martes, 18 de octubre de 2011

Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos

50 Aniversario del CENDES
SIMPOSIO
Objetivos y Estrategias de Desarrollo para Venezuela
ELEMENTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA VISIÓN COMPARTIDA

 Ponencia:
“Una estrategia para superar el rentismo
e ingresar en una economía global basada en el conocimiento”

 
Víctor Álvarez R.
Investigador del Centro Internacional Miranda

Tabla de contenido

1. La inserción de Venezuela en la economía mundial 2

1.1. El efecto desindustrializador del rentismo petrolero 3

2. Premisas para el relanzamiento del proceso de industrialización y la creación de capacidades productivas para la exportación 7

2.1. Cambios en la geografía industrial 8

2.2. Las industrias del conocimiento 10

3. Creación de capacidades productivas y tecnológicas para la sustitución de importaciones y la diversificación de las exportaciones 13

3.1. La reconversión industrial 14

3.2. Industrialización para la inserción internacional 15

3.3. De la cultura rentista a la cultura del trabajo 16

3.4. Sustituir exportando 17

4. El papel del Estado en la industrialización 19

4.1. El Estado, los procesos de integración y la globalización 21

4.2. Armonización de políticas macroeconómicas y sectoriales 22

4.3. Política cambiaria que exprese la productividad industrial 24

4.4. Política industrial para la creación de capacidades productivas 27

4.5. Política tecnológica para la competitividad internacional 30

1. La inserción de Venezuela en la economía mundial

A diferencia de otros países que necesitan realizar un enorme esfuerzo productivo para generar las fuentes de divisas que requieren para comprar las materias primas y recursos energéticos que no poseen, la inserción de Venezuela en la economía mundial se basa en la percepción de una cuantiosa renta petrolera que le permite comprar al resto del mundo los bienes y servicios que bien pudiera estar produciendo internamente.

En las condiciones de un país rentista, el ingreso en divisas no depende de su inserción internacional como un exportador de una amplia gama de bienes y servicios de creciente grado de transformación y contenido tecnológico, sino de la captación de un plusvalor internacional que pagan los países consumidores de petróleo. La renta petrolera no es el resultado del esfuerzo productivo interno ni del desarrollo de las fuerzas productivas nacionales.

Asimismo, la inyección a la dinámica interna de la renta petrolera marca la inserción de Venezuela a la economía internacional como un gran importador de bienes y servicios. La renta genera un rápido crecimiento del consumo privado y de la demanda agregada que, por su ritmo impetuoso, tiende a ser abastecida con toda clase de importaciones. Para conjurar los problemas de escasez, acaparamiento y especulación, buena parte de la renta petrolera -en lugar de ser invertida productivamente- termina siendo utilizada para importar los bienes y servicios que debería generarse con el esfuerzo productivo interno. Esto inhibe y anula el impulso para desarrollar la producción interna, con su inevitable impacto negativo sobre la producción de bienes transables o comercializables internacionalmente. Es el círculo vicioso de la Venezuela rentista: importamos porque no producimos y no producimos porque importamos.

Inserción de Venezuela en la economía mundial

Exportaciones vs. Importaciones de manufacturas

Fuente: INE-BCV

1.1. El efecto desindustrializador del rentismo petrolero

A lo largo del período que se extiende desde 1950 a 1987, el PIB real de la industria manufacturera muestra un crecimiento interanual de 6,0% durante 37 años consecutivos, duplicando su valor cada 11 años. La mayor contribución de la manufactura (sin refinación de petróleo) a la conformación del PIB se ubica en el año 1987 cuando llega a casi 20%. A partir de entonces comienza un largo período de declinación hasta caer el aporte de la industria al PIB a 14.8% en el primer semestre de 2011 .

Entre 1950-1959 el PIB industrial (sin refinación de petróleo) crece a un ritmo de 11,7% y su contribución al PIB pasa del 12,1% a 16,9%. Luego, entre 1959-1977, el crecimiento interanual de la manufactura está en torno al 5,0% y su participación porcentual en el PIB se mantiene en 16,9%. En la última etapa de la sustitución de importaciones que se ubica entre los años 1977-1987, el crecimiento interanual de la industria se desacelera y ronda el 3,0%, sin embargo, su aporte a la conformación del PIB asciende al 20%.

Como puede apreciarse en el gráfico siguiente, el proceso de desindustrialización de la economía venezolana comienza desde 1988 y se acentúa en los años siguientes. Desde entonces, la participación del PIB manufacturero en el PIB total de la economía ha sido decreciente.

Grado de industrialización
(PIB industrial/PIB total)
Fuente: BCV.

En 1987 la economía venezolana alcanza su máximo grado de industrialización, con un aporte de la manufactura al PIB (sin refinación de petróleo) de casi 20 %. Desde entonces cae de manera ininterrumpida hasta un nivel de 14,8% en el primer semestre del año 2011. A lo largo de los años en los que se verifica la desindustrialización de la economía venezolana, es posible distinguir cuatro sub-períodos:

• Entre 1988-1995 la industria crece a una tasa interanual de 1,3% y su aporte al PIB comienza a caer al pasar de casi 20% a 18%; cae el coeficiente de inversión, debido a la desregulación de las tasas de interés que encareció el crédito industrial, castigo la demanda interna e incentivó las inversiones especulativas financieras y cambiarias; la creciente competencia de las importaciones como consecuencia de la reducción del arancel y la eliminación de las restricciones cuantitativas empieza a desplazar la producción nacional.

• Entre 1995-2003, la industria decrece a una tasa interanual de -3,2% y su participación en el PIB merma de 18% a 16%. Esto se debe al impacto de la crisis financiera en el desempeño general del PIB, la devaluación o unificación del tipo de cambio que desata un auge inflacionario sin precedentes y contrae la demanda doméstica; así como las políticas monetarias restrictivas que encarecieron y limitaron el financiamiento industrial y la capacidad de endeudamiento de los consumidores.

• Entre 2003-2008, a pesar de que la industria crece a un elevado ritmo de 8,3% interanual, paradójicamente su aporte porcentual al PIB apenas supera el 15%. Si bien la manufactura crece a una tasa significativa, el ritmo de crecimiento en otros sectores como el comercio, los servicios, las finanzas, las telecomunicaciones y la construcción es mucho mayor, lo cual altera el peso relativo de cada uno de ellos en la conformación del PIB.

• Entre 2009-2010, la industria se contrae a un ritmo de 4% interanual y su participación relativa en el PIB desciende a 14.8%. La causa principal es la sobrevaluación del tipo de cambio que entroniza una creciente propensión a importar lo que perfectamente se pudiera estar produciendo en Venezuela con el parque industrial que está instalado.

La desindustrialización de la economía venezolana se aprecia también en una permanente pérdida relativa de puestos de trabajo en el sector industrial. La contribución del sector manufacturero al total de empleados alcanza el 18 % en 1988 y, a partir de entonces, cae hasta menos de 12 % en el año 2010.

Empleo en el sector manufacturero/empleo total
Fuente: INE-BCV.

2. Premisas para el relanzamiento del proceso de industrialización y la creación de capacidades productivas para la exportación

En Venezuela se plantea la necesidad de transformar el capitalismo rentístico dependiente e importador en un nuevo modelo productivo exportador . Esto supone otra forma de integración del aparato productivo nacional a la economía mundial; impone una creciente inversión en el desarrollo de su talento humano y de las capacidades científicas y tecnológicas necesarias para generar bienes con la suficiente calidad y bajo costo para com¬petir en el mercado internacional. Sólo así será posible generar y mantener nuevas fuentes de empleo y superar nuestra actual especia¬liza¬ción internacional como un país expor¬tador de productos primarios. En este sentido, el relanzamiento del proceso de industrialización con miras a crear capacidades productivas para la exportación debe tener muy en cuenta las condiciones actuales del entorno internacional. En este nuevo contexto, los principios de selectividad, racionalidad y reciprocidad son claves para relanzar el proceso de industrialización. Veamos:

2.1. Cambios en la geografía industrial

Economías antes industrializadas como la de EE.UU. en la actualidad han visto mermar la importancia relativa del sector manufacturero ante el mayor dinamismo de los sectores de servicios, finanzas y telecomunicaciones y la relocalización de sus actividades industriales en otros países que ofrecen ventajas comparativas en términos de fuerza de trabajo, dotación de materias primas y energía.

Estos cambios en la economía mundial crean un entorno diferente al que existía cuándo se impulsó la industrialización por sustitución de importaciones. Estamos en presencia de otra situación que debe ser tenida muy en cuenta a la hora de diseñar y ejecutar la nueva estrategia de desarrollo industrial. En la actualidad, las fortalezas que realmente le dan consisten¬cia a una estrategia industrial en el largo plazo no son exclusivamente las heredadas de la naturaleza sino, fundamentalmente, las que el ser humano es capaz de crear con su inteligencia y calificación. Pero esto no se logra a través de un esfuerzo aislado, sino a partir de la interacción creativa entre los agentes económicos, sociales y políticos interesados en la transformación y modernización del aparato productivo interno.

Estamos en presencia de una época en la que se están realizando cambios sin precedentes en la Economía mundial. La magnitud de estas transforma¬ciones hace imposible que Venezuela aspire a sustentar su desarrollo al margen de semejante proceso. En la economía mundial se han consolidado nuevas regiones industrializadas. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) han aumentado su participación en el producto industrial mundial, mientras que las anteriores potencias industrializadas como EE.EE., Unión Europea y Japón han visto mermar su ponderación.

Las inversiones en manufacturas basadas en tecnologías maduras, intensivas en mano de obra, energía y recursos naturales, continuarán relocalizándose en los BRICS y otros países del Tercer Mundo con ventajas comparativas en materia de dotación de factores para este modelo de industrialización tradicional. Pero también en ellos la variable tecnológica se ha transformado en el factor clave para su futuro desarrollo industrial. Si bien es cierto que el esfuerzo de los países centrales se concentrará en las ramas con alta tecnología, como computación, aeronáutica, electrónica, automatización, robotización, industria militar y productos sintéticos, para reemplazar recursos mineros y fuentes energéticas en declive, también las nuevas potencias industrializadas incursionan en el desarrollo de productos intensivos en información y conocimientos científicos y tecnológicos.

Por otra parte, los revolucionarios avances en materia de transporte y comunicaciones han ampliado extraordi¬nariamente el espacio geográfico de la actividad económica y productiva y han convertido en cosa del pasado las viejas restricciones que hacían tan difíciles y costosas las actividades económicas entre diferentes países. Esto ha originado que las posibilidades para la integración económica continúen ampliándose objetivamente, más allá de los buenos propósitos con¬signados en los acuerdos económicos de cooperación que en el pasado no pudieron concretarse, los cuales limitaron los esfuerzos de integración económica al campo comer¬cial, sin llegar a concretar la integración productiva latinoamericana y caribeña.

2.2. Las industrias del conocimiento

Hasta la década de los 80 la actividad industrial en el mundo se caracterizó por la gran producción en serie, la importancia decisiva de las economías de escala y su consiguien¬te rigidez organizativa. Este modelo fue muy exitoso mientras el petróleo se mantuvo barato y sirvió de sostén para los procesos productivos intensivos en energía. Pero ante los significativos incremen¬tos de los precios del petróleo, los principales países consumido¬res reaccionaron iniciando una sostenida inversión en el desarrollo del talento humano y de sus capacidades científicas y tecnológicas con el fin de ahorrar materias primas y energía y hacer cada vez más eficientes sus procesos productivos.

Los auges en los precios del petróleo en los años 1974, 1979, 1991 y 2007 presionaron la reestructuración organizativa y funcional de la sociedad industrial y dejaron en evidencia el agotamiento de un modelo de desarrollo basado en un uso intensivo de la energía y los recursos naturales. El creciente peso que en la actualidad ha alcanzado el poder de la información y el conocimiento en la producción de bienes y servicios en la economía mundial comienza a ser equivalente a la importancia relativa que el petróleo ha tenido a lo largo de varias décadas. Las incesantes innovaciones tecnológicas en la producción industrial en el plano internacional desplazan del mercado interno a la producción doméstica y presionan por transformaciones radicales en la organización y estructura industrial. Surgen demandas de productos diferentes y personalizados; las nuevas tecnologías informáticas y la robótica permiten la sustitución de buena parte de la nómina de trabajadores, aumenta la producción industrial pero crece el desempleo estructural.

Los avances de la ciencia y la tecnología mejoran la eficiencia en el uso industrial de la mayoría de los recursos naturales y energéticos, muchos de los cuales son sustituidos por nuevos materiales y fuentes alternas de energía. Adicionalmente, la inestabilidad económica internacional indica que los países que dependen de la exportación de materias primas y recursos energéticos encontrarán mercados cada vez más competidos que los obligarán a vender sus recursos a precios inestables, con frecuentes altibajos.

El mensaje está claro: poseer recursos naturales es necesario más no suficiente para la prosperidad de una nación, de la misma forma como carecer de ellos no es un obstáculo para crecer y desarrollarse. Japón no los tiene y es un país muy rico. Venezuela si los tiene pero es una sociedad que todavía no ha podido erradicar las causas estructurales que generan desempleo, pobreza y exclusión social. Sin tener mayores reservas de materias primas y recursos energéticos, Japón, Corea del Sur y otros países del sudeste asiático han tenido un impresionante desarrollo industrial que se aprecia en su creciente participación como exportadores de manufacturas hasta en los mercados más reñidos y competitivos. Estos países demostraron que la falta de recursos naturales, lejos de ser una restricción insalvable para su desarrollo, más bien fue un acicate. Sin poseer mayores reservas de materias primas y energía lograron desarrollar una portentosa industria manufacturera de base tecnológica que ha invadido al mundo entero con una producción de creciente calidad y precios cada vez más competitivos, demostrando así que poseer recursos naturales es necesario más no suficiente para la prosperidad de una nación, de la misma forma que carecer de ellos no es un obstáculo para desarrollarse.

Más recientemente, los países del Grupo BRICS (Brasil, Rusia, China; Sudáfrica) ganan un creciente espacio en la geografía industrial a partir de una estrategia sustentada en el aprovechamiento de sus ventajas relacionadas con una abundante fuerza de trabajo, materias primas y recursos energéticos combinada con la generación, transferencia, difusión y uso de conocimientos científicos y tecnológicos. Un factor común en ambos bloques de países es que basan su estrategia a largo plazo en el desarrollo de su principal materia prima: la materia gris de la gente, la capacidad de Invención de sus cerebros.

Esta realidad impone un nuevo esquema de desarrollo económico y social fundado en la incorporación y difusión del progreso técnico. De la ventaja comparativa basada en recursos naturales se ha pasado a un nuevo patrón en el que lo importante es la creación de ventajas com¬petitivas con base en el dominio tecnológi¬co. El significado deter¬minante que una vez tuvie¬ron los recursos naturales y el petróleo barato para el viejo modelo de desarrollo industrial es semejante al que hoy tienen la tecno¬logía, la información y el conoci¬miento para el nuevo modelo de desarrollo. Estas nuevas tendencias económicas y tecnoló-gicas, que hoy se imponen en el plano internacional, constituyen el marco de refe¬rencia básico que es necesario entender de cara al reimpulso del proceso de industrialización en Venezuela .

3. Creación de capacidades productivas y tecnológicas para la sustitución de importaciones y la diversificación de las exportaciones

En la actualidad concurrimos a una nueva dinámica que integra cada vez más la actividad productiva de la economía mundial. Este proceso de integración de un número creciente de las cadenas productivas a escala internacional evidencia que la integración no es solo comercial sino también productiva. Esto se pone de manifiesto en el hecho de que las etapas de muchos procesos de producción se están lle¬vando a cabo en múltiples países. Así, el bien de consumo final está compuesto por partes y piezas fabricadas en diferentes países de acuerdo a la fortaleza o ventaja que cada cual ha desarrollado.

Los países que forman parte de estas cadenas productivas internacionales se especializan en la produc¬ción de determinadas partes, piezas y componentes que, a su vez, son ensamblados por otras empresas ubicadas en otras partes del mundo. Lo que llega al consumidor es el resultado de los esfuerzos parciales y complementarios de una compleja cadena productiva cuyos eslabones están localizados en diferentes países, según las ventajas comparativas y competitivas que los mismos posean y hayan podido desarrollar.

Venezuela no puede mantenerse aislada de estas tendencias. La posibilidad real de aprovechar las oportunidades que ofrece la integración internacional de la producción dependerá en gran medida de las fortalezas que puedan desarrollar las actividades económicas internas para alcanzar una integración mucho más eficiente que la que hasta ahora han tenido.

3.1. La reconversión industrial

Para poder insertarse en estas cadenas productivas internacionales, la industria nacional está obligada a superar serios rezagos en materia de calidad, productividad, precios, escalas de producción, puntualidad en las entregas, etc. que restringen su aporte a la transformación productiva del país. El tránsito de la Venezuela rentista e importadora a la Venezuela productora y exportadora exige, como una de sus más importantes transformaciones, un profundo proceso de modernización de la industria nacional, en función de que ésta logre un nivel de competitividad semejante a los internacionales.

La reconversión y modernización industrial constituye un proceso motorizado en gran medida por los indetenibles avances tecnológicos, traducido éste en el desarrollo de nuevos productos y procesos productivos en los que justamente se asienta la mejora sostenida del desempeño productivo. Las acciones de reconversión que anteriormente resultaban lentas e, incluso, imperceptibles, en la actualidad son mucho más violentas, cuestión que atiza el interés por introducir cambios sustanciales en los procesos productivos a fin de recuperar, mantener o consolidar la respectiva in¬serción internacional. La esencia de la Reconversión Industrial consiste en la utilización de los recursos que tiene una empresa y/o sector para mejorar su productividad y calidad en función de fortalecer su competitividad; entendiendo por esta última la posibilidad real de la empresa y/o sector para sostener e incluso aumentar su participación en los mercados, contribuyendo al mismo tiempo a elevar el nivel de vida de la sociedad en general.

En el marco de las estrategias en materia de inversión y desarrollo productivo; de comercio e integración económica; de aprendizaje, progreso tecnológico y competitividad; las alianzas internacionales y la inserción en los sistemas internacionales de gobernanza económica y de conocimiento tendrán sentido si permiten la transferencia de tecnologías, el desarrollo del talento humano, la asistencia técnica al aparato productivo nacional y la máxima incorporación de valor agregado y componentes locales en los proyectos de inversión. Se trata de abrir nuevas oportunidades para la inserción de la nueva industria nacional en las cadenas productivas internacionales. En los acuerdos de integración y los sistemas de gobernanza no se pueden enajenar, a nombre del mercado, la intervención del Estado para diseñar políticas y estrategias orientadas a favorecer el desarrollo productivo. Sobre todo porque, en adelante, el desarrollo industrial en Venezuela tendrá que ser menos improvisado, mucho más racio¬nal y programado para así poder integrar la industria venezolana a las cadenas productivas de los gigantes de la industria latinoamericana y mundial.

3.2. Industrialización para la inserción internacional

La industrialización tiene que ser asumida como una poderosa fuerza motriz que impulse la transformación de una economía rentista, que casi todo lo importa y poco produce, en una nueva economía independiente y soberana. Es la única estrategia posible para transformar el modelo primario-exportador que nos condenó a ser exportadores de petróleo y materias primas por un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente importaciones, diversificar la oferta exportable y, de esta manera, ahorrar y generar nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero.

Un nuevo intento por industrializar la economía venezolana tiene que ser un proceso planificado que asegure un rápido crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en insumos básicos, bienes intermedios y productos de consumo final, con el fin de satisfacer las crecientes demandas y necesidades del aparato productivo nacional y de la población y, simultáneamente, diversificar la oferta exportable.

La industrialización tiene que ser un componente fundamental de una nueva estrategia económica diseñada en función del logro de los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria y productiva. Es la mejor manera de generar empleos verdaderamente fructíferos, cuya remuneración tenga como contrapartida la producción de una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador, sin romper el equilibrio que se debe preservar entre la oferta y la demanda para contribuir a estabilizar los precios.

3.3. De la cultura rentista a la cultura del trabajo

La cultura rentista se expresa en la explotación de un recurso natural y el consumo acelerado del ingreso que genera. Conduce al agotamiento de un recurso natural que lejos de acumularse en el tiempo se desacumula o agota por ser no renovable. Un país rentista no tiene un crecimiento acumulativo. Desde el punto de vista de la producción interna, no hay diversificación productiva, generación o absorción de tecnología, no se desarrollan las fuerzas productivas.

Cada vez que se desploman los precios del petróleo y surge una escasez de divisas, en Venezuela se plantea la necesidad de reimpulsar la industrialización y exportar. Pero la inexistencia de tal presión en condiciones de abundancia debe ser suplida por una gran voluntad y capacidad para dominar la tendencia a importar lo que debemos empezar a producir. Esto pasa por transformar la cultura rentista predominante por una nueva cultura centrada en el valor del trabajo, que procure la satisfacción de las necesidades nacionales a partir del esfuerzo productivo de los factores internos y no del consumo voraz del ingreso petrolero.

Esta es una de las razones que explica por qué en Venezuela el crecimiento industrial no ha ido a la misma velocidad del PIB, ni de la demanda agregada interna. Por el contrario, la brecha del mercado interno ha sido cubierta con importaciones. La inyección de la renta petrolera al mercado interno incrementa el consumo privado y público, pero ante la rigidez del aparato productivo interno el incremento de la demanda agregada tiende a ser abastecido con importaciones, desaprovechando así el margen que ofrece el mercado interno como base para relanzar la estrategia de industrialización, a partir de un modelo mixto de sustitución con exportación.

3.4. Sustituir exportando

La industria venezolana es una consumidora neta de divisas, las cuales no compensa ni repone a través de un sostenido esfuerzo exportador. El relanzamiento del proceso de industrialización en Venezuela debe trascender el mercado interno y extender su cobertura hacia el mercado internacional, en función de generar y compensar las divisas que la actividad industrial consume.

La sustitución de importaciones debe proseguir, pero su modalidad debe cambiar y tornarse mucho más selectiva y programada. Debe proseguir por cuanto constituye un factor dinámico esencial para el crecimiento y desarrollo de la economía. Existe un amplio margen de sustitución que ofrece el elevado coeficiente de importaciones de manufacturas que aún se realiza. Pero también Venezuela debe reimpulsar su proceso de industrialización incorporando una dimensión exportadora que permita diversificar las fuentes de divisas para superar la tradicional dependencia del ingreso petrolero.

En Venezuela, el comercio exterior de manufacturas sigue siendo deficitario. En 2010, el país presenta el más bajo coeficiente de exportación manufacturera entre todos los países grandes y medianos de América Latina, mientras el coeficiente de importación es cada vez más elevado.

El relanzamiento de proceso industrializador tiene que proponerse sustituir importaciones pero a la vez exportando un porcentaje creciente de la producción industrial. Esto implica asegurar:

• Un crecimiento más acelerado de la industria manufacturera que el del producto interno bruto; es decir, la industria debe seguir ser un sector dinámico que impulse y motorice el desarrollo económico y social.

• Un crecimiento de la producción industrial superior al crecimiento del consumo privado y de la demanda agregada interna.

• Un crecimiento de las exportaciones manufactureras más rápido que el crecimiento del producto industrial, para elevar el papel impulsor de las exportaciones y compensar el menor efecto dinámico de la sustitución.

• Un aumento de la inversión extranjera directa para favorecer procesos de transferencia de tecnología, formación de talento humano, asistencia técnica e industrialización de los factores productivos locales.

4. El papel del Estado en la industrialización

Hasta hace poco, el debate económico en América Latina estuvo dominado por el Consenso de Washington, cuya agenda establecía el desmontaje de las capacidades de intervención del Estado para dejar el desarrollo económico bajo la dinámica de las fuerzas ciegas del mercado.

Las políticas económicas a favor de la intervención del Estado o del funcionamiento del mercado no pueden asumirse como opciones antagónicas e inconciliables. Asumir este enfoque maniqueo nos llevaría a otorgarle todo el poder de decisión, o bien a la burocracia estatal o bien a la mano insensible del mercado. La dinámica de las relaciones entre mercado y Estado no es un asunto que pueda resolverse de una vez y para siempre, para todas las situaciones y coyunturas. La conveniencia de diferentes niveles de apoyo y regulación estatal constituye, hoy en día, uno de los asuntos claves en la reformulación de las estrategias de desarrollo, particularmente en los países subdesarrollados.

Sin embargo, en el debate económico ha prevalecido un fuerte sesgo ideológico que considera superior el funcionamiento del mercado a la acción estatal, desconociendo una larga historia de eficaz intervención pública para apoyar con éxito, incluso, al propio desarrollo capitalista.

La industrialización de Venezuela no será obra del mercado, no serán las leyes de la oferta y la demanda ni el mecanismo de los precios las fuerzas motrices que reimpulsen el desarrollo industrial de Venezuela. Se requiere una intervención inteligente de los poderes públicos para concertar cuáles son los objetivos que desea alcanzar la sociedad e identificar los instrumentos más efectivos para lograrlos.

Ni absolutismo de mercado ni fundamentalismo de mercado. La idea de una ausencia total de intervención estatal es una con¬cepción tan absurda e irreal como la de concebir una socie¬dad donde la iniciativa privada no tenga cabida. El Estado se reserva el control de actividades estratégicas como petróleo, has, industrias básicas, electricidad, telecomunicaciones, etc. y regula la iniciativa e inversión privada en otros sectores de la economía. No lo sustituye al mercado como un mecanismo a través del cual se realiza la producción y distribu¬ción, sino que lo controla, regula y reorienta hacia las prioridades nacionales, a través de un marco legal y regulatorio claro y estable, de un entorno institucional transparente y eficiente, y del diseño y ejecución de adecuadas políticas macroeconómicas y sectoriales.

Es muy importante crear condiciones para que la economía venezolana funcione al margen de arbitrarias decisiones burocráticas y discrecionales. Esto no quiere decir que el Estado tenga que renunciar a la prerroga¬tiva de intervenir en los asuntos económicos. Lejos de abandonar su acción de gobierno, ahora más que nunca se necesita un Estado que sea capaz de implementar políti¬cas transparentes y estables y de mantener bajo control las fuerzas ciegas del mercado. La industrialización requiere de una sabia rectoría del Estado y esto exige una participación cada vez más racional en lo económico a través del diseño y ejecución de políticas macroeconómicas y sectoriales coherentes y bien articuladas que armonicen la participación del Estado en diferentes ámbitos; como planificador (a través de planes globales, secto¬riales, etc.), como empresario (a través de empresas públicas), como inversionista (a través de la inversión pública), como regulador (a través de la regulación de precios, monopolios, inversión extranjera, etc.), como benefactor (a través de la distribución de ingreso, seguro social, educación, bienes básicos, etc.) y como banquero (a través de una política monetaria de regula¬ción y financiera de fomento).

4.1. El Estado, los procesos de integración y la globalización

La integración comercial y productiva es compatible con grados diversos de intervención estatal, incluso en el propio ámbito del comercio exterior. En el devenir de los procesos de integración en marcha, el Estado debe abocarse a preservar una protección moderada y razonable en favor de las activi¬dades económicas internas, pero sin afectar la necesa¬ria y permanente presión competitiva que las estimule a preocuparse por la calidad y productividad con la que operan. El Estado debe llevar a cabo audaces iniciativas en función de negociar y administrar tratados y acuerdos económicos internacionales que permitan abrirle un espacio cada vez mayor a la producción nacional en los mercados externos. En este sentido, debe fortalecer y crear los orga¬nismos necesarios que orienten y apoyen a los sectores de la industria con vocación exportadora, fundamental¬mente aquellos entes que están llamados a realizar una intensa labor de inteligencia de mercado y de desa¬rrollo tecnológico que permitan descubrir oportunidades de exportación e incorporar y divulgar el progreso técnico a través de distintos sectores económicas y ramas de actividad industrial.

Todo esto sin menoscabo de la adopción de políticas industriales explícitas para la reconstrucción del aparato industrial, en el marco de una nueva estrategia de desarrollo sustentable y sostenible, reactivando la industria y recuperando el empleo productivo; incentivando su reconversión para fortalecer su calidad, productividad y competitividad; de reimpulsar la reindustrialización a fin de incrementar el tejido industrial del país y lograr las metas de soberanía productiva ampliando las capacidades de producción y fortaleciendo también las capacidades tecnológicas e innovativas que permitan agregarle valor a la riqueza de recursos minerales, energéticos y otras materias primas que posee Venezuela.

La verificación de la desindustrialización de la economía venezolana es una ocasión propicia para revisar la política económica, toda vez que no se trata solo de reactivar la economía sino de transformarla. En este sentido, las medidas que se tomen deberán ir más allá de la simple reactivación económica para plantearse, fundamentalmente, la transformación de una economía rentista en un nuevo modelo productivo exportador.

4.2. Armonización de políticas macroeconómicas y sectoriales

Más que una serie de medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que ponga freno a la desindustrialización. Esto pasa por concentrar el impacto de los incentivos públicos en los sectores con mayor efecto multiplicador: los de más peso en la estructura del PIB que han sufrido una mayor contracción.

Por su peso específico en el PIB, cualquier crecimiento o contracción de la industria repercutirá en la dinámica general de la economía y el empleo. La manufactura tiene un gran impacto sobre las cadenas productivas. Hacia atrás demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. Hacia adelante ofrece bienes intermedios y finales para el desarrollo de otros sectores. Demanda también servicios de apoyo, agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Si crece la industria crecen también estos sectores.

La industrialización no podrá ser simplemente la resultante de crear un clima macroeconómico apropia¬do. Exige también el diseño y ejecución de acertadas políticas sectoriales, particularmente agrícolas, industriales y tecnológicas en una visión de corto y largo plazo. Precisará de cambios institucionales con orientaciones estratégicas para lograr una forma nueva de interacción entre los agentes públicos y privados, como la mejor vía para complementar las capacidades y recursos de cada uno y así contribuir al logro de un mayor desarrollo económico y social.

Es cierto que la evolución errática de la industria se ve influida por la situación económica en general y, particularmente, por los efectos sobre la inversión y el consumo interno de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria. Pero la atención a la dimensión macroeconómica no puede ser en detrimento de las políticas sectoriales. No olvidemos que en los años del auge neoliberal, la corrección de los desequilibrios macroeconómicos relegó a un segundo plano la atención a las políticas sectoriales de apoyo a la reactivación y reestructuración del aparato productivo interno. Tras el objetivo de corregir los déficits en balanza de pagos, déficit fiscal y abatir las presiones inflacionarias la atención del gobierno se concentró en la política macroeconómica en menoscabo de las políticas industrial y tecnológica.

El Estado debe definir políticas macroeconómicas claras, estables y de carácter general. A propósito de una estrategia orientada al comercio exterior, las políticas cambiaria, tributaria, monetaria, financiera, comercial, de precios, etc. deben promover el creci¬miento y desarrollo de la producción de bienes transables. Esta es una condición básica para facilitar un mejor desenvolvimiento de la industria nacional.

Si se repite la experiencia de políticas macroeco¬nómicas contradictorias y adversas al sector indus¬trial, si se reedita la historia de reiterados e impro¬visados cambios en el marco legal y regulatorio; si se crean otra vez las condiciones para que renazca la discrecionalidad y arbitrariedad del burocratismo; sin lugar a dudas que no habrá reindustrialización posible.

4.3. Política cambiaria que exprese la productividad industrial

La sobrevaluación del tipo de cambio expresado en un dólar subsidiado ha facilitado la importación masiva de bienes y servicios que se podrían producir en Venezuela. Y mientras Venezuela perciba un significativo ingreso en divisas por concepto de exportaciones petroleras, aun cuando resulte necesario diversificar la economía para lograr los objetivos de la soberanía productiva, este proceso no tiene un carácter urgente o impostergable.

Solo cuando se han desplomado los precios del petróleo es que se ha planteado la necesidad de desarrollar un vigoroso sector industrial capaz de sustituir de manera eficiente el gran volumen de importaciones y de exportar una amplia gama de bienes y servicios no tradicionales que compensen la caída del ingreso petrolero. Pero ha prevalecido un abundante ingreso petrolero que confiere un extraordinario poder de compra externo y permite comprarle al resto del mundo lo que se debería estar produciendo internamente. En los períodos de auges rentísticos la moneda se sobrevalua, por lo que suele aumentar el coeficiente de importaciones y a reducirse el coeficiente de exportaciones. El mejor negocio en la Venezuela rentista sigue siendo importar en lugar de producir.

Para cambiar la cultura rentista la primera medida a tomar es la adopción de un tipo de cambio que exprese la productividad promedio del aparato productivo nacional. Transformar la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo que sustituya de manera eficiente buena parte de las importaciones que aún se hacen y diversificar la oferta exportable para generar fuentes alternas de divisas que nos hagan cada vez menos dependientes del ingreso petrolero, implica fijar un tipo de cambio que estimule el valor del trabajo al expresar la verdadera productividad de la industria manufacturera y del esfuerzo productivo nacional.

El desempeño de la industria se ha visto afectado por la sobrevaluación del tipo de cambio. El uso de la política cambiaria como política antiinflacionaria -a través del anclaje del tipo de cambio-, ha abaratado las importaciones hasta el punto de provocar los mayores niveles de compras externas por parte de Venezuela. Los productos importados se hacen más baratos para los compradores venezolanos en tanto que los fabricados en el país se han hecho más costosos internamente y en los mercados internacionales. La apertura del mercado interno y la tendencia a importar que genera la sobrevaluación del tipo de cambio provoca que muchas empresas industriales se transformen en importadoras de lo que antes producían.

Un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad del esfuerzo productivo nacional es una condición básica, elemental, para estimular los esfuerzos orientados al desarrollo y fortalecimiento de una in¬dustria manufacturera eficientemente integrada, toda vez que facilita el desarrollo de una segura y confiable red de proveedores locales a lo largo de los distintos eslabones de las cadenas productivas, lo cual constituye una ventaja competitiva tan o más importante que las ventajas comparativas que el país tiene en cuanto a la dotación de materias pri¬mas, energía abundante o fuerza de trabajo barata.

La sobrevaluación desestimula las exportaciones, las cuales pierden competitividad en los mercados internacionales. No olvidemos que la tasa de cambio es la que relaciona los precios venezolanos con los del resto del mundo, por lo que el comportamiento de la misma entra a jugar un papel clave en la transformación de una economía rentista e importadora en una nueva economía productiva y exportadora.

Son distorsiones que es necesario corregir dejando muy claro que la competitividad de un sector de la industria en el mediano y largo plazo, no puede sustentarse sólo en la devaluación de la moneda doméstica, sino en el fortalecimiento de sus capacidades tecnológicas e innovativas.

4.4. Política industrial para la creación de capacidades productivas

Los problemas más importantes que afectan el desempeño de la industria manufacturera y su aporte a la transformación productiva son los siguientes:

• Obsolescencia tecnológica y rezagos en calidad, productividad y competitividad

• Baja densidad de establecimientos manufactureros por cada mil habitantes, lo cual hace que su aporte al PIB aún esté por debajo del 20 %, condición mínima para considerar una economía industrializada.

• Cartera crediticia demorada de la industria, con problemas de liquidez y activos comprometidos por garantías previamente constituidas, lo cual dificulta su acceso a nuevo financiamiento.

• Concentración territorial de la actividad industrial en el Eje Centro-Norte-Costero, lo cual limita la contribución del sector manufacturero al desarrollo armónico y proporcional de las diferentes regiones y estados del país.

De esta problemática se deducen al menos cinco objetivos a lograr con la nueva política industrial:

1. Reactivar la industria manufacturera: hasta lograr que al menos el 95 % de la capacidad industrial actualmente instalada se encuentre en pleno funcionamiento, toda vez que –por su alta ponderación en el PIB-, su reactivación tendrá una alta incidencia en la recuperación del ritmo de actividad económica y en el nivel de empleo.

2. Reconversión industrial: para modernizar la industria y fortalecer sus capacidades tecnológicas e innovativas, de tal forma que pueda lograr mejoras sostenidas en la productividad que permitan mejorar la estructura de costos y abatir las presiones inflacionarias; así como mejorar su calidad y desarrollar nuevos productos que contribuyan a la sustitución eficiente de importaciones y a la diversificación de la oferta exportable.

3. Reindustrialización: para incrementar la densidad industrial de 0.3 a 1 establecimiento manufacturero por cada 1.000 (mil) habitantes y así elevar el aporte de la manufactura al PIB de 14.8 % a 20 %; logrando un crecimiento económico de calidad (sustentado en la economía real) y generando nuevas y mejores fuentes de empleo productivo, estable y bien remunerado.

4. Refinanciar la deuda industrial: reestructurar el cronograma de pagos de deudas vencidas, con condiciones más adecuadas de plazos, tasas de interés y garantías, que permitan aliviar la carga financiera de las empresas que han entrado en mora debido a la contracción de la economía nacional e internacional.

5. Relocalización industrial: para estimular nuevas inversiones así como la reubicación de establecimientos industriales ya existentes en regiones, estados y municipios con un PIB por debajo de la media nacional y con baja densidad de establecimientos manufactureros, en función de corregir asimetrías y disparidades y propiciar así un desarrollo armónico y proporcional del territorio nacional.

La política industrial es la clave para reactivar y transformar la economía. El Estado puede combinar incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras públicas, suministro de materias primas, asistencia técnica, etc. para elevar el aporte de la manufactura al PIB del actual 14.8 % al 20% que establecen los estándares internacionales para reconocer que una economía se ha industrializado. Esto implica elevar la densidad industrial de 0.25 a por lo menos 1 establecimiento industrial por cada mil habitantes. No es una meta difícil: Colombia tiene 1.2 y México 1.7. Implica aumentar el número de industrias de 7.800 a 26.000, generando más y mejores fuentes de trabajo. Para su mejor comprensión y tratamiento clasificaremos estas medidas en las siguientes dimensiones:

• Dimensión Macroeconómica: son medidas horizontales o decisiones fundamentalmente en materia de política macroeconómica, las cuales tienen una incidencia general, más no igual, sobre todos y una cada uno de los sectores, ramas, agrupaciones y empresas industriales.

• Dimensión Mesoeconómica: son medidas para adecuar tanto el marco legal y regulatorio como el entramado institucional a través de los cuales los ministerios, entes adscritos y demás órganos del Estado se coordinan y articulan para complementar sus capacidades y recursos en función de asegurar el buen gobierno de la economía.

• Dimensión Microeconómica: son medidas verticales o decisiones fundamentalmente en materia de política microeconómica o sectorial, las cuales tienen una incidentica focalizada en determinados sectores, ramas o agrupaciones industriales a las que se atribuye una mayor importancia, bien sea por su efecto multiplicador y acelerador de la dinámica económica, por su contribución al empleo o por su efecto sobre la inflación.

Reactivar, modernizar y ampliar la industria nacional requerirá muchos años de aplicación de políticas públicas. La protección y los apoyos del Estado a la producción local es una condición clave para estimular la creación de nuevas fuentes de trabajo estables y bien remuneradas que permitan enfrentar con éxito los flagelos del desempleo, la pobreza y la exclusión social.

4.5. Política tecnológica para la competitividad internacional

Una estrategia para superar el rentismo e ingresar en una economía global basada en el conocimiento además de crear capacidades productivas para la exportación a través de una política industrial, también requiere el diseño y ejecución de una política tecnológica que tenga como objeto el fortalecimiento de capacidades para generar, transferir, difundir y utilizar nuevos conocimientos y tecnologías, en función de fortalecer las capacidades tecnológicas e innovativas del aparato productivo nacional.

En una economía global basada en el conocimiento, mucho más que la abundancia de recursos naturales susceptibles de ser explotables, lo que más importa es el desarrollo de la inteligencia, del poder creativo, de la capacidad de innovación, del talento organizacional y de la capacidad gerencial. La abundancia de recursos naturales no es un requisito imprescindible para ser un país próspero. La riqueza de una nación depende más de la calificación de sus trabajadores, empresarios y gobierno y cada vez menos de sus recursos naturales o energéticos. Complementando con sabiduría estas capacidades es posible que cualquier país con gente preparada y buena gestión pública y privada, pueda fabricar productos de buena calidad y buenos precios, destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población y a la exportación.




miércoles, 5 de octubre de 2011

Seminario: Del Socialismo del SXXIal Buen Vivir. CELARG. Viernes 7/10/11 8.30 am

INVITACION A SEMINARIO
DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI  AL BUEN VIVIR.
NUEVAS COORDENADAS DEL DEBATE
SOBRE LAS ALTERNATIVAS REGIONALES

Viernes 7 de octubre de 2011
CELARG SALA 1
ALTAMIRA
Hora: 8: 30 am

Ponencias
9:00 am a 12; 30 m
Edgardo Lander. Retos contradictorios que confrontan los actuales procesos de cambio en América del Sur
Colectivo La Araña Feminista. Socialismo Feminista. Ideología para la superación del capitalismo en el siglo XXI
Víctor Álvarez R. Lo que no debe heredar del siglo XX el socialismo del siglo XXI
Raúl Prada. Estado plurinacional y Vivir Bien, alternativas a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo
PENSAMIENTO CRÍTICO, SUBJETIVIDADES Y ALTERNATIVAS GLOBALES.
DESAFÍOS Y DILEMAS
Ponencias
2:00 a 5: 00 pm
Javier Biardeau. De la ciudad letrada a la potencia plebeya
Miguel Contreras. Pensar la negatividad
Rigoberto Lanz. Lo que pensamiento crítico quiere decir

Viernes 7 de octubre de 2011

CELARG SALA 1
ALTAMIRA
Hora: 8: 30 am

¿Estatizar o socializar?

La propiedad no es una simple posesión basada en el derecho mercantil sino un sistema de relaciones sociales que se establecen en el proceso de producción. El socialismo del siglo XX, tras el ideal humanista de erradicar la explotación del ser humano, estatizó todos los medios de producción, deformándose en un capitalismo de Estado que ahogó el espíritu emprendedor y las capacidades creadoras del pueblo, criminalizó la iniciativa empresarial, frenó el desarrollo de las fuerzas productivas, generando escasez, racionamiento y especulación. Las poderosas élites burocráticas derivaron en una burguesía funcional que se apropió de parte importante del excedente o plustrabajo social, ya no como propietarios de los medios de producción, sino por los privilegios asociados a sus cargos.

En su fachada, la propiedad estatal se presenta como propiedad de todo el pueblo, pero su lógica no altera para nada las viejas formas de explotación capitalista. No se trata de destruir el capitalismo privado para sustituirlo por el capitalismo de Estado, sino de impulsar una nueva economía social a través de la cual los trabajadores y la comunidad dirijan los procesos de producción. Solo así podrán ser y sentirse como los verdaderos copropietarios sociales de las condiciones que garantizan su supervivencia. El verdadero socialismo tiene que desestatizar la sociedad, desburocratizar la función pública y empoderar directamente a la comunidad, sin mediaciones de capitalistas ni burócratas.

Al expropiar, el Estado indemniza y se convierte en dueño de lo que antes era propiedad privada. El artículo 115 de la CRBV dice que: “Sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes”. No son pocos los dueños de empresas al borde de la quiebra que resultaron favorecidos con estas expropiaciones. Los casos de Invepal, Inveval, Invetex, Cerámicas Maracay y ahora Conferry son ejemplos de empresas que estaban cerradas o en bancarrota, y solo generaban costos o pérdidas para sus dueños.

A la decadente Conferry había que ponerle al lado una nueva y más eficiente empresa socialista, que demostrara con mejores precios y calidad de servicio su superioridad. Pero se expropió una empresa en precarias condiciones, con naves deterioradas por tantos años de uso y poco mantenimiento, deudas ocultas y trabajadores y usuarios descontentos. Relanzarla será difícil y si no se logra, los enemigos del socialismo dirán: "Allí está, otra empresa más que estaba bien gerenciada en manos del sector privado y bastó que la estatizarán para quebrarla"

En Venezuela la densidad de industrias por cada mil habitantes apenas llega a 0.25, mientras que en Colombia es 1.2 y en México de 1.7. Ministerios, gobernaciones y alcaldías tienen sus nóminas atiborradas porque no se crean nuevas empresas para generar trabajo y empleo productivos. Cuando se gastan recursos públicos en pagar expropiaciones de empresas no estratégicas, en vez de invertirlos en la creación de nuevas y mejores empresas, no se está contribuyendo a aumentar la densidad empresarial ni a aumentar el patrimonio productivo del país. Nos quedamos con el mismo número de empresas, es la misma capacidad productiva pero ahora en otras manos. Eso no es crecimiento ni mucho menos desarrollo.

La transformación del capitalismo rentistico en un nuevo modelo productivo socialista no será obra del mercado. Será una sabia y decidida actuación del Estado la que propicie e impulse la transformación de un régimen económico basado en la explotación del ser humano y la depredación del ambiente por una nueva economía de amplia y creciente inclusión social.Pero esto no significa que el Estado tenga que hacerse propietario de todos los medios de producción, distribución y comercialización. El Estado está llamado a reorientar los recursos e incentivos públicos en función de apoyar la creación de empresas de la economía social, en manos de los trabajadores directos, de los consumidores organizados y de la comunidad. Las empresas de la economía social, no tienen fines de lucro pero tampoco vocación de pérdida, tienen  que ser prósperas y autosustentables y generar un creciente excedente para ser invertido como ganancia social en la mejora de las condiciones laborales y en la solución de los problemas de la comunidad. Solo así será posible superar la explotación del trabajado asalariado y desterrar las causas estructurales que generan desempleo, pobreza y exclusión social.

jueves, 29 de septiembre de 2011

“La economía venezolana es cada vez más capitalista”

“La economía venezolana es cada vez más capitalista”

29 Septiembre, 2011

ND.- El exministro de Industrias Básicas y Minería, Víctor Álvarez, aseguró este miércoles que “a pesar de que el gobierno declara constantemente la bandera del socialismo, durante la última década la economía nacional se ha hecho más capitalista”. Así lo afirmó en la presentación de una ponencia titulada “Una estrategia para superar el rentismo e ingresar en una economía global basada en el conocimiento”, en el marco de la celebración de los 50 años del Centro de Estudios de Desarrollo, Cendes-UCV.
“A través de las expropiaciones de Conferry, Cantv, Sidor, Electricidad de Caracas, Owens Illinois, cementeras, Cadena de Supermercados Éxito, entre otras, se cree que el Estado esta expropiando todas las industrias y no existe espacio para el sector privado, sin embargo al revisar las cifras de Banco Central de Venezuela, los datos oficiales revelan que, lejos de disminuir, el peso del sector privado en el Producto Interno Bruto (PIB) más bien ha aumentado. Van para el cielo pero van llorando. Su participación sigue siendo mayoritaria y ello, define la naturaleza capitalista del actual modelo productivo”, dice el investigador del Centro Internacional Miranda, al tiempo que detalla que al cierre de 2011 el sector privado aportaba 70,9%, el público 29,1%, “a pesar de toda la política de nacionalizaciones” y la economía social sólo 1,6%”.

No obstante, explica Álvarez que en vez de gastar millones para convertir propiedad privada en estatal, “el gran desafío de la política económica bolivariana es recuperar la inversión bruta en capital fijo como porcentaje del PIB, para dejar de ser un país exportador de materias primas y construir un sólido aparato productivo capaz de sustituir importaciones, diversificar exportaciones y generar los millares de empleos productivos”.

Venezuela apenas tiene 0,25 establecimientos industriales por cada mil habitantes, mientras que Colombia tiene 1,2 y México 1,7. El reto es crear más y mejores empresas en la economía social en las que se genere trabajo digno, estable y bien remunerado, y se aumente la producción nacional para sustituir importaciones y diversificar las exportaciones. Muy poco se contribuye a la transformación de la economía rentista en un nuevo modelo productivo socialista cuando se expropian empresas privadas en quiebra para convertirlas en empresas públicas deficitarias que solo pueden sostenerse si se aprueban créditos adicionales para pagar sus nóminas.

Cuando se gasta dinero en pagar expropiaciones en vez de invertirlo “en la creación de nuevas y mejores empresas, no estamos contribuyendo a aumentar el número de empresas ni el patrimonio productivo. Nos quedamos con el mismo número de establecimientos y la misma capacidad productiva, pero en otras manos. Eso no es crecimiento, ni mucho menos desarrollo”.

A la vieja y obsoleta Conferry capitalista había que ponerle al lado una nueva y eficiente Conferry socialista, que demostrara con mejores precios y mejor servicios la superioridad de la economía socialista sobre la capitalista. Pero resulta que se expropió una empresa en precarias condiciones, con naves deterioradas por tantos años de uso y poco mantenimiento, deudas ocultas y trabajadores y usuarios descontentos que ahora tienen una gran expectativa sobre una empresa que estaba al borde de la quiebra. Era mejor constituir una nueva empresa con barcos nuevos. Levantar esa empresa en decadencia será muy difícil y si no se logra en el corto plazo, los enemigos de la construcción socialista dirán: "Allí está, otra empresa más que estaba bien gerenciada en manos del sector privado y bastó que la estatizarán para quebrarla" 

La ponencia de Víctor Álvarez, viene a formar parte del cierre del Simposio “Objetivos y estrategias de desarrollo para Venezuela”, organizado por el Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV, Cendes, en el marco de su 50 aniversario.

El simposio realizado los días 26 a 28 de Septiembre en el auditorio Casa del Profesor Universitario de la Asociación de Profesores de la UCV, buscó enriquecer el debate que está en marcha en Venezuela sobre las salidas a la crisis, ubicándolo en la dimensión del desarrollo y encumbrándolo por encima del enfoque limitado a las racionalidades técnicas de las políticas públicas.

martes, 13 de septiembre de 2011

¿Ganar elecciones o tomar el poder?

El CNE anunció la separación de las elecciones del año 2012. Los comicios presidenciales tendrán lugar el 07 de octubre de 2012, las elecciones regionales en el mes de diciembre y las locales en abril de 2013.

Potenciar el triunfo de las fuerzas progresistas, de izquierda y revolucionarias en esa larga jornada de elecciones pasa por cumplir con el necesario y cada vez más urgente proceso de revisión, rectificación y reimpulso del proceso revolucionario, que tantas veces se ha prometido y muy pocos resultados ha presentado. Tanto así, que todavía no se ha presentado un análisis crítico sobre los resultados de las elecciones del 26-S.
 
De cara a las próximas elecciones, y ante el avance de la oposición en las parlamentarias por encima de los escenarios que se habían estimado, es obligatorio preguntarse si los candidatos del PSUV tenían un verdadero arraigo popular o fueron importados de otros estados e impuestos por la Dirección Nacional; si estamos en presencia de un pueblo plenamente consciente o todavía hay mucho clientelismo político que superar; si el obligatorio “trabajo voluntario” al que fueron sometidos los funcionarios fue causa de abstención electoral; si el gobierno ha sido todo lo eficiente que el pueblo exige; si la inflación, el desempleo y la inseguridad son un invento mediático o verdaderos problemas que causan estragos en la población; si la torpeza con la que se procedió a expropiar pequeños comercios, cercanos a sitios históricos y plazas públicas, lejos de ser visto como una conquista popular, por el contrario fue interpretado como una amenaza a la propiedad personal y familiar; si el caso de miles de contenedores de comida podrida, cuando el ingreso de muchas familias ni siquiera alcanza para comprar la canasta alimentaria, puso en bandeja de plata argumentos a la oposición para evidenciar la supuesta incapacidad del gobierno; si el burocratismo, la incompetencia y la corrupción son calumnias de los enemigos de la Revolución o verdaderas prácticas perversas que están minando la fe, la esperanza y el entusiasmo de la gente; si es cierto que la abstención favoreció a la oposición o, por el contrario, muchos de los que antes votaban por los candidatos del gobierno esta vez lo hicieron por la oposición; si estos resultados son una manifestación de deslealtad o una advertencia sobre muchas cosas que es necesario mejorar.

No seamos ingenuos. Cada vez que haya elecciones bajo las reglas de la democracia burguesa las transnacionales y sus socios nacionales explotarán al máximo nuestros errores para reconquistar el poder, imponer sus leyes al gobierno y descalabrar así la Revolución. El objetivo no puede ser solo el de ganar elecciones sino el de tomar el poder. Pero a lo largo de estos años, la economía más bien se ha hecho más capitalista, el burocratismo se ha exacerbado, y el recrudecimiento de la cultura rentista y paternalista lapidan el espíritu emprendedor y frenan el desarrollo de las fuerzas productivas de las cuales depende el logro de la soberanía productiva y la liberación del trabajajo asalariado de la explotación del capital.

La convocatoria para relanzar el Polo Patriótico de cara a las elecciones del 2012-2013 es un llamado al reencuentro de las fuerzas progresistas, de izquierda y revolucionarias que por diferentes razones se han distanciado en el curso de estos años. Su éxito exige una profunda crítica y autocrítica en función de corregir los errores cometidos y acordar una plataforma de interés nacional que permita reunificar las fuerzas de las diferentes organizaciones políticas, sociales y de base que tienen como propósito común la construcción de una sociedad democrática, libre de desempleo, pobreza y exclusión social.

El sectarismo y fanatismo políticos están entre los problemas medulares que ha dejado a muchos compañeros y camaradas arrinconados y excluidos. En Venezuela no hay 4 millones de oligarcas. Muchos de los que hoy votan por la oposición ayer estuvieron acompañando el proceso, pero se alejaron desilusionados por las desviaciones y errores que se han cometido. La obligación ahora es reenamorarlos y recuperarlos para que dejen de ser los relegados y eliminados del proceso. Pero el sectario solo ve en ellos a unos traidores y apátridas, a seres repelentes, malvados y perversos, mientras que a sí mismos se ven como la encarnación de la virtud. Por eso se afincan en la calumnia y la difamación de todo aquel que no esté bajo su tolda y al son de su comparsa, para desprestigiarlo y asesinarlo moralmente. Y así, en lugar de atraerlo, lo terminan de alejar y excluir.

El reencuentro de las fuerzas progresistas pasa por entender que las revoluciones no las hacen los gobiernos sino los pueblos, que la gente de izquierda también está en las organizaciones sociales, culturales, religiosas y de base. El carácter unitario y democrático del Polo Patriótico debe estar fundamentado en la consideración y el respeto, en la comprensión y la tolerancia. Solo así podremos construir una fuerza en la que quienes no coincidamos del todo podamos ser fraternales críticos, más no enemigos, en el que nos reconozcamos por lo que nos une y no por lo que nos separa. Donde la crítica leal y comprometida a los errores del proceso no se etiquete de actitud sospechosa, de quintacolumna o saltatalanquera. La única talanquera tiene que ser la Constitución Bolivariana: dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Leyes del Poder Popular abren espacio a un nuevo modelo de propiedad social

ENTREVISTA A VICTOR ALVAREZ
CLODOVALDO HERNÁNDEZ / ESPECIAL PARA CIUDAD CCS

Usted escribió un libro sobre los riesgos de que el burocratismo y los esquemas socialistas del siglo XX, acaben con el socialismo del siglo XXI. ¿Ha recibido alguna respuesta alentadora?

—La respuesta al alerta la encontramos en la creación de un nuevo marco legal que abre amplios espacios para un nuevo modelo de propiedad social. Se aprobaron las leyes del Poder Popular, Planificación Pública y Popular, Contraloría Social, del Sistema Económico Comunal y la reforma a la Ley de Consejos Comunales. Son instrumentos para conjurar la amenaza del burocratismo y de un exagerado peso de la propiedad estatal. En el socialismo del siglo XX, la estatal era prácticamente la única forma de propiedad: desde una peluquería hasta una siderúrgica. En ese caldo de cultivo fermentaron poderosas élites burocráticas que secuestraron la revolución y administraron la propiedad pública como si fuera su propiedad privada.

—¿Las decisiones del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba pueden ayudar a que en Venezuela tengan eco posiciones como las suyas?

—Entre Venezuela y Cuba ha habido retroalimentación. La Revolución Bolivariana ha influenciado en las reflexiones y decisiones de Cuba. Y, por otro lado, la Revolución Cubana siempre es una inspiración para cualquier otra en Latinoamérica y el mundo porque nunca abjuró de sus ideales. Permitir el emprendimiento particular, familiar, colectivo, va a ser un detonante de las capacidades de mucha gente, familias que tienen sus proyectos particulares. Hasta ahora se ha hablado de la propiedad estatal como fórmula para liberar a los trabajadores de la explotación, pero comprobamos en las experiencias fracasadas del siglo XX que estatizar no necesariamente es socializar. Muchas veces es la expresión de un capitalismo de Estado que repite las relaciones de enajenación que se cuestionan al sistema capitalista. La salida es el empoderamiento de las comunidades, de los trabajadores organizados, que se sientan copropietarios sociales de esos medios de producción y ejerzan su capacidad de decisión para remunerar su trabajo y distribuir e invertir los excedentes.

—¿Esas élites burocráticas son una modalidad de corrupción?

—En el pasado, las élites se concedieron muchos beneficios y privilegios, altos sueldos, bonificaciones, incentivos. El Presidente ha sido crítico de eso porque significan apropiación de recursos públicos. Ese secuestro que ejecuta la burocracia sobre la propiedad pública la convierte en una especie de burguesía funcional. Igual que la burguesía, se apropia del excedente que generan los trabajadores, sin ninguna contraprestación. En la práctica, ejercen funciones de burguesía.

—¿Qué relación hay entre esa burguesía funcional y eso que llaman la boliburguesía?

—Sobre eso también hemos alertado: la Revolución Bolivariana ha sido muy permeada por oportunistas, incluso algunos que se han beneficiado de contrataciones públicas, préstamos estatales, exoneraciones arancelarias. Esos terminan siendo reproductores de las relaciones capitalistas de producción que la revolución cuestiona. Hay un grupo de empresarios que levantan las banderas del socialismo cuando en la práctica explotan a los trabajadores, contaminan el ambiente, ejercen tráfico de influencias y pagan comisiones. Es una desviación muy dañina porque genera desencanto y desilusión. La gente termina pensando que todo es más de lo mismo y hasta más de lo peor.

—¿Tienen nombre esas personas, esos grupos?

—El país sabe y ve quiénes ayer eran unos ciudadanos de a pie y hoy son prósperos empresarios; quiénes eran trabajadores que vivían de un ingreso fijo y ahora son magnates. ¿Cómo acumular una enorme fortuna en meses o años? Bueno, con la explotación intensiva de muchos trabajadores o con negocios oscuros con el dinero del Estado.

—Como ex ministro de Industrias Básicas y Minería: ¿se puede lograr la propiedad social con el nivel actual del movimiento sindical, en parte atomizado y en parte desideologizado?

—Una cosa es el interés genuino, íntegro, honesto del trabajador de base y otra, los intereses corporativos y grupales de quienes se disputan el control de los sindicatos y de las empresas. Esos grupos de rapiña que se disputan el poder, han llegado a paralizar las empresas, lo cual es un crimen porque abona al fracaso del empoderamiento de los trabajadores y lo desacreditan ante el país. Cualquier ciudadano, al ver aquel bochinche, puede pensar que esa no es la vía.

—Ha habido incluso violencia y crímenes por encargo. ¿Es posible quitar las élites corruptas y dar paso al control obrero real?

—El momento más oscuro de la madrugada es justo antes del amanecer. Por muy desalentador que se vea el panorama, la indignación de la base trabajadora, su decisión firme de ponerle límite a semejante voracidad, abrirá los caminos del control obrero y el empoderamiento popular.

—El Centro Internacional Miranda es muy criticado por otra tendencia interna, la del Grano de maíz, (autores de la columna del diario Vea). ¿Por qué no debaten y avanzan en una misma dirección?

—En el Centro Internacional Miranda asumimos el compromiso por la buena marcha de la revolución, con una voz crítica pero muy leal y comprometida. Hablamos desde el dolor y la preocupación de ver las desviaciones, los errores. Queremos proponer correctivos. Nuestra crítica siempre ha sido muy propositiva, no creemos en ella como profesión. Quienes honestamente estamos preocupados por la buena marcha de la revolución y hemos atendido el llamado del Presidente de revisar, rectificar y corregir, tenemos que encontrarnos en el camino.
___________

Tanque lleno de libros

Víctor Álvarez debe ser uno de los miembros del Centro Internacional Miranda (CIM) que más contribuye a mantener lleno ese “tanque de pensamiento” de la Revolución Bolivariana, al menos si se juzga por las obras escritas.

En el lugar de honor está el libro "Venezuela: ¿Hacia dónde va el modelo productivo?", que ganó una mención honorífica del Premio Internacional Libertador y el Premio Municipal “Gustavo Machado” al Pensamiento Político, en 2009. Es coautor, junto a Davgla Rodríguez, de una "Guía teórico-práctica para la creación de empresas de producción socialista" y ha presentado una serie de cinco "Cuadernos de Educación Comunal" en los que diserta sobre el capitalismo, el neoliberalismo, el socialismo del siglo XXI, los TLC y la ALBA. En 2010 mantuvo el flujo hacia el tanque con "Del Estado burocrático al Estado comunal", en el que alerta sobre el riesgo de una excesiva propiedad estatal.

Álvarez, se graduó de economista en La Habana en 1985 y se postgraduó en el Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes), el Instituto Venezolano de Planificación (Iveplan) y la Universidad Carlos III, de Madrid.

Fue ministro de Industrias Básicas y Minería, presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, del Banco de Comercio Exterior y del Fondo de Reconversión Industrial. Más allá de la teoría, pues, algo sabe del tema de la propiedad estatal y del temible burocratismo.

jueves, 25 de agosto de 2011

No basta con reactivar la economía: lo que importa es transformarla

Ponencia presentada por Víctor Álvarez en el Foro "Claves para el reencuentro de fuerzas progresistas y revolucionarias" realizado en el CIM con la participación de Juan Carlos Monedero, Miguel Angel Pérez Pirela, Nicmer Evans
y la moderación de Luís Bonilla

Hoy voy hacer una reflexión sobre el campo de la economía, tratando de presentar para el debate lo que son los factores, que están todavía pendientes, los objetivos que todavía están pendientes.

¿Y qué hacer entonces para lograrlo? Porque la idea es que tengamos una jornada muy propositiva, que si bien es cierto la hacemos desde la critica leal y comprometida con la revolución, lo hacemos también desde los temas que nos preocupan, que nos duelen y que necesariamente tienen que ser atendidos y abordados para avanzar.

Bien, la Revolución Bolivariana triunfó con la promesa de derrotar el desempleo, la pobreza, la exclusión; ese ha sido la gran motivación, el gran propósito de este proceso de transformación, de cambio.

La Revolución Bolivariana desde un primer momento no se planteó la construcción del socialismo, es años después que declara su carácter anti- imperialista, es años después que declara carácter anti-capitalista, es años después que declara su carácter socialista.

¿Y por qué lo hace? ¿Por qué no plantea desde un primer momento la construcción del socialismo? Eso no estaba claro en el año 98, lo que estaba claro era la necesidad de erradicar esos flagelos sociales que antes comenté.

Y no es, sino a partir del calor del debate que se da en distintas organizaciones de base del propio gobierno, en las organizaciones políticas que apoyan al proceso, que se termina reconociendo que la lógica que generan esos problemas, la lógica que genera desempleo, que genera pobreza, que genera exclusión social, es la propia lógica del sistema capitalista de producción, de la organización social, económica y política, que le es inherente, que le es propia, al sistema capitalista; o sea, cuando se comienza a discutir y se retoma el debate sobre la tensión fundamental en la economía capitalista, la contradicción fundamental que se da entre el capital y el trabajo, entre el interés del trabajador de lograr una mayor remuneración por su esfuerzo productivo, de igual manera que ese sueldo, que ese salario, no solamente le alcance para comprar a duras penas la canasta alimentaria, sino que incluso pueda comprar, adquirir otros bienes, otros servicios, que llegan mucho más allá de los alimentos, pero que son necesarios o imprescindibles para satisfacer sus necesidades básicas, sus necesidades esenciales, allí se crea una tensión.

Porque ya sabemos cuál es, la resistencia de la oposición, del factor capital, del empresario capitalista, a la hora de reconocer y de satisfacer las aspiraciones y las demandas salariales o de beneficios laborales de los trabajadores. Esa tensión entre los trabajadores que requieren y quisieran una jornada laboral más reducida y la pretensión del patrono, del que contrata a los trabajadores de prolongar lo más que pueda su jornada de trabajo, incluso sin ni siquiera reconocerle el pago de horas extra.

Cuando se da ese debate sobre, como esa contradicción, es justamente la causa, la razón, que genera esos problemas de desempleo, de pobreza, de exclusión, es que entonces la revolución retoma la crítica al capitalismo y declara su carácter socialista. Esto ocurre claramente, de manera abierta, en las elecciones del año 2006 cuando en la campaña electoral, el propio presidente Chávez dice: “el que vote por Chávez, vota por el socialismo” y al año siguiente la Asamblea Nacional aprueba el proyecto, le da carácter de Ley al Proyecto Nacional Simón Bolívar, el Primer Plan Socialista de la Nación.

En todos esos años ¿qué pasó en la economía? entonces aquí viene el tema de los asuntos que es necesario revisar y que es necesario rectificar si efectivamente queremos avanzar en la orientación estratégica que nos hemos planteado.

En los primeros años la política económica se basa, se centra, en reactivar el aparato productivo existente, es decir la revolución bolivariana no hereda una economía socialista, no hereda una economía social, la Revolución Bolivariana trabaja e interactúa con el modelo productivo que había y que hay, que era fundamentalmente conformado por empresas mercantiles, por empresas de naturaleza capitalista que aspiran maximizar su ganancia, a maximizar su rentabilidad y que en ese afán, de optimizar o de maximizar su lucro y su beneficio, esa contradicción entre del factor capital y el factor trabajo, se acentúa y se recrudece. Pero ese es el aparato productivo de naturaleza mercantil que hereda la revolución.

En los primeros años, en la necesidad de reducir los enormes niveles de desempleo que recibió la revolución de la cuarta república; no olvidemos que la tasa de desempleo estuvo por encima del 14, 15% durante los primeros años. En el año 2002, 2003 fueron años tan críticos para el país a raíz del golpe de Estado, del paro empresarial y del sabotaje a Pdvsa, la tasa de desempleo abierto llegó a estar en veinte 20%, 20.3 % que semejante es que el tiene hoy España con su crisis, para que tengamos una idea de lo terrible del problema para aquel entonces. Y los que tenían trabajo, los que tenían un empleo, de esos casi el 60% estaba trabajando en el sector informal, que todos sabemos que es un empleo de bajísima calidad.

Entonces, en esos primeros años, el propósito era justamente resolver el problema del desempleo y buena parte de los incentivos de la política económica, de las exoneraciones arancelarias, de los créditos a baja tasa de interés y largo plazo, los dólares preferenciales, los dólares a mitad de precio de lo que indicaba el mercado, del suministro de materias primas de condiciones preferenciales, la capacitación técnica y productiva, las exoneraciones de impuesto sobre la renta o del IVA, en fin, toda esa amplia gama de instrumentos de política económica que puede manejar el gobierno bolivariano, son ofrecidos a ese aparato productivo en función de reactivarlo, de reanimarlo.

Y partir de ahí entonces, muchas de esas empresas que estaban moribundas, que estaban trabajando al 50 al 40% de su capacidad instalada, al borde de la quiebra, empiezan a recibir de esos incentivos en ese propósito de evitar que terminaran de cerrar para que no se agravara el problema del desempleo. Y es allí entonces cuando, se da un largo periodo de crecimiento de la economía venezolana que arranca en el último trimestre del año 2003, es decir, cuando uno revisa las estadísticas uno ve que ese proceso de recuperación de reactivación de la economía que se extendió hasta el primer trimestre del año 2009, fue justamente gracias al despliegue de todos esos apoyos públicos, de todos esos incentivos.

Y efectivamente se logró reactivar el aparato productivo, se generó muchísimo trabajo, muchísimo empleo en esas empresas y en cierta medida se cumplió el objetivo de abatir los altos niveles de desempleo informal, de empleo formal y reducir también contribuir a la reducción de la pobreza y de la exclusión.

Ahora, cuando uno profundiza un poco, para ver qué era lo que estaba creciendo, porque hemos hablado que la economía se reactivaba cada vez que el Banco Central de Venezuela publicaba su informe trimestral y decía que la economía había crecido, bueno celebrábamos y aplaudíamos el éxito de la política economía.

Pero cuando comenzamos a ver, que era lo que estaba creciendo, empezamos analizar la conformación de la economía venezolana, la conformación del producto interno bruto, hay una serie donde se explica cuánto del total que se produce en el país lo ponen las empresas públicas, cuánto del total que ponen de la economía nacional lo ponen las empresas capitalistas, las empresas privadas que explotan al trabajador, que contaminan al ambiente, que pisotean los valores éticos y morales más básicos y elementales, esas cuentas también permiten ver cuánto del total de la producción en el país están en manos de la economía social.

Y para un gobierno que si bien declaró su carácter socialista fue en el año 2006, pero desde un primer momento fue un gobierno popular, gobierno que en el 2006 declaró su carácter socialista, formalmente, por eso comencé haciendo la explicación, porque una cosa fueron las primeras referencias que hizo el Presidente en el evento de los intelectuales y en el Foro de Brasil, pero una cosa es la declaración ya formal del carácter socialista de la revolución; o sea, hay una premisas, unos antecedentes, pero la declaración formal es en la campaña en el año 2006 y realmente ya adquiere carácter de política de Ley cuando se aprueba el Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista de la Nación.

Entonces, ahí es en donde trazo la raya. Siempre el gobierno tuvo un carácter progresista, revolucionario, identificado con la población más vulnerable, con los sectores más empobrecidos. Entonces, cuando revisamos eso, para ver si efectivamente ese crecimiento de la economía está expresando también un empoderamiento popular, está expresando, es expresión también de un control mayor de los trabajadores directos, de los campesinos, de las comunidades organizadas, de los consumidores sobre esos procesos de producción, resulta que encontramos entonces nuestra primera sorpresa.

Encontramos nuestra primera sorpresa digo, porque era de esperarse que tanto la participación del sector público como la participación de la economía social hubiesen crecido en la conformación del producto interno bruto, o sea de ese 100% de todos los bienes y de esos servicios que se generan para poder satisfacer las necesidades de la sociedad lo esperable era que, un creciente porcentaje de esa producción estuviese en manos de la economía social y en manos del Estado y, relativamente un porcentaje menor en manos de esas empresas que operan con la lógica capitalista en maximizar el lucro, de maximizar la ganancia y la rentabilidad.

Resulta que cuando metemos el microscopio, nos damos cuenta que en estos años la economía más bien se hizo más capitalista. Es decir, el peso del sector privado, el peso del sector capitalista privado creció y crece incluso en momentos en los cuales el Estado está lanzando una intensiva para nacionalizar la Electricidad de Caracas, nacionalizar la Cantv, nacionalizar Sidor, la cementera, las redes de comercialización y distribución de alimentos como Éxito y como, paradójicamente el sector privado crece, el sector público también crece y el sector de la economía social también crece, pero crece a distintas velocidades y esta es la explicación del porque a pesar de todo esto la economía mercantil capitalista crece más, más rápido y es allí entonces un de los asuntos que tenemos que revisar para rectificar para poder lograr en los años que viene ese crecimiento económico, se dé sobre todo en los sectores de la economía social y en aquellos espacios que en donde por razones estratégicas se entienda que el Estado debe asumir el control.


Pero no es solamente que crece la economía capitalista, es que cuando uno analiza la distribución del ingreso, es que cuando uno analiza la distribución de la riqueza, es decir cómo se reparte el fruto del esfuerzo productivo entre los patronos, entre los trabajadores, entre el Estado, resulta que nos damos cuenta en esos años también la participación de los trabajadores en lugar de aumentar, se redujo. Y la participación del factor capital de los patronos en la distribución del ingreso en lugar de reducirse, aumentó.

Entonces bueno ¿cómo es esto? ¿Cómo es esto que una revolución que declara su carácter anti-imperialista, que declara su carácter anti-capitalista, que declara su carácter socialista, cómo explicar esto que la economía se haya hecho más capitalista? ¿Cómo explicar esto que en una Revolución que declara su carácter popular, que se cuadra al lado de los trabajadores, resulta que la explotación de los trabajadores se ha intensificado y se ha recrudecido?

Bueno, lo medular de la explicación es que toda esa gama de incentivos que les hablé al comienzo, el sector que mejor los aprovecha, que mejor los utiliza, es justamente ese sector capitalista económico. O sea, esa recuperación de la economía venezolana no se dio gracias a las fuerzas del mercado, o sea, no fueron las fuerzas ciegas del mercado, la mano invisible del mercado la que llevó las empresas a recuperarse, a reactivarse.

Esa economía se recupera gracias a todos esos incentivos que son aprovechados fundamentalmente como ya lo dije por el sector capitalista, por ese sector mercantil. Todos los sectores crecen, solo que como dije antes crece a distinta velocidad.

El sector capitalista privado crece por el canal de 80, o sea, va a un ritmo de crecimiento impetuoso. El sector público que también crece, lo hace, pero lo hace por el canal de 40 y el sector de la economía social, débil, naciente, sin suficiente capacidad de tener accesos a esos incentivos, lidiando con todas la trabas burocráticas, lidiando además con unas condiciones y una reglas para tener acceso a los beneficios que favorecen más que todo a los más poderosos, que parece que fuera diseñados por ellos y en donde todavía queda mucho por cambiar, bueno crece pero lo hace por el hombrillo, y como he dicho muchas veces para ilustrar con una exageración pedagógica, o sea, lo hace con un caucho espichado.

Planteamientos

¿Qué hacer de ahora en adelante entonces para revertir esa situación? Porque si ya hemos reconocido que la causa que genera el desempleo, que genera la pobreza, que genera la exclusión social, es el gran compromiso que tiene la revolución bolivariana con su pueblo, si ya entendemos que es la lógica de la maquinaria capitalista lo que lo genera y, para poder erradicar entonces las causas estructurales que genera esos flagelos sociales lo que hay es que cambiar entonces la economía capitalista, el sistema capitalista, transformarla en un nuevo modelo productivo gobernado por otros principios de cooperación, de solidaridad, de complementación, de equidad, de sustentabilidad y de donde sabemos no es el propio mecanismo del mercado que más bien tiende a reproducir esa lógica del capital lo que va a cambiar sino que tiene que ser con una actuación del Estado, lo que no podemos seguir haciendo en los años que viene es, dirigiendo o concentrando buena parte de estos incentivos fiscales, arancelarios, cambiarios de compra gubernamentales para que los aproveche fundamentalmente nada más y nada menos que las empresas que generan esos flagelos que queremos corregir, porque sino lo que haremos es reproducir justamente el modelo que genera pobreza y exclusión.

Y por eso entonces es uno de los de los planteamientos que hemos venido haciendo desde el Centro Internacional Miranda, es justamente la necesidad de re-orientar, re-direccionar, esos incentivos a favor de esas empresas de la economía social, que en estos momentos aportan menos del 2% del Producto Interno Bruto. Es decir, cuando uno hace el análisis para ver qué porcentaje del calzado, de los alimentos, de las medicinas, los distintos bienes que necesita una familia resulta que apenas el 2% es lo que se produce en la economía social y un 70% sigue estando bajo el control del sistema capitalista, del sector mercantil. Por supuesto todos los problemas de presiones inflacionarias, de acaparamiento, de especulación seguirán reproduciéndose y multiplicándose mientras esa situación no cambie.

Entonces, en adelante una de las cosas que tiene que efectivamente revisarse es esa, lo que no quiere decir que en una economía donde el 70% de la producción está en manos del sector privado, quede excluido de esos incentivos porque tampoco se trata de un bandazo y sin haber creado la economía socialista, entonces apostar a la quiebra o al fracaso de esa otra economía. Tiene que ser muy bien administrado en esa transición solo que en adelante el acceso, el disfrute a esos incentivos por parte del sector capitalista privado tiene que darse sujeto al cumplimiento de unas condiciones, de unos compromisos por parte de ese sector, que recibe todo, que recibe unos créditos baratos del Bandes, del Banco Bicentenario, del Banco de Venezuela, a una tasa de interés que es menos de la mitad de lo que cobra la banca comercial, recibe dólares preferenciales a un precio que es la mitad de lo que dice el mercado, porque lo recibe a 4.30 pero si uno les pregunta cuánto cuesta un dólar, ¿Cuánto cuesta un dólar en el mercado? Nos van a decir 8, nos van a decir 10, y se les da sin embargo ese incentivo, participan en condiciones ventajosas en todas las contrataciones públicas en la construcción de obras, en las compras gubernamentales, reciben materia prima en condiciones favorables de Pequivén, de las empresas básicas de Pdvsa, sin que cumplan ningún compromiso con la construcción de ese modelo productivo o sin que cumplan ningún compromiso en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

En adelante entonces, el acceso a esos incentivos debería quedar condicionado al cumplimiento de una serie de objetivos y de metas muy concretas para erradicar la pobreza y la exclusión social. Yo creo que entonces ese es el gran reto, de la gran tarea que viene, para que efectivamente podamos ver como en un modelo productivo que durante muchos años o varios años seguirá siendo una economía mixta, con una presencia importante del sector privado y del sector público en la economía social, el sector que más crezca sea ese sector productivo y que esté en manos de los trabajadores, que esté en manos de las comunidades, en manos de los consumidores organizados, que sea capaz de generar una abundante oferta de bienes y servicios de altísima calidad, de precios muy solidarios para poder satisfacer nuestras necesidades.

Creemos que la Revolución ha avanzado en el plano social, hemos en corto tiempo logrado la mejora de importantes indicadores sociales que han sido reconocidos incluso por distintos organismos internacionales, ha habido una revolución política, porque en Venezuela el mapa político cambió, pero la gran asignatura pendiente que tenemos todavía es en materia económica, o sea, en materia económica la Revolución tiene que plantearse objetivos y metas mucho más claros porque una revolución política sin una revolución económica, una revolución social sin una revolución económica es una revolución insostenible, inviable en el mediano y largo plazo, por eso el gran reto de ahora en adelante y lo ratifico una vez más, es reorientar todos esos incentivos de políticas públicas en función de sector de la economía social, de la economía solidaria de la economía popular, de condicionar el acceso a esos incentivos por parte del sector privado al cumplimiento de los objetivos y metas muy concretas en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. -

En defensa de las reservas internacionales

El errático comportamiento de las economías estadounidense y europea se refleja en el debilitamiento del dólar y el euro. Ante un mercado interno abatido por los estragos de la crisis, sus posibilidades de recuperación dependerán de la evolución de las exportaciones y no de la demanda agregada interna. Pero una moneda fuerte frena las ventas en el exterior. A los exportadores siempre les conviene una moneda devaluada, mientras que para los importadores un tipo de cambio sobrevaluado es lo mejor. Por eso, los gobiernos de esas potencias apuestan a la devaluación de sus propias monedas y exigen a China y otros países competidores que revalúen sus monedas.

La guerra entre los especuladores se ha exacerbado y los ataques contra el dólar y el euro erosionan la capacidad de estas monedas como reserva de valor, obligando a sustituirlas por otras divisas menos vulnerables. Especialistas coinciden en señalar que las nuevas turbinas de la economía mundial son los 5 países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y sugieren tomar posiciones de reservas internacionales en sus monedas. De hecho, un creciente porcentaje está denominado en la divisa de las economías más sólidas del BRICS, las cuales no dejan de crecer mientras las otras se desploman.

Los países del sur suelen tener parte de sus reservas en letras del tesoro estadounidense, por las cuales reciben un interés en torno al 1 %. Pero al solicitar préstamos a instituciones internacionales se ven obligados a pagar una tasa superior al 8%. Reciben poco por lo que se entregan pero entregan mucho por lo que reciben. Por eso surge el Banco del Sur, para que un porcentaje creciente de estas reservas sea depositado en él, a una tasa de interés mayor a la que pagan las letras del tesoro; pero a su vez, pagando por los préstamos una tasa menor a la que cobran los organismos financieros internacionales.

Venezuela mantiene reservas en torno a los $ 29.000 millones, de las cuales 18.000 están en oro. El resto está denominado en dólares, euros, derechos especiales de giro y otros instrumentos financieros depositados en bancos de Estados Unidos y de Europa. Y el oro, en lugar de estar en las bóvedas del BCV, está custodiado en otros países.

La declaración del carácter antiimperialista y socialista de la Revolución Bolivariana implica un riesgo político real que ya tuvo su primera manifestación en el intento fallido de la Exxon de embargar $ 12.000 millones en activos de PDVSA. Buena parte de las reservas internacionales de Libia, que ascienden a $ 200 mil millones, también fueron embargadas. Para un proceso asediado por el interés de las grandes corporaciones transnacionales de controlar la riqueza petrolera de Venezuela, la amenaza de embargo sobre las reservas internacionales tenía que ser conjurada.

La nacionalización del oro puede beneficiar al ciudadano común en la medida que pueda adquirir títulos emitidos por el BCV respaldados por oro. Estos se cotizarían en la Bolsa Pública y a través de un mercado secundario debidamente regulado se podrían transar según el precio del mercado, tal como se hace con la onza troy de oro. Esto ayudaría a recoger el exceso de liquidez que se destina a especular con dólares, euros, inmuebles, terrenos, vehículos y otros bienes y servicios. Asimismo, estimularía la repatriación de las colocaciones en dólares y euros que empresas, inversionistas y particulares mantienen en el exterior, contribuyendo así al fortalecimiento de la economía venezolana y del signo monetario nacional.

lunes, 15 de agosto de 2011

Hay que estimular la producción para derrotar la inflación

Texto completo de la entrevista concedida a la periodista
Patricia Rondón, publicada en PRIMICIA

1. ¿Cómo se podría definir la Ley de Costos y Precios Justos. Para qué servirá?

Parto de la buena voluntad que inspira el esfuerzo por aprobar esta Ley. Más allá de lo que está escrito en el objeto de la ley, la defino como un nuevo intento del gobierno para enfrentar las ganancias especulativas que ejercen una permanente presión alcista sobre los precios y anulan los incrementos salariales que anualmente se aprueban para favorecer la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores que viven de un ingreso fijo. Por supuesto, no pueden estar de acuerdo con esta ley quienes se acostumbraron a enriquecerse de la noche a la mañana, imponiendo altos precios que garantizaban márgenes de beneficios extraordinariamente superiores a la tasa de interés o de inflación, que deberían ser dos referencias para estimar un margen de ganancia razonable.

2. ¿Cómo incidirá su aplicación en la economía venezolana?

Dependerá de la eficiencia con la que se aplique. Si se aplica bien tendremos muy satisfechos a una inmensa mayoría de consumidores que viven de un ingreso fijo y encontrarán en el mercado una abundante oferta de bienes y servicios de buena calidad y precios solidarios. A su vez, los productores tendrán asegurado un margen razonable de ganancias y podrán seguir operando en un mercado con un creciente poder de compra. Pero esta ley debe ir acompañada de una revisión y rectificación de la política económica, particularmente de la sobrevaluación del tipo de cambio. El subsidio al dólar se traduce en un subsidio a las importaciones que desplazan la producción nacional. El uso de la política cambiaria como instrumento de política antiinflacionaria está agotado. Se otorgan dólares preferenciales pero el precio de venta las mercancías importadas se calcula con base al dólar del mercado paralelo.

3. Sin se aplica tal como está planteada hasta ahora ¿qué cambiará en el país dentro de un año?

Los empresarios exigen transparencia y reglas claras del juego, pero a la hora de poner sobre la mesa la información sobre sus costos de producción y márgenes de ganancia montan toda una alharaca. Si se aplica cómo está planteada el país sabrá lo que se importa con dólar preferencial y, por lo tanto, no se puede vender como si se importara al dólar del mercado paralelo. También habrá más transparencia en el conocimiento de la estructura de costos y en la formación de los precios. La ley es útil para enfrentar la especulación, pero la mejor estrategia antiinflacionaria es el crecimiento y desarrollo de un nuevo modelo productivo capaz de generar una abundante oferta de bienes y servicios de alta calidad y precios solidarios para sustituir importaciones y diversificar las exportaciones. Hay que estimular la producción nacional para derrotar la inflación.

4. ¿Cómo debe ser su reglamento, qué orientaciones debe tener?

El reglamento es clave para acordar los sistemas automatizados y confiables de recolección y análisis de la información, para establecer los mecanismos de toma de decisiones concertadas entre empresarios, consumidores y gobierno que eviten decisiones arbitrarias y discrecionales de la burocracia. Por eso debe dejar clara la frecuencia de revisión y ajuste de la estructura de costos y los criterios con base en los cuales se fijarán los precios. Del reglamento dependerá la flexibilidad, dinamismo y oportunidad con el que se aplique esta Ley.

5. ¿Esta ley generará escasez, inflación?

No necesariamente. La clave está en su aplicación dinámica y oportuna. Hay que entender que la fijación de precios se hará en los productos de consumo final, pero no sobre los precios de la fuerza de trabajo, materias primas, bienes intermedios, maquinarias y equipos. Si el precio de todos estos insumos que se requieren para producir aumenta de manera incesante, obviamente se incrementarán los costos y habrá que ajustar oportunamente los precios antes de que estos se queden por debajo de los costos de producción. Si se quedan anclados los precios de venta del bien de consumo final mientras los precios de los insumos no dejan de aumentar, se castigaría el margen de ganancias y hasta se generarían pérdidas. En tales condiciones, ni siquiera las empresas de la economía social podrían producir. Si esto se tiene claro por parte de los administradores de la ley y se actúa consciente y responsablemente, de manera flexible, dinámica y oportuna, no tienen porqué castigarse la producción, ni causar escasez, acaparamiento o especulación. Ese es el reto.

6. ¿Cómo incidirá en la competencia y en la eficiencia de las empresas?

No todos los productores tienen el mismo costo, hay unos muy competitivos y otros demasiado ineficientes. Estos últimos argumentarán que es injusto fijar el precio con base en los costos de los productores más competitivos. Pero si el precio de venta se fija con base en los altos costos de las empresas más ineficientes, entonces se castigará al consumidor y se facilitará la obtención de ganancias extraordinarias a los productores más competitivos que tienen los menores costos. Para que la Ley logre su objetivo de favorecer al consumidor los precios se deben fijar con base en los costos de los productores más eficientes y apoyar a través de incentivos de política tecnológica e industrial una mejora sostenida de la productividad, calidad y competitividad de los productores más débiles e ineficientes. Es muy importante promover la creación de miles de empresas de la economía social, sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida, que compitan con las empresas mercantiles y las obliguen a bajar sus precios. En Venezuela es muy baja la densidad empresarial y por eso predominan las prácticas monopólicas y oligopólicas, no hay competencia, por el contrario se tiende a cartelizar los precios.

7. ¿Servirá esta ley para financiar el socialismo a través de recaudaciones o multas?

El socialismo venezolano es rentista. Es la inversión social de buena parte del ingreso petrolero lo que ha permitido mejorar en corto tiempo los indicadores sociales que miden la calidad de vida y grado de bienestar de la sociedad. Pero el socialismo venezolano debería ser más solidario y menos rentista. Quiero decir que debería financiarse con una mayor contribución de los sectores que más ingreso tienen, a favor de la población más vulnerable y excluida. Sin embargo, la presión fiscal en Venezuela sigue siendo muy baja y la evasión en el pago del ISR y otros impuestos y tasas le resta al fisco importantes ingresos. Aquí ni siquiera se cobra impuesto a los activos empresariales, no se cobra peaje en las autopistas, no se cobra impuesto indirecto a través de la gasolina que casi es regalada, ni se recauda el impuesto predial. Hasta el dólar se vende a mucho menos del precio que dice el mercado y con esto se subsidia a una burguesía importadora, se castiga al aparato productivo y se sacrifican importantes ingresos fiscales que se podrían recaudar si la divisa se vendiera al precio justo. El gasto público, los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías se financian fundamentalmente con la renta petrolera. Lo que se puede recaudar por multas son migajas en comparación con la magnitud de la renta petrolera. Es falso que esta ley sea para financiar el socialismo.



miércoles, 20 de julio de 2011

La industrialización socialista

La desindustrialización de la economía venezolana comienza en 1988 y se acentúa en los años siguientes. En 1987 se alcanza el máximo grado de industrialización, con un aporte de la manufactura al PIB de casi 20 %. Desde entonces cae de manera ininterrumpida hasta un nivel de 15% en el año 2010.
Ni el proteccionismo a ultranza ni la apertura indiscriminada pueden ser las opciones de política indus¬trial en Venezuela. La industrialización de la economía venezolana tiene que ser un proceso planificado de rápido crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en maquinarias, equipos y bienes de consumo final, con el fin de satisfacer las crecientes demandas y necesidades de la población y la producción. Es necesario estimular un proceso eficiente de sustitución de importaciones que no pierda de vista la necesidad de exportar. La sustitución de importaciones debe proseguir, pero su modalidad debe cambiar y tornarse mucho más selectiva y programada. Los principios de selectividad, racionalidad y reciprocidad son claves para relanzar con éxito el proceso de industrialización.
Principios de la industrialización socialista 
La industrialización socialista debe basarse en un conjunto de principios rectores tales como: el impulso a nuevas formas de propiedad social; creciente inclusión social y empoderamiento popular sobre la producción de los bienes destinados a satisfacer sus necesidades básicas y esenciales; distribución equitativa de la riqueza generada a partir del esfuerzo colectivo; preservación del ambiente; desarrollo equilibrado de las regiones; complementación de capacidades y recursos en el marco de la integración latinoamericana. Esto implica asegurar:
• Un crecimiento más acelerado de la industria manufacturera que el del PIB y el crecimiento de la población: la industria como sector dinámico que impulsa el desarrollo integral.
• Un crecimiento de la producción industrial superior al crecimiento de la demanda agregada interna.
• Un aumento de la inversión extranjera para transferencia tecnológica, formación de talento humano, asistencia técnica e industrialización local.
La industrialización de Venezuela no será obra del mercado. Se requiere una intervención inteligente del Estado para acordar los objetivos que se pueden alcanzar en materia de desarrollo industrial e identificar los instrumentos más efectivos para lograrlos. Es clave la armonización de la política macroeconómica y microeconómica, comenzando por la fijación de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera.
Ni absolutismo de Estadodo ni fundamentalismo de mercado pueden ser los extremos en los que se debata el reimpulso a la industrialización. La idea de una ausencia total de intervención estatal es una con¬cepción tan absurda e irreal como la de concebir una socie¬dad donde la iniciativa privada no tenga cabida. En la construcción del socialismo venezolano, el Estado sustituye al mercado como rector del desarrollo, pero no como el principal mecanismo a través del cual se realiza la producción y la distribu¬ción. Más bien lo regula y reorienta hacia las grandes prioridades del desarrollo económico y social de la Nación.
El empresario socialista
Según el DRAE empresa significa “Acción de emprender. Acción arriesgada o de cierta dificultad en especial cuando se emprende con la intervención de varias personas. Unidad económica de producción de bienes y servicios”. Mientras que empresario lo define como “1) Director de una empresa que reúne los factores de producción y los dispone con arreglo a un plan para obtener su mejor rendimiento. 2) Propietario o contratista (…) que contrata los servicios de otras personas a cambio de una remuneración”.
En el socialismo del siglo XX, la figura del empresario fue satanizada y reducida a la del explotador del trabajo ajeno y depredador del ambiente. Con el argumento de desterrar cualquier posibilidad de restauración capitalista se prohibió y penalizó el emprendimiento particular y colectivo, inhibiendo así la creación de empresas productivas. Esto originó una permanente escasez de los bienes y servicios más elementales para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población.
El socialismo del siglo XXI no puede quedar preso de esas ideas muertas y obsoletas. Por el contrario, tiene que reconocer la importancia de promover y apoyar el desarrollo de un nuevo tipo de empresario, comprometido con la construcción de un modelo productivo diferente, en el que se erradiquen las causas estructurales del desempleo, la pobreza, la exclusión social y se preserve el ambiente para las generaciones futuras.
Diferencias entre el empresario capitalista y el empresario socialista
A diferencia del empresario capitalista que está motivado por fines de lucro, el empresario socialista está animado por su vocación de servicio y principios de cooperación y complementación. No crea nuevos productos para inducir necesidades superfluas y rendirle culto a la sociedad de consumo que confunde la felicidad y el bienestar con la riqueza material, que aliena la conciencia de los seres humanos para que vivan pendientes de la próxima moda, exacerbando el consumismo como estrategia para vender más y así ganar más. Más bien, es un líder con capacidad para planificar, organizar y dirigir con éxito la producción de los bienes y servicios que necesita la sociedad. Crea empresas de propiedad colectiva gracias al financiamiento público y otros incentivos arancelarios, fiscales, financieros y cambiarios que el Estado les concede. Son empresas de la economía social, sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida, llamadas a generar un creciente excedente, el cual no es distribuido como ganancia capitalista sino invertido como ganancia social en beneficio de los trabajadores y de la comunidad
El empresario socialista tiene conciencia política. Sabe que si no se transforma el actual modo de producción lo que está en juego es la propia vida del planeta. Por eso asume el compromiso de construir un nuevo modelo productivo sustentable, gobernado por el valor del trabajo, el esfuerzo productivo, la participación popular, con nuevas formas de propiedad social sobre los medios de producción, que incluyan pero vayan más allá de la propiedad privada y estatal como las únicas formas de propiedad. El empresario socialista es un agente de cambio, un promotor y protagonista de las grandes transformaciones que el país necesita, un constructor de la nueva sociedad.

domingo, 19 de junio de 2011

Ausente presencia

Caracas, 19 de junio de 2011

Ausente presencia:

Cuando te fuiste me invadió una culpa voraz. Me quedé con la certeza de que pude haber hecho mucho más para que no te marcharas de esa manera, que no hice todo lo que se podía. Ese día tu fatiga, tu voz estremecida y tus confusiones anunciaban ya la despedida. Pero yo no supe interpretar esas señales.

¿Por qué no supe entender tu tristeza aquella vez que te robaron buena parte del sueño por el que tanto habías luchado?. ¿Por qué no fui capaz de sentir el dolor que estalló con semejante fractura y se hizo infinito hasta aquel diciembre que pasamos juntos en Caraballeda?. Ahora que también me duelen los estragos del tiempo vengo a entender que, con tantas averías, nadie quiere ser eterno. Y así no hay nada más humano que cansarse de tanto resistir. ¡Qué distinto habría sido todo si hubiese entendido a tiempo que tu vida dejó de ser vida para transformarse en una épica de la resistencia, en una heroicidad, en una hazaña cotidiana!.

Recuerdo aquella vez que te plantee mi intención de separarme. Me dijiste que cuando uno está enamorado la pareja le parece perfecta, y lo que para otros es un defecto a todas luces, para uno es una virtud, un atributo. Me veías danzando en la euforia del enamoramiento, hechizado por el descubrimiento, hundido en la magia de la atracción y de la seducción, en el excitante desafío del miedo a ser vencido. Y te empeñabas en que el amor es otra cosa: la certeza de seguir juntos en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y la precariedad, en la fama y el anonimato, en el poder y el desamparo.

Mira, no es momento de sacar cuentas y pasar facturas, no quiero sacarte nada en cara. Al igual que tú, yo también miré para los lados, me desvié del camino y tuve mis encunetadas. No he sido un santo. Pero mientras yo ardía en la silenciosa hoguera de mi rabia, tú siempre llegabas con tu grúa de comprensión infinita, a remolcarme antes de que terminara de caer al fondo del barranco. Y así me enseñaste que perdonar es perdonarse, es liberarse de ese rencor que es un dolor supremo, un tormento que solo sana cuando quedamos libres de culpas y remordimientos, sin afanes de venganza.

Pero te cansaste y te marchaste. No me opuse, no me desesperé, ni grité. Tampoco lo acepté. Más bien, ese día me puse mi mejor traje y encontré la reserva de serenidad que hacía falta. Parecía un gerente, ocupándome de todos los detalles para que tuvieras una digna despedida. En esas circunstancias, muchos otros hacen suya nuestra pena, como si de una muerte se tratara, como si a un entierro hubiesen sido convocados.

Ya no estamos juntos para glorificar nuestras luchas cotidianas, aunque no dejo de escuchar tus proclamas: “Dios aprieta pero no ahoga”, “El momento más oscuro de la madrugada es justo antes del amanecer”, “No importa cuántas veces uno se caiga, lo importante es levantarse”. A pesar de la escasez de aquellos tiempos siempre encontraste la manera de premiar mi mejor esfuerzo, aunque a veces no lograra todo lo que me proponía. Pero también me castigaste por mis inmadureces e imprudencias. Así templaste mi carácter y aprendí a diferenciar lo malo de lo bueno, lo justo de lo injusto. Y con esas herramientas que me diste salí a caminar por la vida, creyendo en causas perdidas y otras no tan perdidas, siempre lleno de idealismo.

Quién iba a pensar que este incrédulo terminaría hablando solo contigo, como si fueran comunicaciones del más allá, encuentros cercanos de algún tipo. Pasan los años y todavía no me acostumbro a estar sin ti ¿Lo entiendes?. Quiere decir que a veces me entristece no poder hacerte cosquillas y disfrutar tus carcajadas; quiere decir que me hacen falta aquellas conversaciones sobre los grandes sucesos cotidianos; quiere decir que extraño tender mi mano y no encontrar la tuya para agarrarla y apretarla, quiere decir que aún busco tu abrazo, quiere decir que no te olvido, viejo, que no te olvido. Cuánta razón tuvo aquel amigo que al momento de darme el pésame me dijo al oído: “la muerte no llega con este viaje sino con el olvido”.

Hoy no es el día de tu cumpleaños ni un año más de tu partida, es el Día del Padre y te extraño, como te he extrañado tantos días. Pero te siento a mi lado papá, porque aunque sea de otra manera, nunca has dejado de estar conmigo

¡Siempre!

Tu hijo

Víctor