendría en vigencia un Impuesto de los Activos Empresariales o tendría una tasa de Impuesto al Valor Agregado más alta, un mayor Impuesto sobre la Renta o tendría impuestos indirectos a la gasolina, a los licores y a los cigarrillos mucho más altos. Esta baja presión fiscal también expresa un mecanismo de distribución de la renta petrolera que, como planteaba antes, se puede revitalizar en períodos de auge rentístico, cuando los precios del petróleo suben y el país obtiene un abundante ingreso petrolero. En esas circunstancias, el Gobierno no necesita afincársele a los contribuyentes para obtener los recursos fiscales que la abundante renta petrolera le provee. Pero cuando se hacen insostenibles las presiones fiscales deficitarias, se suele apelar al recurso de la devaluación como un impuesto cambiario.

2.3. La alta nómina de empleados públicos y los subsidios

Hay otros mecanismos de distribución de la renta que también se fortalecen o se debilitan dependiendo de ese comportamiento errático de los precios del petróleo. Son los que tienen que ver con la posibilidad de contratar una creciente nómina de empleados públicos cuyos sueldos, salarios y beneficios laborales se pagan con la renta petrolera.

También se financian con la renta los subsidios, no solamente a la gasolina, sino también al agua, a la luz, el gas. Al igual que los demás, este mecanismo también colapsa cuando se desploma la renta. Como quiera que sea, el hecho de que pese tan poco la factura de agua, electricidad y gas en los presupuestos de los hogares o incluso en la propia estructura de costos del aparato productivo, induce a un uso muy irracional que raya casi en el desperdicio y despilfarro de estos recursos. Este es un rasgo característico de la cultura rentista.

2.4. El gasto público

Y, por supuesto, otro mecanismo de distribución de la renta tiene que ver con el gasto público, con la inversión en infraestructura, con el financiamiento a los sectores productivos y con el gasto social, en particular, el alto peso que tienen las Misiones sociales dentro de ese gasto social. Entonces, desde mi perspectiva, la medida de devaluación tiene sus orígenes en los vaivenes y avatares del ciclo: auge rentístico-sobrevaluación-caída del ingreso externo-crisis fiscal-necesidad de devaluar-inflación-auge rentístico-sobrevaluación.

3. Las consecuencias de la devaluación

Las consecuencias de la devaluación están, entonces, muy asociados a los cuatros usos que describí anteriormente en relación con las aplicaciones de la política cambiaria como instrumento de política industrial, antiinflacionaria, fiscal y de política exterior.

3.1. Sobre la transformación del aparato productivo

La cultura rentística nos lleva a utilizar buena parte del ingreso petrolero para comprarle al resto del mundo lo que aquí se pudiera producir internamente. Desde años atrás se ha estado planteando la necesidad de ajustar el tipo de cambio de cara a la tarea largamente pospuesta de crear las condiciones para facilitar la transformación de una economía rentista en una economía productiva.
Como ya lo dije antes, el problema de la sobrevaluación del tipo de cambio castiga de manera muy severa la competitividad de los exportadores no tradicionales, incluido el sector que se llegó a llamar en una oportunidad de «exportaciones tradicionales» como el café y el cacao, hasta la propia competitividad de los sectores de las industrias básicas.
 

La economía venezolana creció 5,6 % en el 2012, lo cual es una buena noticia en medio de la crisis económica internacional que ha dejado sin empleo a millares de trabajadores. Pero cuando uno analiza la estructura del PIB para evaluar la calidad de ese crecimiento, descubre que es un crecimiento de baja calidad que se sustentó sobre todo en los sectores del comercio, los servicios, el comercio importador, la actividad financiera y en la dinámica del sector telecomunicaciones. Pero no fue un crecimiento sustentado en la expansión, en el crecimiento sostenido de la agricultura y de la industria. De hecho, más bien, se puede apreciar cómo, en los últimos años, el aporte relativo al PIB tanto de la agricultura como de la industria se redujo como consecuencia del desplazamiento que sufrió la producción nacional por las crecientes importaciones realizadas con un dólar barato y subsidiado.

Y en períodos de recesión, la caída de la demanda interna ha sido parcialmente compensada con las exportaciones, contrarrestando así el desplome del consumo y la caída de las ventas en el mercado doméstico. Pero más allá de breves períodos de auge, las exportaciones privadas de nuevo se desinflan y nunca han registrado un crecimiento significativo y sostenido que valga la pena destacar.
Con la anterior devaluación que llevó la tasa de cambio de 2.15 a 4.30 Bs/4 se argumentó que la decisión de devaluar el bolívar traería como consecuencia la transformación del aparato productivo, el cambio de una economía importadora en una economía productiva y exportadora. Pero el anclaje cambiario, la sobrevaluación del bolívar y el consiguiente incremento de las importaciones que desplazaron la producción nacional y castigaron la competitividad de las exportaciones no petroleras, demostraron todo lo contrario. Y esto es y será así mientras en Venezuela el manejo inteligente de la política cambiaria no termine de formar parte de una estrategia para la transformación del modelo rentista. Las devaluaciones siempre han respondido a la necesidad de encarar los desequilibrios fiscales que se han hecho insostenibles. Los dólares se venden más caros para compensar el deterioro del ingreso fiscal. Pero si la medida de devaluación no se acompaña de políticas industriales y tecnológicas que refuercen, que complementen el impacto positivo que pudiera tener la política cambiaria en ese sentido, sencillamente las buenas intenciones de transformar la economía rentista e importadora en una nueva economía productiva y exportadora  una vez más se verán frustrados y postergados.
 

3.2. Sobre el comportamiento de los precios y la distribución del ingreso

El fenómeno inflacionario en Venezuela está muy asociado al ciclo sobrevaluación-devaluación del tipo de cambio. Cuando el Gobierno entra en problemas fiscales, el déficit en las cuentas públicas termina siendo la gota que desborda el vaso, el verdadero detonante de la devaluación. Aunque haya otras razones que se van acumulando y ejercen presión para ajustar el tipo de cambio, éstas nunca terminan de ser lo suficientemente fuertes para que se tome la decisión. Como razones adicionales se suman las pérdidas del BCV por traspasos al Fonden; el diferencial de inflación entre Venezuela y el resto del mundo; el irracional y desmesurado aumento en la demanda de divisas, la demora en su liquidación y la consiguiente la escasez, acaparamiento y especulación con los productos importados. Pero sólo cuando hay crisis fiscal es que se adopta la medida. Con un déficit fiscal de 15% del PIB era previsible una devaluación con fines fiscales y así poder sostener la expansión del gasto público, sobre todo para atender los programas sociales, mantener al día las remuneraciones y pensiones, la inversión en salud, educación, cultura, recreación, así como la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Así pues, la devaluación termina reproduciendo y agravando el problema inflacionario y volvemos entonces al mismo círculo vicioso de sobrevaluación-devaluación-inflación-sobrevaluación-devaluación. La devaluación va a tener indudablemente un impacto inflacionario. Por lo tanto, un importante impacto de la devaluación recaerá  sobre el poder adquisitivo de los trabajadores, como consecuencia de la inflación de los alimentos, las medicinas, artefactos electrodomésticos y automóviles. En el año 2012, los sectores que recibieron más divisas fueron alimentación, con $ 7.254,26 millones; salud, con $ 4.017,99 millones; y, automotriz, con $ 2.692,58 millones. Estas importaciones se hicieron a 4.30 Bs/$ y en adelante deberán hacerse a 6,30 Bs/$, una devaluación equivalente al 46,5 % que, con toda seguridad, será trasladada al precio final que pagan los consumidores.

Una de las consecuencias es esa. Por lo tanto, para que la inflación no anule el efecto deseado del ajuste cambiario, se requiere el diseño y ejecución de una acertada estrategia antiinflacionaria que pueda compensar el inevitable impacto que la propia devaluación genera sobre la estructura de costos del componente importado y el comportamiento de los precios.

Obviamente, se va a producir una redistribución del ingreso. La medida de devaluación supone esa transferencia de recursos a favor del sector estatal que prácticamente monopoliza el ingreso en divisas, en desmedro del sector que compra las divisas. Igualmente desencadenará una transferencia de parte del ingreso de los sectores que viven de un sueldo o ingreso fijo hacia los sectores empresariales que manipulan la fijación de los precios. Por supuesto, ese ingreso fiscal adicional que recibirá el Gobierno permitirá este año aumentar los sueldos y salarios, mantener los niveles de empleo procurando mantener al día los pagos a contratistas para que las obras y las construcciones en el interior del país no se paralicen en un año electoral en el que se elegirán concejales y alcaldes.
Entonces, ese ingreso adicional en bolívares que se deriva de la medida de devaluación le va inyectar al gobierno suficientes recursos para aumentar el gasto y crear un ambiente que de alguna manera conjure las amenazas de abstención, de decepción y voto castigo que eventualmente pudiera presentarse, compensando el auge inflacionario por la vía de aumentar los sueldos y salarios y mantener el actual nivel de empleo y así evitar la conflictividad laboral.
 

3.3. Devaluar para pagar pasivos laborales

Cuando uno ve, por ejemplo, los conflictos que en estos momentos tienen las empresas básicas donde los trabajadores están reclamando el pago de pasivos laborales, de aumentos de sueldos que están pendientes, de bonos que todavía no se han cancelado, comprende claramente como al tipo de cambio de 4,30 Bs/$ el ingreso en divisas de empresas básicas como Ferrominera del Orinoco, Sidor, Alcasa, Venalum, Proforca, etc. no rendía lo suficiente y, por lo tanto, no alcanzaba para cubrir todos esos crecientes gastos de operación y compromisos laborales denominados en bolívares. Ese tipo de cambio anclado desde hace tres  años estaba no solamente comprometiendo la competitividad externa de estas empresas, sino incluso, su propia viabilidad interna. Esa altísima conflictividad laboral y social, de alguna forma encuentra una máscara de oxígeno con la devaluación, porque va a permitir que estas empresas conviertan ahora buena parte de su ingreso en divisas al nuevo tipo de cambio de 6,30 Bs/$. Esto significará una mayor cantidad de bolívares para poder ponerse al día no solamente con los compromisos labores, sino también con buena parte de las deudas que tiene pendientes con proveedores, con contratistas, sin excluir, por ejemplo, los aportes que las empresas básicas hacen a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) para alimentar los presupuestos que esta Corporación tiene para invertir en las obras de infraestructura en la región.

Principales impactos de la devaluación sobre los diferentes agentes económicos

Sobre el gobierno:

·         Al vender los dólares más caros el gobierno obtiene un ingreso mayor en bolívares, lo cual le permite reducir el déficit fiscal en términos reales y como porcentaje del PIB.

·         Al aumentar su ingreso fiscal disminuye las necesidades de endeudamiento interno.

·         Sin embargo, para pagar la deuda externa deberá comprar los dólares más caros y, por lo tanto, necesitará una mayor cantidad de bolívares para cancelar el capital e intereses de la misma.

·         Para calcular el peso de la deuda como porcentaje del PIB se debe convertir el  monto de PIB en bolívares al nuevo tipo de cambio de 6.30 Bs/$, lo cual dará un monto menor en dólares y por lo tanto aumentará el ratio de la deuda externa como porcentaje del PIB

·         Como el fisco obtendrá más bolívares por cada dólar, seguramente se producirá un aumento de los depósitos del gobierno.

Sobre la banca

·         Reducción de la demanda de bonos del Estado denominados en bolívares y dólares.

·         Aumento en bolívares de los intereses en dólares percibidos por la banca.

·         Disminución real de la cartera de crédito.

Sobre el BCV

·         Incremento en bolívares del valor de las reservas internacionales, compensando parte de las pérdidas por traspasos al Fonden.

·         Aumento en bolívares de los intereses en dólares sobre reservas en divisas.

Sobre las empresas:

·         Las importadoras resentirán el encarecimiento de la divisa con la consiguiente caída en la demanda de productos importados.

·         Las exportadoras se verán estimuladas al recibir una mayor cantidad de bolívares por cada dólar exportado

·         En general, tanto las importadoras como las exportadoras sufrirán un incremento en los costos del componente importado.

Sobre los hogares:

·         Un aumento del valor en bolívares de los ahorros e intereses para aquellos  hogares que han comprado bonos del Estado en divisas o tienen capacidad de ahorra en divisas.

·         La devaluación del 46,5 % encarece el componente importado que se traslada al precio que pagan los consumidores y, por lo tanto, es previsible una inflación superior a la proyectada para el año 2012

4. Propuestas para un manejo inteligente de la política cambiaria

Se ha pretendido atribuir a la devaluación un efecto mágico, automático, sobre la transformación productiva. Pero la anterior maxidevaluación de 100 % que llevó el dólar de 2,15 a 4.30 corroboran que la devaluación cada vez que es utilizada única y exclusivamente para aumentar el ingreso fiscal, si no va acompañada de otras medidas complementarias pierde totalmente su efecto y se vuelven a reeditar, entonces, todos los fenómenos asociados a una economía rentista que cae en ese ciclo vicioso de dejar que el dólar se sobrevalue, exacerbando así la tendencia a importar de otros países lo que se debiera estar cubriendo con producción nacional.

El ajuste cambiario: necesario más no suficiente

Ya explicamos que al congelar el tipo de cambio se subsidia el dólar y, por lo tanto, también se subsidian las importaciones que desplazan la producción nacional. En consecuencia nos mantenemos en un círculo vicioso: importamos porque no producimos y no producimos porque importamos.

En tales circunstancias, el ajuste cambiario de 4.30 a 6.30 Bs/$ es una medida necesaria más no suficiente. Esta devaluación ha sido tardía, parcial e incompleta, toda vez que se trata de instrumentar una política cambiaria integral que realmente contribuya a la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista. Esto será posible sí y sólo sí la devaluación es complementada con otras decisiones en materia de política fiscal, en materia de política cambiaria, en materia de política de precios y en materia de políticas sectoriales, agrícolas, industriales y tecnológicas.

Diseñar políticas agrícolas, industriales y tecnológicas

No es cierto que la devaluación va a permitir automáticamente el tránsito de la economía rentista importadora al nuevo modelo productivo exportador. Si bien la devaluación encarece las importaciones que compiten con la producción nacional y mejora el ingreso en bolívares de los exportadores, la competitividad cambiaria es una condición necesaria más no suficiente para sostener el esfuerzo exportador. Es necesario construir una competitividad auténtica basada en el desarrollo de ventajas competitivas de tipo tecnológico que permitan que esa dotación de factores que el país tiene en materia de petróleo, gas, recursos naturales y materias primas sea efectivamente aprovechada. El ingreso en divisas que se obtiene al exportar estos recursos, en lugar de ser consumido por la vía de las importaciones, debe ser reorientado hacia la inversión productiva y al fortalecimiento de las capacidades tecnológicas e innovativas que a la larga permitan transformar el petróleo, gas, recursos mineros y naturales en productos de mayor valor agregado y contenido tecnológico.

El pobre desempeño de las exportaciones no tradicionales venezolanas no se debe solo a la ausencia de un tipo de cambio competitivo, sino a la falta de una política integral de promoción de exportaciones. No obstante, la corrección de la sobrevaluación estructural del bolívar es un requisito para superar el sesgo anti-exportador de la economía venezolana. La asignatura pendiente -además de encontrar una tasa cambiaria de equilibrio que evite el efecto negativo de la sobrevaluación estructural del bolívar-, sigue siendo la definición de políticas macroeconómicas, agrícolas, industriales y tecnológicas coherentes que hagan posible un desarrollo sostenido de la economía real. Sin producción nacional no es posible sustituir importaciones. Mucho menos exportar.

Para que sea sostenible el impacto positivo de la devaluación sobre la transformación productiva, para que sea creíble y se demuestre que no fue solamente tomada con el fin de cubrir el déficit fiscal, tendrá que ser respaldada con un conjunto de medidas complementarias en materia de política macroeconómica, agrícola, industrial y tecnológica.

Tipo de cambio para promover las exportaciones no tradicionales

Para facilitar los objetivos del gobierno de profundizar la integración de Venezuela a la economía latinoamericana como un exportador de productos con un creciente valor agregado, el nuevo tipo de cambio de 6,30 Bs/$ luce todavía sobrevaluado. Este puede expresar efectivamente la competitividad del sector petrolero, pero aún no expresa la verdadera productividad y competitividad de los demás sectores de la economía. Su impacto negativo sobre producción nacional -particularmente sobre la oferta exportable-, pudiera ser compensado con otro tipo de cambio que remunere de mejor manera el esfuerzo productivo que hacen los exportadores.
Si los exportadores venezolanos pudieran retener el equivalente al valor agregado que generan y venderlo en el mercado paralelo, reintegrando al BCV única y exclusivamente el porcentaje que corresponde al componente importado que es financiado con las divisas que Cadivi les entrega, seguramente ese estímulo cambiario, aunado a las demás medidas de política sectorial que antes mencioné, pudieran reforzarse entre sí para profundizar y acelerar la transformación estructural de la economía venezolana.
 

Los exportadores necesitan un estímulo adicional, un incentivo mucho más poderoso que el que se acaba de otorgar con la devaluación. Todos sabemos que los exportadores están obligados a cambiar el 70 % de sus divisas al tipo de cambio oficial. Plantearía, entonces que los exportadores retengan y puedan vender en el mercado paralelo el porcentaje de divisas equivalente al valor agregado que generan, reintegrando al BCV el monto equivalente a lo que Cadivi les otorga para cubrir el componente importado.

Por esa vía estaríamos aumentando la oferta de divisas en ese mercado paralelo. Esta medida estimularía las exportaciones no tradicionales y sustentaría una mayor oferta de divisas por parte del sector privado exportador, lo cual aliviaría de alguna forma la presión que hay sobre el BCV de quemar reservas internacionales con el fin de cerrar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo, cuando la razón del aumento de la demanda y de la cotización del dólar en el mercado paralelo es el retraso de Cadivi a la hora de liquidar oportunamente las divisas que requieren los sectores productivos para cancelar a tiempo las deudas con sus proveedores.

Si bien es cierto que la devaluación puede tener un efecto positivo, toda vez que las importaciones se encarecen y le pueden dar un margen de maniobra al aparato productivo para competir en precios con las importaciones encarecidas, esa es una condición necesaria más no suficiente para asegurar ese efecto de sustitución de importaciones y promoción de exportaciones que se le atribuye a la medida de devaluación. Si la devaluación se queda como una medida aislada, su potencial efecto positivo se va debilitando y disolviendo como resultado de la propagación de la inflación que la propia medida de ajuste cambiario va a generar.
Entonces habría que atacar el problema por la vía de aumentar una oferta que no ha sido lo suficientemente dinámica como para estar a la altura del aumento de la demanda, del aumento de la liquidez. No se trata de una medida aislada sino de toda una política para dinamizar el aparato productivo y así sustituir importaciones y diversificar la oferta exportable.
 

La devaluación le da cierta competitividad al aparato productivo, pero para que vaya más allá de una competitividad espuria, transitoria, provisional, efímera en el tiempo, que termine siendo un espejismo, el papel regalo con el cual se envolvió la medida de devaluación fiscalista y se justificó desde el punto de vista comunicacional, habría que ejecutar otra serie de medidas que permitan cumplir, entre otros, los siguientes objetivos:

• En primer lugar, un objetivo de reactivación de todas las empresas que están trabajando por debajo de su capacidad instalada debido al desplazamiento que sufre la producción nacional por las importaciones; evitar que esas empresas cierren, se desmantelen y terminen entonces vendiéndose e instalándose sus equipos a otros países; me refiero al impulso de un programa de reactivación con distintos incentivos para salvar el patrimonio productivo que todavía queda. Esa reactivación de esas industrias permitiría entonces aumentar la oferta nacional de bienes y servicios e ir logrando ese efecto sustitución.

• Para lograr el aumento de las exportaciones, generar nuevas fuentes de divisas que compensen la caída del ingreso petrolero y corrijan el monopolio que tiene el Estado en el mercado de divisas con una creciente oferta privada, planteo el diseño y ejecución de una política de reconversión tecnológica; porque en los mercados no vamos a competir solamente con la competitividad cambiaria que nos da la devaluación, esos mercados se van a conquistar con productos de buena calidad, cuando la entrega sea oportuna y en las cantidades requeridas; entonces, ese programa de reconversión estaría apuntado a fortalecer la calidad, la productividad y la competitividad del aparato productivo y así complementar el efecto positivo que tiene la devaluación en términos de competitividad cambiaria.

• Pero también se requiere una política de reindustrialización para aumentar la densidad empresarial del país. Nosotros tenemos apenas 0.25 establecimientos manufactureros por cada 1.000 habitantes; Colombia tiene 1.2 establecimientos por cada 1.000 habitantes y México, tiene 1.7 establecimientos manufactureros por cada 1.000 habitantes. Esos países tienen una capacidad productiva que no solamente permite atender las necesidades crecientes del mercado nacional sino que también tienen una oferta exportable permanente, no exportan excedentes. Como no viven de una renta petrolera o minera, son países que tienen toda una estrategia exportadora y en determinados sectores han logrado posicionarse de manera continua y estable en los mercados internacionales. Entonces nosotros deberíamos al menos trazarnos en los próximos 5-10 años la meta de alcanzar un establecimiento por cada 1.000 habitantes; todavía estaríamos por debajo de Colombia, todavía estaríamos por debajo de México pero subiríamos nuestro parque industrial de los 7.000 establecimientos que tenemos ahora a por lo menos 28.000. Por esa vía estaríamos aumentando entonces la producción nacional, atacar el problema inflacionario por la vía estructural; es decir, aumentando la oferta, sustituyendo las importaciones con producción nacional y diversificando y aumentando nuestra oferta exportable de manera permanente.


Por supuesto, todo esto debe ir acompañado de una medida de reorganización institucional donde Cadivi, que ya ha dado muestras de agotamiento, se vea ahora reforzado por el nuevo órgano cambiario que ha sido creado  y así poder mejorar los plazos en los que aprueba y liquida las divisas, el cual tiene las siguientes funciones:
 

1.      Fijar prioridades en la asignación de divisas

2.      Direccionar la calidad y cantidad de las importaciones

3.      Equilibrar los flujos de disponibilidad de divisas a las necesidades del Plan nacional de Desarrollo Económico y Social

4.      Crear un sistema integrado automatizado

5. Orientar la aplicación de los certificados de no producción

6. Proponer políticas de importación y promoción de exportaciones

8. Velar por la eficiacia, eficiencia

9. Coordinar el flujo de divisas provenientes de los hidrocarburos y otras fuentes.

 

 

martes, 22 de enero de 2013

Creció la economía: lo que importa ahora es transformarla

Al cierre de 2012, y en medio de la prolongada crisis que ha afectado las economías de EE.UU., Grecia, España, Portugal, Italia y otros países de la Unión Europea, Venezuela presentó una aceleración en su ritmo de crecimiento económico, una reducción significativa del desempleo y una tasa de inflación por debajo del objetivo inicialmente planteado. En efecto, en 2012 la economía creció 5,5%; la inflación de 20.1% -aunque sigue siendo muy alta-, cerró por debajo de la meta estimada en 22%; y, el desempleo estuvo por debajo del 8%.
Para el 2013 se espera que la dinámica que desencadenan estos resultados mantendrá el actual ritmo de expansión económica, el cual ofrece el clima de serenidad necesario para revisar la política económica, toda vez que –en adelante- no se trata solo de reactivar y hacer crecer la economía capitalista que aún predomina en Venezuela, sino de transformarla.
La transformación productiva planteada en Venezuela tiene dos ejes claves. 1) La creación de nuevas relaciones de poder a través del desarrollo de innovadoras formas de propiedad social, popular y comunal. 2) La transformación del capitalismo rentístico e importador en una nueva economía socialista diversificada, capaz de producir los bienes destinados a satisfacer las necesidades esenciales de la población, sustituir importaciones y diversificar la oferta exportable para reducir la dependencia del ingreso petrolero.
El mito del desarrollo
La idea de lograr el desarrollo sigue siendo una gran aspiración en la mayoría de los países de la periferia que compiten por atraer inversiones extranjeras. Asocian el desarrollo al logro de objetivos de modernidad, bienestar y progreso, a partir de transformar la producción campesina y artesanal en una gran producción en serie, acelerando el crecimiento urbano como propulsores del mercado interno. Pero el balance indica que, generalmente, un impetuoso ritmo de crecimiento económico viene acompañado por la emanación de gases con efecto invernadero; efluentes líquidos que se vierten en ríos, lagos y mares; y la acumulación de desechos sólidos que terminan siendo una bomba de tiempo. Esto es causa del calentamiento global y de un daño irreparable a la biodiversidad, con su secuela de millares de víctimas debido a las sequías, desertificación, tormentas e inundaciones, así como de la expulsión de millares de campesinos de sus tierras, ahora destinadas a fines más rentables como la producción de biocombustibles, lo cual explica el brutal encarecimiento de los alimentos básicos, así como de su escasez, acaparamiento, especulación.
En los hechos, ese desarrollo se ha limitado al crecimiento del PIB y a la mejora de los indicadores sobre inversiones, consumo, exportaciones, reservas internacionales, etc. sin llegar a cumplir la promesa de mejorar la calidad de vida, el bienestar y la felicidad de todos los ciudadanos. Esta noción economicista del desarrollo debe ser cuestionada, toda vez que está ligada a una creciente explotación de los trabajadores y a la depredación de la naturaleza.
El desarrollo no puede ser un fin cuantitativo sino un proceso cada vez más  cualitativo que trascienda la satisfacción de las necesidades materiales de la población e incluya la satisfacción de sus necesidades intelectuales, emocionales y espirituales. En Venezuela, ante el agotamiento del modelo capitalista-rentista-desarrollista, se impone diseñar nuevas alternativas que permitan armonizar el crecimiento económico con el desarrollo humano integral y la protección de la biodiversidad.
Superar el modelo extractivista-rentista
El extractivismo es un modelo de acumulación basado en la obtención de una renta por la explotación de recursos naturales y energéticos. Lleva a la dependencia de los países ricos en materias primas pero pobres en tecnología, los cuales se limitan a vender tales recursos en lugar de transformarlos industrialmente. Es un modelo depredador del ambiente toda vez que agota los yacimientos o los extrae a un ritmo superior a la tasa de reposición.
Se trata de un modelo de enclave con una actividad aislada del resto de la economía y poco impacto sobre desarrollo endógeno. Coexisten sistemas de alta y baja productividad, baja densidad de empresas industriales por cada mil habitantes, poca diversificación e integración industrial.
Venezuela es un país con un fuerte arraigo extractivista y por eso depende de la captación de renta y no del esfuerzo productivo para satisfacer sus necesidades. La abundancia de divisas tiende a sobrevaluar la moneda nacional. Así resulta más rentable importar que producir. Los productores se transforman en importadores y desplazan a la producción nacional: importan porque no producen y no producen porque importan. La mala asignación de los factores productivos distorsiona la dinámica económica. El comercio importador, al proveer los bienes que se requieren para satisfacer las necesidades de la población, tiende a cobrar más importancia que la agricultura y la industria, que son los sectores en los que descansa la soberanía productiva de cualquier país.
En este contexto, la reciente certificación de las reservas petroleras más grandes del mundo bajo el subsuelo venezolano, contribuyan a crear una ilusión de riqueza y prosperidad. Pero lo cierto es que se mantiene la vulnerabilidad productiva y fiscal por la alta dependencia del ingreso rentístico. La crisis estalla cada vez que los precios del petróleo se desploman, no ingresa la misma cantidad de divisas y se impone la obligación de devaluar, generando así inflación, desempleo, pobreza y exclusión.
¿Qué hacer con la renta petrolera?
Desde que apareció el petróleo en Venezuela ha sido mucho más fácil devorar la renta comprándole al resto del mundo lo que bien pudiéramos estar generando internamente con nuestro propio esfuerzo productivo. La alternativa al rentismo pasa por un profundo cambio cultural. Hay que sustituir la mentalidad rentista que procura captar la mayor renta posible para consumirla, por una nueva cultura de la inversión y del  trabajo. Pero esta inversión no puede ser sólo en infraestructura, también es clave la inversión social y la inversión en ciencia y tecnología. Todas son imprescindibles para poder transformar los recursos naturales que ahora exportamos sin mayor valor agregado, en una creciente producción industrial que permita sustituir importaciones y diversificar la oferta exportable para generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.
Transformar el capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista exige tener cada vez más claro los destinos que se le darán al torrencial ingreso rentístico que percibe Venezuela por concepto de la exportación petrolera. La “siembra del petróleo” no debe ser vista solo como inversión en autopistas, ferrovías, metros, puentes, centrales termo o hidroeléctricas y demás obras de infraestructura. Este enfoque “desarrollista” fue el que predominó en el pasado reciente y por eso la inversión de la renta favoreció a las empresas contratistas a las que se les adjudicaban las obras, mientras el desempleo, la pobreza y la exclusión social causaba estragos en la mayoría empobrecida de la población. La inversión en infraestructura es necesaria más no suficiente. Si queremos acabar con estos flagelos sociales, un porcentaje creciente de la renta petrolera debe ser invertido socialmente para garantizar el derecho de todos los venezolanas/os al trabajo, alimentación, educación, salud, vivienda, ciencia, tecnología, cultura, deporte, etc. Y, por supuesto, otro porcentaje significativo debe ser invertido en distintos fondos de compensación macroeconómica, desarrollo nacional y patrimonial que minimicen el impacto negativo del comportamiento errático que a lo largo de la historia han tenido los precios del petróleo.
Hacia la industrialización socialista
La manufactura tiene un gran efecto multiplicador sobre los demás sectores económicos. “Aguas arriba” demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. “Aguas abajo” ofrece bienes intermedios e insumos industriales para el desarrollo de otros sectores. Además, demanda servicios de apoyo, agua, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Cuando crece la industria crece toda la economía.
El gobierno venezolano puede combinar diferentes incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, asistencia técnica, etc. hasta elevar la actual densidad industrial de 0.25 a 1 establecimiento industrial por cada mil habitantes y lograr que el aporte de la manufactura al PIB suba del actual 14,3 % a 20 %, alcanzando así Venezuela la condición de país industrializado.
La industrialización socialista que está planteada en Venezuela la entendemos como un proceso llamado a sustituir la industrialización basada en la explotación del trabajo ajeno, el uso intensivo de materias primas y energía, la depredación del ambiente y los desequilibrios territoriales, por un nuevo tipo de industrialización basado en diferentes formas de propiedad social, la aplicación de nuevos principios para la justa remuneración del trabajo y la inversión social de los excedentes, el uso de información y conocimientos científicos y tecnológicos, la preservación del ambiente y el desarrollo armónico de las regiones.
En este sentido, se impone un balance crítico del proceso de industrialización en las condiciones del capitalismo rentístico venezolano. Cuestionamos la sustitución ineficiente de importaciones que condenó a los trabajadores a adquirir productos de inferior calidad y precios superiores a los importados, pero también condenamos la apertura neoliberal que sometió a los productores locales a una feroz competencia con las importaciones procedentes de las principales potencias industrializadas. Como alternativa entre estas dos opciones extremas se plantea la necesidad de reivindicar las políticas industriales y tecnológicas para profundizar la reactivación, reconversión y reindustrialización del aparato productivo, como condición básica para alcanzar la plena soberanía económica.
Para impulsar la industrialización socialista es necesaria una eficiente intervención del Estado para orientar un proceso que no puede quedar a merced de las fuerzas ciegas del mercado. La industrialización socialista debe apoyarse en un Estado en manos de los trabajadores y de la comunidad, sin mediaciones burocráticas de ningún tipo. Solo así será posible impulsar un nuevo tipo de desarrollo industrial, capaz de asegurar una creciente producción de los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad, y generar una oferta exportable de calidad y buenos precios que nos permita la inserción soberana a la economía mundial.
El 2012 fue un año de crecimiento del PIB. Pero no basta con mantener la reactivación de la actividad productiva. De cara a desarrollar el perfil socialista de la Revolución Bolivariana, en adelante se impone impulsar la transformación estructural de la economía venezolana. Esto exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Se trata de diseñar una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos del empoderamiento popular sobre los procesos de producción, distribución y comercialización de los bienes y servicios que requieren para satisfacer sus necesidades básicas y esenciales. Esta es la vía para superar la vulnerabilidad de la economía rentista y alcanzar así una verdadera soberanía productiva.
¿Reactivar o transformar la economía?
La recuperación del PIB anunciada por el BCV en el año 2012 es una ocasión propicia para revisar la política económica. Acelerar la transición al socialismo, más que reactivar la actual economía predominantemente capitalista, lo que exige es transformarla en una nueva economía socialista, en manos de los trabajadores directos y de la comunidad organizada. En este sentido, las medidas que el Gobierno Bolivariano en adelante tome, deberán ir más allá de mantener un simple creciemiento económico para plantearse, fundamentalmente, la transformación del capitalismo rentista venezolano en un nuevo modelo productivo socialista.
Recordemos que, en el período de auge económico anterior a la última recesión, mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe, celebrábamos el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Pero nunca reparamos en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios.
Pero cuando nos dimos cuenta que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, entonces comenzamos a celebrar la caída del PIB, argumentando que lo que está cayendo es la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. La lección fue clara: apostar a la desaparición de la economía capitalista sin haber creado antes la nueva economía socialista es el atajo perfecto para quedar atrapados en un círculo vicioso de caída de la producción, escasez, acaparamiento, especulación, inflación, desempleo y creciente malestar social.
Por lo tanto, la reactivación de la economía es un proceso que debe estar sincronizado con su transformación estructural. Pero no será la mano invisible del mercado la que guie este proceso llamado a sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por un nuevo orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social. Se requiere el diseño y ejecución de una sabia y oportuna estrategia de reactivación y transformación estructural de la economía venezolana que impulse la sustitución del capitalismo rentístico por un nuevo modelo productivo socialista de amplia y creciente inclusión social, bajo el control de los trabajadores directos y de la comunidad organizada. Profundizar la transformación de la estructura económica venezolana -y no solo reactivarla-, es el nuevo reto que tiene por delante la Revolución Bolivariana.

jueves, 15 de noviembre de 2012

"El fenómeno Hugo Chávez en clave económica"


Víctor Álvarez entrevistado por Julián Varsavsky
(Semanario Página 12 de Argentina) 
Un investigador del Centro Internacional Miranda de Caracas analiza el fenómeno Hugo Chávez en clave económica. Graduado de  economista en la Universidad de La Habana, Víctor Álvarez fue Ministro de Industrias y Minería del gobierno de Hugo Chávez y director de PDVSA. En su labor de docente e investigador del Centro Internacional Miranda de Caracas, coordina un equipo de estudio sobre nuevos modelos productivos. En su último libro Claves para la industrialización socialista propone un nuevo tipo de desarrollo industrial basado en diferentes formas de propiedad social en manos de los trabajadores y las comunidades, sin mediaciones burocráticas de ningún tipo. Allí busca identificar diferentes formas de intervención eficaz del Estado para orientar procesos que él considera no pueden quedar sometidos a las fuerzas ciegas del mercado.
Hugo Chávez ganó por primera vez las elecciones en diciembre de 1998. ¿En que contexto económico llega al poder?
Chávez comienza a gobernar un país con una economía devastada por las políticas neoliberales que se aplicaron desde finales de los años 80 y a lo largo de los 90 ocasionando la quiebra masiva de pequeñas y medianas empresas que no pudieron resistir la competencia de las importaciones que se empezaron a hacer a raíz de la apertura indiscriminada que aplicó el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Además el país empieza a sufrir la política errática de aquel gobierno en materia petrolera. Venezuela pasó a incumplir la autorregulación en la producción de petróleo acordada por los países de la OPEP, es decir, se produjo muy por encima de las cantidades acordadas inundando el mercado mundial de petróleo, cuyo precio bajó hasta los 8 dólares por barril. La tecnocracia que dirigía PDVSA, más que administrar la empresa en función del interés nacional, lo hizo en función del multinacional.
¿El resultado fue que el Estado venezolano redujo estrepitosamente sus ingresos fiscales?
En Venezuela el ingreso fiscal ha estado marcado siempre por los ingresos de PDVSA. Los empresarios privados poco han contribuido al financiamiento del gasto público. Esa caída del ingreso fiscal petrolero dejó al Estado sin recursos y comienza entonces la privatización de la salud y la educación. El Estado se repliega y se privatizan las principales empresas como la de telecomunicaciones, metalúrgica y aviación.
--¿Y la industria petrolera iba por ese camino?
--Los programas de apertura petrolera en PDVSA fueron la clara manifestación del proceso de privatización. Se hicieron convenios de explotación con las multinacionales del petróleo, que aportaban a Venezuela el 1 % de sus regalías, es decir, se había prácticamente eliminado la ganancia del Estado. Con la reforma de estas leyes llevadas a cabo por el gobierno bolivariano las regalías pasan primero al 16,5 % y ahora son del 33 %.
¿Cuál fue el costo social de la vieja política petrolera?
La contracción económica se tradujo en un recrudecimiento del desempleo y la pobreza. Llegamos a tener 16 % de desempleo y la pobreza alrededor del 60 %. Chávez hereda una verdadera bomba social que ya había explotado en el Caracazo y seguía latente. El desmantelamiento del Estado le quitaba toda capacidad de inversión pública. No había incentivos crediticios a la agricultura ni a la producción industrial. Y el gobierno no tenía recursos para revertir la situación con un petróleo a 8 dólares el barril. Entonces una de las primeras medidas de Chávez fue reflotar la OPEP para que sus miembros comenzaran otra vez a producir menos y vender más caro.
¿Cuál era la situación de pobreza cuando asume Chávez en 1999?
Asume con más de 60 % de pobreza y casi el 50 % de las personas ocupadas trabajando en el sector informal. Esta era la expresión de un aparato productivo que se caía a pedazos. Hoy el nivel de desempleo está en 7 % y si a eso le agregas todas las gratuidades que el Estado ha asegurado a partir de las misiones sociales de alimentación, educación, salud y vivienda, las cosas ya tienen otro color. Esto se debe a programas como Barrio Adentro –con miles de médicos cubanos atendiendo a la población más pobre- y al surgimiento de nuevas universidades que han convertido a Venezuela en el cuarto país en el mundo en cantidad proporcional de habitantes haciendo estudios terciarios. Todo esto ha permitido reducir la pobreza desde un 62 % a 33 % y la pobreza crítica del 29 % a menos del 10 %.
Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) el total de pobreza durante los gobiernos de Chávez hasta 2010 se redujo a la mitad, convirtiendo a Venezuela en el segundo país del continente que más la redujo después de Ecuador.
El porcentaje de personas en situación de pobreza, es decir, con un nivel de ingreso que apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas, se redujo de 62,09 % a 33 % entre 1999-2012. El porcentaje de hogares y personas en condición de pobreza extrema; es decir, sin posibilidad de satisfacer las necesidades mínimas, se redujo de 29,75 % a 8,9 % (INE, 2012). El desempleo cayó de 16 % a 7%.Por eso en Venezuela ha ocurrido un cambio revolucionario, entendiendo por revolución cambios profundos y rápidos. Algo que ha llevado 25 a 50 años en otros países, aquí se hizo en 6 o 7 años, a partir de 2004 cuando comienzan a desarrollarse las misiones sociales al terminar la situación de crisis política con el referéndum de 2004. A partir de ese momento Chávez recupera la gobernabilidad y las cosas comienzan a mejorar. Por eso el hito no es el año1999 cuando el Presidente asume el poder sino el 2004 en que empiezan las misiones y se estabilizan los precios del petróleo.
En Europa se están aplicando recortes del gasto social, políticas que se aplicaron en Latinoamérica con resultados catastróficos. Y desde el oficialismo venezolano se acusa a la oposición de plantear un regreso a los años 90.
Lo indica el programa que presentaron ante la Comisión Nacional Electoral. Estos programas de ajuste neoliberal tienen en común que no valoran a las personas como ciudadanos ante los cuales el Estado tiene obligaciones, sino como clientes y consumidores. Por eso proponen la privatización de los activos públicos, la salud y educación. Una de las grandes críticas que hace ese pensamiento es el exagerado gasto público que tendría el Estado. Hay una palabra que resulta inadmisible para ellos, que es hablar de subsidio. Para el interés de los grandes grupos económicos, los servicios públicos deberían ser mercancía. Uno de los plantos de la derecha es reducir a su mínima expresión el papel del Estado, limitar la inversión pública y eliminar las regulaciones que se ejerce sobre la economía para evitar que se desquicie. Ellos plantean eliminar los controles de precios sobre la canasta alimentaria y el control de cambio.
¿Cuál es el programa de Chávez?
Su programa reivindica la intervención del Estado para orientar el desarrollo económico y social del país, reconociéndonos a los venezolanos como ciudadanos con derecho a la salud, educación, alimento, trabajo y vivienda. En función de eso se ha rescatado la riqueza petrolera del país. Y a través de la inversión social de esa renta se busca asegurar la satisfacción de esos derechos. Aquí ya se marca una diferencia radical con los principios que rigen el programa de la derecha, el cual están escondiendo porque es tan antipopular en su planteamiento de desmontar la inversión pública y eliminar los controles que favorecen a las mayorías, que si divulgaran eso tendrían sólo eco en los sectores empresariales e internacionales. Uno de los planteos de la derecha es incorporar 400.000 barriles de petróleo anual a la producción nacional. Eso sería gravísimo porque se produciría un derrumbe del precio del petróleo que repercutiría en una merma considerable en el ingreso de divisas al país.
¿Con que se financiarían los programas sociales en dicho caso?
Te respondo con otra pregunta: ¿la derecha va a elevar el cobro de impuestos a los grandes empresarios? Lo más probable es que a las misiones las vaya dejando morir y termine subiendo el IVA, un impuesto antipopular que pagamos todos independientemente de nuestros ingresos (en Venezuela el IVA es 12 %). Entonces se trata de un programa de gobierno para satisfacer las necesidades de las grandes potencias que necesitan un petróleo abundante y barato.
¿Cuáles son los objetivos económicos de un posible tercer periodo de Hugo Chávez?
El gran reto para los próximos años es profundizar la construcción socialista. El segundo periodo de gobierno que arrancó en 2007 fue de transición. El esfuerzo estuvo orientado a crear el marco legal que habilitara el accionar del gobierno. Hoy tenemos un conjunto de leyes del Poder Popular y sobre esa base nos toca profundizar el desarrollo de nuevas formas de propiedad social que permitan el empoderamiento de los trabajadores en comunidades organizadas. El gran objetivo es que la economía social gane espacios sobre la economía privada. Los primeros años fueron para reactivar el aparato productivo heredado de la Cuarta República conformado por empresas regidas por la lógica capitalista. La reactivación de esa economía fue una especie de mal necesario para generar empleo y desactivar esa bomba social. Pero hoy el problema ya no es tanto la reactivación de esa economía sino su transformación, es decir, pasar de un capitalismo rentístico e importador a un modelo exportador que permita aprovechar las ventajas que supone el ingreso de Venezuela al Mercosur. Pero sobre la base del desarrollo de nuevas formas de propiedad social, que incluya pero que también trascienda a la propiedad privada y a la estatal.
¿Hacia dónde apuntan las investigaciones del Centro Internacional Miranda?
Buscamos crear un cuerpo de conocimientos que permita sustentar las políticas de los programas del gobierno bolivariano. Ya casi nadie discute las enormes transformaciones y progresos del gobierno de Chávez. Incluso los enemigos más acérrimos lo reconocen y necesitan presentarse ahora como los continuadores de ese esfuerzo y plantean que no van a quitar las misiones sociales. Trabajamos en la búsqueda de una economía social basada en un principio de solidaridad y complementación, de equidad y sustentabilidad. La idea es conquistar una hegemonía cultural donde el mundo del trabajo tenga primacía sobre el mundo del capital.
¿Qué porcentaje de PBI es estatal en Venezuela?
Ese es un dato bien interesante. Si tu revisas las estadísticas, cuando arranca la Revolución Bolivariana, el peso de la economía privada era del 65 % y la pública del 35 %. Hay un discurso del sector empresarial afirmando que el Estado lo está tomando todo y va cerrando espacios a la economía privada. Pero cuando buscas validar esa información vez que el peso del sector público de la economía bajó del 35 al 30 % y el peso del sector privado subió del 65 al 70 %
¿Cuál es la explicación?
Que la política de reactivación que implementó el gobierno fue ampliamente aprovechada por el sector privado, que tuvo tasas de crecimiento superiores a las del sector público. Hoy tenemos, paradójicamente, en el marco de la construcción del socialismo un sector capitalista que ha crecido en mayor proporción que el estatal.
¿Hay elementos de un neokeynesianismo?
El modelo bolivariano hay que entenderlo por las etapas que ha tenido que pasar. Catalogarlo en estos términos no ayudaría a entender lo que aquí pasa. Chávez gana en 1998 con la promesa de derrotar la pobreza y reducir el desempleo. Su compromiso era llamar a una Asamblea Constituyente para derrotar esos flagelos. Hasta 2006 el esfuerzo fue en esta dirección, todo se orientó a reactivar el aparato productivo destruido por la política neoliberal. Hacia 2005 se da una discusión sobre el sentido que tenía reactivar una economía que trabaja con la lógica del capital, que es la misma que generaba el desempleo y la pobreza. Así nunca íbamos a erradicar estos flagelos, si seguíamos incentivando al modelo que generaba el problema. Comienza entonces a planearse ya no la reactivación sino la modificación del modelo productivo. Por eso en 2006, cuando Chávez gana su reelección, propone declarar el carácter socialista de la Revolución Bolivariana y se plantea que el que vote por Chávez está votando por el socialismo.
Esto implicó medidas de nacionalización. ¿Qué se ha expropiado hasta ahora y cuál es el límite?
Es uno de los puntos de creciente debate, no solamente con los sectores de derecha sino dentro de la izquierda. Hubo consenso general en la expropiación de los sectores estratégicos como electricidad, telefonía, siderurgia, plantas cementeras y dos cadenas de distribución de alimentos –que ahora los venden subsidiados-, todas con su correspondiente indemnización. Y hubo una compra acordada del Banco de Venezuela.
¿Y las tierras agrícolas con qué criterio se expropian?
Se han recuperado cerca de 4 millones de hectáreas. El criterio fue comenzar por tierras donde no había ningún tipo de actividad, latifundios no aprovechados. Luego se expropiaron tierras que servían para producir alimentos pero se usaban con fines forestales.
Hay un debate ideológico dentro del PSUV respecto de hasta donde se avanza con las expropiaciones.
Una de las contribuciones que está haciendo la experiencia venezolana a la conceptualización de lo que se está empezando a entender como el Socialismo del Siglo XXI, es el debate en torno a las diferentes formas de propiedad. Una de las cosas que se han discutido es cómo en el campo soviético esa propiedad estatal absoluta de todos los medios de producción y comercialización, generó esas elites burocráticas que terminaron administrando la propiedad pública como si fuera privada. Y ese burocratismo terminó funcionando como una burguesía que logró una distribución del ingreso favorable a su interés. En Venezuela ese debate está presente y verás que las leyes del Poder Popular promueven el desarrollo de la propiedad comunal, donde los trabajadores, las comunidades y los campesinos se sientan verdaderos dueños de esas unidades productivas. El objetivo es que no se reedite la historia donde todo sea propiedad estatal, desde un taller mecánico a un kiosco o una peluquería. Aquí entendemos que la estatal es una de las formas de propiedad y también se reconoce la privada, se crea la propiedad social y también combinaciones entre ellas.  
No se parece en nada al comunismo soviético
Es una crítica profunda a esa visión de un modelo productivo que ahoga e inhibe el espíritu emprendedor de las comunidades y los trabajadores. Más bien apunta a estimular esa capacidad creadora de las personas. Se  impulsa la creación de nuevas empresas socialistas. En cambio, se deja que a las empresas capitalistas las estimule el mercado. El esfuerzo del gobierno está orientado a estimular la creación de empresas socialistas en los términos descriptos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Tipo de Cambio Mercosur

Escribe: Víctor Álvarez
A propósito del Mercosur, no será la mano invisible del mercado la que facilite el ingreso de Venezuela a ese espacio como un país exportador de bienes y servicios con creciente valor agregado. Ciertamente, la integración de Venezuela se ha facilitado por la voluntad política de los gobernantes, pero hay que tener en cuenta que los mercados internacionales se conquistan con calidad y productividad. Y sin producción nacional no habrá oferta exportable. Por lo tanto se requiere que el esfuerzo del aparato productivo nacional para fortalecer su competitividad, también sea respaldado por un hábil manejo de la política cambiaria.
Como la inflación en Venezuela es superior a la de sus principales socios comerciales, el anclaje cambiario origina que el bolívar compre más en el extranjero que en el mercado interno. Así, las importaciones desplazan a la producción nacional y el ingreso en bolívares que obtienen los exportadores al tipo de cambio oficial, no alcanza para cubrir los costos nacionales. Resolver esta tensión es clave para impulsar la transformación de una economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir importaciones y aumentar las exportaciones.
Una cosa es congelar el tipo de cambio y otra muy distinta es un manejo inteligente de la política cambiaria. El control fue una medida necesaria para detener la fuga de divisas, proteger las reservas internacionales y evitar el impacto inflacionario de un dólar en alza, en una economía con alto componente importado. Pero en lugar de anclar el precio del dólar durante varios años para luego tener que aplicar traumáticas maxidevaluaciones que recrudecen la inflación, es preferible ajustar a tiempo el tipo de cambio, teniendo como referencia la brecha inflacionaria entre Venezuela y sus principales socios comerciales.
 
¿Cómo aplicar un Tipo de Cambio para Mercosur?
Para facilitar la transición de una economía rentista e importadora a un nuevo modelo productivo capaz de sustituir importaciones y diversificar exportaciones, hay que considerar la viabilidad de aplicar un tipo de cambio especial para el Mercosur, a través del cual los exportadores hacia esos países puedan vender a precio de mercado el porcentaje de divisas equivalente al Valor Agregado que generan. Solo quedarían obligados a reintegrar al BCV -al tipo de cambio oficial-, el monto que les otorga CADIVI para cubrir el componente importado. Este ajuste parcial compensaría el encarecimiento del contenido nacional, pero sin encarecer el componente importado que provocaría una devaluación generalizada. Mientras mayor sea el VA, mayor será el porcentaje de divisas que los exportadores pueden convertir a un tipo de cambio más favorable. Se estimulará así la producción para la exportación, aumentará la oferta de divisas no petroleras y bajará la presión sobre el precio del dólar.
De cara a la transformación productiva se requiere el diseño de una innovadora política cambiaria que evite una nueva maxidevaluación, introduciendo medidas graduales que ayuden a corregir la actual sobrevaluación y permitan alcanzar un tipo de cambio de equilibrio, que desestimule las importaciones que desplazan a la producción nacional y estimule la diversificación de las exportaciones no petroleras

Hacia una política cambiaria que exprese la productividad agrícola e industrial
 
El desempeño de la agricultura e industria se ha visto afectado por la sobrevaluación del tipo de cambio. El uso de la política cambiaria como política antiinflacionaria a través del anclaje del tipo de cambio ha abaratado las importaciones hasta el punto de provocar los mayores niveles de compras externas por parte de Venezuela. La sobrevaluación del tipo de cambio resta competitividad internacional a la oferta exportable venezolana. Los productos importados se hacen más baratos para los compradores venezolanos, en tanto que los fabricados en el país se han hecho más costosos internamente y en los mercados internacionales.
La apertura del mercado interno y la tendencia a importar que instaura la sobrevaluación del tipo de cambio, intensifica las presiones competi­tivas y provoca que muchos productores agrícolas e industriales se transformen en importadores de lo que antes producían. Aunque se mantiene el anclaje, la sobrevaluación del tipo de cambio ha mostrado sus límites para controlar la inflación. Como ya se explicó antes, su rezago genera una acumulación de tensiones inflacionarias que se desencadenan con toda su fuerza cada vez que se ajusta o devalúa el tipo de cambio.
Al fijar un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la actividad agrícola e industrial, se propician mejores condiciones para concretar los esfuerzos orientados al desarrollo y fortalecimiento de una in­dustria agrícola y manufacturera eficientemente integrada a lo largo de la cadena productiva. Este constituye uno de los requerimientos básicos para lograr la soberanía alimentaria y productiva como un proceso que, entre otras cosas, también debe facilitar la inserción de la agricultura e industria nacionales en el Mercosur,  dejando muy claro que la competitividad agrícola e industrial en el mediano y largo plazo, no puede sustentarse sólo en la devaluación del bolívar, sino en el fortalecimiento de sus capacidades tecnológicas e innovativas.
Al permitir que los exportadores venezolanos hacia el Mercosur puedan vender al tipo de cambio en el mercado paralelo el porcentaje de divisas equivalente al Valor Agregado que generan, se estimulará el desarrollo productivo nacional, ya que mientras mayor sea el Valor Agregado mayor será, entonces, el porcentaje de divisas que podrán convertir a un tipo de cambio que les resulta más favorable para cubrir los costos nacionales denominados en bolívares. Como se dejó claro antes, solo quedarían obligados a reintegrar -al tipo de cambio oficial- el monto que les otorga CADIVI para cubrir el componente importado. El evitar una devaluación total, este ajuste parcial compensaría el encarecimiento del contenido nacional, pero sin encarecer el componente importado que provocaría una devaluación generalizada.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Invitación a Seminario: El Lado Oscuro del Petróleo y el Mito del Desarrollo en Venezuela

La Fundación Rosa Luxemburg, conjuntamente con el Instituto Transnacional (TNI), Oilwatch, El Foro Social Mundial Temático Venezuela, el Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños Rómulo Gallegos (CELARG) y  la Comunidad de Trabajo de Investigaciones (COTRAIN) tenemos el gusto de invitarle al Seminario Público Internacional:
El Lado Oscuro del Petróleo y el Mito del Desarrollo en Venezuela
1 y 2 de noviembre de 2012, CELARG
Av.  Luis Roche con 3ra Transversal, Altamira
Caracas, Venezuela
Objetivos
-          Contribuir a un debate público, abierto e informado sobre el petróleo en Venezuela, América Latina y el mundo en sus múltiples dimensiones.
-          Aportar al proceso de debate y formación de los movimientos sociales/populares en el país.
-          Recopilar y divulgar fuentes documentales que incluyan videos locales e internacionales  sobre el impacto ambiental de la extracción y uso de los combustibles fósiles para el conocimiento del tema petrolero en Venezuela.
Jueves 1 de noviembre
8:30 Palabras de bienvenida
Miriam Lang- Directora Fundación Rosa Luxemburg – Región Andina
9:00 Apertura del evento
Edgardo Lander-Sociólogo, integrante del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático, Venezuela.
9:30 El Extractivismo y su resistencia en América Latina
Maristella Svampa – Investigadora CONICET; Profesora de la Universidad Nacional de la Plata; Novelista (Argentina)
9:40 Petróleo y rentismo en Venezuela
Asdrúbal Baptista – Banco Central de Venezuela, IESA (Venezuela)
10:20 Ronda de intervenciones y debate
12:30 RECESO
14:00  Oilwatch y las experiencias de las resistencias a la explotación de combustibles fósiles en el Sur global
Esperanza Martínez -Acción Ecológica, Oilwatch (Ecuador)
14:40  Los trabajadores petroleros  colombianos. Su relación con las dimensiones ambientales/culturales de la explotación petrolera
Tatiana Roa Avendaño - Ambientalista (Colombia)
15:20  Las arenas bituminosas de Alberta
John Dillon – Kairos, Iniciativas de Justicia Ecuménica Canadiense (Canadá)
16:00 Ronda de intervenciones y debate
Viernes 2 de noviembre
08:30  La nueva geo estrategia energética a la luz de la convencionalización de los hidrocarburos
Mazhar Al Shereidah -  Profesor Universidad Central de Venezuela (Venezuela)
09:10  Alternativas energéticas al modelo dominante
Pablo Bertinat – Revista Energía y equidad (Argentina)
09:50  La transformación productiva en un país rentista: tensiones de la construcción socialista en Venezuela. Víctor Álvarez- Centro Internacional Miranda (Venezuela)
10:30 Ronda de intervenciones y debate
12:30 RECESO
14:00 El impacto social, político, cultural y ambiental de 100 años de petróleo. El lago de Maracaibo: ¿daño colateral? ¿área de sacrificio? ¿Hacia dónde vamos como sociedad? ¿Qué futuro queremos? Faja del Orinoco y Venezuela como Gran Potencia Petrolera. ¿Es posible una Venezuela post-petrolera?
Francisco Javier Velasco, Santiago Arconada Rodríguez, Emiliano Terán.

martes, 2 de octubre de 2012

Foro en el CIM: Para profundizar la Revolución Bolivariana, necesario es vencer el 7-O

Amig@s, compañer@s y camaradas:
Nos aproximamos a la definición de la Batalla Electoral más importante que hayamos enfrentado en estos 13 años de Revolución.
Cualquiera que sea la diversidad de enfoque o la postura crítica que tengamos respecto a lo que ha sido el desempeño del Gobierno Bolivariano, para continuar con el proceso de revisión, rectificación y reimpulso, necesario es VENCER al candidato de la derecha y al Paquetazo Neoliberal de la MUD en los comicios del 7 de Octubre.
Se impone cerrar filas alrededor del Comandante Chávez, quien hoy más que nunca requiere de nuestro apoyo solidario y de los esfuerzos que cada uno pueda hacer para blindar el proceso de trtansformación revolucionaria, asegurar que siga marchando y consolidar la revolución bolivariana como alternativa de liberación frente al modelo explotador, depredador y genocida del capitalismo.
Quienes queremos PATRIA juntemos, entonces, nuestras fuerzas con las de tantos otros para mostrar la fortaleza de nuestra determinación a ser plenamente libres y soberanos. La consigna en estos momentos no puede ser otra que UNIDAD Y COMPROMISO,
 
Con este espíritu, desde el CIM los invitamos al Foro:
 
Desde la experiencia europea 
5 razones para votar por Chávez
Ponentes:
Javier Biardeau. Sociólogo. Profesor Universitario
Víctor Álvarez. Economista. Investigador del CIM
Ricardo Dorado. Ex Ministro del Trabajo
Carlos Carcione. Economista. Investigador del CIM
Francois Gaudichaud. Dr. en Ciencias Políticas
Lucy Rodríguez. Representante de la Intersindical Canaria
Moderador:
Gonzalo Gómez. APORREA.org
Martes 02 de octubre de 2012/ Hora 04:30 PM
Lugar: Residencias Anauco Suites PH. Parque Central