lunes, 5 de septiembre de 2011

Leyes del Poder Popular abren espacio a un nuevo modelo de propiedad social

ENTREVISTA A VICTOR ALVAREZ
CLODOVALDO HERNÁNDEZ / ESPECIAL PARA CIUDAD CCS

Usted escribió un libro sobre los riesgos de que el burocratismo y los esquemas socialistas del siglo XX, acaben con el socialismo del siglo XXI. ¿Ha recibido alguna respuesta alentadora?

—La respuesta al alerta la encontramos en la creación de un nuevo marco legal que abre amplios espacios para un nuevo modelo de propiedad social. Se aprobaron las leyes del Poder Popular, Planificación Pública y Popular, Contraloría Social, del Sistema Económico Comunal y la reforma a la Ley de Consejos Comunales. Son instrumentos para conjurar la amenaza del burocratismo y de un exagerado peso de la propiedad estatal. En el socialismo del siglo XX, la estatal era prácticamente la única forma de propiedad: desde una peluquería hasta una siderúrgica. En ese caldo de cultivo fermentaron poderosas élites burocráticas que secuestraron la revolución y administraron la propiedad pública como si fuera su propiedad privada.

—¿Las decisiones del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba pueden ayudar a que en Venezuela tengan eco posiciones como las suyas?

—Entre Venezuela y Cuba ha habido retroalimentación. La Revolución Bolivariana ha influenciado en las reflexiones y decisiones de Cuba. Y, por otro lado, la Revolución Cubana siempre es una inspiración para cualquier otra en Latinoamérica y el mundo porque nunca abjuró de sus ideales. Permitir el emprendimiento particular, familiar, colectivo, va a ser un detonante de las capacidades de mucha gente, familias que tienen sus proyectos particulares. Hasta ahora se ha hablado de la propiedad estatal como fórmula para liberar a los trabajadores de la explotación, pero comprobamos en las experiencias fracasadas del siglo XX que estatizar no necesariamente es socializar. Muchas veces es la expresión de un capitalismo de Estado que repite las relaciones de enajenación que se cuestionan al sistema capitalista. La salida es el empoderamiento de las comunidades, de los trabajadores organizados, que se sientan copropietarios sociales de esos medios de producción y ejerzan su capacidad de decisión para remunerar su trabajo y distribuir e invertir los excedentes.

—¿Esas élites burocráticas son una modalidad de corrupción?

—En el pasado, las élites se concedieron muchos beneficios y privilegios, altos sueldos, bonificaciones, incentivos. El Presidente ha sido crítico de eso porque significan apropiación de recursos públicos. Ese secuestro que ejecuta la burocracia sobre la propiedad pública la convierte en una especie de burguesía funcional. Igual que la burguesía, se apropia del excedente que generan los trabajadores, sin ninguna contraprestación. En la práctica, ejercen funciones de burguesía.

—¿Qué relación hay entre esa burguesía funcional y eso que llaman la boliburguesía?

—Sobre eso también hemos alertado: la Revolución Bolivariana ha sido muy permeada por oportunistas, incluso algunos que se han beneficiado de contrataciones públicas, préstamos estatales, exoneraciones arancelarias. Esos terminan siendo reproductores de las relaciones capitalistas de producción que la revolución cuestiona. Hay un grupo de empresarios que levantan las banderas del socialismo cuando en la práctica explotan a los trabajadores, contaminan el ambiente, ejercen tráfico de influencias y pagan comisiones. Es una desviación muy dañina porque genera desencanto y desilusión. La gente termina pensando que todo es más de lo mismo y hasta más de lo peor.

—¿Tienen nombre esas personas, esos grupos?

—El país sabe y ve quiénes ayer eran unos ciudadanos de a pie y hoy son prósperos empresarios; quiénes eran trabajadores que vivían de un ingreso fijo y ahora son magnates. ¿Cómo acumular una enorme fortuna en meses o años? Bueno, con la explotación intensiva de muchos trabajadores o con negocios oscuros con el dinero del Estado.

—Como ex ministro de Industrias Básicas y Minería: ¿se puede lograr la propiedad social con el nivel actual del movimiento sindical, en parte atomizado y en parte desideologizado?

—Una cosa es el interés genuino, íntegro, honesto del trabajador de base y otra, los intereses corporativos y grupales de quienes se disputan el control de los sindicatos y de las empresas. Esos grupos de rapiña que se disputan el poder, han llegado a paralizar las empresas, lo cual es un crimen porque abona al fracaso del empoderamiento de los trabajadores y lo desacreditan ante el país. Cualquier ciudadano, al ver aquel bochinche, puede pensar que esa no es la vía.

—Ha habido incluso violencia y crímenes por encargo. ¿Es posible quitar las élites corruptas y dar paso al control obrero real?

—El momento más oscuro de la madrugada es justo antes del amanecer. Por muy desalentador que se vea el panorama, la indignación de la base trabajadora, su decisión firme de ponerle límite a semejante voracidad, abrirá los caminos del control obrero y el empoderamiento popular.

—El Centro Internacional Miranda es muy criticado por otra tendencia interna, la del Grano de maíz, (autores de la columna del diario Vea). ¿Por qué no debaten y avanzan en una misma dirección?

—En el Centro Internacional Miranda asumimos el compromiso por la buena marcha de la revolución, con una voz crítica pero muy leal y comprometida. Hablamos desde el dolor y la preocupación de ver las desviaciones, los errores. Queremos proponer correctivos. Nuestra crítica siempre ha sido muy propositiva, no creemos en ella como profesión. Quienes honestamente estamos preocupados por la buena marcha de la revolución y hemos atendido el llamado del Presidente de revisar, rectificar y corregir, tenemos que encontrarnos en el camino.
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Tanque lleno de libros

Víctor Álvarez debe ser uno de los miembros del Centro Internacional Miranda (CIM) que más contribuye a mantener lleno ese “tanque de pensamiento” de la Revolución Bolivariana, al menos si se juzga por las obras escritas.

En el lugar de honor está el libro "Venezuela: ¿Hacia dónde va el modelo productivo?", que ganó una mención honorífica del Premio Internacional Libertador y el Premio Municipal “Gustavo Machado” al Pensamiento Político, en 2009. Es coautor, junto a Davgla Rodríguez, de una "Guía teórico-práctica para la creación de empresas de producción socialista" y ha presentado una serie de cinco "Cuadernos de Educación Comunal" en los que diserta sobre el capitalismo, el neoliberalismo, el socialismo del siglo XXI, los TLC y la ALBA. En 2010 mantuvo el flujo hacia el tanque con "Del Estado burocrático al Estado comunal", en el que alerta sobre el riesgo de una excesiva propiedad estatal.

Álvarez, se graduó de economista en La Habana en 1985 y se postgraduó en el Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes), el Instituto Venezolano de Planificación (Iveplan) y la Universidad Carlos III, de Madrid.

Fue ministro de Industrias Básicas y Minería, presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, del Banco de Comercio Exterior y del Fondo de Reconversión Industrial. Más allá de la teoría, pues, algo sabe del tema de la propiedad estatal y del temible burocratismo.

jueves, 25 de agosto de 2011

No basta con reactivar la economía: lo que importa es transformarla

Ponencia presentada por Víctor Álvarez en el Foro "Claves para el reencuentro de fuerzas progresistas y revolucionarias" realizado en el CIM con la participación de Juan Carlos Monedero, Miguel Angel Pérez Pirela, Nicmer Evans
y la moderación de Luís Bonilla

Hoy voy hacer una reflexión sobre el campo de la economía, tratando de presentar para el debate lo que son los factores, que están todavía pendientes, los objetivos que todavía están pendientes.

¿Y qué hacer entonces para lograrlo? Porque la idea es que tengamos una jornada muy propositiva, que si bien es cierto la hacemos desde la critica leal y comprometida con la revolución, lo hacemos también desde los temas que nos preocupan, que nos duelen y que necesariamente tienen que ser atendidos y abordados para avanzar.

Bien, la Revolución Bolivariana triunfó con la promesa de derrotar el desempleo, la pobreza, la exclusión; ese ha sido la gran motivación, el gran propósito de este proceso de transformación, de cambio.

La Revolución Bolivariana desde un primer momento no se planteó la construcción del socialismo, es años después que declara su carácter anti- imperialista, es años después que declara carácter anti-capitalista, es años después que declara su carácter socialista.

¿Y por qué lo hace? ¿Por qué no plantea desde un primer momento la construcción del socialismo? Eso no estaba claro en el año 98, lo que estaba claro era la necesidad de erradicar esos flagelos sociales que antes comenté.

Y no es, sino a partir del calor del debate que se da en distintas organizaciones de base del propio gobierno, en las organizaciones políticas que apoyan al proceso, que se termina reconociendo que la lógica que generan esos problemas, la lógica que genera desempleo, que genera pobreza, que genera exclusión social, es la propia lógica del sistema capitalista de producción, de la organización social, económica y política, que le es inherente, que le es propia, al sistema capitalista; o sea, cuando se comienza a discutir y se retoma el debate sobre la tensión fundamental en la economía capitalista, la contradicción fundamental que se da entre el capital y el trabajo, entre el interés del trabajador de lograr una mayor remuneración por su esfuerzo productivo, de igual manera que ese sueldo, que ese salario, no solamente le alcance para comprar a duras penas la canasta alimentaria, sino que incluso pueda comprar, adquirir otros bienes, otros servicios, que llegan mucho más allá de los alimentos, pero que son necesarios o imprescindibles para satisfacer sus necesidades básicas, sus necesidades esenciales, allí se crea una tensión.

Porque ya sabemos cuál es, la resistencia de la oposición, del factor capital, del empresario capitalista, a la hora de reconocer y de satisfacer las aspiraciones y las demandas salariales o de beneficios laborales de los trabajadores. Esa tensión entre los trabajadores que requieren y quisieran una jornada laboral más reducida y la pretensión del patrono, del que contrata a los trabajadores de prolongar lo más que pueda su jornada de trabajo, incluso sin ni siquiera reconocerle el pago de horas extra.

Cuando se da ese debate sobre, como esa contradicción, es justamente la causa, la razón, que genera esos problemas de desempleo, de pobreza, de exclusión, es que entonces la revolución retoma la crítica al capitalismo y declara su carácter socialista. Esto ocurre claramente, de manera abierta, en las elecciones del año 2006 cuando en la campaña electoral, el propio presidente Chávez dice: “el que vote por Chávez, vota por el socialismo” y al año siguiente la Asamblea Nacional aprueba el proyecto, le da carácter de Ley al Proyecto Nacional Simón Bolívar, el Primer Plan Socialista de la Nación.

En todos esos años ¿qué pasó en la economía? entonces aquí viene el tema de los asuntos que es necesario revisar y que es necesario rectificar si efectivamente queremos avanzar en la orientación estratégica que nos hemos planteado.

En los primeros años la política económica se basa, se centra, en reactivar el aparato productivo existente, es decir la revolución bolivariana no hereda una economía socialista, no hereda una economía social, la Revolución Bolivariana trabaja e interactúa con el modelo productivo que había y que hay, que era fundamentalmente conformado por empresas mercantiles, por empresas de naturaleza capitalista que aspiran maximizar su ganancia, a maximizar su rentabilidad y que en ese afán, de optimizar o de maximizar su lucro y su beneficio, esa contradicción entre del factor capital y el factor trabajo, se acentúa y se recrudece. Pero ese es el aparato productivo de naturaleza mercantil que hereda la revolución.

En los primeros años, en la necesidad de reducir los enormes niveles de desempleo que recibió la revolución de la cuarta república; no olvidemos que la tasa de desempleo estuvo por encima del 14, 15% durante los primeros años. En el año 2002, 2003 fueron años tan críticos para el país a raíz del golpe de Estado, del paro empresarial y del sabotaje a Pdvsa, la tasa de desempleo abierto llegó a estar en veinte 20%, 20.3 % que semejante es que el tiene hoy España con su crisis, para que tengamos una idea de lo terrible del problema para aquel entonces. Y los que tenían trabajo, los que tenían un empleo, de esos casi el 60% estaba trabajando en el sector informal, que todos sabemos que es un empleo de bajísima calidad.

Entonces, en esos primeros años, el propósito era justamente resolver el problema del desempleo y buena parte de los incentivos de la política económica, de las exoneraciones arancelarias, de los créditos a baja tasa de interés y largo plazo, los dólares preferenciales, los dólares a mitad de precio de lo que indicaba el mercado, del suministro de materias primas de condiciones preferenciales, la capacitación técnica y productiva, las exoneraciones de impuesto sobre la renta o del IVA, en fin, toda esa amplia gama de instrumentos de política económica que puede manejar el gobierno bolivariano, son ofrecidos a ese aparato productivo en función de reactivarlo, de reanimarlo.

Y partir de ahí entonces, muchas de esas empresas que estaban moribundas, que estaban trabajando al 50 al 40% de su capacidad instalada, al borde de la quiebra, empiezan a recibir de esos incentivos en ese propósito de evitar que terminaran de cerrar para que no se agravara el problema del desempleo. Y es allí entonces cuando, se da un largo periodo de crecimiento de la economía venezolana que arranca en el último trimestre del año 2003, es decir, cuando uno revisa las estadísticas uno ve que ese proceso de recuperación de reactivación de la economía que se extendió hasta el primer trimestre del año 2009, fue justamente gracias al despliegue de todos esos apoyos públicos, de todos esos incentivos.

Y efectivamente se logró reactivar el aparato productivo, se generó muchísimo trabajo, muchísimo empleo en esas empresas y en cierta medida se cumplió el objetivo de abatir los altos niveles de desempleo informal, de empleo formal y reducir también contribuir a la reducción de la pobreza y de la exclusión.

Ahora, cuando uno profundiza un poco, para ver qué era lo que estaba creciendo, porque hemos hablado que la economía se reactivaba cada vez que el Banco Central de Venezuela publicaba su informe trimestral y decía que la economía había crecido, bueno celebrábamos y aplaudíamos el éxito de la política economía.

Pero cuando comenzamos a ver, que era lo que estaba creciendo, empezamos analizar la conformación de la economía venezolana, la conformación del producto interno bruto, hay una serie donde se explica cuánto del total que se produce en el país lo ponen las empresas públicas, cuánto del total que ponen de la economía nacional lo ponen las empresas capitalistas, las empresas privadas que explotan al trabajador, que contaminan al ambiente, que pisotean los valores éticos y morales más básicos y elementales, esas cuentas también permiten ver cuánto del total de la producción en el país están en manos de la economía social.

Y para un gobierno que si bien declaró su carácter socialista fue en el año 2006, pero desde un primer momento fue un gobierno popular, gobierno que en el 2006 declaró su carácter socialista, formalmente, por eso comencé haciendo la explicación, porque una cosa fueron las primeras referencias que hizo el Presidente en el evento de los intelectuales y en el Foro de Brasil, pero una cosa es la declaración ya formal del carácter socialista de la revolución; o sea, hay una premisas, unos antecedentes, pero la declaración formal es en la campaña en el año 2006 y realmente ya adquiere carácter de política de Ley cuando se aprueba el Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista de la Nación.

Entonces, ahí es en donde trazo la raya. Siempre el gobierno tuvo un carácter progresista, revolucionario, identificado con la población más vulnerable, con los sectores más empobrecidos. Entonces, cuando revisamos eso, para ver si efectivamente ese crecimiento de la economía está expresando también un empoderamiento popular, está expresando, es expresión también de un control mayor de los trabajadores directos, de los campesinos, de las comunidades organizadas, de los consumidores sobre esos procesos de producción, resulta que encontramos entonces nuestra primera sorpresa.

Encontramos nuestra primera sorpresa digo, porque era de esperarse que tanto la participación del sector público como la participación de la economía social hubiesen crecido en la conformación del producto interno bruto, o sea de ese 100% de todos los bienes y de esos servicios que se generan para poder satisfacer las necesidades de la sociedad lo esperable era que, un creciente porcentaje de esa producción estuviese en manos de la economía social y en manos del Estado y, relativamente un porcentaje menor en manos de esas empresas que operan con la lógica capitalista en maximizar el lucro, de maximizar la ganancia y la rentabilidad.

Resulta que cuando metemos el microscopio, nos damos cuenta que en estos años la economía más bien se hizo más capitalista. Es decir, el peso del sector privado, el peso del sector capitalista privado creció y crece incluso en momentos en los cuales el Estado está lanzando una intensiva para nacionalizar la Electricidad de Caracas, nacionalizar la Cantv, nacionalizar Sidor, la cementera, las redes de comercialización y distribución de alimentos como Éxito y como, paradójicamente el sector privado crece, el sector público también crece y el sector de la economía social también crece, pero crece a distintas velocidades y esta es la explicación del porque a pesar de todo esto la economía mercantil capitalista crece más, más rápido y es allí entonces un de los asuntos que tenemos que revisar para rectificar para poder lograr en los años que viene ese crecimiento económico, se dé sobre todo en los sectores de la economía social y en aquellos espacios que en donde por razones estratégicas se entienda que el Estado debe asumir el control.


Pero no es solamente que crece la economía capitalista, es que cuando uno analiza la distribución del ingreso, es que cuando uno analiza la distribución de la riqueza, es decir cómo se reparte el fruto del esfuerzo productivo entre los patronos, entre los trabajadores, entre el Estado, resulta que nos damos cuenta en esos años también la participación de los trabajadores en lugar de aumentar, se redujo. Y la participación del factor capital de los patronos en la distribución del ingreso en lugar de reducirse, aumentó.

Entonces bueno ¿cómo es esto? ¿Cómo es esto que una revolución que declara su carácter anti-imperialista, que declara su carácter anti-capitalista, que declara su carácter socialista, cómo explicar esto que la economía se haya hecho más capitalista? ¿Cómo explicar esto que en una Revolución que declara su carácter popular, que se cuadra al lado de los trabajadores, resulta que la explotación de los trabajadores se ha intensificado y se ha recrudecido?

Bueno, lo medular de la explicación es que toda esa gama de incentivos que les hablé al comienzo, el sector que mejor los aprovecha, que mejor los utiliza, es justamente ese sector capitalista económico. O sea, esa recuperación de la economía venezolana no se dio gracias a las fuerzas del mercado, o sea, no fueron las fuerzas ciegas del mercado, la mano invisible del mercado la que llevó las empresas a recuperarse, a reactivarse.

Esa economía se recupera gracias a todos esos incentivos que son aprovechados fundamentalmente como ya lo dije por el sector capitalista, por ese sector mercantil. Todos los sectores crecen, solo que como dije antes crece a distinta velocidad.

El sector capitalista privado crece por el canal de 80, o sea, va a un ritmo de crecimiento impetuoso. El sector público que también crece, lo hace, pero lo hace por el canal de 40 y el sector de la economía social, débil, naciente, sin suficiente capacidad de tener accesos a esos incentivos, lidiando con todas la trabas burocráticas, lidiando además con unas condiciones y una reglas para tener acceso a los beneficios que favorecen más que todo a los más poderosos, que parece que fuera diseñados por ellos y en donde todavía queda mucho por cambiar, bueno crece pero lo hace por el hombrillo, y como he dicho muchas veces para ilustrar con una exageración pedagógica, o sea, lo hace con un caucho espichado.

Planteamientos

¿Qué hacer de ahora en adelante entonces para revertir esa situación? Porque si ya hemos reconocido que la causa que genera el desempleo, que genera la pobreza, que genera la exclusión social, es el gran compromiso que tiene la revolución bolivariana con su pueblo, si ya entendemos que es la lógica de la maquinaria capitalista lo que lo genera y, para poder erradicar entonces las causas estructurales que genera esos flagelos sociales lo que hay es que cambiar entonces la economía capitalista, el sistema capitalista, transformarla en un nuevo modelo productivo gobernado por otros principios de cooperación, de solidaridad, de complementación, de equidad, de sustentabilidad y de donde sabemos no es el propio mecanismo del mercado que más bien tiende a reproducir esa lógica del capital lo que va a cambiar sino que tiene que ser con una actuación del Estado, lo que no podemos seguir haciendo en los años que viene es, dirigiendo o concentrando buena parte de estos incentivos fiscales, arancelarios, cambiarios de compra gubernamentales para que los aproveche fundamentalmente nada más y nada menos que las empresas que generan esos flagelos que queremos corregir, porque sino lo que haremos es reproducir justamente el modelo que genera pobreza y exclusión.

Y por eso entonces es uno de los de los planteamientos que hemos venido haciendo desde el Centro Internacional Miranda, es justamente la necesidad de re-orientar, re-direccionar, esos incentivos a favor de esas empresas de la economía social, que en estos momentos aportan menos del 2% del Producto Interno Bruto. Es decir, cuando uno hace el análisis para ver qué porcentaje del calzado, de los alimentos, de las medicinas, los distintos bienes que necesita una familia resulta que apenas el 2% es lo que se produce en la economía social y un 70% sigue estando bajo el control del sistema capitalista, del sector mercantil. Por supuesto todos los problemas de presiones inflacionarias, de acaparamiento, de especulación seguirán reproduciéndose y multiplicándose mientras esa situación no cambie.

Entonces, en adelante una de las cosas que tiene que efectivamente revisarse es esa, lo que no quiere decir que en una economía donde el 70% de la producción está en manos del sector privado, quede excluido de esos incentivos porque tampoco se trata de un bandazo y sin haber creado la economía socialista, entonces apostar a la quiebra o al fracaso de esa otra economía. Tiene que ser muy bien administrado en esa transición solo que en adelante el acceso, el disfrute a esos incentivos por parte del sector capitalista privado tiene que darse sujeto al cumplimiento de unas condiciones, de unos compromisos por parte de ese sector, que recibe todo, que recibe unos créditos baratos del Bandes, del Banco Bicentenario, del Banco de Venezuela, a una tasa de interés que es menos de la mitad de lo que cobra la banca comercial, recibe dólares preferenciales a un precio que es la mitad de lo que dice el mercado, porque lo recibe a 4.30 pero si uno les pregunta cuánto cuesta un dólar, ¿Cuánto cuesta un dólar en el mercado? Nos van a decir 8, nos van a decir 10, y se les da sin embargo ese incentivo, participan en condiciones ventajosas en todas las contrataciones públicas en la construcción de obras, en las compras gubernamentales, reciben materia prima en condiciones favorables de Pequivén, de las empresas básicas de Pdvsa, sin que cumplan ningún compromiso con la construcción de ese modelo productivo o sin que cumplan ningún compromiso en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

En adelante entonces, el acceso a esos incentivos debería quedar condicionado al cumplimiento de una serie de objetivos y de metas muy concretas para erradicar la pobreza y la exclusión social. Yo creo que entonces ese es el gran reto, de la gran tarea que viene, para que efectivamente podamos ver como en un modelo productivo que durante muchos años o varios años seguirá siendo una economía mixta, con una presencia importante del sector privado y del sector público en la economía social, el sector que más crezca sea ese sector productivo y que esté en manos de los trabajadores, que esté en manos de las comunidades, en manos de los consumidores organizados, que sea capaz de generar una abundante oferta de bienes y servicios de altísima calidad, de precios muy solidarios para poder satisfacer nuestras necesidades.

Creemos que la Revolución ha avanzado en el plano social, hemos en corto tiempo logrado la mejora de importantes indicadores sociales que han sido reconocidos incluso por distintos organismos internacionales, ha habido una revolución política, porque en Venezuela el mapa político cambió, pero la gran asignatura pendiente que tenemos todavía es en materia económica, o sea, en materia económica la Revolución tiene que plantearse objetivos y metas mucho más claros porque una revolución política sin una revolución económica, una revolución social sin una revolución económica es una revolución insostenible, inviable en el mediano y largo plazo, por eso el gran reto de ahora en adelante y lo ratifico una vez más, es reorientar todos esos incentivos de políticas públicas en función de sector de la economía social, de la economía solidaria de la economía popular, de condicionar el acceso a esos incentivos por parte del sector privado al cumplimiento de los objetivos y metas muy concretas en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. -

En defensa de las reservas internacionales

El errático comportamiento de las economías estadounidense y europea se refleja en el debilitamiento del dólar y el euro. Ante un mercado interno abatido por los estragos de la crisis, sus posibilidades de recuperación dependerán de la evolución de las exportaciones y no de la demanda agregada interna. Pero una moneda fuerte frena las ventas en el exterior. A los exportadores siempre les conviene una moneda devaluada, mientras que para los importadores un tipo de cambio sobrevaluado es lo mejor. Por eso, los gobiernos de esas potencias apuestan a la devaluación de sus propias monedas y exigen a China y otros países competidores que revalúen sus monedas.

La guerra entre los especuladores se ha exacerbado y los ataques contra el dólar y el euro erosionan la capacidad de estas monedas como reserva de valor, obligando a sustituirlas por otras divisas menos vulnerables. Especialistas coinciden en señalar que las nuevas turbinas de la economía mundial son los 5 países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y sugieren tomar posiciones de reservas internacionales en sus monedas. De hecho, un creciente porcentaje está denominado en la divisa de las economías más sólidas del BRICS, las cuales no dejan de crecer mientras las otras se desploman.

Los países del sur suelen tener parte de sus reservas en letras del tesoro estadounidense, por las cuales reciben un interés en torno al 1 %. Pero al solicitar préstamos a instituciones internacionales se ven obligados a pagar una tasa superior al 8%. Reciben poco por lo que se entregan pero entregan mucho por lo que reciben. Por eso surge el Banco del Sur, para que un porcentaje creciente de estas reservas sea depositado en él, a una tasa de interés mayor a la que pagan las letras del tesoro; pero a su vez, pagando por los préstamos una tasa menor a la que cobran los organismos financieros internacionales.

Venezuela mantiene reservas en torno a los $ 29.000 millones, de las cuales 18.000 están en oro. El resto está denominado en dólares, euros, derechos especiales de giro y otros instrumentos financieros depositados en bancos de Estados Unidos y de Europa. Y el oro, en lugar de estar en las bóvedas del BCV, está custodiado en otros países.

La declaración del carácter antiimperialista y socialista de la Revolución Bolivariana implica un riesgo político real que ya tuvo su primera manifestación en el intento fallido de la Exxon de embargar $ 12.000 millones en activos de PDVSA. Buena parte de las reservas internacionales de Libia, que ascienden a $ 200 mil millones, también fueron embargadas. Para un proceso asediado por el interés de las grandes corporaciones transnacionales de controlar la riqueza petrolera de Venezuela, la amenaza de embargo sobre las reservas internacionales tenía que ser conjurada.

La nacionalización del oro puede beneficiar al ciudadano común en la medida que pueda adquirir títulos emitidos por el BCV respaldados por oro. Estos se cotizarían en la Bolsa Pública y a través de un mercado secundario debidamente regulado se podrían transar según el precio del mercado, tal como se hace con la onza troy de oro. Esto ayudaría a recoger el exceso de liquidez que se destina a especular con dólares, euros, inmuebles, terrenos, vehículos y otros bienes y servicios. Asimismo, estimularía la repatriación de las colocaciones en dólares y euros que empresas, inversionistas y particulares mantienen en el exterior, contribuyendo así al fortalecimiento de la economía venezolana y del signo monetario nacional.

lunes, 15 de agosto de 2011

Hay que estimular la producción para derrotar la inflación

Texto completo de la entrevista concedida a la periodista
Patricia Rondón, publicada en PRIMICIA

1. ¿Cómo se podría definir la Ley de Costos y Precios Justos. Para qué servirá?

Parto de la buena voluntad que inspira el esfuerzo por aprobar esta Ley. Más allá de lo que está escrito en el objeto de la ley, la defino como un nuevo intento del gobierno para enfrentar las ganancias especulativas que ejercen una permanente presión alcista sobre los precios y anulan los incrementos salariales que anualmente se aprueban para favorecer la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores que viven de un ingreso fijo. Por supuesto, no pueden estar de acuerdo con esta ley quienes se acostumbraron a enriquecerse de la noche a la mañana, imponiendo altos precios que garantizaban márgenes de beneficios extraordinariamente superiores a la tasa de interés o de inflación, que deberían ser dos referencias para estimar un margen de ganancia razonable.

2. ¿Cómo incidirá su aplicación en la economía venezolana?

Dependerá de la eficiencia con la que se aplique. Si se aplica bien tendremos muy satisfechos a una inmensa mayoría de consumidores que viven de un ingreso fijo y encontrarán en el mercado una abundante oferta de bienes y servicios de buena calidad y precios solidarios. A su vez, los productores tendrán asegurado un margen razonable de ganancias y podrán seguir operando en un mercado con un creciente poder de compra. Pero esta ley debe ir acompañada de una revisión y rectificación de la política económica, particularmente de la sobrevaluación del tipo de cambio. El subsidio al dólar se traduce en un subsidio a las importaciones que desplazan la producción nacional. El uso de la política cambiaria como instrumento de política antiinflacionaria está agotado. Se otorgan dólares preferenciales pero el precio de venta las mercancías importadas se calcula con base al dólar del mercado paralelo.

3. Sin se aplica tal como está planteada hasta ahora ¿qué cambiará en el país dentro de un año?

Los empresarios exigen transparencia y reglas claras del juego, pero a la hora de poner sobre la mesa la información sobre sus costos de producción y márgenes de ganancia montan toda una alharaca. Si se aplica cómo está planteada el país sabrá lo que se importa con dólar preferencial y, por lo tanto, no se puede vender como si se importara al dólar del mercado paralelo. También habrá más transparencia en el conocimiento de la estructura de costos y en la formación de los precios. La ley es útil para enfrentar la especulación, pero la mejor estrategia antiinflacionaria es el crecimiento y desarrollo de un nuevo modelo productivo capaz de generar una abundante oferta de bienes y servicios de alta calidad y precios solidarios para sustituir importaciones y diversificar las exportaciones. Hay que estimular la producción nacional para derrotar la inflación.

4. ¿Cómo debe ser su reglamento, qué orientaciones debe tener?

El reglamento es clave para acordar los sistemas automatizados y confiables de recolección y análisis de la información, para establecer los mecanismos de toma de decisiones concertadas entre empresarios, consumidores y gobierno que eviten decisiones arbitrarias y discrecionales de la burocracia. Por eso debe dejar clara la frecuencia de revisión y ajuste de la estructura de costos y los criterios con base en los cuales se fijarán los precios. Del reglamento dependerá la flexibilidad, dinamismo y oportunidad con el que se aplique esta Ley.

5. ¿Esta ley generará escasez, inflación?

No necesariamente. La clave está en su aplicación dinámica y oportuna. Hay que entender que la fijación de precios se hará en los productos de consumo final, pero no sobre los precios de la fuerza de trabajo, materias primas, bienes intermedios, maquinarias y equipos. Si el precio de todos estos insumos que se requieren para producir aumenta de manera incesante, obviamente se incrementarán los costos y habrá que ajustar oportunamente los precios antes de que estos se queden por debajo de los costos de producción. Si se quedan anclados los precios de venta del bien de consumo final mientras los precios de los insumos no dejan de aumentar, se castigaría el margen de ganancias y hasta se generarían pérdidas. En tales condiciones, ni siquiera las empresas de la economía social podrían producir. Si esto se tiene claro por parte de los administradores de la ley y se actúa consciente y responsablemente, de manera flexible, dinámica y oportuna, no tienen porqué castigarse la producción, ni causar escasez, acaparamiento o especulación. Ese es el reto.

6. ¿Cómo incidirá en la competencia y en la eficiencia de las empresas?

No todos los productores tienen el mismo costo, hay unos muy competitivos y otros demasiado ineficientes. Estos últimos argumentarán que es injusto fijar el precio con base en los costos de los productores más competitivos. Pero si el precio de venta se fija con base en los altos costos de las empresas más ineficientes, entonces se castigará al consumidor y se facilitará la obtención de ganancias extraordinarias a los productores más competitivos que tienen los menores costos. Para que la Ley logre su objetivo de favorecer al consumidor los precios se deben fijar con base en los costos de los productores más eficientes y apoyar a través de incentivos de política tecnológica e industrial una mejora sostenida de la productividad, calidad y competitividad de los productores más débiles e ineficientes. Es muy importante promover la creación de miles de empresas de la economía social, sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida, que compitan con las empresas mercantiles y las obliguen a bajar sus precios. En Venezuela es muy baja la densidad empresarial y por eso predominan las prácticas monopólicas y oligopólicas, no hay competencia, por el contrario se tiende a cartelizar los precios.

7. ¿Servirá esta ley para financiar el socialismo a través de recaudaciones o multas?

El socialismo venezolano es rentista. Es la inversión social de buena parte del ingreso petrolero lo que ha permitido mejorar en corto tiempo los indicadores sociales que miden la calidad de vida y grado de bienestar de la sociedad. Pero el socialismo venezolano debería ser más solidario y menos rentista. Quiero decir que debería financiarse con una mayor contribución de los sectores que más ingreso tienen, a favor de la población más vulnerable y excluida. Sin embargo, la presión fiscal en Venezuela sigue siendo muy baja y la evasión en el pago del ISR y otros impuestos y tasas le resta al fisco importantes ingresos. Aquí ni siquiera se cobra impuesto a los activos empresariales, no se cobra peaje en las autopistas, no se cobra impuesto indirecto a través de la gasolina que casi es regalada, ni se recauda el impuesto predial. Hasta el dólar se vende a mucho menos del precio que dice el mercado y con esto se subsidia a una burguesía importadora, se castiga al aparato productivo y se sacrifican importantes ingresos fiscales que se podrían recaudar si la divisa se vendiera al precio justo. El gasto público, los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías se financian fundamentalmente con la renta petrolera. Lo que se puede recaudar por multas son migajas en comparación con la magnitud de la renta petrolera. Es falso que esta ley sea para financiar el socialismo.



miércoles, 20 de julio de 2011

La industrialización socialista

La desindustrialización de la economía venezolana comienza en 1988 y se acentúa en los años siguientes. En 1987 se alcanza el máximo grado de industrialización, con un aporte de la manufactura al PIB de casi 20 %. Desde entonces cae de manera ininterrumpida hasta un nivel de 15% en el año 2010.
Ni el proteccionismo a ultranza ni la apertura indiscriminada pueden ser las opciones de política indus¬trial en Venezuela. La industrialización de la economía venezolana tiene que ser un proceso planificado de rápido crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en maquinarias, equipos y bienes de consumo final, con el fin de satisfacer las crecientes demandas y necesidades de la población y la producción. Es necesario estimular un proceso eficiente de sustitución de importaciones que no pierda de vista la necesidad de exportar. La sustitución de importaciones debe proseguir, pero su modalidad debe cambiar y tornarse mucho más selectiva y programada. Los principios de selectividad, racionalidad y reciprocidad son claves para relanzar con éxito el proceso de industrialización.
Principios de la industrialización socialista 
La industrialización socialista debe basarse en un conjunto de principios rectores tales como: el impulso a nuevas formas de propiedad social; creciente inclusión social y empoderamiento popular sobre la producción de los bienes destinados a satisfacer sus necesidades básicas y esenciales; distribución equitativa de la riqueza generada a partir del esfuerzo colectivo; preservación del ambiente; desarrollo equilibrado de las regiones; complementación de capacidades y recursos en el marco de la integración latinoamericana. Esto implica asegurar:
• Un crecimiento más acelerado de la industria manufacturera que el del PIB y el crecimiento de la población: la industria como sector dinámico que impulsa el desarrollo integral.
• Un crecimiento de la producción industrial superior al crecimiento de la demanda agregada interna.
• Un aumento de la inversión extranjera para transferencia tecnológica, formación de talento humano, asistencia técnica e industrialización local.
La industrialización de Venezuela no será obra del mercado. Se requiere una intervención inteligente del Estado para acordar los objetivos que se pueden alcanzar en materia de desarrollo industrial e identificar los instrumentos más efectivos para lograrlos. Es clave la armonización de la política macroeconómica y microeconómica, comenzando por la fijación de un tipo de cambio que exprese la verdadera productividad de la economía no petrolera.
Ni absolutismo de Estadodo ni fundamentalismo de mercado pueden ser los extremos en los que se debata el reimpulso a la industrialización. La idea de una ausencia total de intervención estatal es una con¬cepción tan absurda e irreal como la de concebir una socie¬dad donde la iniciativa privada no tenga cabida. En la construcción del socialismo venezolano, el Estado sustituye al mercado como rector del desarrollo, pero no como el principal mecanismo a través del cual se realiza la producción y la distribu¬ción. Más bien lo regula y reorienta hacia las grandes prioridades del desarrollo económico y social de la Nación.
El empresario socialista
Según el DRAE empresa significa “Acción de emprender. Acción arriesgada o de cierta dificultad en especial cuando se emprende con la intervención de varias personas. Unidad económica de producción de bienes y servicios”. Mientras que empresario lo define como “1) Director de una empresa que reúne los factores de producción y los dispone con arreglo a un plan para obtener su mejor rendimiento. 2) Propietario o contratista (…) que contrata los servicios de otras personas a cambio de una remuneración”.
En el socialismo del siglo XX, la figura del empresario fue satanizada y reducida a la del explotador del trabajo ajeno y depredador del ambiente. Con el argumento de desterrar cualquier posibilidad de restauración capitalista se prohibió y penalizó el emprendimiento particular y colectivo, inhibiendo así la creación de empresas productivas. Esto originó una permanente escasez de los bienes y servicios más elementales para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población.
El socialismo del siglo XXI no puede quedar preso de esas ideas muertas y obsoletas. Por el contrario, tiene que reconocer la importancia de promover y apoyar el desarrollo de un nuevo tipo de empresario, comprometido con la construcción de un modelo productivo diferente, en el que se erradiquen las causas estructurales del desempleo, la pobreza, la exclusión social y se preserve el ambiente para las generaciones futuras.
Diferencias entre el empresario capitalista y el empresario socialista
A diferencia del empresario capitalista que está motivado por fines de lucro, el empresario socialista está animado por su vocación de servicio y principios de cooperación y complementación. No crea nuevos productos para inducir necesidades superfluas y rendirle culto a la sociedad de consumo que confunde la felicidad y el bienestar con la riqueza material, que aliena la conciencia de los seres humanos para que vivan pendientes de la próxima moda, exacerbando el consumismo como estrategia para vender más y así ganar más. Más bien, es un líder con capacidad para planificar, organizar y dirigir con éxito la producción de los bienes y servicios que necesita la sociedad. Crea empresas de propiedad colectiva gracias al financiamiento público y otros incentivos arancelarios, fiscales, financieros y cambiarios que el Estado les concede. Son empresas de la economía social, sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida, llamadas a generar un creciente excedente, el cual no es distribuido como ganancia capitalista sino invertido como ganancia social en beneficio de los trabajadores y de la comunidad
El empresario socialista tiene conciencia política. Sabe que si no se transforma el actual modo de producción lo que está en juego es la propia vida del planeta. Por eso asume el compromiso de construir un nuevo modelo productivo sustentable, gobernado por el valor del trabajo, el esfuerzo productivo, la participación popular, con nuevas formas de propiedad social sobre los medios de producción, que incluyan pero vayan más allá de la propiedad privada y estatal como las únicas formas de propiedad. El empresario socialista es un agente de cambio, un promotor y protagonista de las grandes transformaciones que el país necesita, un constructor de la nueva sociedad.

domingo, 19 de junio de 2011

Ausente presencia

Caracas, 19 de junio de 2011

Ausente presencia:

Cuando te fuiste me invadió una culpa voraz. Me quedé con la certeza de que pude haber hecho mucho más para que no te marcharas de esa manera, que no hice todo lo que se podía. Ese día tu fatiga, tu voz estremecida y tus confusiones anunciaban ya la despedida. Pero yo no supe interpretar esas señales.

¿Por qué no supe entender tu tristeza aquella vez que te robaron buena parte del sueño por el que tanto habías luchado?. ¿Por qué no fui capaz de sentir el dolor que estalló con semejante fractura y se hizo infinito hasta aquel diciembre que pasamos juntos en Caraballeda?. Ahora que también me duelen los estragos del tiempo vengo a entender que, con tantas averías, nadie quiere ser eterno. Y así no hay nada más humano que cansarse de tanto resistir. ¡Qué distinto habría sido todo si hubiese entendido a tiempo que tu vida dejó de ser vida para transformarse en una épica de la resistencia, en una heroicidad, en una hazaña cotidiana!.

Recuerdo aquella vez que te plantee mi intención de separarme. Me dijiste que cuando uno está enamorado la pareja le parece perfecta, y lo que para otros es un defecto a todas luces, para uno es una virtud, un atributo. Me veías danzando en la euforia del enamoramiento, hechizado por el descubrimiento, hundido en la magia de la atracción y de la seducción, en el excitante desafío del miedo a ser vencido. Y te empeñabas en que el amor es otra cosa: la certeza de seguir juntos en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y la precariedad, en la fama y el anonimato, en el poder y el desamparo.

Mira, no es momento de sacar cuentas y pasar facturas, no quiero sacarte nada en cara. Al igual que tú, yo también miré para los lados, me desvié del camino y tuve mis encunetadas. No he sido un santo. Pero mientras yo ardía en la silenciosa hoguera de mi rabia, tú siempre llegabas con tu grúa de comprensión infinita, a remolcarme antes de que terminara de caer al fondo del barranco. Y así me enseñaste que perdonar es perdonarse, es liberarse de ese rencor que es un dolor supremo, un tormento que solo sana cuando quedamos libres de culpas y remordimientos, sin afanes de venganza.

Pero te cansaste y te marchaste. No me opuse, no me desesperé, ni grité. Tampoco lo acepté. Más bien, ese día me puse mi mejor traje y encontré la reserva de serenidad que hacía falta. Parecía un gerente, ocupándome de todos los detalles para que tuvieras una digna despedida. En esas circunstancias, muchos otros hacen suya nuestra pena, como si de una muerte se tratara, como si a un entierro hubiesen sido convocados.

Ya no estamos juntos para glorificar nuestras luchas cotidianas, aunque no dejo de escuchar tus proclamas: “Dios aprieta pero no ahoga”, “El momento más oscuro de la madrugada es justo antes del amanecer”, “No importa cuántas veces uno se caiga, lo importante es levantarse”. A pesar de la escasez de aquellos tiempos siempre encontraste la manera de premiar mi mejor esfuerzo, aunque a veces no lograra todo lo que me proponía. Pero también me castigaste por mis inmadureces e imprudencias. Así templaste mi carácter y aprendí a diferenciar lo malo de lo bueno, lo justo de lo injusto. Y con esas herramientas que me diste salí a caminar por la vida, creyendo en causas perdidas y otras no tan perdidas, siempre lleno de idealismo.

Quién iba a pensar que este incrédulo terminaría hablando solo contigo, como si fueran comunicaciones del más allá, encuentros cercanos de algún tipo. Pasan los años y todavía no me acostumbro a estar sin ti ¿Lo entiendes?. Quiere decir que a veces me entristece no poder hacerte cosquillas y disfrutar tus carcajadas; quiere decir que me hacen falta aquellas conversaciones sobre los grandes sucesos cotidianos; quiere decir que extraño tender mi mano y no encontrar la tuya para agarrarla y apretarla, quiere decir que aún busco tu abrazo, quiere decir que no te olvido, viejo, que no te olvido. Cuánta razón tuvo aquel amigo que al momento de darme el pésame me dijo al oído: “la muerte no llega con este viaje sino con el olvido”.

Hoy no es el día de tu cumpleaños ni un año más de tu partida, es el Día del Padre y te extraño, como te he extrañado tantos días. Pero te siento a mi lado papá, porque aunque sea de otra manera, nunca has dejado de estar conmigo

¡Siempre!

Tu hijo

Víctor

jueves, 16 de junio de 2011

Graduados para emprender

Las universidades fueron creadas para reproducir los sistemas económicos, políticos y sociales. Por eso, la universidad creada para sostener el sistema capitalista rinde culto al comportamiento individual y a la competencia de todos contra todos, tras la falsa creencia de que así todos progresarán. Considera a la competencia como la fuerza motriz del desarrollo. Cualquier comportamiento diferente, como serían la solidaridad y la cooperación, es considerado absurdo y contrario a la naturaleza humana. No conciben otra manera de organizar la actividad económica que no sea en torno al afán de lucro y a la maximización de la ganancia y rentabilidad del capital.

Para que la inclusión en la educación universitaria contribuya realmente a la construcción de una nueva sociedad, es necesario plantearse la transformación integral de la universidad. En ésta todavía se forman los reproductores de un orden económico basado en la explotación del trabajo asalariado, generador de desempleo, pobreza y exclusión social. De allí la necesidad de repensar el perfil del egresado para que sea portador de los principios de solidaridad, cooperación, complementación, reciprocidad, equidad y sustentabilidad que deben gobernar el nuevo modelo productivo que en Venezuela se construye.

El egresado de la universidad pública debe ser consciente de la diferencia entre las prioridades del capital que lo emplea y los problemas de la sociedad a la cual está llamado a servir. Una cosa es formar empresarios capitalistas y otra muy distinta es formar emprendedores socialistas que difundan nuevas relaciones sociales de producción.

La transformación universitaria en marcha tiene que plantearse un nuevo perfil del egresado universitario. No se trata de seguir graduando profesionales que salen a buscar empleo o a crear empresas guiadas por el afán de lucro, sino de emprendedores comprometidos con la tarea de crear empresas de propiedad social, cuyos excedentes -en lugar de ser repartidos como ganancia capitalista-, sean invertidos como ganancia social, contribuyendo así a la generación de trabajo estable, a la producción de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales del pueblo trabajador, y al buen vivir de las amplías mayorías antes empobrecidas y excluidas.

Por todas estas razones hay que profundizar la transformación integral de la universidad y el modelo productivo e impulsar la vinculación universidad-empresa para crear ambientes productivos innovadores. Esto pasa por acordar una unidad de criterios para que la universidad comprenda y asuma su papel en la construcción de la nueva sociedad.

Conceptos como parques tecnológicos, incubadoras de empresas, empresas de base tecnológica, industrias del conocimiento no pueden ser superficialmente adoptados. En lugar de copiar, se impone construir un modelo propio, sin menoscabo de analizar los factores que explican el éxito o fracaso de otras experiencias, las cuales siempre estarán marcadas por sus propias particularidades.

Para sostener el proceso de transformación universitaria y productiva es clave: i) corresponsabilidad entre actores públicos-privados-academia para complementar la investigación-producción y construir redes de innovación que rompan las barreras culturales al cambio; ii) liderazgo y compromiso de las universidades para lograr mejoras continuas en la cantidad y calidad de la educación e investigación, creando y fortaleciendo centros de I&D; iii) reforma curricular para formar egresados con un perfil más emprendedor, dispuestos a crear empresas de la nueva economía social; iv) compromiso de la empresa de retribuir a la sociedad los apoyos públicos recibidos; v) inversión local para desarrollar el talento humano e impulsar una creciente actividad en el campo científico y tecnológico; vi) compromiso de todos los niveles de gobierno para mejorar la infraestructura de servicios y de comunicaciones que requiere el desarrollo económico del territorio.

La transformación universitaria y productiva tiene que facilitar el tránsito de la industrial intensiva en materias primas, energía y fuerza de trabajo barata hacia las nuevas industrias del conocimiento, en las cuales los factores inmateriales ligados al conocimiento y a la organización predominan sobre los factores materiales ligados a la transformación técnica de materias primas y recursos naturales. Este cambio también tiene que expresarse en nuevas formas de propiedad y organización de las relaciones sociales de producción, en la distribución territorial de las actividades económicas y en la preservación del ambiente. Es así como la nueva universidad podrá contribuir a la transformación de un sistema económico basado en la explotación del trabajo ajeno y en la depredación del ambiente por un nuevo orden económico y social basado en la cooperación, la complementación y la sustentabilidad.

viernes, 10 de junio de 2011

El espacio de la economía social

Las empresas de la economía social están llamadas a ser la célula económica fundamental del nuevo modelo productivo. Por eso, el Estado está obligado a promover su crecimiento y desarrollo a través de incentivos arancelarios, fiscales, financieros, cambiarios, compras públicas, suministro de materias primas, capacitación y asistencia técnica a las empresas de la economía social.

Las Empresas de Propiedad y Producción Social (EPS) son una expresión de la organización popular, generan y fortalecen nuevas estructuras de participación que hacen posible el desarrollo humano integral de los venezolanos/as históricamente excluidos de la actividad económica y productiva. A través de la generación de masivas fuentes de empleos productivos y estables en todas las regiones del país, las EPS facilitan la desconcentración poblacional y la descentralización territorial, por eso se deben promover en todas las regiones para lograr el desarrollo armónico del país entero.

Las empresas de la economía social juegan un papel fundamental en la conformación de la nueva estructura social, ya que impulsan la mejora de las condiciones de trabajo y relaciones de producción, posibilitando nuevas formas de organización y participación de los trabajadores en esas unidades productivas. Permiten la articulación y conformación de redes de participación comunitaria y popular, garantizando la democratización del patrimonio productivo. Viabilizan el nuevo modelo de participación popular, a través de instrumentos no tradicionales de gestión social y empresarial, como el presupuesto participativo, la contraloría social y los procesos de cogestión y autogestión. Son empresas sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida llamadas a generar un creciente excedente, solo que éste no se distribuye bajo la forma de ganancia individual para el socio capitalista, sino que se trata de un excedente para financiar la inversión social. Por lo tanto, las empresas de la economía social están llamadas a ser empresas eficientes y sustentables desde el punto de vista social, económico y ambiental.

Caracterizadas por una creciente participación y contraloría social, representan un eficaz instrumento en la lucha contra la corrupción, el despilfarro, el burocratismo, la negligencia y la falta de compromiso que todavía existente en muchas instituciones y empresas del Estado, contribuyendo así a la creación de una nueva institucionalidad revolucionaria, a través de iniciativas conjuntas entre las comunidades organizadas, las organizaciones de base y los trabajadores, en el propósito común de liberarse de la explotación del capital.

viernes, 3 de junio de 2011

¿Reactivar o transformar la economía?

Resumen
En el período de auge económico anterior, mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe celebrábamos el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Nunca reparamos en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios. Pero cuando nos dimos cuenta que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, entonces comenzamos a celebrar la caída del PIB, argumentando que lo que se derrumbaba era la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. La lección fue clara: apostar a la desaparición de la economía capitalista sin haber creado antes la nueva economía socialista es el atajo perfecto para quedar atrapados en un círculo vicioso de caída de la producción, escasez, acaparamiento, especulación, inflación, desempleo y creciente malestar social.

En adelante, las medidas que el Gobierno tome deben buscar -más que la sola reactivación-, la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista. Lograr esta transformación estructural exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Más que medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos de la soberanía productiva y empoderamiento popular sobre la economía. La reactivación es un proceso que debe estar sincronizado con la transformación estructural en función de sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por otro orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.
¿Se reactiva la economía o se reactiva el capitalismo?

El Informe Económico del Banco Central de Venezuela indica que PIB creció 4,5 % en el primer trimestre de 2011. Con este resultado se pone fin a dos años consecutivos de recesión y se da inicio a una nueva reactivación del aparato productivo nacional. Esta recuperación se debe en gran medida a una política económica que se propuso incentivar una mayor demanda agregada interna a través de un mayor flujo de divisas a los agentes económicos para reanimar así el consumo y la producción.
 
Desde 1998 hasta 2010, el peso del sector privado de la economía pasó de 64.7 % a casi 70 %, mientras que la participación del sector público en el PIB cayó de casi 35 % a 30 %. Por su parte, la participación de la economía social, contabilizada como componente del sector privado, es de apenas 1.6 %.

Estos datos revelan que entre 1998-2010 la economía venezolana se hizo más capitalista, lo cual es totalmente contradictorio con los objetivos que se ha planteado el Gobierno Bolivariano de construir un nuevo modelo productivo socialista. En la Venezuela de 2011, tanto la reactivación del PIB como el nivel de empleo que se genera están fuertemente marcados por el abrumador peso que todavía tiene el sector mercantil en la economía, siento este el que define la naturaleza explotadora y depredadora del modelo productivo que aún impera en Venezuela.

En Venezuela, la lucha por lograr una mejor distribución del ingreso no tiene como escenario el sector capitalista de la economía. Esta pugna se traslada a la captura de la mayor parte de la renta petrolera. Su inversión social a través de las Misiones ha permitido compensar una distribución regresiva del ingreso en el sector privado de la economía, donde la participación del capital se ha incrementado en desmedro de lo que reciben los trabajadores. En 1999 a estos les tocaba el 39.7% del valor creado, superior al 36.2 % que le tocaba al capital. Diez años después, la participación de los trabajadores cayó a 32.8 % mientras que la de los capitalistas subió a 48.8%.

Estos datos son una clara demostración del capitalismo salvaje que aún predomina en Venezuela, el cual no se aprecia en toda su crudeza debido a la inversión social de la renta petrolera. Sin embargo, cuando el ingreso petrolero se derrumba, quedan al descubierto los potenciales conflictos distributivos entre capital y trabajo. En condiciones de restricciones económicas, es muy probable que se intensifiquen los conflictos obrero-patronales a través de reclamos, marchas, paros y huelgas para lograr una distribución progresiva del ingreso generado al calor de su esfuerzo productivo. La rivalidad en la distribución del ingreso puede hacerse más cruenta si los precios del petróleo también muestran un comportamiento errático y la economía no se reactiva en el corto plazo. Por lo tanto, transferir el poder económico al pueblo y traspasar la propiedad de los medios de producción fundamentales a los trabajadores directos y a la comunidad organizada para liberarlos de la explotación del capital, es un reto que todavía tiene pendiente la Revolución Bolivariana.

Significativo: reactivación sustentada en el sector privado y en la actividad no petrolera

Tradicionalmente, los dos motores más importantes de la economía venezolana han sido el sector petrolero y el de la construcción. Sin embargo, en esta oportunidad esos dos sectores cayeron en -1,8 % y -7,7 %, respectivamente. Esto quiere decir que la recuperación actual de la economía venezolana ha descansado en la actividad no petrolera, la cual creció 5,2% en el primer trimestre, respecto a igual período del año anterior. Por otra parte, es muy significativo el impulso retomado por el sector privado, al crecer en 4,6%, mayor que el 4,5 % registrado por el PIB total y el 3,3 % de crecimiento que reportó el sector público.

El comportamiento positivo de las actividades no petroleras es generalizado; Comercio, 10,4%; Servicios de transporte y almacenamiento, 7,8%; Comunicaciones, 8,0%; Manufactura, 7,6%; Servicios producidos por el Gobierno General, 7,6%; Instituciones financieras, 5,6%; y Electricidad y agua, 3,1%.

Construcción

La construcción privada disminuyó en 17,8%, afectada por la paralización de obras por parte de constructoras fraudulentas que estafaron a miles de familias. También influyó la menor disponibilidad de insumos básicos debido a la crisis eléctrica que afectó la producción en este sector. La construcción del sector público aumentó 5,2%, asociado a una mayor ejecución de las obras demandadas por las empresas petroleras y no petroleras, pero no pudo compensar la caída de la construcción privada. En promedio, el sector construcción cayó 7,7 %.

Productores de servicios del Gobierno General

Los Servicios del Gobierno General crecieron en 7,6%. Esto se debe a una mayor prestación de servicios de administración pública, 10,7%; salud, 7,7%; y, enseñanza, 4,6%: Todo esto, en el marco de la creciente inversión social que realiza el Gobierno bolivariano para atender a la población de menores recursos, lo cual se expresa en el incremento de la matrícula en la educación superior, la mayor dotación de los planteles educativos, la entrega de insumos y materiales a la red hospitalaria y la atención a la población afectada por las fuertes lluvias que ocurrieron durante el período.

Un crecimiento apoyado en el sector real de la economía

En la manufactura se observa un significativo crecimiento de 8,6% del sector privado, mientras que el crecimiento del sector público fue de 8,2%. Se destaca el crecimiento de la industria de alimentos y bebidas, que creció en 5,6%. También crecieron los sectores de Maquinarias y aparatos eléctricos, 27,9%; Industrias del papel, 18,6%; Edición e impresión 14,1%; Fabricación de sustancias y productos químicos, 13,6%; Muebles, 12,9%; Prendas de vestir, 12,9%; Metales comunes, 11,9%; Minerales no metálicos, 9,6%; y Caucho y plástico, 7,8%. Se observó contracción en la Fabricación de maquinaria y equipos, -10,9%; Productos de madera, -8,7%; Vehículos, -3,1%; y, Textiles, -1,2%.

La reactivación sostenida de la economía no será gracias a la mano invisible del mercado, sino obra de una sabia y oportuna actuación del Estado. Mantener esta recuperación pasa por concentrar el impacto de los incentivos públicos en los sectores con mayor efecto multiplicador: los de más peso en la estructura del PIB que han sufrido una mayor contracción. En Venezuela, la manufactura es el sector que más aporta en la conformación del PIB (15 %), en los dos años anteriores de recesión fue uno de los que más se contrajo, pero también ha sido uno de los que ha mostrado un mayor ritmo de recuperación. Por lo tanto, su incidencia en el desempeño general del PIB es mucho mayor.

Por su peso específico en el PIB, cualquier crecimiento o contracción de la industria repercutirá en la dinámica general de la economía y el empleo. La manufactura tiene un gran impacto sobre las cadenas productivas. Hacia atrás demanda materias primas a la agricultura, pesca, forestal, minería, etc. Hacia adelante ofrece bienes intermedios y finales para el desarrollo de otros sectores. Demanda también servicios de apoyo, agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, financiamiento, infraestructura, redes de distribución y comercialización. Si crece la industria crecen también estos sectores.

Solo a través de un firme reimpulso a la industrialización transformaremos la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo capaz de sustituir eficientemente el alto volumen de importaciones, diversificar la oferta exportable y ser cada vez menos vulnerables a los traumas que ocasionan los altibajos del ingreso petrolero.

¿Reactivar o transformar la economía?

Luego de dos años consecutivos de recesión, mantener la reactivación de la actividad productiva y propiciar su transformación estructural exige una profunda revisión y rectificación de la política económica. Más que medidas aisladas, se impone el diseño de una nueva estrategia económica que reimpulse y transforme la dinámica económica interna, en función de lograr los objetivos de la soberanía productiva.

La recuperación del PIB anunciada por el BCV es una ocasión propicia para revisar la política económica, toda vez que ya no se trata solo de reactivar la economía sino de transformarla. En este sentido, las medidas que el Gobierno en adelante tome, deberán ir más allá de mantener una simple reactivación económica para plantearse, fundamentalmente, la transformación de una economía rentista en un nuevo modelo productivo socialista.

En el período de auge económico anterior a la última recesión, mientras el PIB estuvo creciendo, cada vez que el BCV publicaba su informe, celebrábamos el acierto de la política económica y la fortaleza de la economía venezolana. Pero nunca reparamos en la naturaleza y calidad de ese crecimiento, razón por la cual se mantuvo la inercia de otorgar los incentivos públicos, sin aplicar ningún principio de reciprocidad a los beneficiarios.

Pero cuando nos dimos cuenta que gracias a estos generosos incentivos lo que más estaba creciendo era la economía capitalista y que la estructura del PIB se estaba tornando de mala calidad -con un creciente peso del comercio importador y los servicios financieros especulativos y de alto riesgo-, entonces comenzamos a celebrar la caída del PIB, argumentando que lo que está cayendo es la economía capitalista, sin hacer nada para reactivarla. La lección fue clara: apostar a la desaparición de la economía capitalista sin haber creado antes la nueva economía socialista es el atajo perfecto para quedar atrapados en un círculo vicioso de caída de la producción, escasez, acaparamiento, especulación, inflación, desempleo y creciente malestar social.

Por lo tanto, la reactivación de la economía es un proceso que debe estar sincronizado con su transformación estructural. Pero no será la mano invisible del mercado la que guie este proceso llamado a sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por un nuevo orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social. Se requiere el diseño y ejecución de una sabia y oportuna estrategia de reactivación y transformación estructural de la economía venezolana que impulse la sustitución del capitalismo rentístico por un nuevo modelo productivo de amplia y creciente inclusión social, bajo el control de los trabajadores directos y de la comunidad organizada. Profundizar la transformación de la estructura económica es el nuevo reto que tiene por delante la Revolución Bolivariana, con el fin de sustituir el orden viejo, explotador del ser humano y depredador de la naturaleza, por otro orden capaz de erradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social.












































martes, 31 de mayo de 2011

El emprendedor socialista: sin fines de lucro pero sin vocación de pérdida

Texto completo de la entrevista concedida a Liseth Boon para la edición Aniversaria de
El Mundo Economía & negocios

¿Pueden considerarse los consejos comunales, los comités de tierra urbana, mesas técnicas de agua, las cooperativas, etc. como emprendimientos?

Emprender es impulsar, promover, organizar, comenzar, iniciar un proyecto que dé respuestas y soluciones a problemas individuales y colectivos. Emprende el buhonero que no tiene trabajo formal y se va a una tienda mayorista, compra diez cargadores de teléfonos y los vende en un semáforo para poder llevar comida a la mesa de su casa; emprenden los muchachos que arman una banda de música urbana para así poder expresarse; emprenden las madres del barrio que crean una cooperativa para elaborar postres que luego venden a restaurantes y hoteles; y, por supuesto, emprenden los vecinos que se organizan en mesas técnicas de agua, comités de salud, comités de tierra urbana, consejos comunales y se hacen corresponsables en la solución de sus propios problemas.

¿Pueden identificarse como emprendimientos sociales?

Los emprendimientos sociales surgen de la necesidad de dar respuesta a problemas colectivos a través de la participación ciudadana y de la corresponsabilidad. Están guiados por principios de solidaridad, cooperación y complementación. No tienen fines de lucro pero tampoco vocación de pérdida. Si se ven obligados a generar ingresos para sostenerse, lo hacen cuidando que esos recursos no sean apropiados de forma individual, sino invertidos en función de resolver los problemas colectivos que sus miembros prioricen y decidan. La contraloría social para asegurar la transparencia y correcta aplicación de los fondos es fundamental.

¿Cómo se distinguirían de los emprendimientos que buscan beneficios económicos?

En los emprendimientos que buscan beneficios económicos particulares, los socios se reparten entre ellos las ganancias y cada quien hace lo que quiere: cambia el carro, se va para Europa, se compra una acción en un club. En estos casos la felicidad está asociada a la satisfacción de las necesidades individuales, a la noción de tener más y no de ser más. En los emprendimientos sociales la motivación es complementar las capacidades y recursos de todos para trabajar unidos y resolver los problemas que afectan al colectivo, la realización humana se alcanza al sentirse útil a la comunidad. Es otra lógica, otro mapa mental, otro sentido común muy diferente al del egotismo y el individualismo.

¿Estas organizaciones comunitarias requieren las jerarquías jurídicas y administrativas?

Internamente requieren una organización básica para distribuir funciones y asumir responsabilidades. La clave de su éxito está en conjurar la amenaza de la burocratización, eligiendo a los verdaderos líderes de la comunidad. Esta amenaza generalmente viene por la pretensión del aparato del Estado o de los partidos políticos de controlar las organizaciones de base, imponiendo sus agentes. Cuando lo logran, estos priorizan el interés del ente o partido que los impuso y así se alejan del sentir de la comunidad. Por eso nunca hay que bajar la guardia en la lucha contra el burocratismo, entendido este como el intento de colonizar las organizaciones de base por parte de funcionarios del gobierno o de partidos políticos que no entienden cuál es su función y se la pasan ofreciendo dádivas y prebendas como expresión de la cultura rentista y clientelar, cuando lo que debe prevalecer es la dignidad de la lucha social y comunitaria.

¿Emprendimiento y/o consejos comunales podrían considerarse como nuevos términos que identifican a viejas formas de asociación comunitaria? ¿nuevos nombres para antiguas formas de organización?

Lo que son viejos son los problemas que durante décadas han agobiado a las comunidades. En su propósito de resolverlos han ensayado distintas formas y esquemas organizativos, unos más exitosos que otros. Al calor de la democracia participativa y protagónica que se construye en Venezuela, hoy estamos en presencia de una participación popular que no tiene precedentes. ¿Cuándo antes se había visto aquí tanta gente organizada en comités de tierra urbana, comités de salud, mesas técnicas de agua, consejos comunales, comités de fábrica?. ¡Nunca! Son nuevas formas de organización que se han ido desarrollando al calor de las luchas de las comunidades y se multiplican en la medida que tienen éxito en su empeño por encontrar soluciones a los problemas que los afectan

En lo económico el rentismo nos ha convertido en un país de empleados y no de emprendedores

Los países que no disfrutan de una abundante renta petrolera para comprarle al resto del mundo lo que falta para satisfacer sus necesidades tienen que producirlo con su propio trabajo. La escasez de recursos los obliga a emprender para producir lo que no pueden importar. No es el caso de la Venezuela rentista, que por casi un siglo ha disfrutado de un torrente de petrodólares que no es fruto de su emprendimiento productivo. Esa renta no proviene de la producción y exportación de alimentos, calzado, vestidos, medicinas, electrodomésticos o equipos electrónicos sino de la venta de un recurso natural que heredamos de la naturaleza. Al ser el Estado el perceptor de la renta petrolera, éste la distribuye internamente a través de diferentes mecanismos como la baja presión fiscal, la sobrevaluación del bolívar y el gasto público, en el cual se incluye el pago a una abultada nómina de empleados públicos que, en otras circunstancias, se habrían visto obligados a emprender para asegurar su autoempleo. Si queremos lograr nuestra soberanía económica y productiva y eradicar las causas estructurales del desempleo, la pobreza y la exclusión social, Venezuela está emplazada a transformarse de un país de empleados en un país de emprendedores que sean portadores y promotores de las nuevas relaciones sociales de producción basadas en la solidaridad, la cooperación y la complementación y no en la explotación del ser humano y la depredación del ambiente.